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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2006

Sustituir a Marx por Bakunin

Valery Belerin
Rebelin


Como si de un Eugenio Dring redivivo se tratase, Andrs Herrero nos ofrece en un artculo suyo publicado en fechas recientes en Rebelin (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=26324), todo un nuevo catecismo revolucionario en versin concentrada (lo cual es muy de agradecer para la crtica). As, se reedita en estos tiempos histricos de crisis autogeneradas, repliegues innecesarios y sorprendentes titubeos, dentro ese objeto vaporoso que ha sido siempre el concepto de izquierda, otra nueva recuperacin y revisin, en este caso de una de aquellas muchas corrientes que en su da fuesen engullidas por los remolinos de la Historia, siempre turbulenta. En concreto, nos referimos a la resurreccin del bakuninismo.

El papel lo aguanta todo, en cuanto que la literatura es el espejo del reino de las ideas, y potencial soporte de toda imaginacin. Cunto habr de real y cunto de fantasioso en este, de entrada, extrao maridaje entre marxismo y el ncleo duro del anarquismo es algo que deber ser desentraado en el presente artculo desde una perspectiva analtica, atenindonos a las premisas, justificaciones y consecuencias a las que desembocan las principales afirmaciones contenidas en el artculo de Herrero:

SOCIALISMO Y ECONOMICISMO

La vida bajo el capitalismo se reduce a la economa, afirma Herrero en su texto; es irrelevante el sufragio universal, y la riqueza se erige como medida de todas las cosas. Hay que reconocer que el texto comienza prcticamente con una proclama de principios (algn desconfiado afirmara que se trata de una declaracin de guerra); de todas formas, vista con ms detalle, la situacin comienza a ser un tanto ms confusa. El primer problema que presenta la afirmacin reside en la determinacin de ese ente etreo que el autor denomina economa, y que ste se guarda muy mucho de definir. Caben mltiples interpretaciones: que se refiera a las relaciones sociales de produccin, que est hablando del proceso concreto de explotacin de los trabajadores, o bien puede tratarse de un lugar comn vinculado con la crtica al consumismo como norma moral o a la omnipotencia del mercado. Tiene importancia el asunto, porque al fin y al cabo lo que est haciendo la susodicha reduccin a la economa es definir cul es el elemento constituyente del conjunto de relaciones en la sociedad, y en ltima instancia, qu es lo que define a la sociedad humana misma.

Queriendo caracterizar con tintes apocalpticos un proceso histrico ya de por s suficientemente sombro, se intenta hacer pasar la realidad por el ojo de una aguja, reduciendo todo la vida social a unos esquemas estrechos y simplistas. Y para ello nos atenemos a la propia observacin crtica: no se puede reconducir directamente toda realidad social a unos intereses econmicos: ni las diversas instituciones religiosas supone directa e inmediatamente la legitimacin del actual orden econmico ni participan de tal guisa en su configuracin, ni buena parte de las instituciones del Estado suponen directamente una defensa de la economa, como tampoco lo pueden ser en su mayor parte directamente las corrientes filosficas predominantes, el Cdigo de Circulacin o los programas de cocina en la televisin. En su celo por eliminar cualquier atisbo de subjetivismo e idealismo (luego observaremos que stos entran a raudales por otras partes), Herrero, por decirlo as, tira al nio junto con el agua del bao. Las sociedades humanas son mucho ms complejas: desde la ptica marxista, se denota la existencia de dos mbitos, como son la estructura econmica, y la superestructura ideolgica (en sentido amplio); configurada la segunda por la primera, pero ambas ntimamente relacionadas, mutuamente influenciadas, y por supuesto ambas materialmente existentes. Marx, a la hora de formular las bases del materialismo histrico, lo define en detalle como sigue:

