Portada :: Otro mundo es posible :: Isabel Rauber
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2020

Pistas para un pensamiento crtico situado, con pertenencia de clase
Epistemologas desde abajo

Isabel Rauber
Rebelin


I. Salir del cerco de la epistemologa occidental

II. Sacudirse el fantasma de la modernidad

III. Pensar con los sujetos y no para (ni por ) los sujetos




I. Salir del cerco de la epistemologa occidental
Elementos de partida

1.

Parecera un lugar comn comenzar haciendo referencia a la crisis civilizatoria que nos atraviesa y por la que atravesamos. Pero es necesario recordarla para tener presente que aunque muchos lo reconozcan tericamente- es importante enfrentarla con la profundidad y multidimensionalidad que ella tiene e impone, es decir, desde la raz para desde ah buscar su superacin.

La cualidad de civilizatorio indica que se trata de una crisis de los cimientos mismos del sistema - mundo dominante, hegemnico, del cual en este caso‑ se buscara salir, superar, ir ms all. Esto es: superar-reemplazar-abandonar el sistema de produccin y reproduccin que lo gest, expandi y afianz multidimesionalmente en sus modos de vida y en la existencia y espiritualidad humanas. No solo en lo econmico, sino en lo poltico-institucional, en la educacin, el conocimiento, la cultura, la ideologa, la subjetividad, el lenguaje, la comunicacin social y sus medios, las interrelaciones humanas, en la produccin y reproduccin de su hegemona en todos los rdenes de la vida.

En tanto economa es sociedad, un modo de produccin y reproduccin econmica es a la vez un modo de produccin y reproduccin social; define modos de vida, de interrelacionamiento humano y con la naturaleza, modos de pensar, de sentir, de soar, desear y morir.

Hoy transitamos un tiempo de agotamiento civilizatorio integral y multidimensional: de un modo de produccin, reproduccin, distribucin (intercambio), apropiacin y acumulacin econmica, cultural, social y poltica capitalista que se ha desarrollado a tal punto que evidencia descarnadamente su irracionalidad creciente, situacin que prcticamente ha anulado su inicial racionalidad [Hinkelammert]. Esta irracionalidad se expresa ntidamente en su irrefrenable destruccin de la vida; es un modo de no-vida que cnicamente los defensores del capital pretenden sostener y defender, disfrazndolo como una evolucin natural de la sociedad y, por tanto, irremediable para la humanidad. Por eso resulta saludable no confiar en sus propuestas de soluciones a los problemas por ellos mismos creados, ni adoptar sus pretendidas alternativas de superacin de los anteriores patrones de desarrollo, por ejemplo, la llamada economa verde.

Indagar una salida por fuera de esta civilizacin generada y sostenida por el capital requiere de la creacin colectiva global del conjunto de sujetos sociales populares, para pensar y construir propuestas capaces salir del cerco econmico-cultural del capital y poner fin a sus mecanismos de produccin y reproduccin, a sus preceptos ideolgicos y a sus paradigmas justificatorios.

Se trata de buscar, crear y definir alternativas superadoras a esta locura de la muerte, lo que demanda un pensamiento crtico consciente de las exigencias del tiempo histrico en el que se desarrolla y de las realidades en las que los sujetos populares despliegan sus experiencias de resistencia, luchas y creaciones con grandes atrevimientos polticos, expresndolos con toda la riqueza de la diversidad de su existencia, sus identidades, culturas, cosmovisiones, cosmopercepciones, conocimientos, saberes, sabiduras, pensamientos y prcticas sociales y comunitarias (base para su articulacin). Esta cualidad del pensamiento crtico es la que expreso con el concepto pensamiento crtico situado.

Implica asumir el desafo histrico de buscar, crear y construir una nueva civilizacin, basada en una cosmovisin abierta que ‑dando cabida a diversas cosmovisiones‑, promueva la armona, el intercambio y la complementariedad entre los seres humanos y con la naturaleza, en bsqueda, creacin y trnsito hacia un nuevo modo de produccin, reproduccin y acumulacin sociales, que se haga cargo de promover y sostener la reproduccin en equilibro con la naturaleza. Esto se expresar en un nuevo modo de vida.1

Una semblanza del modo de vida al que aspiramos resulta sintetizada, por ejemplo, en la propuesta de los pueblos indgenas originarios conocida como el vivir bien o buen vivir: en equilibrio, equidad entre los seres humanos y con la naturaleza de la cual somos parte; sin asimetras de poder. Esto contrasta con las propuestas consumistas de bienestar y progreso individuales (e individualistas) alimentadas por la filosofa occidental moderna (capitalista). Se asienta en un principio civilizatorio para la vida que, en aras de ella, promueve y defiende el bien comn: No es posible vivir bien si los dems viven mal. No resultan compatibles con l las guerras, ni el saqueo, ni las desigualdades extremas que provocan hambre, enfermedades, muertes que destruyen nuestro hbitat y con ello‑ nuestra humanidad. De ah que su carcter civilizatorio para la vida, sea una de las claves para pensar crear un mundo nuevo.

2.

Cuando se hace referencia al pensamiento crtico se abre una dimensin de diversidad; hay mucho escrito, pensado, publicado. Ac quiero referirme particularmente a las corrientes cuyos representantes o referentes lo colocan (y se colocan) afuera de la historia, es decir, se refieren a un pensamiento no situado elaborado al margen de las realidades concretas del tiempo histrico de que se trate y de sus sujetos. Estas vertientes de pensamiento resultan incapaces de identificar claramente los problemas raizales que la crisis civilizatoria plantea a la sobrevivencia de la humanidad. Tampoco reconocen que tanto el origen como el desarrollo de los conceptos y paradigmas del pensamiento crtico que enarbolan fueron moldeados, de alguna manera, por la civilizacin que pretenden analizar crticamente, por lo que resultan tambin alcanzados por los cimbronazos (culturales e ideolgicos) de su crisis.

En tanto pensamiento abstracto (atemporal, no contingente y sin sujetos concretos), esta corriente de pensamiento crtico no situado comulga con la concepcin liberal y cientificista . Con ello pretendi dotarse de una objetividad no contaminada con las contradicciones de la vida real, pero ‑por esa va‑, termin desconectado de la realidad, sus acontecimientos y sus actores sociales. Result entonces, un pensamiento crtico dogmtico, apriorstico, trascendental.

En tanto esta corriente se desarroll y difundi con el apoyo de poderosas instituciones acadmicas, polticas y culturales (editoriales) a nivel mundial, en primer trmino la Academia de Ciencias del PCUS y el Instituto de Marxismo-Leninismo de la URSS, su influencia fue considerable tambin en el terreno de las actividades poltico‑sociales. En Indo-afro-latinoamrica su irradiacin fue devastadora: negacin o rechazo de las realidades socioeconmicas; de los sujetos realmente existentes y de sus realidades, identidades, culturas, etc., implantacin de esquemas clasistas tericos extrapolados, desconocimiento generalizado de las deformaciones de la dependencia multidimensional impuesta por el colonialismo, etctera.

Adoptando la denominacin de marxismo transformado en doctrina‑, esta corriente de pensamiento ha sido y an es, en ciertos mbitos‑, considerada como uno de los mayores exponentes del pensamiento crtico de izquierda, cualificacin que muchos emplearon para descalificar otros aportes tericos revolucionarios, como los de la educacin popular, la teologa de liberacin, el feminismo.... Con tales actitudes, su difusin e instrumentacin poltica se tradujo en intolerancia, desprecio, rechazo y marginacin de lo diferente. Sus referentes intelectuales fueron (y muchos an lo son) considerados poco menos que dioses a los que habra que reverenciar y seguir si se deseaba ser parte del cuerpo crtico iluminado o contar con su aprobacin (para publicaciones, doctorados, becas, concursos, distinciones, premios...).

3.

