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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2020

Elecciones en Estados Unidos (III)
El control del proceso poltico por dos partidos oligrquicos

Fernando Garca Bielsa
Rebelin

Desde hace unos 150 aos en Estados Unidos dos partidos monopolizan el rejuego electoral y la alternancia en el gobierno. Como es bastante conocido son ellos el Partido Demcrata y el Partido Republicano, los que proveen limitadas alternativas polticas reales, en el marco de una calculada demagogia y de una interesada agitacin de las pasiones y temores ciudadanos.


Ambos partidos son esencialmente un instrumento en manos de las lites adineradas, y de grupos organizados que representan intereses empresariales, que a pesar de sus contradicciones internas y de la prdida de legitimidad de las principales instituciones del sistema, hasta el momento han mantenido pleno control de todos los hilos del poder.

El monopolio de dos partidos polticos que se turnan en el gobierno, ha sido una de las bases fundamentales de la estabilidad poltica nacional. Ambas entidades son elementos esenciales para la reparticin de cuotas de poder entre los sectores dominantes, y marco para la solucin negociada o el reacomodo de los conflictos y contradicciones de intereses entre dichos grupos.

En Estados Unidos, la nocin misma de partido es bastante peculiar y distinta a la que prima en nuestros pases. Los dos partidos del sistema estructuran en torno a ellos coaliciones bastante cambiantes y deshilvanadas, heterogneas y multi-clasistas. Los vnculos de los ciudadanos con uno u otro partido son informales; no hay que cumplir obligaciones para admisin, ni criterios precisos para ello.

En su seno cuentan con maquinarias electorales regionales, compuestas por pequeos grupos de abogados, consultores mediticos y recaudadores de fondos nucleados en torno a los congresistas, alcaldes y otros polticos de una u otra regin, pero de conjunto constituyen una entidad bien conectada con quienes detentan el poder econmico-financiero.

Al no contar con una membresa organizada o deliberante en las bases, las estructuras de tales partidos son dbiles y descentralizadas, lo que es una fuente de su falta de cohesin, pero tambin, por ello, resultan ms susceptibles tener rganos nacionales, funcionarios y equipos de abogados corporativos controlados por las lites y que responden a tales intereses.

Las maquinarias partidistas, sobre todo a nivel nacional, maniobran y violentan las reglas de juego cuando les resulta conveniente. Notorio fue el caso de la suerte de zancadillas y coyundas que aplic la maquinaria demcrata para restarle delegados e impedir al candidato Bernie Sanders avanzar hacia la nominacin en 2016.
Todo indica que actualmente las altas esferas demcratas estn controladas por un acomodo entre operativos seguidores y aclitos de los ex presidentes Barack Obama y William Clinton

Aunque ha perdido credibilidad ante las mayoras ciudadanas, el predominio electoral demcrata y republicano sigue imperando sobre la base del control que tienen para el acceso a las candidaturas y al 99% de los cargos electos. Tambin gracias a los privilegios que le otorgan las reglas del sistema poltico, as como el respaldo financiero de los grupos oligrquicos y de las grandes cadenas de medios difusin controlados por estos.
Lo cierto es que an mantienen un impacto sustancial directo sobre las polticas de gobierno y en la manipulacin de la agenda que mueve a la opinin pblica.

Por otro lado, las opciones por fuera del duopolio son aplastadas. Son las banderas partidistas establecidas las que sirven de plataforma a muchos candidatos para poder tener la posibilidad de ser electos o de obtener la nominacin en uno u otro partido, sea en el marco local o nacional. Al propio tiempo, esos polticos generalmente cuentan con bastante autonoma para hacerse con los respaldos pertinentes, los financiamientos y articular sus mensajes, generalmente ms efectistas que programticos.

De modo que buena parte de los congresistas de uno y otro partido mantienen el cargo no debido a la bendicin y el apoyo de los lderes nacionales del partido, sino debido a la labor que ellos y los que lo apoyan han realizado en los distritos que representan, pero donde las conexiones con los grupos de poder regionales y con donantes acaudalados resultan claves.

Por otra parte, se reconoce que el Partido Republicano tiene infraestructuras ms consolidadas que los demcratas, especialmente a niveles locales y de los estados. En las elecciones presidenciales, segn expertos, los xitos republicanos reflejan ms la desunin de los demcratas que la vitalidad de aquellos. Asimismo, aunque la dinmica demogrfica del pas parece otorgarle una ventaja numrica a los demcratas, su base entre los sectores de menos ingresos o marginales tiende en mayor medida a la abstencin electoral.
 
Dos caras de una misma moneda?

El profesor del Instituto Tecnolgico de Massachusetts (M.I.T.), Walter Dean Burnham, sealaba hace unos aos que el Partido Republicano es genuinamente un partido de la derecha [pero que] no tiene contraparte de izquierda en el mercado electoral estadounidense. Los demcratas ni remotamente han sido nunca un partido de izquierda Son una mezcolanza de segmentos e intereses extremadamente diversos, que van desde algunos importantes sectores del gran capital hasta los trabajadores industriales y los negros de los ghettos.

Es evidente que ambos partidos se desplazaron a la derecha durante el periodo de mayor virulencia neoliberal. Los demcratas tuvieron muchas oportunidades para movilizar sus bases contra el reaganismo y el neoliberalismo; oportunidades que fueron deliberadamente relegadas.