El resultado general al que llegu y que una vez obtenido sirvi de hilo conductor a mis estudios puede resumirse as: en la produccin social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de produccin que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de produccin forma la estructura econmica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurdica y poltica y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de produccin de la vida material condiciona el proceso de la vida social poltica y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradiccin con las relaciones de produccin existentes o, lo que no es ms que la expresin jurdica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta all. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre as una poca de revolucin social. Al cambiar la base econmica se transforma, ms o menos rpidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones econmicas de produccin y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurdicas, polticas, religiosas, artsticas o filosficas, en un a palabra las formas ideolgicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que l piensa de s, no podemos juzgar tampoco a estas pocas de transformacin por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de produccin. Ninguna formacin social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jams aparecen nuevas y ms elevadas relaciones de produccin antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre nicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrar siempre que estos objetivos slo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se estn gestando, las condiciones materiales para su realizacin. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas pocas de progreso en la formacin econmica de la sociedad el modo de produccin asitico, el antiguo, el feudal y el moderno burgus. Las relaciones burguesas de produccin son la ltima forma antagnica del proceso social de produccin; antagnica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solucin de este antagonismo. Con esta formacin social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana. i

Incluso si no entrsemos en la controversia de la veracidad de la conceptualizacin marxista de la sociedad, es evidente que Herrero entra en contradiccin con Marx (Bakunin elude este aspecto, aceptando, al menos tcitamente, esta divisin). Porque lo que realmente ha determinado dentro de cada periodo histrico la configuracin social concreta no ha sido otra contradiccin sino la que da carta de naturaleza a la lucha de clases, una lucha que tiene un carcter social y una raz econmica. Despus de esto, podemos seguir creyendo con seriedad que la cantidad de dinero en el cepillo de la misa guarda correlacin directa con el grado de la probabilidad de evitar el Averno, o en trminos ms lricos, deben caracterizarse las relaciones sentimentales esencialmente como comercio carnal? Ello no obsta para que, efectivamente, el mercado como forma ideolgica vaya remodelando continuamente toda la superestructura ideolgica; pero esto, en primer lugar, debe verse como un proceso, no como una situacin inmanente al sistema; y en segundo lugar, es autnomo del mercado como institucin de distribucin material, del que es, como mucho, un plido reflejo.

A todo esto, parece claro que lo que define al capitalismo no es el lucro (que haba en forma de usura desde la poca romana), ni la rapia (practicada por todo conquistador desde tiempos inmemoriales, sino, sin pretender ser exhaustivos: la propiedad privada de los medios de produccin, la produccin mercantil, la caracterizacin de la fuerza de trabajo como mercanca, la extraccin de plusvalor de la fuerza de trabajo aplicada en el proceso productivo, y su apropiacin como plusvala y subsiguiente aplicacin como capital en el proceso productivo. As, sorprende sobremanera la carga de la Brigada Ligera contra las jerarquas de talento, cuando la lucha de clases bajo el capitalismo se plantea por la propiedad privada o colectiva de los medios de produccin, no por las diferencias salariales, que son relativamente secundarias. Lo mismo que lleva a asombro la divisin arbitrista de la jornada hecha para esa sociedad un poco ms sana: menos de la mitad de la jornada actual a tareas especializadas. Si el comunismo pudiera disearse con escuadra y cartabn

La inocente profesin de fe economicista realizada por Herrero esconde un interesante corolario poltico: dado que bajo el capitalismo todo es economa, nicamente hay que destruir las relaciones econmicas capitalistas para acabar con ste. En otras palabras, una actualizacin del famoso muerto el perro, se acab la rabia, lo cual coincide con aquella afirmacin de Bakunin de que la nica lucha posible para acabar con la dominacin burguesa era la econmica, siendo absolutamente perjudicial la poltica: La emancipacin econmica, como hemos dicho en nuestro nmero precedente, es la base de todas las dems emancipaciones. Hemos resumido con esas palabras toda la poltica de la Internacionalii. Por tanto: Slo hay una [prctica para la emancipacin]: la de la lucha solidaria de los obreros contra los patronos. Son las trade unions, la organizacin y la federacin de las cajas de resistencia.iii Ms adelante nos instruiremos acerca de qu entiende Bakunin por organizacin.