Ese pensamiento crtico que adopt posiciones supuestamente objetivas e imparciales, result un pensamiento sin sujetos, despojado de sus realidades, contradicciones y subjetividades (reducidas a lo subjetivo). Fue un pensamiento disecado, desposedo de la riqueza emergente de la diversidad de los sujetos, de sus sentimientos, saberes y sabiduras, de sus cosmovisiones y cosmopercepciones, negador de sus identidades y culturas... En sntesis, devino un pensamiento no situado (abstracto), ajeno a las contingencias de la historia y a los sujetos y sus subjetividades (y sus calamidades, luchas, resistencias). Ello constituy y constituye su deficiencia epistemolgica de raz. Y alcanza tanto a su matriz raizal como a sus contenidos, sus conceptos y paradigmas, sus lenguajes y formatos y, de conjunto, fundamentalmente, a su proyeccin prctica.

Muchos ejemplos dan cuenta de ello, pero vale recordar aqu a uno de sus resultados ms negativos para el pensamiento y la accin sociopoltica de la izquierda en el mundo y, particularmente, en Asa, frica y en este continente. Me refiero, en primer lugar, a la fragmentacin del pensamiento revolucionario (de Marx, Engels y Lenin) en materialismo dialctico y materialismo histrico. Con ello, sus promotores pretendan, tal vez, evitar una posible herencia idealista de Hegel (corte epistemolgico althuseriano, por ejemplo), pero en realidad, al separar materialismo y dialctica sepultaron la gran revolucin epistemolgica realizada por Marx en el pensamiento social. Sobre esa base hicieron posible la creacin de un materialismo histrico sin sujetos y sin sus contingencias en la historia; es decir, sin atender tampoco a las transformaciones que ello exigira en los contenidos de los conceptos, las categoras, las propuestas La dogmatizacin se abra paso ocultndose tras una supuesta concepcin cientfica que aislaba al marxismo de su fuente genealgica sine qua non: la concepcin dialctico‑materialista de la historia. Despojado de la dialctica y de los sujetos, artfices, creadores y constructores de las dinmicas vivas, con sus luchas y pensamientos‑, ese marxismo solo poda ser doctrina muerta, vaca de contenido histrico social, su raz y proyeccin revolucionaria.

Un referente importante de esta concepcin fue Althusser, quien ‑aunque se pretendi anti-dogmtico‑, defini al materialismo histrico como ciencia de la historia. Ella aborda temas relativos a la estructura social y a la superestructura. Las clases y la lucha de clases existen, pero estticas, pues no modifican sustantivamente la realidad ni son modificadas por ella, ni pueden tampoco crear algo nuevo. Y aunque se afirma que la lucha de clases marca el curso de los acontecimientos, en realidad estos resultaban pautados apriorsticamente por esa supuesta ciencia de la historia, en virtud de su conocimiento de las leyes que rigen el movimiento histrico. Un galimatas que fue el adalid del pensamiento crtico de gran parte de la izquierda autodenominada marxista en el siglo XX. Para ella Maritegui fue un bicho raro, un pensador maligno cuyos textos no haba que leer, ni nombrar. Al igual que Gramsci, Lukcs, Rosa Luxemburgo, Ernesto Che Guevara, Flora Tristn junto a tantos otros y otras que pensaron, escribieron y lucharon en el mundo.

En nuestro continente esta variante del marxismo rgido, dogmatizado, antidialctico y desconocedor de los sujetos reales hizo verdaderos estragos. El reconocimiento esta expresin ya lo evidencia‑, de los pueblos indgenas originarios como integrantes del sujeto social y poltico, ha sido ‑y en muchos casos an lo es‑, una carencia, una ausencia. Como as tambin a los peones rurales, a los trabajadores golondrinas temporarios, a los asalariados en condiciones de semi-esclavitud, a los afrodescendientes, mestizos, criollos y mulatos Todos ellos fueron desconocidos y excluidos de los anlisis sociopolticos, pues no se ajustaban a la definicin de clase social proveniente de los manuales.

Hoy esto parece estar cambiando significativamente y eso contribuye a la proliferacin de lecturas sociolgicas y polticas ms ajustadas a las realidades y a la diversidad de sujetos sociopolticos concretos. Pero hay mucho por hacer an en este sentido. Porque no es un tema que pueda resolverse solo con declaraciones o escritos; es vital abrir el pensamiento y el corazn y reconocer las identidades, culturas, saberes, conocimientos y cosmovisiones de los sujetos diversos. Esto provoca un cortocircuito en los liderazgos poltico-ideolgicos dentro del campo popular, tradicionalmente hegemonizados por una izquierda (intelectual y poltica) ilustrada y por ello supuestamente‑ duea de la verdad y, por tanto, del (verdadero) pensamiento crtico.

4.

Surgen entonces varias interrogantes, entre ellas: Quines elaboran el pensamiento crtico? De cules fuentes, realidades, sujetos, fuerzas o pensamientos se nutren? Quines lo interpretan o entienden? Quines le dan vida, lo llevan a la prctica, lo concretan o lo aplican?

Evidentemente, al asumir la condicin de cientfico siguiendo los cnones liberales, la corriente de pensamiento crtico no situado lo (auto)constituy en una cualidad propia de especialistas, expertos, acadmicos, lites iluminadas alejadas de las prcticas sociales populares.Sobre esa base, establecieron una brecha entre quienes elaboran pensamiento y quienes lo aplican. Es decir, entre los que saben (y piensan) y los que no saben (y ejecutan).

En el mundo universitario esto se expres tal vez de un modo ms benvolo‑, particularmente en la distincin entre los saberes acadmicos y los saberes populares, brecha que desde hace algn tiempo se intenta acortar con el llamado dilogo de saberes, evidentemente por la presin que ejercen los movimientos sociales en la arena poltica y por la fuerte influencia cultural de la concepcin de Paulo Freire con su defensa de los saberes de los oprimidos.

El dilogo de saberes result ciertamente una especie de puente ideolgico y cultural entre dos categoras de saberes (y de sujetos) que, a la vez que los articula, los diferencia y distancia. Un claro ejemplo de ello es que, en dcadas, el tan mentado dilogo de saberes no lleg a generar propuestas deselitizantes del saber. Hasta hoy no hay logros significativos en este sentido; no se ha conseguido, por ejemplo, que los currculos universitarios se abran e incorporen institucionalmente‑, otros conocimientos, sabiduras, cosmovisiones...

Existen espacios como el de la llamada extensin universitaria con los que se busca poner parches a esta separacin, pero esto ‑lejos de disminuir las distancias‑, las reafirma. En primer lugar porque en ese esquema, son los acadmicos los que se acercan a los espacios no ilustrados, pero los referentes de estos espacios no son recibidos con la misma amplitud en los espacios de la academia. Adems, la concepcin de la educacin popular tampoco ha sido epistemolgicamente comprendida e integrada a una profunda reforma pedaggica educativa; se mantiene en las orillas, construyendo otra epistemologa, no para disputar espacios sino porque las realidades de este continente y sus sujetos as lo reclaman y lo producen en consecuencia. En resumen: la fractura epistemolgica de saberes se mantiene y afianza.

Un dilogo de saberes requiere reconocimiento del otro, de la otra, respeto, preguntar y escuchar; estar abiertos a racionalidades diferentes, a no excluir, a sumar en actitud de articular; lo que en el pensamiento indgena se denomina complementar o completar (completitud en matemticas). Y esto supone lo intercultural y, de conjunto, la descolonizacin. Aqu es importante reflexionar y entender que forjar el respeto mutuo, entre civilizaciones, implica descubrir lo encubierto, dignificar lo marginado, excluido y colonizado, poner en condiciones de dilogo, luego recin viene el respeto mutuo entre las partes. Una vez logrado el descubrimiento de los valores ancestrales, haber dignificado, y forjado el respeto mutuo, viene el apthapi/complementario de saberes y conocimientos intercivilizatorios [Yampara, 2009: 21]. Y claro, esto habla de una relacin no unvoca, que articula mltiples dimensiones de existencias e intereses. Ponerse con ello es, precisamente, parte de los desafos.

5.

