Portada :: Mundo :: La nueva fase zapatista
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2006

Por qu apoyar la causa zapatista en Cuba?

Boris Leonardo Caro
La Zezta (http://lazezta.blogspot.com)


Las revoluciones las hacen hombres barbudos y desgreados. Mujeres de belleza recia.

Las revoluciones las hacen quienes padecen la fiebre de la imaginacin.

Las revoluciones las hacen l@s amantes del riesgo, l@s que no ven en el horizonte una frontera o un abismo, sino una promesa.


Unos kilmetros a la izquierda, Mxico es el fin del mar Caribe, el muro por donde se deslizan las corrientes antes de voltear al noreste.

Mxico es el suelo donde descansa Jos Mara Heredia, el primer poeta de la revolucin; y es tambin la tierra donde naci la travesa liberadora del Granma, arca que lleg a esta isla emergida del ocano, para volver a fundar la patria agonizante.

Al inicio y al fin de esta parbola que hace confluir poesa y libertad, arcoiris rojinegro de la nueva alianza, Mxico ha sido frtil testigo de la historia cubana.

Hace once aos un grito estremeci las races de nuestro continente: Ya basta! Desde un rincn olvidado del sureste mexicano, los pueblos indgenas le recordaron al mundo pesimista de aquel tiempo, que la dignidad an era una buena razn para entregar la vida.

Hace once aos Cuba trataba de sobrevivir al descalabro de los socialismos i-reales, y a la furia creciente de un imperio que crey vencido a su ms tenaz enemigo.

Por debajo del mar, atravesando la piedra fra y el agua, la resistencia de Cuba y la proclama indgena estallaron al mismo tiempo, como unidas por vasos comunicantes. Consignas idnticas: el ya basta! zapatista: el socialismo o muerte! cubano.

Cuando en el planeta se rendan estandartes a lo imposible de construir otra historia que no fuese la de la eternidad capitalista, el EZLN engendr un terremoto y quebr los muros del templo donde se celebraba el tratado de libre comercio de Amrica del Norte (TLC).

Cuando hablar de socialismo pareca nostalgia o desvaro, Cuba anunci su decisin de seguir levantando, sin padrinos, casi sola, un sistema social diferente.

En las montaas del sureste mexicano, [email protected] zapatistas soportaron ofensivas del ejrcito, matanzas de los paramilitares, cercos, traiciones Y nadie pudo hacer que se quitaran el pasamontaas y bajaran la cabeza, de regreso a una servidumbre de cinco siglos.

En la isla mayor de las Antillas, el pueblo cubano aguant leyes imperiales, sabotajes, vaticinios sombros Y nadie pudo hacer que entregaran su soberana a un procnsul venido del norte brutal.

En la selva de Chiapas, el movimiento zapatista creci hacia dentro. Los caracoles, regidos de manera autnoma por las Juntas de Buen Gobierno, retan a la democracia representativa de mal-aliento occidental, que ha llenado los bolsillos de las corruptas oligarquas latinoamericanas.

Cada da en La Realidad, en La Garrucha y en los dems municipios autnomos, las palabras participacin, democracia y justicia recuperan la masa que las hace alimento de pueblos; brotan del vaco en que las sumergi el discurso de quienes, desde el poder, se aduearon de la palabra revolucin, nicamente para traicionarla con sus actos.

Del olvido rescat la rebelda a los pueblos indgenas, del olvido que duele ms que la propia muerte. Y poco a poco han erigido sus escuelas, y sus hospitales, y las mujeres han ido dejando la obediencia hogarea por el trabajo liberador y el gobierno comunitario.

En silencio, [email protected] zapatistas han empezado a edificar un modelo de desarrollo social y econmico, sobre conceptos polticos singulares, que desafa a la frmula neoliberal y a ciertas anquilosadas concepciones revolucionarias de la izquierda.