PODER Y AUTORITARISMO

El artculo habla del poder, pero... qu poder? Ni siquiera del estudio detallado de los cerca de ciento cincuenta a doscientos aos de dominacin burguesa cabe extraer una definicin abstracta de poder, que sea capaz de abarcar toda la multiplicidad de las supuestas manifestaciones concretas de ste: aquellas que emanan de forma inmediata de la posicin de las clases dominantes respecto al proceso productivo y las que emanan de forma mediata por la correlativa configuracin del Estado, la opinin pblica y de la sociedad civil (en el sentido gramsciano, como el conjunto de los organismos vulgarmente llamados privados... que corresponden a la funcin de hegemona que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad"). De tal forma, recae como obligacin del lector de Herrero la llamada al orculo, y la espera de su respuesta. Hemos dicho que lo que observaremos son manifestaciones concretas del trmino (el poder del patrono, el poder de Estado, el poder de los medios de comunicacin de masas, el poder de inspiracin de un lder autoritario, el poder moral de la religin). Dichos poderes no tienen en comn ms que su propia praxis: son actividades sociales concretas ligadas al condicionamiento de la actividad social en general, y de las correlaciones de fuerza entre las clases en particular, para el mantenimiento del conjunto de relaciones sociales (prefiguradas por la propia naturaleza de las fuerzas productivas cada momento histrico); dicho de otra forma, hablamos de actividades vinculadas a una necesidad: la de la dictadura de la burguesa, cuyo carcter es histrico y no natural.

En el artculo de Herrero aparece una norma histrica, que sus usuarios cuidan muy mucho de formalizar como ley escrita: todo aquello que no se puede (ni conviene) explicar, pertenece a ese cajn de sastre que es la naturaleza humana. A ella se abrazan todos los trovadores del libre mercado, los nostlgicos de orden teocrtico-feudalizante, entre otros (quin no se acuerda de aquella mxima acerca de la omnipotencia del principio natural de la supervivencia del ms fuerte). De tal guisa, el recurso a la naturaleza humana es siempre fondeadero seguro para toda suerte de corsarios de las ideas (sobretodo, para aquellos expertos en la tctica de golpear y correr). Esto sita el problema en un terrero muy distinto: ya no se trata de los espectros que Herrero agite sobre la planificacin de la economa, la burocracia parasitaria y otros espantapjaros, que deben residenciarse en crticas concretas sobre realidades existentes, sino de la propia categorizacin idealista del poder, y de la naturaleza humana en el artculo de Herrero. Porque, puesto que la sana intencin del artculo en cuestin es unir e integrar y reconciliar, debemos volver a advertir educadamente (para no unificar en el vaco) que si la realidad histrica del ser (y en concreto, del ser individual), es configurada por el ser social a travs de las condiciones materiales en virtud de procesos dialcticos (y repetimos una vez ms, no slo condiciones econmicas, aunque stas sean las que constituyen la parte decisiva para el conjunto general), y que no es el ser quien determina la conciencia (en este caso, la llamada ansia de poder), entonces todas las palabras dedicadas al poder en abstracto no son ms que tinta alegremente gastada; la discusin sobre la naturaleza humana genrica, no es ya que sea intil (nicamente), sino que, a base de aadir a placer caractersticas al sujeto, no hace ms que reproducir ideas sobre las visiones de la realidad y encajar por la fuerza dicha visin idealista dentro del anlisis de la realidad. Es decir, es ideologa, en el sentido ms negativo del trmino.