En tanto aceptamos que saber es poder, todo ensimismamiento del pensamiento crtico obstaculiza el reconocimiento y la comprensin de la dimensin destructiva raizal de la civilizacin del capital que actualmente carcome y desangra a la humanidad. Y esto a su vez‑, limita sus posibilidades para buscar, identificar, definir y construir las respuestas de superacin civilizatoria alternativa, tarea que no puede ser obra de un grupo de intelectuales sino elaborada entrelazadamente con los quehaceres, experiencias, conocimientos, saberes y propuestas de los actores-sujetos populares, tal como lo exigen la magnitud y los alcances de las amenazas dominantes que definen el tiempo actual.

La grieta histrico-cultural de saberes, conocimientos, sabiduras condensa entonces, uno de los principales obstculos epistemolgicos, gnoseolgicos, polticos e ideolgicos del pensamiento crtico hasta ahora predominante, cuyo sostn impide su transformacin en fuente de inspiracin y gua del quehacer socio-transformador de los sujetos populares. Esto no puede lograrse desde afuera de las prcticas sociales de los sujetos, tampoco en el fragor de los hechos; es importante contar con un pensamiento comprometido con las prcticas, que sea parte de ellas pero que a la vez‑tenga la suficiente capacidad para distanciarse y aportar un punto de vista crtico, es decir, reflexivo, que ponga de relieve lo que la experiencia arroja como enseanzas, conceptos, propuestas, caminos y nada de esto puede resultar de una labor individual ni monocultural. Construir pensamientos y saberes colectivos es la clave. Interculturalidad, descolonizacin, despatriarcalizacin resultan en este empeo ‑junto con la educacin popular y la investigacin participativa‑ postulados insoslayables, a la vez que posibilidad, concepcin y herramientas.

6.

El pensamiento crtico no situado predominante en el siglo XX ‑aparte de dejar afuera a los sujetos, sus subjetividades y sus experiencias histricas‑, se constituy en torno a una cientificidad a-histrica y qued anclado a sus rigores cientficos, correspondientes a las revoluciones industriales y sus exigencias socioculturales. Luego se fue acoplando de diferentes maneras‑, con los descubrimientos de las ciencias y la tecnologa: la fsica cuntica y nuclear, la robtica, la electrnica, la informtica... De conjunto, esto se tradujo no sin debates y contradicciones‑, en una suerte de aggiornamiento cientfico del pensamiento crtico, apoyado en lo que se ha dado en llamar teora de la complejidad. Esta perspectiva le ha brindado a ciertas corrientes una mayor flexibilidad y apertura, pero ‑lejos de reencaminar al pensamiento crtico hacia una transformacin raizal de sus cimientos‑, fortaleci, en general, sus tendencias al elitismo.

Es importante tener presente que toda produccin de conocimiento parte de una base cultural y est tambin intercondicionada por ella, adems de estarlo tambin por los instrumentos que emplea, por el clima ambiental donde se hacen los estudios... Todo esto influye e interviene en la creacin de lo nuevo, en el desarrollo de nuevas miradas, nuevas lecturas, anlisis, sntesis y en la elaboracin de propuestas encaminadas a superar‑colocarse, desde la experiencia viva de sus procesos internos, afuera de la civilizacin del capital (occidental, moderna). Por eso es saludable promover siempre una actitud abierta, atenta a la pluralidad y diversidad de cosmovisiones, conocimientos, saberes en bsqueda de posibilidades y nuevas herramientas para construir las convergencias hacia un horizonte compartido comn. Lo comn implicara al menos, en tal caso, la creacin de un mbito para pensar colectivamente en clave intercultural, descolonizada y abierta a renovaciones y transformaciones constantes.

Llegado a este punto, entre las huellas ms fuertes de los siglos XIX y XX que marcaron la pretendida cientificidad de la corriente predominante del pensamiento crtico, pueden subrayarse las siguientes:

II. Sacudirse el fantasma de la modernidad

Los reclamos, las tareas y los desafos para el pensamiento crtico son muchos y se multiplican potencindose unos a otros a diario. Urgen cambios raizales. No bastan aggiornamientos formales o retoques; se trata de abrir las entendederas, despojarse de la herencia colonial del pensamiento nico, para crear y construir dialogal e interculturalmente lo que ser ya se avizora‑, un nuevo pensamiento crtico abierto, centrado en el quehacer sociotransformador de los sujetos populares, intercultural, con identidades socioclasistas claras, es decir, con pertenencia de clase y compromiso con la bsqueda, creacin y construccin de una nueva civilizacin.

Esto supone salir del cerco ideolgico-cultural hegemnico del poder del capital, replantearse y revitalizar los horizontes sociotransformadores del pensamiento crtico, recuperar su sentido y sus contenidos revolucionarios, no para quedarse all sino para nutrirse desde los orgenes con el quehacer terico-prctico de los pueblos. Esto supone abrir las compuertas del pensamiento, fortalecerlo con la vitalidad epistemolgica de las prcticas sociotransformadoras de los movimientos indgenas y sociales que buscan, luchan y construyen da a da en sus comunidades y territorios avances hacia un nuevo mundo, una nueva civilizacin plurinacional indo-afro-latinoamericana.

Esto coloca en el centro del quehacer epistemolgico a los viejos y nuevos actores sociales y polticos, y al conflicto social como dimensin vertebradora de articulaciones sociopolticas, mbitos de desarrollo de potencialidades colectivas que pueden emerger de la convergencia programtica de actores sociopolticos diversos del campo indopopular. Estos han sido y son:

Pistas epistmicas indispensables para un nuevo pensamiento crtico Un pensamiento situado con pertenencia de clase

Pensar integralmente el poder y los caminos para su transformacin raizal (desde abajo) implica rechazar la supuesta neutralidad epistemolgica que, en aras de su objetividad prefiere no exponer sus presupuestos reales de partida ni explicitar desde dnde realiza el anlisis o, aunque lo haga, no logra superar el horizonte abstracto liberal burgus que no da cuenta de los fundamentos ltimos de la explotacin, desigualdad, discriminacin u opresin entre seres humanos, contribuyendo a invisibilizar el contenido de clase de las realidades sociales, para afianzar, por esa va, la idea de que la diferenciacin socioclasista de las sociedades resulta una caracterstica natural de la vida social y por tanto, es inevitable.

Es precisamente contra este forma de leer y explicar las realidades que se levantan tambin los pueblos, apoyados en sus experiencias de vida, sus luchas y creaciones colectivas. Con su epistemologa de la praxis ponen sobre el tapete el colapso de las viejas formas de conocer y entender las realidades sociales, de las viejas modalidades de pensar y practicar la poltica, la organizacin y articulacin de los sujetos y sus interrelaciones, del viejo papel de las instituciones y sus interrelaciones con la ciudadana... Tales reflexiones tienen un posicionamiento de clase ‑tal cual la clase existe y se proyecta actualmente‑, y sobre esa base analizan las realidades socioeconmicas de nuestro continente e identifican quines son (o podran llegar a ser) los sujetos populares concretos de los cambios.

P ara importante s corrientes de las ciencias sociales y polticas, esto se resolva afirmando genricamente que la clase obrera era el sujeto revolucionario. Dicha postura se identific durante el siglo XX como clasismo, cuyo contenido era obviamente abstracto, no situado ni en el lugar y ni en el tiempo histrico concreto de que se trataba, ni con los sujetos concretos existentes en cada tiempo y lugar.

En el estadio actual del capital, su lgica de produccin y acumulacin se resume y expresa en la contradiccin antagnica vida‑muerte. Esta contradiccin resulta del agravamiento extremo de la contradiccin capital‑trabajo y de las contradicciones a ella articuladas. Es decir, que ella contiene, sintetiza y expresa las contradicciones raizales de clase (burguesa‑proletariado) de un modo especfico, propio del momento histrico concreto y, ‑convergentemente‑ configura adems, nuevas contradicciones y sujetos sociales, a la vez que posibilita la visibilizacin y el reconocimiento de viejos sujetos, negados como tales por los paradigmas propios de la epistemologa de la modernidad.

Esto se relaciona directamente con la necesidad de analizar con un claro posicionamiento histrico‑concreto la existencia e interrelacin sujeto‑clase y en Indo-afro-latinoamrica particularmente a la relacin sujeto-clase-pueblo/s originarios... para reconocerla en todo su diversidad.