El Partido Demcrata en la actualidad poco tiene que ver con sus polticas durante el New Deal de los aos 1930s. Con la declinacin de los sindicatos, se ha incrementado la relacin de dependencia demcrata respecto al sector empresarial y la retribucin al mismo de favores polticos. En la esfera que ms cuenta - el financiamiento de sus campaas electorales - el peso del sector financiero es enorme, y en consecuencia en el ncleo dominante del partido priman los partidarios de la desregulacin de la banca, y pragmticos conservadores que apoyan el gasto militar y una poltica exterior agresiva.

En las ltimas dcadas el Partido Demcrata ha cultivado y ha manipulado muchas de las bases de trabajadores y de las minoras, y trata de mantener en alguna medida la falsa imagen de ser quienes favorecen empleos y ms beneficios al ciudadano comn, pero sus polticas fundamentales y su estrategia son igualmente definidas por los intereses y fundamentos econmicos de las clases adineradas.

Hoy da est bastante extendida en el pas y entre sus propias bases la nocin de que las dirigencias del Partido Demcrata responden a los intereses de Wall Street.

Asimismo se hace evidente que les falta sintona con el sentir de buena parte de su base de apoyo. Es clara la existencia de una divisin interna entre los sectores neoliberales y polticos tradicionales que controlan las estructuras nacionales respecto a una creciente ala progresista a tono con las demandas populares. Ello se refleja con fuerza en la actual campaa para la obtencin de la nominacin demcrata.

Por su parte los republicanos son un partido antisindical, opuesto al control de armas, al alza de los salarios y al derecho de las mujeres; que es indiferente al endeudamiento creciente del estudiantado, que se opone a aplicar regulaciones e impuestos a las corporaciones y los bancos. Un partido que niega la realidad misma del cambio climtico, pero que se afianza y explota las miedos, los prejuicios y resentimientos de amplios sectores, incluso humildes y desesperados.

En el pas no hay partido alguno, con influencia y presencia significativa, que represente los intereses de las minoras, a las clases trabajadoras o a las fuerzas opuestas al gran capital.

Tanto demcratas como republicanos estn comprometidos con la preservacin de la economa corporativa privada, con los enormes presupuestos militares, con el uso de subsidios, gastos deficitarios, concesiones y descuentos impositivos para estimular las ganancias empresariales; estn comprometidos a canalizar los recursos pblicos a travs de canales privados, incluyendo el desarrollo de nuevos sectores de negocios a expensas de los recursos pblicos; estn comprometidos a emplear la represin contra los opositores al sistema y a la defensa del sistema corporativo multinacional.

Ambos partidos propugnan el belicismo y al respecto difieren principalmente en la argumentacin que utilizan para justificar el intervencionismo. La poltica exterior del pas y su carcter imperialista, adems de aplastar la soberana de otros pases, ha terminado por tener un efecto domstico contrario a la democracia.
 
Apata ciudadana y desgaste de un envilecido sistema de partidos

Como hemos mencionado hay una extendida apata ciudadana, y a su vez existe una fuerte y extendida tendencia en EE.UU. hacia la independencia poltica respecto a los dos partidos establecidos cuya credibilidad y hegemona se ha debilitado de manera notable.

Amplias capas de la poblacin no se ven realmente representadas por esos partidos, que son parte de un sistema corrupto diseado para limitar las opciones a aquellas aceptables para las elites corporativas.
Est muy extendido el rechazo hacia las elites y en particular hacia los polticos que se eternizan en Washington. En consecuencia, en comicios electorales realizados sobre todo en los ltimos cincuenta aos, los votantes han mostrado una marcada tendencia a favorecer las caras nuevas.

Las maquinarias de ambos partidos establecidos han venido logrando el frgil respaldo electoral de un nmero significativo de norteamericanos, en parte y en muchos casos (y en particular por los republicanos), debido a la profundos tabes de la historia del pas, a la manipulaciones de sus miedos y fracturas sociales, incluyendo en primer lugar del profundo y extendido racismo.

La cada en la asistencia a las urnas durante los ltimos 50 aos se hace ms de notar pues en ese periodo y hasta la actualidad ha habido un notable aumento de los medios de difusin y del dinero empleado en propaganda y para la movilizacin del electorado.

Una parte considerable de quienes se abstienen de concurrir lo hacen por apata y falta de confianza en el gobierno, por rechazo al sistema de partidos y por no creer que en ese contexto su voto har alguna diferencia en sus vidas. Se calcula que para alrededor del 15% es una forma de protesta.

En las elecciones presidenciales, que son las ms concurridas, se abstiene de votar aproximadamente casi la mitad de los electores y, como ya sealbamos, una buena parte de los que concurren a las urnas lo hacen por ciertos temores que los llevan a votar por el menos malo entre dos candidatos que, por lo general, poco les resultan de su agrado. Solo algo menos del 20% de los jvenes ejercen su derecho al voto.

Es realmente una situacin desoladora, aunque hasta el momento ese duopolio partidista les sirve, les otorga capacidad de veto a las minoras enriquecidas, constrie el discurso pblico y contribuye a legitimar los privilegios de clase. Y decimos hasta el momento, pues desde hace aos hay claros signos del marcado desgaste de ese depravado y envilecido sistema de partidos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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