Esta propia cuestin del poder, tal y como est enfocada por Herrero, despierta la consideracin de una consecuencia muy interesante (jugueteando en el terreno de la abstraccin): si tomsemos esa voluntad de poder como propia a la naturaleza humana, entonces, un futuro rgimen colectivista libertario atentara indirectamente contra la naturaleza humana, por muy superior que fuese a los dems regmenes sociales histricos, y por lo tanto sera intrnsecamente inestable. Habra de pervivir continuamente con la posibilidad de su corrupcin interna dada la menor falla en ese reino de la igualdad, toda atribucin funcional sera potencialmente desestabilizadora, y el reino de la libertad acabara siendo el reino de la sospecha (despus de todo, no est en la naturaleza de los hombres la pulsin por la dominacin?). Tanto camino recorrido para descubrir que peregrinamos en crculos. Al fin, todo este razonamiento indica que la cuestin del poder, amn de asemejarse a una controversia teolgica, no tiene nada que ver con la naturaleza humana (o eso, o el comunismo es imposible).

BAKUNIN, HERRERO Y LA ACCIN POLTICA

Hablemos, de forma preliminar, de la cuestin del sufragio universal. Respecto de esta conquista de la clase trabajadora (porque histricamente es eso), la experiencia demuestra que el sufragio universal no es en absoluto irrelevante, pero bajo la condicin de que nos atengamos a la naturaleza de la institucin en su momento histrico, sin que se pueda esperar de ella ms de lo que, dado un Estado configurado como instrumento al servicio de la clase dominante, nos pueda proporcionar. Es un instrumento, pero estratgico. Queda lejos de nosotros la adoracin al Estado (en la divisin social de las miserias, este papel le corresponde a la socialdemocracia), pero queda igualmente desterrada la obsesin por una supuesta pureza revolucionaria que nicamente aparece en las cabezas de quienes lo contemplan (en el caso que nos ocupa, Bakunin). Sobre esta polmica, Engels sugiere que:

Y aunque el sufragio universal no hubiese aportado ms ventaja que la de permitirnos hacer un recuento de nuestras fuerzas cada tres aos; la de acrecentar en igual medida, con el aumento peridicamente constatado e inesperadamente rpido del nmero de votos, la seguridad en el triunfo de los obreros y el terror de sus adversarios, convirtindose con ello en nuestro mejor medio de propaganda; la de informarnos con exactitud acerca de nuestra fuerza y de la de todos los partidos adversarios, suministrndonos as el mejor instrumento posible para calcular las proporciones de nuestra accin y precavindonos por igual contra la timidez a destiempo y contra la extempornea temeridad; aunque no obtuvisemos del sufragio universal ms ventaja que sta, bastara y sobrara. Pero nos ha dado mucho ms. Con la agitacin electoral, nos ha suministrado un medio nico para entrar en contacto con las masas del pueblo all donde estn todava lejos de nosotros, para obligar a todos los partidos a defender ante el pueblo, frente a nuestros ataques, sus ideas y sus actos; y, adems, abri a nuestros representantes en el parlamento una tribuna desde lo alto de la cual pueden hablar a sus adversarios en la Cmara y a las masas fuera de ella con una autoridad y una libertad muy distintas de las que se tienen en la prensa y en los mtines.iv

Las tesis polticas (refirindonos a aquello tan viejo que continuamente repitiese Lenin acerca de la tctica y la estrategia) desarrolladas de forma ms extensa en el artculo de Herrero nos deparan momentos francamente divertidos. A quin se refiere Herrero con esa alusin a que aunque pensemos de izquierda, vivimos de derecha (debe de referirse a sus lectores)? Ya de por s resulta incomprensible qu es vivir de derecha, como no sea el desarrollo de la actividad vital desde el marco de la pertenencia objetiva a la aristocracia obrera o directamente a la burguesa (no as subjetivamente porque, si el lector piensa de izquierda, ya habr salvado su alma). Tenemos as como destinatarios lectores del artculo a funcionarios, tcnicos o accionistas en cualquiera de las multinacionales espaolas esquilmadoras de Latinoamrica: proletarios en reconversin, parados, estudiantes que malvivs becados, inmigrantes, precarios todos!, cerrad de inmediato el artculo de Herrero, dejad de leer, porque no es para vosotros esta Buena Nueva (y, por otra parte, esto no os concierne: es imposible que tengis problemas de conciencia, dado que estis siendo triturados a conciencia en vuestra casa Europa). Sintindonos impotentes ante tal grandioso problema, lo nico que podemos hacer es recomendar a nuestro querido articulista de alma dividida que, por su tranquilidad de espritu y equilibro anmico, resuelva pronto tal contradiccin y comience a vivir de izquierda (sea lo que sea).