En las complejas realidades de las sociedades indo-afro-latinoamericanas lo clasista no resume la totalidad de lo conflictivo sociopoltico, as como tampoco la clase obrera o trabajadora puede identificarse con la totalidad del sujeto poltico revolucionario. La clase obrera, en toda la diversidad de su existencia, es potencialmente parte constitutiva del sujeto popular junto con otros actores sociales y polticos, del mismo modo que la lucha de clases se expresa actualmente en un sinnmero de luchas y conflictos sociales no necesariamente encasillables en la antigua definicin clasista. Por ejemplo: las luchas ecolgicas, de gnero, de identidad sexual libre, la de los pueblos indgenas originarios, la de los campesinos, la de las poblaciones urbanas empobrecidas y marginadas, la de los migrantes, etc. Obviamente, la clase obrera con empleo y sus organizaciones naturales como son los sindicatos, pueden desempear un papel activo motorizador de la articulacin de las luchas, problemticas y actores e identidades sociales, pero ello no es algo que ocurrir indefectiblemente. Si ocurre impulsa los procesos socio-transformadores, pero como lo evidencia nuestra historia continental reciente‑, no es condicin necesaria ni suficiente para ello.

Tener claridad de estas realidades es tanto ms necesario cuanto que los institutos ideolgicos del capital, en especial la industria cultural y los medios de comunicacin de masas a su servicio influyen de modo perverso en la mente de los desposedos desdibujando los contenidos de su pertenencia clasista.

Urge salir del manual, de lo abstracto, genrico, binario, anquilosado, encorsetado, para situarse en la realidad concreta en tiempo y espacio. Esta es la primera condicin de situado y es, precisamente, la que posibilita y posibilitar al pensamiento recuperar su sentido y su carcter crtico, esclareciendo a la vez‑ su pertenencia de clase, no referida a la mtica clase obrera de los manuales, sino expresando el claro punto de vista de los sujetos populares diversos, cuestin que abordaron con claridad, entre otros, Maritegui y Camilo Torres.

Al igual que Maritegui, Camilo tena cabal conciencia de la estrechez de la concepcin clasista importada e impuesta en estas latitudes, que se limita a identificar nicamente a la clase obrera (idlica) como sujeto del cambio revolucionario en las sociedades latinoamericanas. Reconoce la diversidad de nacionalidades, clases, sectores y actores sociales que conforman el pueblo, y para expresarlo conceptualmente, se refiere a ellos identificndolos como clase popular2. Esta clase es la que constituye al sujeto pueblo: plural, diverso, multicultural y plurinacional.

Reflexiones como esta aunque minoritarias‑, no son una excepcin ; sin embargo, una suerte de ceguera persiste todava en amplios sectores de la izquierda partidaria e intelectual cuyos exponentes se resisten a quitarse las anteojeras para ver y escuchar lo que los sujetos de nuestras realidades sociopolticas muestran y gritan. Enredados con los dogmas de su marxismo y la ideologa del poder, continan abonando el camino del pensamiento binario y dicotmico generando oposiciones falsas entre: clase o etnia?, clase o gnero?, ideologa o cultura?, condiciones objetivas o condiciones subjetivas?, conciencia o subjetividad?... Pretende definir lo que est incluido y lo que es o ser excluido, lo que es correcto e incorrecto, la verdad y el error, el bien y el mal Su enfoque es binario y binario es lo que reproduce, afianza, proyecta y acepta como vlido.

Estas contraposiciones ocultaron lo central: la complejidad de la vida real, las identidades y culturas de los pueblos indgenas, de la poblacin negra, de los campesinos empobrecidos, de los obreros, de las mujeres Todo ello es parte de la problemtica de clase en este continente porque su existencia ha estado y est marcada por la llegada del capitalismo temprano a estas tierras de la mano de la conquista y colonizacin.

Capitalismo y colonizacin son parte de un mismo proceso de violencia, muerte, exclusin, explotacin, opresin, discriminacin, saqueo... Y esa realidad perdura hasta nuestros das, reciclada y ampliada por diversos mecanismos sociales, econmicos, jurdicos, culturales, adems de los mecanismos ideolgicos dominantes que se modernizan y expanden su hegemona da por da, actuando mancomunadamente con la reproduccin de las lgicas de una sociedad-mercado colonizada (dependiente).3

No vale entonces pretender ubicarse fuera de los acontecimientos histricos y sus sujetos; no es as que se logra la objetividad tan infundida por las academias.

En la perspectiva epistemolgica desde abajo la objetividad se logra situndose adentro del proceso del cual se opina, pensando crticamente con la diversidad de los actores del campo popular, para actualizar colectivamente la conciencia poltica y el pensamiento sociotransformador en las condiciones concretas, en el tiempo concreto, con los sujetos concretos. Esta sera una segunda dimensin del pensamiento crtico situado (junto con los sujetos populares).

En los procesos de transformacin raizal del poder, los sujetos populares mancomunadamente con intelectuales orgnicos y acadmicos situados‑, irn reflexionando desde sus experiencias, aprendiendo de sus errores y aciertos, nutrindose de sus creaciones cotidianas de lo nuevo, en las comunidades, las comunas, los movimientos barriales En ese proceso construirn la contrahegemona popular, aportando claramente a la construccin de un nuevo pensamiento crtico popular colectivo.

Interculturalidad y descolonizacin

Al reconocer (y reconocerse) parte activa de las experiencias colectivas, al contribuir a recuperar y analizar crticamente los caminos de resistencia, luchas, organizacin y creacin de lo nuevo, los diversos actores y actoras sociales populares resultan co-partcipes de la creacin de horizontes comunes de conocimientos, saberes y sabiduras, fortaleciendo as sus prcticas sociotransformadoras colectivas. Esto supone articular la diversidad y, en ello resulta clave la perspectiva intercultural y la descolonizacin. Ambas contribuyen a ampliar las miradas sectoriales y a derribar muros de contencin y divisiones apriorsticamente fijadas entre los/las actores/as diversos, sus identidades, saberes y culturas.

Lo intercultural remite de inmediato, en primer lugar, a un mbito de prcticas sociopolticas y cognitivas que estn en contradiccin con los paradigmas predominantes en el pensar, el saber y el deber ser dominantes, hasta hace poco considerados los nicos valederos y eficientes, hoy en crisis profunda.4 Por un lado, porque lo intercultural significa ‑de entrada‑ el reconocimiento de la diversidad de identidades, culturas, cosmovisiones, saberes, modos de vida y organizacin sociales (econmicas, polticas y jurdicas), todas racionalidades vlidas que es necesario rearticular sin exclusiones ni jerarquizaciones en sus interrelaciones. Por otro lado, porque esto pone en cuestin el sentido y el contenido de la racionalidad del poder occidental‑ predominante hasta ahora. Todo ello remite las miradas hacia los creadores de las diferentes racionalidades, es decir, a los sujetos de la produccin y reproduccin de la vida (comunitaria, urbana, social), a los sujetos de los saberes, a los sujetos de las transformaciones sociales (culturales, polticas, econmicas). En segundo lugar, es saludable tener en cuenta que el propio planteo de la interculturalidad es intercultural. Es decir, sus contenidos, definiciones y significaciones, son diversos y mltiples.

No hay una nica propuesta intercultural monoltica (dogmtica); el abordaje de esta dimensin en estas pginas no pretende, por tanto, ser la interpretacin de la interculturalidad, ni todo lo que hay que saber acerca de ella, sino brindar los elementos claves que permiten colocar a la interculturalidad como una de las piedras conceptuales (y prcticas) fundantes de la nueva racionalidad plural y multidimensional ya en gestacin.

Construir colectivamente un pensamiento crtico emancipatorio y las alternativas emancipadoras, requiere nutrirse y articular diferentes experiencias, saberes, sabiduras y cosmovisiones. Y esto hace imprescindible que todos y todas dejemos de lado viejos prejuicios discriminatorios y jerrquicos, en lo organizativo y tambin en lo cultural, para reconocer(nos) y aceptar(nos) en la diversidad, entendindola no como una desgracia que hay que soportar, sino‑ como fuente enriquecedora, forjadora de capacidades colectivas para conocer, saber y poder actuar con equidad y mayor tino. Esto supone, obviamente, desterrar la concepcin (y las prcticas propias) del pensamiento y la verdad nicos, correspondientes con la ideologa, cultura y hegemona de los poderosos. A este proceso, se lo identifica como descolonizacin. La descolonizacin abre las entendederas y el corazn para adentrarnos en este empeo munidos con los posicionamientos interculturales. Ambas: interculturalidad y descolonizacin resultan entrelazadas en este proceso que es cimiento y parte del complejo proceso de liberacin.