Esa experiencia nos seala, a quienes deseamos una Cuba mejor, modos de perfeccionar el funcionamiento de estructuras comunitarias; maneras de concebir la educacin, ms cercanas a como debe ser en un pas donde se educa no para competir, sino para cultivar y liberar; ideas sobre cmo hacer de la democracia participativa un principio que atraviese todo el cotidiano vivir de la sociedad.

El EZLN tambin se ha dado cuenta de que solo no puede continuar. Sabe llegada la hora de arriesgarse otra vez y dar un paso peligroso pero que vale la pena. Un nuevo paso adelante en la lucha indgena, reflexiona la Sexta Declaracin de la Selva Lacandona., slo es posible si el indgena se junta con obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados o sea los trabajadores de la ciudad y el campo.

De ah el sentido de la Otra Campaa, que en su vocacin aglutinadora rebasa las fronteras de Mxico, aunque su objetivo central sea la conformacin de una alternativa de izquierda antineoliberal y anticapitalista en la nacin de Hidalgo, Jurez y Zapata.

Y de ah el porqu del llamado a adherirse a la Sexta de Lacandona, que reclama los esfuerzos de todo el que crea en la va revolucionaria como la nica para rescatar a la Amrica Nuestra de la hegemona imperialista.

Aqu al lado, en Cuba, a alguien pudiera parecerle distante y ajena la causa zapatista. Desde el pedestal de una revolucin supuestamente hecha, algn funcionarillo de turno, bien? intencionado y ducho en sin-razones de alta poltica, tal vez censurara con su dedo autoritario cualquier muestra pblica de apoyo, o siquiera un atisbo de entusiasmo solidario. Pero no, la existencia de un personaje de semejante especie es harto improbable.

El zapatismo contina, de una forma ms autntica que aquellos gobiernos pristas de intachable poltica exterior, una aeja tradicin de hermandad entre Mxico y Cuba. No slo porque vayan a enviarnos ocho toneladas de maz y dos tambos de gasolina, o porque respalden nuestra resistencia contra los rapaces bloqueos imperiales; sino tambin por la defensa de una utopa humanista que, en esencia, es tambin el sueo de enero de 1959.

Apoyar hoy al EZLN es apuntalar la esperanza de [email protected] [email protected], de [email protected] [email protected], de [email protected] [email protected], de [email protected] [email protected] de Mxico, que son el reflejo de [email protected] millones que mal-viven en el mundo.

[email protected] [email protected] por la miseria, por la enfermedad, por el silencio: [email protected] homosexuales, [email protected] por una moral de dobleces; las mujeres, atadas por el machismo hipcrita; [email protected] jvenes, [email protected] a un futuro violento; [email protected] emigrantes, [email protected] de su tierra; [email protected] [email protected], [email protected] en la pesadilla; [email protected] [email protected], que trabajan para subsistir apenas; los soldados, asesinados por quienes los envan a guerras sin fin; [email protected] ni@s, [email protected] al basurero; las prostitutas, esclavas de una voracidad abyecta; [email protected] [email protected], [email protected] al suicidio; [email protected] [email protected], que nacen en suelo ajeno; [email protected] indgenas

Pero tambin [email protected] [email protected] que se oponen a la barbarie capitalista, a los falsos sueos que vende el mercado, a la destruccin del planeta por un consumismo insaciable.

La Otra Campaa, ms all de sus propsitos nacionales, confluye con el ascenso de los movimientos progresistas en Amrica; subleva a [email protected] que estn abajo y a la izquierda, en una ofensiva hasta las mrgenes del ro Bravo, transfigurada en homenaje a las legendarias epopeyas de Bolvar, Sucre y San Martn.

Como ha dicho el argentino Atilio Born, la batalla final contra el imperialismo ser en Amrica Latina. Y en ese combate, por azares de la geografa y deberes de la historia, Cuba y Mxico ocupan las trincheras de avanzada.

http://lazezta.blogspot.com/2006/02/por-qu-apoyar-la-causa-zapatista-en.html


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