Pero ciertamente, si, habiendo abrazado el credo bakuninista, hemos imitado el ejemplo de Herrero y nos hemos dedicado a tirar cosas por la borda (la superestructura, la lucha de clases, el sufragio universal, 150 aos de movimiento obrero y Arguiano), es una verdad radiante aquella de que se abre frente a la clase trabajadora un largo camino por recorrer, una tarea propia de titanes:

  1. Debemos concienciar a la ciudadana, lo cual incluye desde el esforzado obrero de los astilleros, al pequeo empresario del catering que no da de alta a los trabajadores en la Seguridad Social, al pequeo ratn pequeoburgus racista y al arzobispo de Toledo, si hace falta (al fin y al cabo, todos son ciudadanos). Cuanto menor el nivel del denominador comn, ms ampliaremos; y cuanto ms amplio, mejor.

  2. Que coincidan los intereses de la mayora con la direccin del cambio, aunque ste sea para girar como peonzas.

  3. Debemos elaborar una alternativa ideolgica, viable y clara para todos (incluidas las Organizaciones no Gubernamentales con nimo de lucro).

  4. Debemos realizar experimentos econmicos, porque no hemos escarmentado ni con los falansterios, ni con la PSV ni con el capitalismo popular (no aprendemos ni de la fbula de los tres cerditos: seguimos en la casa de paja).

  5. Debemos entrar en el escenario poltico, con algo que hace algo y est en alguna parte. Por supuesto, en ese algo poltico no hay cargos, sino que pudorosamente le cambiamos el nombre y lo denominamos puesto. Milagrosamente, surgen lderes naturales. Y ms milagrosamente, cuando Herrero describe la organizacin ideal, enumera buena parte de las caractersticas desarrolladas por Lenin para el Partido Socialdemcrata Ruso (sumisin de la minora a la mayora, toma de decisiones democrtica, especializacin de las tareas ejecutivas, necesidad de la eficacia); es decir, lo que tradicionalmente ha sido el ncleo principal del centralismo democrtico, y que no podemos decir que se destaque precisamente por desconocimiento de la idea de autoridad (luego se ha querido cargar las tintas contra los supuestos burocratismos dimanantes de esta forma organizativa: all cada cual con sus fantasmas). Por fin, despus de tantos pasitos atrs, Herrero se decide a dar un salto adelante! Aunque la idea de Bakunin, a este respecto, es ms heroica (y ciertamente muy atractiva para todo aquel que tenga vocacin de lder de secta, sea o no partidario de Trotski):

14. [El candidato a entrar en la llamada Familia internacional] Debe comprender que una asociacin cuyo fin sea revolucionario debe necesariamente constituirse como sociedad secreta, y toda sociedad secreta, dado el inters de la causa a la que sirve y la eficacia de su accin, as como la seguridad de cada uno de sus miembros, debe estar sometida a una fuerte disciplina, lo cual, por otra parte, no es ms que el resumen y el puro resultado del compromiso recproco que todos los miembros han establecido los unos en relacin con los otros, y que por tanto es una condicin de honor y un deber para cada uno someterse a ello.v

[Nota: Debemos reconocer nuestra sorpresa ante esta forma organizativa: si hemos ledo que Bakunin preconiza una sociedad secreta, que no clandestina, podemos preguntarnos: cmo se puede sostener una fuerte disciplina, sobre sujetos educados en una superestructura propia del capitalismo, sin autoridad, aun entendida como coercin colectiva. Y dnde queda aquello del derecho incuestionable de la crtica y el control. Pero huelgan todos estos interrogantes si se deja a un lado toda incredulidad burguesa, y se reconoce a la sociedad secreta bakuninista como autoridad naturalvi]