No existe una nica cosmovisin verdadera. Los nuevos paradigmas epistemolgicos civilizatorios interculturales descolonizados en construccin se fundamentan en la riqueza de la pluralidad y diversidad, y se anclan en principios tales como: solidaridad, tica, diferencias, equilibrio, complementariedad, paridad, horizontalidad, espiritualidad, democracia intercultural, vivir bien, buen vivir, autogestin, vida comunitaria, redes sociales.

Cuidar de no tirar el nio con el agua sucia

Descolonizar no significa renegar ni rechazar los aportes y el legado cultural y de los saberes de la modernidad, sino relacionarnos con ellos desde un lugar diferente, ajeno a la subordinacin y la dependencia.

Coincido en esto con Samanamud, cuando seala que los propios presupuestos de la modernidad se van a entrelazar de una manera diferente en nosotros, no es que se van a negar (), sino que se van a entrelazar de otra forma, pues la interculturalidad supone tambin encontrarnos con lo humano. Si desde nuestro ngulo, que no es universal, encontramos tambin lo humano que hay en m, en t y en lo que estamos haciendo, en el momento de descolonizarnos, no estamos realizando ninguna negacin de occidente ni otra sntesis necesariamente. En este sentido debe ser explicitado este movimiento de la descolonizacin, no se trata de una sntesis, no es slo eso, all podremos articularnos relacionalmente sin negar la dialctica, es simplemente otra conciencia de la realidad. // Se va entender de otra manera el sujeto, pero no va a desaparecer, se va a entender de otra manera la autonoma del sujeto, pero no va a desaparecer. [2009]

Un pensamiento "abierto al mundo" y en debate con "los otros"

Es importante nutrirse de las enseanzas de la historia de las luchas anticapitalistas y de las experiencias socialistas del siglo XX, revalorizar y actualizar los aportes terico-filosficos de Marx, Engels, Lenin, Mao Tse Tung, Luxemburgo, Gramsci, Luckacs, Korsch, Freud, Althusser, Ho Chi Min, Foulcault, Mszaros, Amn, Maritegui, Mella, Gabriela Mistral, Varela, Ingenieros, Flora Tristn, Guevara, Nela Martnez, Dussel, Snchez Vsquez, Graciela Bustillos, Zavaleta Mercado, Kusch y muchos otros/as grandes pensadores/as revolucionarios, profundizar la crtica al funcionamiento del sistema del capital en la actualidad, y en nuestro caso, muy importante‑ rescatar la riqueza de los pensamientos independentistas (de San Martn, Bolvar, Jurez, Mart), de los pensamientos y cosmovisiones de los pueblos indgenas, de la teologa de liberacin, de la educacin popular, de los feminismos y las concepciones despatriarcalizadoras, etc., en aras de fortalecer el pensamiento crtico intercultural, emancipatorio, despatriarcalizado y descolonizado indo-afro-latinoamericanista y su papel poltico estratgico de orientador de las luchas de los sujetos y las sujetas populares.

Esto resume su posicionamiento poltico y epistmico revolucionario actual, a la vez que lo torna parte de las herramientas de rechazo a la colonizacin y colonialidad del poder [Quijano] y fortalece las bsquedas de fundamentos descolonizados e interculturales para aportar a la construccin de un proyecto colectivo comn, encaminado a la superacin concreta de la civilizacin creada y afianzada por el capital, es decir, creada, desarrollada y afianzada por la humanidad bajo la dominacin del capital y sus tentculos hegemnicos, contribuyendo a construir una civilizacin rehumanizada, intercultural, que apueste por la diversalidad del mundo, con interrelaciones humanas individuales y colectivas basadas en principios de solidaridad, justicia, equidad y horizontalidad , reencontrada con la naturaleza, la vida y el futuro.

Despatriarcalizacin, feminismos, igualdad de gneros e identidades

En principio vale destacar que el feminismo y los enfoques de gnero ‑y sobre todo las luchas de las mujeres durante aos‑, han contribuido claramente a pensar lo colectivo y la unidad sobre nuevas bases, haciendo del reconocimiento de las diferencias ‑en vez de un obstculo‑ un enriquecimiento, un pilar para las articulaciones. Es un granito de arena aportado por las mujeres militantes al pensamiento emancipatorio y al caldero de la construccin plural y diversa del nuevo sujeto popular colectivo.

Este posicionamiento llama a dar cuenta de las nuevas realidades y sus nuevos sujetos/as: los/as desplazados/as de diversos orgenes, los/as precarizados/as permanentes, los LGTBIQ, as como tambin de los viejos sujetos negados: los movimientos indgenas, los afrodescendientes, las mujeres, los/las jvenes, los nios y las nias, los y las adultos/as mayores Llama a abrir espacios a las di versas identidades, cosmovisiones, saberes, sabiduras y corrientes de pensamiento: los saberes originarios y sus cosmovisiones, los saberes ecolgicos, la biopoltica, la biotica, el feminismo poltico y la despatriarcalizacin como crtica raizal del poder del capital. 5

La generalizacin de los privilegios de los hombres en el capitalismo y antes en el feudalismo, etctera, como si fueran caractersticas naturales propias de todos los hombres, le garantiza al poder machista‑patriarcal del capital, por un lado, el ocultamiento de su origen, contenido y pertenencia de clase y, por el otro, la permanencia de su brutal autoritarismo subordinante, discriminante y explotador de los seres humanos. Es aqu donde gnero y clase se dan la mano, y lejos de contraponerse y excluirse logran desentraar la gnesis raizal del poder patriarcal‑machista, poniendo al descubierto a la vez‑, su pertenencia de clase: la de los que detentan el poder en lo econmico, poltico, jurdico, ideolgico, religioso, cultural.

Perfeccionando viejos mecanismos, modelos y modalidades de subordinacin de la mujer al hombre, el capital ha acondicionando el funcionamiento de la vida social pblica y privada y los roles de hombres y mujeres en ellas, acorde con el funcionamiento del mercado y los complejos mecanismos de produccin y reproduccin de su hegemona. Las consecuencias deshumanizantes que ello acarrea en la vida familiar de millones de seres humanos empobrecidos, despojados de sus trabajos, de sus tierras, de sus casas, de su pas, representa una sobrecarga econmica, fsica y espiritual para las mujeres y alcanza hoy niveles antes insospechados. Todos los sectores empobrecidos y excluidos lo sufren en carne propia, pero doble o triplemente las mujeres del pueblo que suman jornadas mal remunerada s a su agotadora jornada laboral domstica. Ellas en primer lugar y sus hijos, resultan los soportes humanos de la criminal y gigantesca nueva etapa de acumulacin del capital a escala global.

En tanto nuevas actoras sociales, las mujeres resultan fuera de los paradigmas del pensamiento poltico tradicional. En tal sentido, el feminismo ‑con enfoque de gnero‑ propone una profundizacin inexcusable a la democracia (en la prctica y en su contenido polticosocial), incluyendo en ella tambin a las relaciones sociales hombre-mujer fuera y dentro del hogar, incluyendo la diversidad de identidades sexuales y de gneros. Resulta por ello enriquecedor de los procesos de despatriarcalizacin‑transformacin raizal de la sociedad y de un nuevo pensamiento crtico de cuya construccin es parte y del cual, a su vez, se nutre.

En este empeo busca‑experimenta y aporta modalidades de convivencias interculturales que, nutrindose de la diversidad de miradas y subjetividades, van construyendo tambin un pensamiento revolucionario indo-afro-latinoamericano, acorde con las realidades socioculturales de cada pueblo, un pensamiento descolonizado, despatriarcalizado, intercultural, abierto a la creacin colectiva permanente de los pueblos con toda la riqueza de su diversidad y desarrollo histrico.

