Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2020

La realidad de los pueblos en manos de Trump

Diego Olivera Evia
Barmetro Latinoamericano


Amrica latina y Europa bajo la violencia del fascismo

El camino de Trump es gravemente predecible. Su oratoria agresiva contra la prensa alimenta a los fanticos y cada vez resulta menos improbable que un energmeno decida convertir esa oratoria de tiranuelo caprichoso en un ataque real contra la vida de los periodistas. Los autcratas no quieren que nadie reprima su voluntad. Trump quiere ajustar la realidad a su deseo y, como vivi el exjefe del FBI, James Comey, demanda la lealtad de los reyes. Callar a quien cuestiona est en el manual de todo autoritarismo.

El ataque de Trump a los medios es trascendente porque erosiona las reglas democrticas de convivencia. Una prensa libre, a disgusto de los gobernantes, es esencial para la salud del debate poltico y la transparencia de la gestin pblica. La prensa, en su tradicin ms liberal y en un plano filosfico, es un mecanismo de control de las desviaciones del sistema. Socavar al periodismo libre es, en s, un ataque a la democracia. Si Estados Unidos se define como faro de los valores de Occidente, esas creencias estn en crisis con la presidencia del Agente Naranja. Trump es el verdadero enemigo del pueblo estadounidense.

El Partido Republicano, jugando al casino poltico con cinismo, ha atropellado sus principios por elegir el poder antes que la denuncia de un hombre incompetente para dirigir a la nacin ms poderosa del planeta. Los elogios del presidente a autcratas como Erdogan o Vladimir Putin relevan de mayores pruebas: el gobierno de Trump entiende la democracia como la realizacin del deseo del jefe. El mundo sigue, en vivo, el descenso de la nacin de Thomas Jefferson a las miasmas hediondas de la degradacin moral.

En su discurso de aceptacin del Freedom of Press Award, Mason record que la libertad de prensa est protegida por la Primera Enmienda de la Constitucin de Estados Unidos. Esas no son solo palabras en Estados Unidos: es la ley, dijo. Pero de inmediato record que la prensa debe permanecer vigilante ante todo intento de restriccin de la libertad de expresin y prensa o socavar el trabajo de los periodistas. No podemos tomar esos derechos, o la ley que los garantiza, por garantizados.

Es el presidente de Estados Unidos quien tuerce la verdad y fabrica hechos para inventar una realidad que se acomode a sus necesidades. Trump no detendr sus ataques pues los hechos contradicen su mundo de fantasas. Y la prensa debe mantenerse haciendo su trabajo, corrigiendo sus errores y reporteando con sinceridad, pidi Mason, para protegernos de las noticias inventadas o falsas, que de hecho existen y son peligrosas para una democracia funcional.

La prensa puede y debe combatir el mundo delirante incubado por el cerebro del mandatario de Estados Unidos con una hoja de ruta conocida: el trabajo de siempre. Evitar las exageraciones, sigui: No necesitas construir una interpretacin satrica de una reunin de gabinete: lo nico que necesitas es cubrir la realidad.

La lista tambin demanda evitar el resentimiento reconociendo las acciones acertadas del gobierno, transparencia y resistencia ante la intimidacin, intercambio de experiencias con la prensa de otras naciones. Solidaridad ante el abuso. Y, sobre todo, no cambiar las reglas ni el comportamiento: la nica lealtad posible, como ya sabe Trump, es con los hechos.

Amrica latina y Europa bajo la violencia del fascismo

Los fascistas ya no se esconden. Han regresado al centro de la escena con racismo y atentados terroristas en sinagogas, colegios, calles y mezquitas, con artefactos explosivos enviados a polticos opositores y la prensa independiente. O dicho de otro modo: en Europa, Estados Unidos y ahora Amrica Latina, los fascistas ya no maquillan el racismo y la violencia poltica que definen lo que es el fascismo, sino que en muchos casos ven con satisfaccin y expresan su apoyo a lderes populistas como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil.