Todo tan tierno como una carta a los Reyes Magos, todo tan religioso? Posiblemente se trate de que tenemos el olfato demasiado sensible (seamos generosos), pero las tesis bakuninistas sobre la revolucin social siempre hedieron a incienso y sacrista cerrada (esto ltimo por reunirse en stanos demasiado profundos, espritus de catacumba). Nunca fue ms apropiada la calificacin de religin atea (literalmente, Bakunin afirma que En su espritu [el de los trabajadores], el socialismo ocupa el lugar de la religinvii), que ha centrado su preocupacin en la salud de las conciencias, sean proletarias o burguesas, sin pararse en mientes frente a las condiciones materiales generadoras de dicha conciencia. Aunque en esto ltimo Bakunin suela poner una vela tanto a Dios como al Diablo:

Ningn razonamiento ni propaganda alguna podrn jams convertir a esos desgraciados [refirindose a lo que l llama castas dominantes]. Para convencerles, slo hay un medio: la destruccin de la mismo posibilidad de situacin privilegiada, la revolucin social, que al barrer todo aquello que constituye la desigualdad en el mundo, les moralizar forzndoles a buscar su felicidad en la igualdad y en la solidaridad.viii

Sin embargo, esa faz benefactora de Bakunin como San Matas predicando entre los canbales se tornar en Jpiter tronante eslavo cuando se agudice el enfrentamiento entre l y Marx en el seno de la I Internacional; ser en ese momento cuando el otrora fiel aliado descubra en el de Trveris los dos pecados mortales que pueden acompaar a un ser humano desde su nacimiento: ser judo y alemn:

Los judos constituyen hoy en Alemania un verdadero poder. Hace ya mucho tiempo que reinan como amos absolutos en la banca. Pero en los ltimos treinta aos han logrado igualmente constituir una especie de monopolio en la literatura. Casi no existe peridico en Alemania que no tenga su redactor judo, y el periodismo y la banca se dan la mano, prestndose mutuamente servicios preciosos.ix

En todo tiempo, los judos han sido una raza muy inteligente y muy desgraciada, inhumana, cruel y vctima a la vez, perseguidora y perseguida. Desde su infancia ador a un Dios homicida, el ms brbaro y a la vez el ms vanidosamente personal de todos los Dioses conocidos sobre la tierra, el feroz y vengativo Jehov, que hizo de ella su pueblo elegido. Su primer legislador, Moiss, la orden aniquilar a todos los pueblos para establecer su propio poder. Esa fue su entrada en la historia.

Para bien de las dems naciones, el poder del pueblo judo no igual a su crueldad ().x

(..) Esto explica cmo se form en el curso del tiempo entre todas las tribus judas dispersas por Asia y frica, entre los judos de todos los Estados, una amplia asociacin comerciante, de socorros y de asistencia mutuos, y de explotacin en comn de todas la naciones extranjeras; un pueblo de parsitos que viven del sudor y de la sangre de sus conquistadores.xi

() Pero es sobre todo en la Europa oriental () donde la explotacin juda ejerce sus depredaciones ms despiadadas y ms excesivas. En todos estos pases el pueblo detesta a los judos. Los detesta hasta el punto de que toda revolucin popular se ve acompaada en ellos de una matanza de judos; consecuencia natural, pero que en modo alguno propicia que los judos sean partidarios de la revolucin popular y social.xii

Una cosa igualmente digna de mencin es que, en todos los pases de la Europa oriental, los judos han adoptado el alemn como lengua nacional, lo que hace que nuestros cosacos se imaginen muy en serio que los propios alemanes no son sino judos bautizados. Los judos se han convertido as en los representantes y en los pioneros de la civilizacin alemana, del orden, de la disciplina y del Estado alemanes ().xiii