Esto es parte de las nuevas prcticas, pero al ser estas todava culturalmente minoritarias constituye ante todo un llamado de alerta.

Las herramientas conceptuales culturales heredadas de la cultura occidental moderna nos impiden asiduamente trabajar en y con pluralidad; ellas hacen de la exclusin su modus vivendi por lo tanto hay que dar un paso al costado, salir del cerco de la modernidad para replantearse otras miradas y rumbos. La interculturalidad supone la descolonizacin; y anudadas con los feminismos, la despatriarcalizacin y los enfoques de gneros, abren caminos hacia el nuevo mundo y conforman uno de los nervios constitutivos de las epistemologas emergentes desde abajo.

Aportar a la construccin de un nuevo tipo de unidad del campo popular

Interculturalidad, descolonizacin y despatriarcalizacin contribuyen a replantear tambin los criterios acerca de la unidad del campo popular y los caminos para construirla: no se lograr sobre la base de la unicidad ni la homogenizacin de todo pensamiento y opcin, ni aplicando la lgica del ordeno y mando. Abren las puertas a un nuevo tipo de unidad del campo popular formada sobre la base de la complementariedad y la articulacin de los y las diferentes para enriquecer lo colectivo. Esto supone, por ejemplo siguiendo cosmovisiones otras‑, reconocer la incompletitud de cada uno, en lo individual y en lo sectorial y, consiguientemente, ver en las diferencias, en el otro y en la otra, la posibilidad de completitud, desarrollando variados procesos de articulacin basados en el reconocimiento de las virtudes y ventajas de lo diferente ms que en sus restricciones.6

En contraste con la supuesta verdad absoluta de pocos, la verdad revolucionaria se construye entre todos los sectores del pueblo, con sus puntos de vista, identidades, subjetividades, perspectivas y objetivos diversos. Por eso es plural, intercultural, descolonizada, compartida, relativa, histrica y en desarrollo. Concibe y apuesta a la unidad con diversidad a la que articula. Se va construyendo da a da en las prcticas, en las conciencias. Existe con diversidad y se fortalece en las interdependencias y en los mbitos comunes para germinar nuevas pertenencias e identidades colectivas. Porque la verdad revolucionaria es una verdad histricamente construida por los actores sociales y polticos del campo popular. Por ello suma, fortalece y multiplica en vez de disciplinar, debilitar, restar y dividir, rescata en vez de desechar, constituye sujetos a la vez que es constituida por ellos.

No hay metodologa alguna que garantice resultados ni verdades. Se trata de un complejo proceso prctico‑reflexivo, yuxtapuesto y simultneo de sujetos en lucha y creacin intercultural, descolonizada, despatriarcalizada, cuya coherencia y trascendencia est marcada por la participacin consciente en l del conjunto de sus protagonistas.

La educacin popular y la investigacin accin participativa

Por qu articular educacin popular, interculturalidad y descolonizacin? Qu relacin guarda esto con la revitalizacin-refundacin del pensamiento crtico y con los actuales procesos de constitucin-autoconstitucin del sujeto colectivo del cambio social en Indo-afro-latinoamrica?

En realidades donde la cultura predominante y dominante ha sido y es aplastantemente monocultural, patriarcal-machista y colonizadora, la tarea pendiente no se agota en los enunciados de interculturalidad, descolonizacin o despatriarcalizacin. Hay que buscar caminos para construir, sostener y afianzar estas nuevas concepciones y cosmovisiones, contribuyendo a abrir canales estables de intercomunicacin entre los actores sujetos, vasos comunicantes y puentes entre las diversas identidades y sus modalidades de existencia socioculturales, que hagan visibles y pongan en valor epistmico y cultural los saberes sumergidos. Ello contribuir a recuperar y sistematizar experiencias colectivas, a construir conocimientos colectivos interrelacionados a partir de la interculturalidad descolonizadora.

Se trata, en definitiva, de poner en sintona diversas formas, entendimientos y modalidades del saber hacer que convergern en la conformacin de nuevas modalidades y saberes colectivos surgidos de los pueblos y construidos a partir de su participacin y sabidura. Son los saberes populares fragmentados, rescatados, interarticulados y potenciados como saberes de todos para todos. Tal es la labor primera de la pedagoga intercultural: los distintos actores y actoras sociales la llevan adelante simultneamente con el proceso de construccin de saberes colectivos. En este, la concepcin (y la prctica) de la educacin popular resulta altamente enriquecedora.

La educacin popular es una concepcin del mundo que reconoce los saberes oprimidos, ocultados, negados por el poder y, con ello, a los y las diferentes sujetos de esos saberes y poderes otros. Esto supone un modo de interrelacionamiento entre sujetos diversos que ‑desde el inicio‑ rompe con las estructuras y los presupuestos del poder dominante.

La educacin popular busca rescatar al otro y a la otra para construir colectivamente nuevos saberes y nuevas interrelaciones. Fortalece (y se fortalece con) la propuesta intercultural y descolonizadora. Como dijo Paulo Freire, es una concepcin del mundo que supone una concepcin de los seres humanos en y con el mundo, en la que afirma‑ podemos asumirnos como sujetos en el proceso de [auto]concientizacin. Por lo tanto, la educacin popular es ‑a la vez que una concepcin del mundo‑, una concepcin del saber y el poder para transformar el mundo. Y resulta una herramienta poltico‑cultural imprescindible en la construccin de un pensamiento crtico situado.

La educacin popular o pedagoga de los oprimidos toma como punto de partida las experiencias concretas, los saberes, conocimientos y cosmovisiones de los pueblos en ellas participantes. Reconoce y parte de la diversidad de los sujetos populares para reflexionar desde all, promoviendo el dilogo de saberes de modo intercultural y descolonizado. Se propone re-construir el conocimiento fragmentado desde abajo, con los y las protagonistas de las luchas, enriquecer el pensamiento crtico desde las prcticas y con sus protagonistas participantes, articulados con el trabajo comprometido de la intelectualidad orgnica. Por ese camino, busca definir ‑coletivamente‑ los rumbos, alcances y objetivos del proceso sociotransformador.

La educacin popular se caracteriza por construir mbitos donde los sin voz toman la palabra, contribuye a hacer visible ‑social y polticamente‑ la presencia de los y las excluidos/as en los procesos sociotransformadores, para dignificar y valorizar su palabra, su pensamiento y su accin. Por eso puede constatarse que ‑aunque con diferenciaciones‑ la educacin popular est presente en las organizaciones sociales, en sus procesos de formacin y en las prcticas de vida y organizacin comunitaria promoviendo interrelaciones horizontales y participativas.

Su prctica pedaggica ‑que construye saberes a partir de los modos de vida de los sujetos concretos‑, pone al descubierto los nexos e intercondicionamientos entre un determinado modo de existir y reproducirse del mundo privado y un determinado modo de existir y reproducirse del mundo pblico, y contribuye a que los que participan del proceso pedaggico puedan descubrir los nexos entre una realidad supuestamente privada e individual, aparentemente casustica, con la realidad de un determinado modo de existencia econmica, poltica y cultural de la sociedad en que viven.

Por ello la educacin popular resulta, por un lado, cuestionadora raizal del poder hegemnico, discriminador y excluyente del capital, contribuyendo a que los sujetos tornen visibles sus nexos e interrelaciones. Por otro, al fortalecer el conocimiento colectivo de los movimientos sociales acerca de sus experiencias, al contribuir a un mejor anlisis de evaluacin de logros y deficiencias, la educacin popular resulta clave tambin para los procesos de empoderamiento social, entendiendo que el primero y fundamental de ellos es el del saber: qu, cmo, para qu, quines.7

Queda claro, una vez ms, que la conciencia no puede ser trada de afuera e implantada como doctrina en los sujetos. Estos construyen y desarrollan su conciencia a partir de su participacin en los procesos de lucha y transformacin, reflexionando crticamente acerca de ellas y de su modo de vida en interaccin concreta con sus realidades, sus subjetividades, identidades y cosmovisiones. La toma de conciencia resulta por tanto, un proceso histrico concreto permanente y complejo de conocimiento-accin-reflexin crtica individual y colectivo que articula raizalmente la interculturalidad con la descolonizacin y viceversa. Como subraya Samanamud, no hay, por tanto, recetas, sino que se trata tambin de plantearse problemas pertinentes con el proceso histrico.[2009]

En este sentido, en Indo-afro-latinoamrica la educacin para la descolonizacin para la educacin resulta un entrelazamiento vital. A construirlo contribuyen: la educacin popular, la investigacin accin participativa (IAP), las historias de vida (con historia oral) y la construccin de conocimiento colectivo: gestin intercultural del conocimiento mediante.

La importancia de la investigacin accin participativa (IAP)

La educacin popular aporta su concepcin acerca de la relacin poder-saber-sujetos oprimidos al desarrollo de procesos de construccin‑reconstruccin de saberes populares (oprimidos, negados, excluidos) desde abajo. En este empeo conjuga la recuperacin y articulacin de la memoria histrica de los pueblos, la recuperacin crtica de sus experiencias de lucha, organizacin y propuestas, mediante la sistematizacin de las mismas, interrelacionando su concepcin y sus propuestas metodolgicas con la investigacin participativa (IAP) y las historias de vida, apelando, fundamentalmente, a la historia oral. Y todo ello redita en la posibilidad de enriquecer un pensamiento crtico emancipador intercultural colectivo, partcipe de las prcticas colectivas de bsqueda y construccin de un mundo nuevo.

La investigacin accin participativa se articula directamente con la educacin popular pues se nutre conceptualmente de ella, comparte sus principios. Apuesta a la construccin de conocimientos partiendo de los actores (desde abajo), reconocindolos co-investigadores de su realidad. La investigacin participativa se basa en una interrelacin horizontal de saberes compartida entre sujetos, en tanto no reconoce objetos de investigacin, sino sujetos, actores, terrenos, problemas, temas, bsquedas de respuestas que son emprendidas co-participativamente por los investigadores de afuera y de adentro de la situacin o realidad concreta de la cual se trate.

Se busca, en definitiva, interactuar entre sujetos/as que tienen conocimientos y saberes diversos anclados en experiencias adquiridas/desarrolladas durante aos, en organizacin de tareas de sobrevivencia en diversos mbitos, y que tienen por tanto amplios saberes que aportar, con pleno derecho a ser incorporados al pensamiento socio-transformador; son caminos tambin de empoderamiento y reconocimiento de sus valores en tanto protagonistas-creadores con reconocimiento de sus identidades, sus culturas, sus experiencias, sus tradiciones, cosmovisiones

En ese sentido, la investigacin accin participativa comparte los objetivos con la educacin popular, la interculturalidad, la descolonizacin y la construccin de un pensamiento crtico situado.

III. Pensar con los sujetos y no para (ni por) los sujetos

Lo expuesto hasta aqu perfila un reto clave para intelectuales orgnicos del campo popular y de la izquierda poltico-partidaria: dejar de pensar por y para los sujetos, y disponerse a pensar con los sujetos, a partir de sus experiencias, conocimientos, saberes y sabiduras concretas para ‑desde ah‑ crecer colectivamente en pensamiento y accin liberadoras.

Esta definicin resume y proyecta uno de las ms importante principios de las epistemologas emergentes desde abajo , revolucionarias, transformadoras, en tanto habilitan, posibilitan y sustentan las bsquedas y creaciones del nuevo mundo, la nueva civilizacin rehumanizada en hermandad armnica con la naturaleza, con centro en la vida, la paz , el bienestar colectivo y la felicidad.

En la perspectiva expuesta resulta claro que la construccin de un nuevo pensamiento crtico emancipador es una obra colectiva que supone la interaccin de intelectuales con los y las protagonistas de los procesos de resistencias, luchas, creaciones y construcciones de los pueblos.

Las propuestas y reflexiones de cada actor sociopoltico del campo popular aportan contenidos claves al nuevo pensamiento sociotransformador construido en interaccin dialctica con los intelectuales orgnicos, en proceso de dilogo colectivo para la produccin de nuevos saberes.

Esto supone articular las diversas dimensiones del pensamiento reflexivo crtico, es decir, del saber que es elaborado en su dimensin estrictamente terica, con el saber que emerge de abajo y que mayormente queda contenido (inmerso) en las prcticas . D e ah, entre otras razones, la importancia de rescatarlas, sistematizarlas y conceptualizarlas. La articulacin de estas dimensiones diversas e interconectadas posibilita la integracin e interrelacin y construccin de un renovado dilogo horizontal entre los saberes: cientfico y popular, encaminado a la construccin de un pensamiento colectivo comn (pensamiento sobre pensamiento), indispensable para la produccin de un nuevo pensamiento crtico estratgico situado sociotransformador indo-afro-latinoamericano.

Crear, no aplicar

En tanto la nueva civilizacin buscada solo puede ser producto de la creacin de los pueblos, es indita. Parte de la realidad concreta y de las experiencias de los sujetos populares, es decir, no est contenida en ningn texto; no es un algoritmo diseado a priori que los sujetos tendran que aplicar.

El nuevo mundo supone la conjuncin de procesos epopyicos de creacin heroica colectiva que se nutrirn y a la vez abonarn desde abajo el pensamiento crtico para promover, fortalecer, impulsar, aprender y crecer colectivamente en ese empeo. Y para ello desde esta perspectiva epistemolgica‑, sus creadores, militantes sociales, intelectuales y acadmicos, tienen que ser parte del mismo. Es la democracia de la epistemologa y por consiguiente de la poltica desde ella construida.

En tal sentido, vale subrayar que la primera y principal fuente de aprendizaje que tenemos es la experiencia colectiva de los pueblos; reflexionar crticamente a partir de ellas, con sus protagonistas, es fundamental. Al decir de Houtart: Ver‑juzgar‑actuar, constituye la base de nuevas esperanzas que puedan reconstruir la adhesin de nuevas generaciones, actualmente muy despolitizadas. [2016]

Y aqu radica un nudo epistemolgico clave para el pensamiento crtico situado: la inseparabilidad sujeto‑objeto, teora‑prctica, a la que se articulan pensamiento y accin, ser social y conciencia social, lo objetivo y lo subjetivo. Esto significa que:

‑La realidad social histrico-concreta es el punto de partida inequvoco de todo anlisis social, econmico, poltico, filosfico, cultural y, a su vez, tambin el destino de los mismos. Est claro, en esta perspectiva, que el pensamiento solo puede ser de la historia, si lo es en la historia.

No hay apriorismo en las reflexiones ni en las conclusiones de los anlisis y las propuestas. Estas se construyen interarticulada y orgnicamente con las luchas de los movimientos sociales (indgenas, obreros, campesinos, de mujeres ... ).

Al articular el pensamiento con las prcticas sociotransformadoras, el pensamiento crtico que las capta y sintetiza en conceptos y categoras, resulta ‑por su gnesis‑ histrico, inacabado y demanda, por ello, actualizacin y desarrollo permanentes junto con la construccin de nuevos conceptos. Se trata por tanto de un pensamiento abierto a la vida de los sujetos y sus prcticas en sus realidades histrico-concretas.

Son las prcticas sociohistricas concretas de los actores-sujetos populares por cambiar la sociedad en que viven en el sentido de su liberacin, las que posibilitan y articulan este pensamiento crtico situado con pertenencia de clase que, a la vez, se caracteriza por ser autocrtico, liberador y de liberacin.

Sin teora revolucionaria no hay movimiento revolucionario, sintetizaba Lenin, lo que seala tambin, interdependientemente, que sin movimiento revolucionario no hay teora revolucionaria; son ambos a la vez o no son.

A diferencia de los saberes absolutos abstractos que abundan en las academias, que luego buscan canales para aplicarse a la realidad, el nuevo pensamiento crtico emancipatorio en gestacin , el pensamiento crtico situado, no busca aplicarse a la realidad porque nace de ella, en interaccin con sus protagonistas, los/las que piensan, disputan y construyen la nueva realidad. No cimenta sus posiciones y propuestas en legados acadmicos dogmticos coloniales , eurocntricos o nortecntricos ni busca legitimarse en estos espacios; define su sentido en funcin del horizonte poltico intercultural de la transformacin de la sociedad desde la raz, desde abajo, por los de abajo en articulacin con intelectuales, acadmicos...