Estos lderes populistas han legitimado y tambin motivado a los fascistas. De hecho, desde el punto de vista de las conexiones entre historia lejana e historia reciente, en los ltimos aos el populismo ha sido una dimensin esencial de la normalizacin del fascismo.

Si bien el fascismo y el populismo proponen cosas muy distintas la dictadura el primero; una democracia autoritaria el segundo, fascistas y populistas comparten algunas caractersticas vitales: la demonizacin del adversario, apelan a un pueblo homogneo y presentan a un lder mesinico que todo lo sabe y que habla por la mayora a la que llaman pueblo, pero que en realidad solo est constituida por sus seguidores.

Hace pocos aos habra sido difcil imaginar este regreso del pasado en las bocas del lder del pas ms poderoso del mundo o de la democracia ms grande de Amrica Latina. Pero negar esta nueva realidad no va a ayudar a comprenderla. Hace falta detenerse a pensar las razones histricas que llevan a esta normalidad del fascismo, amamantado y legitimado por lderes populistas de derecha.

El fascismo acta desde abajo, pero est tambin legitimado desde arriba. Cuando Bolsonaro despreci a los afrobrasileos o cuando Trump dijo que prefera inmigrantes noruegos a aquellos que venan de pases de mierda como Hait o pases africanos, no solo los fascistas interpretaron que estos lderes compartan con ellos sus valores racistas. Recientemente, Bolsonaro dijo que el Holocausto poda perdonarse y Trump defendi su polmica declaracin de que entre los que asistieron a la marcha nazi de Charlottesville haba buena gente.

El retorno del fascismo se ha dado en un contexto especfico: en democracias que se encuentran en crisis, debilitadas por fenmenos como los referndums y la corrupcin o el hecho de que las elecciones se han vuelto plebiscitos sobre personalidades mesinicas en las que cada vez hay menos debate de ideas o propuestas. Gracias a esta combinacin de factores, el populismo ha encontrado una rendija para vincularse al fascismo e introducirse al sistema democrtico para minarlo desde adentro.

Los fascistas sustituyeron la historia y las verdades sustentadas en la demostracin emprica por el mito poltico de su lder. A quienes lucan o pensaban distinto los vean como enemigos de la nacin y el pueblo. Por eso, haba que perseguirlos, primero, y luego deportarlos o eliminarlos. Segn estos fascistas latinoamericanos eso pasara el da en que el nacionalismo triunfe como rgimen y en que los buenos argentinos sepan dar el grito: Dios, patria y familia.

Pero todo ha cambiado ahora que el fascismo ya no est en el pasado como un rgimen de poder, sino que incluso ha regresado a la poltica como compaero de ruta de los nuevos populismos de extrema derecha. Se ve en Brasil, pero tambin en pases como Chile, con el preocupante fenmeno de Jos Antonio Kast, el llamado Bolsonaro chileno, admirador como el brasileo de la dictadura de Augusto Pinochet. O en la Argentina, con bolsonaristas convencidos y polticos bolsonarizados en el gobierno y en la oposicin peronista.

Normalizado por lderes como Trump o Bolsonaro y Duterte, en Filipinas, el fascismo tambin ha vuelto a sus orgenes de violencia extrema como el terrorismo nacional y trasnacional. Pero esto no quiere decir que los fascistas son la mano de obra de los populistas. La situacin es ms compleja que esto. Se dan muchas veces entre ellos afinidades electivas, y no alianzas concretas.

Recientemente, The New York Times public un anlisis que revela la forma en que los terroristas fascistas se influyen y legitiman mutuamente a nivel global. El atentado antisemita de abril en California lo prueba: el asesino, admirador de Hitler, fue inspirado por el acto terrorista, tambin racista, de Nueva Zelanda y tambin por la masacre de la sinagoga de Pittsburgh hace seis meses, cuyo perpetrador invoc como razn las supuestas invasiones masivas de las caravanas de migrantes que Trump haba imaginado y denunciado en su cuenta de Twitter.

Diego Olivera es periodista, Historiador y Analista Internacional.

Fuente: https://barometrolatinoamericano.blogspot.com/2020/02/la-realidad-de-los-pueblos-en-manos-de.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter