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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2006

Medios de comunicacin, pensamiento nico y falsa conciencia

Vicente Romano
Rebelin


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Hoy da el consumo de medios de comunicacin, sobre todo Tv, constituye un componente fijo de la vida cotidiana en la mayora de las sociedades, Como se sabe, la cultura predominante de hoy es la producida masivamente por los estos medios. Esta "cultura de medios" se ha convertido en la experiencia cotidiana y en la conciencia comn de la inmensa mayora de la poblacin. A ella pertenecen el trato cotidiano con los medios y sus contenidos, as como la forma de pensar y de sentir determinada por ellos, los hbitos de leer, or y ver, de consumo y comunicacin, las modas y una buena parte del lenguaje y de la fantasa.

La cultura mundial de los medios de comunicacin uniformiza y reduce el planeta, aunque no en el sentido del especialista en relaciones pblicas M. McLuhan. El mundo no se ha convertido en la "aldea global" que l preconizaba en la dcada de 1960, sino que ms bien ha desaparecido la aldea y se est urbanizando a marchas forzadas.

Los diseadores y promotores de esta cultura dedican cantidades ingentes de energas y dinero al estudio de la influencia y condicionamiento de las conciencias a travs de los medios. El anlisis de esta actividad revela que a travs de ella se pretende crear el tipo de ser humano ms conveniente para el sistema capitalista de produccin y consumo. El objetivo ideal sera convertirnos a todos en apndices del mercado. Es lgico, por tanto, que el reclamo comercial, la "publicidad", constituya uno de los componentes fundamentales de la cultura actual (Cf. V. Romano: Desarrollo y progreso, 1993, cap. VI).

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Ahora bien, entre el orden cultural y el econmico existe una relacin de interdependencia. As, y por limitarnos solamente a los orgenes ms recientes, durante el siglo XIX, a medida que la industria atraa a un sector cada vez mayor de la poblacin a su esfera de influencia, a su modo de produccin y de consumo, los capitanes de industria se preocuparon cada vez ms de que la vida cultural coincidiese con sus objetivos econmicos y polticos. Para ello no slo trataban de imponer y administrar la disciplina laboral de la fbrica, sino de inculcar tambin las actitudes, lealtades y comportamientos adecuados a esos objetivos. Pronto se dieron cuenta de que era ms barato meter al guardia de la porra en las mentes que mantener un costoso cuerpo de represin. A ste se recurre nicamente en caso de necesidad, cuando falla el otro. Cuando una clase depende de las bayonetas para preservar su poder es que no est segura.

Pero con la represin de anarquistas, socialistas, comunistas, sindicalistas insumisos y toda clase de idealistas radicales, la clase capitalista, detentadora del poder econmico, enrola a su causa a otras instituciones como la Iglesia, la escuela y los medios de comunicacin. Como dice Michael Parenti (Inventig Reality, 1986, p.4), para asegurar su hegemona como capitanes de la industria y de los negocios, los ricos han aspirado siempre a convertirse en "capitanes de la conciencia". Los ejemplos son numerosos a lo largo de los siglos XIX y XX. Desde Lord Nordcliffe o Hearst hasta Axel Springer, Kirch, Berlusconi o Murdoch.

He aqu un par de ejemplos a modo de ilustracin. En su Outline of History, y refirindose a los fundadores de los Estados Unidos, H. G. Wells dice que "los padres de Amrica pensaron tambin que slo tenan que dejar la prensa libre y cada cual vivira en la luz. No se dieron cuenta de que una prensa libre poda convertirse en una especie de venalidad constitucional debido a sus relaciones con los anunciantes, y de que los grandes propietarios de peridicos podan convertirse en bucaneros de opinin y en insensatos demoledores de los buenos comienzos." Hace unos 40 aos, el barn de la prensa inglesa Lord Beaverbrook, nacido en Canad, declar ante una Comisin Real que publicaba sus peridicos "solamente por razones de propaganda" ("purely for propaganda and with no other purpose".) Cuarenta aos despus, otro hijo de las colonias, esta vez de Australia, Rupert Murdoch, lleg a Londres a buscar fortuna y ha adquirido la misma que Beaverbrook , aunque a nivel mundial. Puesto que la economa ya est mundializada, tambin debe estarlo la industria de la conciencia.

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La historia ensea que la clase pudiente nunca est sola. Se arropa con la bandera de la religin, el patriotismo y el bienestar pblico. Pues slo reconoce y proclama como bueno para todos lo que es bueno para ella. Tras el Estado existe todo un entramado de doctrinas, valores, mitos, instituciones, etc., que sirven consciente o inconscientemente a sus intereses. John Locke deca ya en 1690 que "el gobierno fue creado para proteccin de la propiedad". Y casi un siglo ms tarde, en 1776, Adam Smith afirmaba que "la autoridad civil se instituy en realidad para defensa de los ricos contra los pobres, o de los que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna."

Las instituciones polticas, religiosas y educativas contribuyen a crear la ideologa que transforma el inters de la clase capitalista dominante en inters general, justificando las relaciones de clase existentes como las nicas que son naturales y, por tanto, perpetuas e inalterables. Todas ellas se conjuntan para crear una conciencia uniforme, para dar unidad al pensamiento.

Para preservar el sistema que es bueno para ellos, los ricos y poderosos invierten mucho en la persuasin. El control de la comunicacin, del intercambio de informaciones y sentimientos, contribuye de modo eficaz a legitimar el poder de la clase propietaria. Y es en este marco general donde actan los llamados medios de comunicacin de masas.

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Los medios de comunicacin de masas son los vehculos o canales de distribucin de los productos de esta comunicacin. La comunicacin de masas es, antes que nada, produccin masiva de comunicacin. Y. como tal, se rige por los mismos principios que el resto de las industrias: produccin en serie, indiferenciada, a fin de reducir costes y aumentar beneficios. Pero como en la produccin comunicativa se trata de productos del pensamiento, de contenidos de conciencia, , esta simplificacin y uniformidad tiene tambin algo que ver con la produccin del pensamiento acrtico, indiferenciado, nico.

No hay que olvidar que no son los medios los que reducen y simplifican, sino quienes los dirigen. Con un guin correcto y unas intenciones adecuadas se pueden ofrecer presentaciones penetrantes, intelectualmente ricas, ampliadoras del conocimiento, acerca de temas de vital importancia, como demuestran los documentales.

Los medios sirven a muchos fines y desempean diversas funciones. Pero su papel principal, parejo con el de incrementar las ganancias de los pocos que los poseen, su indeclinable responsabilidad, estriba en reproducir una visin de la realidad que mantenga el actual poder econmico y social de la clase dominante. Su objetivo no radica en producir una ciudadana crtica e informada, sino el tipo de gente que vota a R. Reagan o a J. Gil y Gil. Su meta es crear el clima de opinin marcado por la minora que domina el mundo del dinero, los negocios, el gobierno, las iglesias, universidades, etc., puesto que casi todos ellos comparten la misma concepcin de la realidad econmica.

Las tcnicas para conseguir la uniformidad de las opiniones, el pensamiento nico, son muchas y muy diversas. Y, aunque no sea ste el lugar ms apropiado para exponer los recursos utilizados en la manipulacin de las conciencias, s conviene recordar que son los propietarios de los medios de comunicacin y los directores puestos por ellos los que tienen la capacidad de seleccionar y publicar , de dar a conocer a los dems, los aspectos de la realidad ms convenientes para sus intereses. Los pocos tienen as la capacidad de definir la realidad para los muchos y de producir las informaciones que dificultan a la mayora de los ciudadanos el conocimiento y la comprensin de su entorno, la sociedad en que viven, as como la articulacin y expresin de sus necesidades e intereses.

En este sentido, los medios pueden dirigir efectivamente la percepcin de la realidad cuando no se dispone de informaciones en contrario. Y aunque los medios no puedan moldear cada opinin, s pueden enmarcar la realidad perceptiva en torno a la cual se forman las opiniones. Aqu radica tal vez su efecto ms importante: establecer el orden del da para todos, organizando el espacio de lo pblico, las cuestiones en qu pensar. En suma, los medios establecen los lmites del discurso y de la comprensin del pblico, del pueblo. No siempre moldean la opinin de todos, claro est, pero tampoco tienen por qu hacerlo. Basta, como dice M. Parenti (Inventing Reality, p. 23), con legitimar ciertos puntos de vista y deslegitimar otros.

El resultado es un pensamiento nico, uniforme, acrtco y, por consiguiente, la falsa conciencia.

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La mediacin efectuada por el pensamiento nico reduce las contradicciones hasta el punto de eliminarlas. Su misin es la unificacin de lo que se presenta dividido, disgregado. El pensamiento diferenciado, crtico, se realiza, sin embargo, como toma de conciencia de la realidad plural y contradictoria. Este tipo de conocimiento exige el esfuerzo constante de los seres humanos por aplicar el instrumento de la razn al dominio de su entorno.

La reduccin y simplificacin propias de la produccin masiva de comunicacin disminuyen todava ms el gasto de seales. Expresarse con brevedad significa dejarse cosas fuera, descontextualizar la informacin. Pero esto no significa que esas cosas, relaciones, contradicciones, etc., no existan, sino que son desplazadas. Al mismo tiempo, cuando se comunica algo, ese algo adquiere un significado y una relevancia que no son los que tiene de por s, sino el que se le d. Como se sabe, toda informacin es selectiva e interesada.

Puede decirse entonces que cuanto ms corta y estereotipada sea la comunicacin, tanto mayor ser la violencia simblica y el poder mgico de los medios, y tanto menor el significado que puede utilizar para s mismo el sujeto receptor.

La comunicacin estandarizada borra la distancia crtica del consumidor con su entorno, obstaculiza la reflexin necesaria para su conocimiento y dominio. De ah que refuerce el poder de los pocos al ocultar las contradicciones y conflictos, al suprimir la diferencia entre imaginacin y percepcin, deseo y satisfaccin imagen y cosa. La sociedad productora y consumidora de comunicaciones simplificadas y estandarizadas es una sociedad de necesidades insatisfechas. Semejante sociedad se revela como presa fcil de los intereses autoritarios de los pequeos grupos productores.