Incluso esa mezcla con la burguesa del pas de su nacimiento es ms aparente que real. En el fondo, los judos de cada pas son solamente amigos de los judos de todos los pases, independientemente de todas las diferencias que puedan existir entre sus posiciones sociales, el grado de su instruccin, sus opiniones polticas y sus cultos religiosos. No es ya el culto supersticioso de Jehov lo que hoy constituye como tal al judo; un judo bautizado sigue siendo judo. Hay judos catlicos, protestantes, pantestas y ateos, judos reaccionarios, liberales, incluso judos demcratas y judos socialistas. Ante todo son judos, y eso establece entre todos los individuos de esa raza singular, por encima de todas las oposiciones religiosas, polticas y sociales que les separan, una unin y una solidaridad mutuas indisolubles ().xiv

Amplio cosmopolitismo y estrechez nacional al mismo tiempo, tal es el primer rasgo. El segundo, burgus y explotador de la cabeza a los pies, adversario instintivo de toda emancipacin popular. Consecuencia natural: es en todo caso partidario de la civilizacin burguesa, del orden burgus, de la dominacin de la banca y de la poderosa centralizacin de los Estados. No lo es slo por inters, sino tambin por conviccin sincera. Todo judo, por ilustrado que sea, conserva el culto tradicional de la autoridad: es el legado de su raza, el signo manifiesto de su origen oriental.xv

Nota: la filpica antisemita se extiende a lo largo de 10 pginas de la edicin utilizada (vanse las notas al final), algo menos de una cuarta parte de la obra total. La diatriba antigermana, unas 5, en su concentracin ms pura. El resto es bakuninismo en accin.

La fe misionera bakuninista (con la honrosa excepcin de las vergonzosas ponzoas antisemitas) se transmite irremediablemente al artculo de Herrero: son alusiones sin sonrojo alguno recogidas en expresiones como males que corroen al hombre y a la sociedad (una vez ms, el hombre como individuo, como mnada suspendida en el vaco), pecado original, aprender a compartir personas y bienes o vivir en paz consigo mismo (!). Y, como remate, el autor llega a sacar a colacin el carcter utpico de sus prdicas; en fin: excusatio non petita, accusatio manifesta.

A MODO DE CONCLUSIN

Ni tribuno, ni monstruo: Mijail Bakunin pertenece, por derecho propio a la Historia del Movimiento Obrero, especficamente a su infancia. Sus tesis son, tanto para bien como para mal, un reflejo de su tiempo; y por supuesto, no hay que negarles a stas ciertas chispas geniales (como su firme posicionamiento a favor de la igualdad de la mujer). Por ello, el bakuninismo seguir siendo objeto de estudio por mucho tiempo. Y ello porque el inters de las clases explotadas exige que se significar que seguiremos enriqueciendo la filosofa de la praxis, a partir del ncleo aportado por Marx y Engels con las aportaciones de muchos: Lenin, Gramsci, Rosa Luxemburgo, Kollontai, y otros muchos.

Gran parte del atractivo actual de las prdicas bakuninistas se basan en su prdica moral, que tiende a mostrar de forma llamativa los efectos ms demoledores del capitalismo sobre las clases explotadas; no apelan al intelecto aristocrtico, sino al alma moral y a las vsceras del oprimido; los escritos claman a la rebelin frente a una situacin subjetiva nulamente tolerable. Igualmente, Bakunin presta su altavoz a las preocupaciones individualistas de los grupos pequeos burgueses radicalizados, en su bsqueda de ese espacio de libre concurrencia que no pueden hallar en la dinmica real del liberalismo poltico y econmico. Y por ltimo, eleva como las nuevas Bienaventuranzas la promesa de resolucin inmediata y total de los males del mundo, a travs de un cambio social sbito definido como un incendio universal el Paraso tras el tiempo de las tribulaciones. Por supuesto que el socialismo cientfico no recoge esta visin de la transformacin hacia el comunismo, pero s que comparte en su justa medida buena parte de las tareas que ste planteaba (slo hay que asomarse a El Estado y la Revolucin de Lenin, cuando ste habla de la necesidad de la extincin del Estado). El fallo estrepitoso al que se enfrenta el bakuninismo reside en el nulo caso de Bakunin a las condiciones materiales en las que maduran y se desarrollan las revoluciones sociales; no hay cambio dialctico que valga, sino la ms mundana de las ambiciones personales hbilmente encubierta por una bien temperada demagogia. Aunque, a la postre, ni sta servir a Bakunin para escapar del acerado juicio analtico de Marx:

