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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2006

Islam y resistencia anticolonial
Caricaturas teolgico-polticas

John Brown
Viento Sur


Acaso os habis preguntado por qu no es Suecia el pas que hemos atacado?.
Osama Ben Laden, Mensaje al pueblo americano /1.

Es difcil sentir la ms mnima solidaridad con las turbas religiosas que reclaman censura y hasta la pena de muerte contra los blasfemos que han publicado caricaturas del Profeta. La libertad de expresin es algo sagrado y en una democracia, un rgimen cuyo nico fundamento en teora es la autnoma accin constitutiva de los hombres, debe ampararse la blasfemia y la propaganda atea del mismo modo que la expresin religiosa lcita. Un Estado laico nada debe temer de la blasfemia ni del ateismo, pues sus fundamentos no son teolgicos. Por ello mismo, la tolerancia hacia los actos lcitos de los diversos cultos religiosos no debe ser distinta de la que debe amparar otras opiniones, en particular las contrarias a la religin o a una forma de religin en particular. Ninguna religin merece proteccin contra lo que considere ella misma como una blasfemia: la blasfemia, a diferencia del delito es una falta de mbito estrictamente privado y cuya definicin obedece a criterios internos a cada confesin. Si la blasfemia se incluyera en el ordenamiento jurdico, se estara con ello otorgando competencia legislativa en materia penal a una instancia privada como es una confesin religiosa. Si todas las confesiones religiosas tuvieran esta potestad, la lgica interna de la persecucin de la blasfemia conducira a la prohibicin de todo culto religioso. Y es que cada una de las religiones constituye por s misma la ms espantosa blasfemia contra las dems. Acaso no resulta blasfemo rendir a Dios cultos idlatras o inmorales o profesar sobre El opiniones heterodoxas? Considerar, como hace el Talmud, que Cristo es un falso Mesas hijo de la peluquera Miriam y del legionario romano que lleva el curioso nombre de Panthera, o, como afirma el cristianismo desde hace siglos, que los judos son deicidas o que el Profeta del Islam es un falso profeta son constantes y necesarios actos blasfemos de una religin contra otra. Acaso puede aceptar una religin que cree basarse en la verdad revelada que otras pretendan lo mismo sin considerarlas blasfemas?

Sentado este principio, los acontecimientos que se han venido desarrollando a partir de la publicacin por el diario dans Jylland Posten de una serie de caricaturas del Profeta del Islam, se inscriben en un marco histrico que las hace particularmente odiosas, a ellas y al conjunto de reacciones que han amplificado su eco, por motivos estrictamente polticos. En primer lugar, vale la pena fijarse en la caricatura que ha tenido ms publicidad: la del Profeta tocado de un turbante que culmina en la mecha de una bomba. Por mucho que insistan los musulmanes o los expertos occidentales en integrismo en que aqu el problema radica en que el Islam prohibe la representacin del Profeta (en realidad de su rostro: las ilustraciones persas y turcas de la Vida de Muhammad lo representan, pero con el rostro en blanco), lo que est realmente en juego es otra cosa, la calificacin del Islam como religin terrorista.

No es de extraar que en la Palestina que acaba de elegir triunfalmente a un movimiento islmico de resistencia incluido en la lista de organizaciones terroristas de la UE, las reacciones hayan sido particularmente vivas. Acaso no estn hartos los Palestinos de que se los acuse de terrorismo por resistir a un enemigo que desde hace ms de 60 aos viene expulsndolos progresivamente de su propio pas? El colmo es que se considere que la violenta y constante resistencia que oponen a la ocupacin de su pas tiene que ver con una particular idiosincrasia religiosa sin la cual caracera de motivo. El Islam es hoy, entre otras muchas cosas, una expresin poltica de un movimiento anticolonial cuyas manifestaciones laicas han fracasado. La operacin ideolgica y poltica en que se inscriben las caricaturas de Mahoma y la consiguiente agitacin de los sectores interesados en promover una guerra de civilizaciones tiene como principal resultado una radical despolitizacin de las resistencias rabes e islmicas, la reduccin de los motivos y objetivos enteramente polticos de su accin a una obcecacin ideolgica con derivaciones violentas.

Es conocida la ancdota de Alejandro y el pirata que relata San Agustn en la Ciudad de Dios: /Con tanto donaire como verdad respondi un pirata apresado a Alejandro Magno. Preguntado este hombre por el mismo rey, si le pareca bien tener el mar infestado con sus pirateras, el pirata le consult con insolente contumacia: Lo mismo que te parece a t tener infestado el orbe: slo que yo porque pirateo con un pequeo bajel, me llaman ladrn y a t, que con una armada imponente pirateas, te aclaman Emperador. El resistente que carece de tanques y aviones es un pirata o en trminos ms actuales, un terrorista por utilizar medios mucho ms limitados que quien lo oprime. No hay ninguna otra diferencia entre ambos, salvo la legitimidad que da la fuerza. Dando la vuelta a la famosa definicin weberiana del Estado como monopolio de la fuerza legtima, puede afirmarse que lo que hace legtima la fuerza es el propio monopolio...que lo que hace de Alejandro un Emperador es el monopolio efectivo de la fuerza o de la piratera. Esta curiosa idea que para San Agustn resultara aberrante, pues la legitimidad del poder se basa segn l en la justicia, se ha convertido en una verdad de sentido comn en nuestra poca que confunde el monopolio de la fuerza con la paz y ve en esta paz un bien absoluto. De ah que la resistencia, que no reconoce la bondad de esa paz quede excluida del consenso universal. Su inspiracin no puede ser de este mundo: el resistente, denominado terrorista slo lo es como consecuencia de una afiliacin religiosa fantica, no porque reaccione de manera bastante comprensible a la ocupacin y destruccin de su pas y de sus gentes. Como siempre en toda operacin ideolgica el efecto se hace pasar por la causa: la carencia material de una resistencia que debe recurrir a medios primitivos como el cinturn de explosivos para vencer el monopolio de la violencia se convierte en terrorismo y este se considera exclusivamente explicable mediante una etiologa religiosa. Pero el terrorismo es el otro nombre de la escasez de recursos militares y el fanatismo expresa la liquidacin del espacio pblico en que los problemas polticos pueden dirimirse polticamente /2.

Observaba Osama Ben Laden en una de sus cartas encclicas posteriores al 11 de septiembre que nadie se preguntaba por qu no haban atacado los militantes islmicos a Suecia sino a los Estados Unidos. Con la misma falsa ingenuidad cabe preguntarse por qu los militantes de las facciones armadas palestinas atacan a Israel y no a Mnaco o a Noruega. El furor musulmn ante la blasfemia sera mucho ms limitado y slo afectara a cuatro beatos con callo de la oracin en la frente, si no tuviera como teln de fondo la agresin permanente de las potencias occidentales contra las zonas del mundo rabe y musulmn que no aceptan la subordinacin neocolonial. Ante la evidencia de esta agresin resulta cnico condenar las distintas respuestas como manifestaciones ms o menos violentas de fanatismo religioso. An lo es ms hacerlo desde la invocacin del principio de libertad de prensa y de expresin contrapuesto al fanatismo. Sera mucho ms digno de crdito el recurso a este principio si la misma prensa que ahora lo esgrime tuviera la libertad de contarnos lo que est ocurriendo en Iraq, o en Palestina o en Guantnamo, en vez de silenciarlo o distorsionarlo sistemticamente. Tendra ms credibilidad en general la invocacin del derecho si se exigiera su cumplimiento en Iraq o en Palestina y se condenara a los Estados criminales que con poderossimos recursos lo violan, en nombre, por cierto de la misin providencial de Israel o de los Estados Unidos en la que tanto cree un fantico cristiano como Bush.

Lo que lleva la paradoja y el cinismo de la actual poltica europea y norteamericana a un lmite difcimente alcanzable son las distintas condenas de la blasfemia contra Mahoma procedentes de los principales autores de la agresin contra Iraq y destacadsmos cmplices del etnocidio palestino: George W. Bush y Tony Blair. Tambin resulta significativa la eficacia despolitizadora de toda esta campaa: la gente en Iraq y Palestina se manifiesta contra los impos daneses y franceses contribuyendo as a dar pbulo a esa monstruosa fabulacin que es la guerra de civilizaciones. Como si quisieran desmentir la sensatsima observacin de Osama Ben Laden que encabeza nuestro texto.

Estas maniobras de diversin no impiden que los objetivos anticoloniales de la resistencia, expresados en lenguaje islmico o laico, siguen siendo objetivos polticos. As la victoria de Hamas, no es fundamentalmente la de un partido islamista, sino la de un movimiento de resistencia que no se avergenza de serlo. Los miembros de la corriente mayoritaria de Al Fatah siempre se esforzaron por demostrar que no eran terroristas sino amantes de la paz y lo nico que consiguieron fue dejar claro ante su propio pueblo que haban renunciado a la resistencia, a la lucha por los derechos legtimos de Palestina reconocidos por el derecho internacional. Lo terrible de Hamas para Israel y sus aliados no es que hable un lenguaje religioso, sino que ha desenterrado algo mucho ms peligroso an que es el lenguaje del derecho internacional. Y est dispuesto a defenderlo, incluso mediante una violencia cuya legitimidad no se pone en duda en ese propio derecho. Algo muy distinto del rgimen de Al Fatah que acertadamente comparara Edward Said con el gobierno colaboracionista de Vichy y que desde el primer momento fue aceptado por los israeles a cambio de que pusiera orden en los territorios ocupados y terminara con la primera Intifada.

Frente a la situacin de Palestina y de Iraq, la prensa y la clase poltica occidentales pasan por alto detalles tales como que existe el pueblo palestino y tiene derechos sobre su propia tierra (entre ellos el de resistir a su ocupacin); que tambin existe el pueblo iraqu y ha sido vctima del ms grave crimen que reconoce el derecho internacional, la guerra de agresin, y tambin resiste valientemente a la ocupacin angloamericana. Lo nico que ven nuestros medios de comunicacin y la aplastante mayora de nuestros representantes es terrorimo y fanatismo religioso, jams situaciones de ocupacin colonial y resistencia, situaciones de este mundo y no del ms all marcadas por un antagonismo poltico. En el mejor de los casos, gobiernos progresistas como el de Zapatero, proponen un dilogo de civilizaciones para calmar los nimos, sin pensar que lo que nos acercara a una situacin ms pacfica sera que se aplicase el derecho internacional en Iraq y Palestina.

Para gozar pacficamente de la libertad de opinin y de expresin que hoy predican nuestros modernos filisteos de la prensa y de las clases polticas occidentales, no slo es necesario que esta se reconozca legalmente, tambin es necesario que se den una serie de condiciones polticas: en primer lugar que esta libertad no se utilice en el marco de una guerra contra los movimientos de resistencia a las nuevas formas de colonialismo. La lucha por la libertad de expresin no debe estar fundamentalmente dirigida contra el fundamentalismo religioso, sino contra las situaciones de injusticia y de opresin que a travs de l se expresan. Tomar por enemigo de la libertad al islamismo olvidando que lo que la amenaza aqu, en Bagdad y en Ramallah es la agresin imperial es algo tan estpido como el reflejo especular consistente en que los musulmanes iraques y palestinos consideren que el enemigo es la Dinamarca blasfema e incluso encuentren algn blsamo a su desolacin religiosa en las palabras de consuelo y solidaridad de Bush y de Blair.
Notas

1. Citado en el, por lo dems sumamente esclarecedor, libro de Franois Burgat, /LIslamisme lheure dAl Qaida/, La Dcouverte, Pars, 2005
2. Quienes profesan esta lgica, desgraciadamente mayoritaria en los medios de comunicacin y entre nuestros representantes polticos deben considerar que los Tigres de Liberacin del Eelam Tamul (marxistas de cultura hind), que inventaron el cinturn de explosivos o el propio hroe de Cascorro eran integristas musulmanes.


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