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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2020

Ecomasculinidades alternativas al patriarcado extractivista

Andrs Kogan Valderrama
Rebelin


A propsito de una nueva conmemoracin del da internacional de la mujer trabajadora, el 8 de marzo, se intentar realizar un repaso de como se ha construido una masculinidad hegemnica en todo el planeta, la cual ha sido heredera de un sistema patriarcal, nacido en Mesopotamia hace 10.000 aos, que con la irrupcin del capitalismo histrico ha colonizado globalmente la sexualidad humana y la manera cmo nos relacionamos con los territorios.

Es as como distintas investigadoras feministas han situado al periodo neoltico como el comienzo de un sistema patriarcal, que construy una idea binaria de gnero (hombre-mujer), la cual ha sostenido por siglos unos roles especficos, que responden a la aparicin de la agricultura y ganadera, que revolucion completamente el modo como convivimos en el planeta, ya que al buscar controlar los ciclos, nos comenzamos a separar cada vez ms de l. Esto a diferencia del periodo paleoltico anterior, en donde los seres humanos al ser nmades, nos relacionbamos de manera ms dinmica e interdependiente con los ecosistemas.

No es casualidad entonces, que a partir de estos roles de gnero construidos con la aparicin de la agricultura y ganadera, la mujer haya quedado reducida a una idea de naturaleza dominable, mientras que el hombre a una idea de cultura dominante, en donde la violencia fsica y sexual fueron las primeras formas de sometimiento hacia las mujeres. Es por esto que la prostitucin aparece en aquel perodo de tiempo, ya que necesit de una ontologa binaria para sostenerse y justificarse histricamente. En consecuencia, el androcentrismo y el antropocentrismo aparecieron juntos en el periodo neoltico.

Es desde ah en adelante, que el cuerpo de la mujer pas a ser considerado un lugar en donde el hombre poda controlar y apropirselo, as como con la naturaleza a travs de la agricultura, pero tambin domesticarlo, como lo ha hecho con la ganadera, animalizando de esa manera lo femenino. Es decir, el cuerpo de la mujer pas a ser un recurso natural a poseer y para satisfacer las necesidades de un hombre que poco a poco se fue apropiando de lo comn.

A su vez, a partir de ah se fue constituyendo una masculinidad hegemnica, la cual con el racionalismo griego, se fortaleci con la aparicin de un nuevo binarismo, razn-emocin, heredero de la separacin cultura-naturaleza, en donde el hombre tendra el privilegio de razonar, mientras que la mujer no. En otras palabras, el hombre pas a tener el monopolio de la reflexin y la posibilidad de discusin en el mbito pblico, en donde se tomaban las decisiones de la polis, siendo un espacio privilegiado solo para ellos.

Posteriormente, con la aparicin de las grandes religiones monotestas (judasmo, cristianismo e islamismo), la mujer pas a inferiorizarse desde un punto de vista teolgico, en donde Dios tom la forma masculina hegemnica, as como tambin sus propios profetas (Moiss, Juan el Bautista y Mahoma). De ah que por ejemplo con la formacin de la cristiandad, se termina por reforzar ms an el sistema patriarcal, a travs de un relato bblico en donde la dicotoma alma-cuerpo volvi a profundizar la lgica binaria proveniente de Mesopotamia y Grecia.

No obstante, no sera hasta la invencin de Amrica en 1492, que el patriarcado se globaliza definitivamente, al insertarse en un nuevo sistema mundo moderno colonial capitalista, en donde los procesos de racializacin y mercantilizacin del cuerpo de la mujer fueron claves para inferiorizar a millones de mujeres negras, indgenas, despojando a millones de ellas de sus territorios. Esto luego de la denominada caza de brujas, que signific tambin un genocidio intraeuropeo a miles de mujeres.

Es as como el patriarcado junto al extractivismo van entrelazados, ya que el cuerpo de la mujer es visto de la misma forma que los bosques, montaas, ros, mares, al ser todo parte de la naturaleza, por lo que al hombre le da derecho conquistar y explotar sin ningn tipo de lmite alguno, en nombre de categoras histricamente androcntricas y eurocntricas, como lo son el progreso, el desarrollo, la democracia, la revolucin, etc.

Unas categoras que han colonizado incluso a muchos feminismos, los cuales siguen poniendo al movimiento feminista europeo como el ms avanzado en la lucha contra el patriarcado, siendo que existen muchos otros tipos de feminismo invisibilizados, provenientes desde el sur global, los cuales entrelazan el patriarcado con el racismo y el antropocentrismo.

No es casualidad entonces que desde estos feminismos coloniales, se sostenga la idea del 8 de marzo como da internacional de la mujer a nivel universal, siendo que si bien responde a una experiencia trgica de muerte de 140 mujeres trabajadoras calcinadas en una fbrica textil en Estados Unidos, deja de lado otras experiencias de lucha fuera de occidente.

Ante este escenario, que los feminismos territoriales, ya sea decoloniales, poscoloniales, anticoloniales, anarquistas, comunitarios, ecolgicos, tienen mucho que decir al respecto, al plantear todos ellos una defensa de los cuerpos-territorios. Es el caso de grandes pensadoras y luchadoras como Vandana Shiva, Silvia Rivera Cusicanqui, Mara Lugones, Silvia Federici, Rita Segato, Yuderkys Espinoza, Donna Haraway, Raquel Gutirrez, Marisol de la Cadena, Isabelle Stengers, Mara Galindo, Adriana Guzmn, Alicia Moncada, Esther Pineda, Maristella Svampa, Mxima Acua, Berta Cceres, Francia Mrquez, Yayo Herrero, Esperanza Martnez y tantas otras que han cuestionado el impacto del extractivismo no solo en los ecosistemas sino en los propios cuerpos de las mujeres, frente al patriarcado minero, patriarcado forestal, patriarcado petrolero, patriarcado energtico, etc.

Sin embargo, estos feminismos territoriales no han ido acompaados mayormente de planteamientos crticos desde lo que podra llamarse como masculinidades alternativas, las cuales si bien en los ltimos 20 aos han tenido un fuerte desarrollo en todo el mundo, en tanto crtica a la construccin de una masculinidad hegemnica, dentro de un sistema hetero-patriarcal, no han cuestionado su relacin con el antropocentrismo. En consecuencia, pareciera que en el campo de los estudios sobre masculinidades, se han quedado situados mayormente desde miradas de carcter eurocntricas, las cuales no han permitido entrelazar la construccin del gnero con la construccin de la naturaleza.

En otras palabras, su crtica a una masculinidad hegemnica, en donde al hombre se le asocia con caractersticas como la agresividad, racionalidad, independencia, proteccin, xito, virilidad, liderazgo, compaerismo, entretencin, en desmedro de una idea de mujer emocional, frvola, manipuladora, sumisa, tierna, emptica, intuitiva, sensible, aburrida, no ha ido acompaada con un cuestionamiento a otros procesos cosificantes, como lo son el antropocentrismo y el racismo, los cuales se vienen generando desde hace siglos tambin. Por consiguiente, el faloceno no se puede entender de manera separada a procesos cmo el antropoceno y capitaloceno, ya que todos ellos se sostienen de manera articulada.

En definitiva, se hace necesario generar eco-masculinidades alternativas que no solo cuestionen la violencia del gnero existente, sino tambin a un proceso patriarcal extractivista en curso . No por nada las principales defensoras de los territorios son en la actualidad mujeres y no hombres, muchas de ellas asesinadas, por lo que la despatriarcalizacin en estos tiempos ms que una opcin se vuelve una necesidad para preservar la vida entre todas y todos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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