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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2006

La impunidad de la tortura

Carlo Frabetti
Rebelin

Resumen de la intervencin en las Jornadas sobre la Prevencin de la Tortura celebradas en Barcelona el 3 y 4 de febrero de 2006


La impunidad de la tortura la convierte en una cuestin poltica. Si la tortura no quedara sistemticamente impune, estaramos frente a un problema fundamentalmente legal: se tratara, en el marco de un Estado de derecho, de velar por la adecuada aplicacin de las leyes que permitieran combatirla eficazmente. Pero los torturadores casi nunca son condenados, y las pocas veces que lo son, no cumplen las penas (que, adems, suelen ser ridculas). Y esta impunidad sistemtica (o sistmica, puesto que es una estrategia del sistema tendente a quebrar toda forma de disidencia) solo es posible con la complicidad de los tres poderes el legislativo, el ejecutivo y el judicial--, junto con la del llamado cuarto poder: los medios de comunicacin, que con su silencio y sus tergiversaciones contribuyen de forma decisiva a ocultar esta gravsima lacra social (y poltica, sobre todo poltica) a los ojos de la opinin pblica.

Por lo tanto, quienes pretendemos erradicar la tortura no estamos trabajando por mejorar una democracia imperfecta, pero democracia al fin y al cabo, como creen algunos: estamos luchando, simple y llanamente, contra el terrorismo de Estado, y nuestra lucha solo puede adquirir pleno significado y plena eficacia en el marco de una batalla poltica, que, en ltima instancia, es una guerra sin cuartel contra el neoliberalismo, es decir, contra el capitalismo.

Esta batalla se libra en varios frentes, y uno de los ms importantes es el de las ideas, es decir, el de las palabras. El mero hecho de hablar de democracia en un pas en el que se tortura impunemente, es un insulto a los miles de vctimas directas del terrorismo de Estado. El mero hecho de aplicar el trmino terrorista exclusivamente a quienes se defienden del terrorismo de Estado, es un insulto a la razn (e incluso al diccionario, donde se dice claramente que terrorismo es la dominacin mediante el terror, no cualquier accin que cause dolor y/o alarma social desde la clandestinidad). Esto no significa, ni mucho menos, que todas las reacciones contra el terrorismo de Estado sean justificables; pero llamar, por ejemplo, terroristas islmicos a quienes se defienden como pueden del terrorismo judeocristiano, es una forma de terrorismo lingstico. Por no hablar de la demonizacin de ETA y de su supuesto entorno. Como dice Alfonso Sastre, llamamos terrorismo a la guerra de los pobres y guerra al terrorismo de los ricos.

En un momento en el que la dominacin se ejerce con las palabras tanto como con las armas, tenemos la obligacin moral y poltica de desarrollar, articular y difundir un discurso alternativo. Y de respetar a quienes, vctimas de las palabras y de las armas del poder, no se resignan a defenderse solo con las palabras.



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