Decididamente, l [Bakunin] no comprende nada de la revolucin social; slo conoce su fraseologa poltica; para l, no existen las condiciones econmicas de esta revolucin. Como hasta aqu todas las formas econmicas desarrolladas o no implicaban la esclavizacin del trabajador (sea obrero, campesino, etc.), cree que en todas ellas es igualmente posible la revolucin radical. () La base de su revolucin social es la voluntad y no las condiciones econmicas.xvi.

No mucho ms halagea puede ser el resumen crtico de las tesis de Herrero. En trminos reales, e independientemente de la voluntad del autor del artculo reconciliador, el contenido de las tesis vertidas en ste consiste, ni ms ni menos, en la extensin, al mbito de las ideologas polticas, de las tcnicas de agresin empresarial practicadas entre las sociedades mercantiles por acciones: una OPA amistosa (resulta irnico lo que algunos llegan a aprender a practicar de manos del capitalismo), con un 70% de la teora adjudicada al anarquismo y otro 30 % en manos de los diversos marxistas. Y as, con la aplicacin particular de un fraudulento mtodo dialctico mecanicista, de ambas (tesis y anttesis), hallamos una luminosa sntesis: el Foro-Socialismo.

Pero no se pueden constituir fuerzas polticas con mtodos alqumicos: slo con un mtodo de anlisis cientfico de la realidad, la capacidad de unir teora y prctica y una praxis genuinamente revolucionaria se podr vertebrar a las clases subalternas para que la superacin del capitalismo sea completa e irremediable.

NOTAS

i Karl Marx: Prlogo a la Contribucin a la Crtica de la Economa Poltica, 1859, tomado de http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

ii Mijail Bakunin: Poltica de la Internacional, 1869, tomado de Eslavismo y Anarqua, (seleccin de textos de Mijail Bakunin, coleccin Austral, 1998, p. 259).

iii Ibd., p. 253.

iv Friedrich Engels: Introduccin a la edicin de 1895 de Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 de Karl Marx, tomado de http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/francia/francia1.htm

v Mijail Bakunin: Organizacin de la Fraternidad Internacional Revolucionaria, 1865, tomado de Eslavismo y Anarqua, (seleccin de textos de Mijail Bakunin, coleccin Austral, 1998, p. 239-240).

vi Mijail Bakunin: Dios y el Estado, citado por Andrs Herrero.

vii Mijail Bakunin: Poltica de la Internacional, 1869, tomado de Eslavismo y Anarqua, (seleccin de textos de Mijail Bakunin, coleccin Austral, 1998, p. 254).

viii Ibd., p. 250.

ix Mijail Bakunin: A los compaeros de la Federacin de las Secciones Internacionales del Jura, 1872, tomado de Eslavismo y Anarqua, (seleccin de textos de Mijail Bakunin, coleccin Austral, 1998, p. 278-279).

x Ibd., p. 279.

xi Ibd., p. 280.

xii Ibd., p. 281.

xiii Ibd., p. 282.

xiv Ibd., p. 283.

xv Ibd., p. 284.

xvi Karl Marx: Acotaciones al libro de Bakunin: El Estado y la Anarqua, 1875, tomado de http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/aald74s.htm



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