Hacia un nuevo tipo de intelectual orgnico

Esto presupone el dilogo horizontal de saberes, miradas y experiencias, en construccin articulada desde abajo. Y constituye parte de las nuevas dimensiones del desempeo de lo que nos hemos acostumbrado a identificar como intelectual orgnico. En la perspectiva epistemolgica expuesta, este no es el que sabe y orienta, sino el que construye conocimiento, saberes y conciencia crtica colectiva junto con los actores-sujetos concretos de una sociedad determinada, partiendo de sus realidades, compartiendo prcticas, bsquedas, ideales y horizontes estratgicos para la liberacin del yugo del capital.

Esto hace a una nueva forma de pensar el saber: como realidad presente y diseminada (mltiple) entre las distintas actoras y actores sociales del continente. El pensar no es un patrimonio exclusivo de la intelectualidad, est entre todos nosotros y nosotras, y tenemos que aprender a extraerlo, hacerlo palpable y construirlo (articularlo) colectivamente. Esto, claro est, sin desmerecer la necesidad de contar con pensamiento terico en el sentido pleno del concepto; las dos vertientes son necesarias. 8

La organicidad de los intelectuales comprometidos se define entonces, no por su pertenencia partidaria, sino por su capacidad de ser y sentirse parte del proceso sociotransformador, en dilogo constante con los actores que lo protagonizan. Debe ser comprometido para ser creble, y crtico para ser til y as contribuir al avance del conocimiento y la conciencia colectiva. Y asumir que los protagonistas no estn destinados a ejecutar o aplicar las ideas generadas por intelectuales, acadmicos o polticos, sino que son tambin creadores y portadores de ideas, conocimientos, pensamientos el desafo es poner todos estos conocimientos y saberes diversos en comn para producir un saber colectivo orientado hacia un horizonte estratgico comn.

La creacin de una nueva civilizacin, capaz de contener en pie de igualdad a las mltiples civilizaciones existentes y sus cosmovisiones para crear y construir un mundo en el que quepan todos los mundos, es tarea de multitudes no de lites iluminadas. En este espritu van formndose las nuevas generaciones de luchadores sociales e intelectuales militantes orgnicos por la vida, conscientes de la integralidad manifiesta en la unidad entre humanidad y naturaleza, el reconocimiento de la diversidad y la bsqueda del equilibrio en la paridad, equidad y horizontalidad de sus interrelaciones.

La construccin de nuevo pensamiento crtico emancipatorio resulta entonces raizalmente articulada con los proceso de construccin‑acumulacin de conciencia y poder propio que llevan adelante con sus luchas y propuestas los actores sociopolticos del campo popular en el continente. Los anlisis crticos sistemticos de sus experiencias, la identificacin colectiva de sus logros, sus errores y enseanzas concretas constituyen una suerte de brjula epistmica sociopoltica que abona el camino hacia una nueva civilizacin. En este empeo es especialmente importante:

En conclusin, el desafo en este sentido‑ supone construir colectiva y dialogalmente un nuevo pensamiento crtico, situado, con pertenencia de clase, intercultural, despatriarcalizado y descolonizado. Esto es clave para crear, pensar y simultneamente encaminarnos hacia una convergencia global orientada hacia una salida civilizatoria colectiva superadora de la actual.

Bibliografa empleada

Houtart F. (2016). Carta a Marta Harnecker, compartida conmigo (4/10/16)

Marx, Carlos y Federico Engels (1845). La ideologa alemana. 5 ed. 1970. Barcelona (Espaa) Ediciones Grijalbo.

Rauber, Isabel (2017) Refundar la poltica. Desafos para una nueva izquierda latinoamericana. Ed. Continente-Pea Lillo, Buenos Aires.

Rauber, Isabel (2014) Sujeto plural, descolonizacin y nuevo tipo de organizacin poltica (El legado de Camilo Torres), en: Unidad en la diversidad. Camilo Torres y el Frente Unido del Pueblo. pp. 301-322. Fundacin Colectivo Frente Unido (CFU); Periferia Fondo Editorial; Ediciones Desde Abajo, Bogot.

Rauber, Isabel (2012). Revoluciones desde abajo. Ed. Continente-Pea Lillo, Buenos Aires

Rauber, Isabel (1998). Gnero y poder. Ed. UMA, Buenos Aires.

Samanamud, Jiovanny (2009). Interculturalidad, educacin y descolonizacin En: Integra Educativa Vol. III / N 1 79

Yampara (2009). En: Integra Educativa Vol. III / N 1 77.

Notas:

1. Segn Marx: El modo como los seres humanos producen sus medios de vida no se reduce a la reproduccin de su existencia fsica, dado quemanifiesta un modo de vida del que son portadores. Esos seres humanos son tanto lo que producen como el modo como lo producen, siendo esto ltimo el primer hecho histrico del que constantemente son protagonistas (). [Marx y Engels (1845: 19, 20, 28]

2. Con la palabra clase popular yo quiero dar a entender los pobres de Colombia. Naturalmente que desde el punto de vista estrictamente sociolgico yo comprendo que es una expresin bastante vaga, pero es la expresin que el pueblo entiende. Yo no creo que en Colombia los pobres tengan una conciencia de clase. Y en mi concepto tener la conciencia de clase es uno de los elementos importantes para constituir una clase, pero para designar a los pobres, y para no referirme nicamente a los obreros, sino tambin a los campesinos he utilizado esa expresin de clase popular. [C. Torres, 2014: 126]

Partiendo de la realidad latinoamericana, al referirse a los sujetos del cambio, Torres comienza reconociendo a los pueblos indgenas y sus realidades e identidades como sectores sociales que hacen al sujeto social y poltico; tambin se refiere, en ese sentido, a las poblaciones mestizas, a los obreros, a los campesinos, a las clases medias, a los empobrecidos de las ciudades y el campo, a los hombres y las mujeres, a los jvenes, a las organizaciones sociales [Rauber: 2014: 302]

3. Ver [Rauber, 2014: 305]

4. La interculturalidad supone la interrelacin de las culturas, modos de vida y cosmovisiones diferentes. Y esto trae debates y pugnas por el corrimiento de los poderes histricos acuados acerca de la posesin del conocimiento verdadero y vlido consolidado en las sociedades coloniales y poscoloniales sobre la base del monoculturalismo, las academias, las instituciones pblicas... Por otro lado, la interculturalidad se diferencia del multiculturalismo‑aunque lo presupone‑, porque no es una sumatoria esttica de la diversidad sino que propone su interaccin e interdefiniciones en pos del enriquecimiento y crecimiento mutuo colectivo a partir de ella.

5. El planteamiento de gnero, en su cuestionamiento, llega hasta los cimientos mismos de la cultura del poder patriarcal heredado y desarrollado por el capitalismo. De ah su fundamental importancia para un replanteamiento profundo del conjunto de relaciones sociales y del poder de una sociedad dada, en el sentido de nuevo proyecto social. No digo que sea suficiente, pero s necesario, imprescindible, insoslayable. [Rauber, 1998: 7]

6. Completitud-incompletitud: conceptos claves de las cosmovisiones indgenas. Lo que est solo, segn esta lgica, est fraccionado, incompleto, y busca ‑casi ontolgicamente‑ su completitud; la complementariedad es parte de esa bsqueda.

7. El levantamiento indgena de Chiapas, por ejemplo, es parte del proceso de toma de conciencia de sus integrantes acerca de su realidad. Y se construy con el apoyo de la concepcin y las prcticas poltico-pedaggicas de la educacin popular desarrolladas en funcin de transformar las condiciones de vida colectivas, que fue , a la vez, un proceso de construccin de alternativas para la vida. Es decir, que supone, simultneamente, la construccin de sujetos con capacidad de autonoma. Y esto tambin es parte de la descolonizacin.

8. Ver [Rauber, 1998: 7]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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