El argumento racional de la simplificacin tcnica se basa en la superioridad distribuidora de los pocos, manifiesta en el hecho de que son los muchos los que vienen a los pocos.

La mediacin efectuada por los "medios de masas" es, por tanto, unificadora e indiferenciada.

En la era de la tcnica y de la especializacin, el pensamiento indiferenciado, es una forma de integrar los vacos y carencias afectivas de la vida cotidiana, creados por la fragmentacin del conocimiento y de las relaciones sociales. Apoyndose en el principio de que la tcnica y la ciencia son omnipotentes, surge la creencia de que se puede saber a travs de los medios, de que se puede conocer el mundo mediante el consumo asiduo de comunicaciones mediadas.

Ahora bien, cuanto ms numerosas son las informaciones que recibe el sujeto individual, cuanto ms complejas devienen las redes de la mediacin social, tanto ms probable ser que ese sujeto est sobrecargado como "recipiente" y colocado en la imposibilidad de reducir esas informaciones a su experiencia personal. O de dirigir el pensamiento hacia s mismo, distanciamiento que establecera la premisa de la diferenciacin. Donde la reflexin es imposible, el mundo recibido debe considerarse como "la realidad". La autenticidad de la percepcin difusa con el medio tcnico hace que la imagen televisiva o el texto de prensa sea la cosa misma. Lo "esencial" es haberlo odo, visto o ledo en la radio, la TV o el peridico.

La fe en la informacin ha producido la impresin inexacta de que la prensa, la radio, la TV o el cine son medios de informacin o de comunicacin. Si se miden por su volumen de produccin, los medios sirven sobre todo a la publicidad y al entretenimiento. La prensa del corazn es mucho ms numerosa que la de informacin, la radio es por encima de todo un instrumento musical y la TV un largometraje transmitido en casa. Como se sabe, el video se compra para ver todava ms pelculas y ms televisin. Se utilizan primordialmente, no para reducir la ignorancia, sino para cubrir temporal y ficticiamente los dficits emocionales con la distraccin, para matar el tiempo, por decirlo con una expresin muy espaola.

La conciencia indiferenciada responde a la vida sentimental estereotipada. El pensamiento indiferenciado crea una conciencia conformista. Pero esto significa dejar en manos ajenas la solucin de los problemas propios, con lo que pueden manipularlos fcilmente en inters suyo. Ah radica el peligro de entregar las riendas de los asuntos personales en manos de especialistas o del nuevo clero acadmico. Autodeterminacin significa, sobre todo, liberarse de las angustias.

La reproduccin de la vida en datos e informaciones no basta. El hombre pequeo, perdido en la masa, quizs pueda interesarse por los datos en que se puede descomponer su mundo. Pero siempre buscar una imagen con la que pueda recomponerlo y le sirva para identificarse con su entorno y superar sus carencias afectivas. Por eso la imagen sustituye a la informacin, el pensamiento indiviso a la reflexin y el mito que rodea el poder al pensamiento crtico.

Donde impera el mito, el culto ocupa el centro de la atencin, desde el culto de la personalidad hasta el culto sentado de la TV. El pensamiento mgico es el antdoto de la inteligencia, cuya accin disgregante podra destruir tal vez la cohesin social con su espritu crtico. La concepcin de la realidad como el peor enemigo del hombre y, por consiguiente, la explotacin de la "ilusin redentora" se ha convertido desde hace tiempo en la mxima de la industria del entretenimiento. El sentimiento se ha convertido en mercanca rentable.

De ah que, como la conciencia es el resultado de la accin y la experiencia, haya que crear otras condiciones sociales de vida y de trabajo que permitan al hombre enriquecerse con experiencias personales y no permitir ninguna "explotacin de sus almas" por poderes ajenos.

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Los observadores "neutrales" sostienen que hay que aceptar como tal lo que la gente diga que son sus intereses. Postular que los individuos pueden perseguir a veces objetivos contrarios a sus intereses personales o colectivos equivale a saber mejor lo que ms les interesa y beneficia. El argumento se cierra concluyendo que los nicos intereses realmente existentes son los que la gente identifica como suyos.

Pero, como dice M. Parenti en su ltimo libro (Dirty Truths, pp. 209-214), la posicin "neutral" se basa en una visin poco realista y deliberadamente tosca de cmo obtiene la gente sus opiniones. Niega el hecho incontrovertible de que, a menudo, stas estn sometidas al control social. A la hora de juzgar dnde estn sus intereses son muchos los factores que intervienen, incluido el impacto de unas fuerzas sociales superiores a las suyas. Y no slo es que la gente no tenga conciencia de su situacin, sino que con frecuencia tienen una falsa conciencia de la misma.

Lo que se excluye por principio es la posibilidad de una comunicacin manipulada y controlada en donde a unas opiniones se les da una amplia difusin y a otras se las ignora o se suprimen, como es el caso de las expuestas en este artculo.

Negar la posibilidad de que exista falsa conciencia equivale a aceptar que no ha habido socializacin en los valores conservadores, ni control de la informacin y del comentario, ni limitacin de los temas que deben incluirse en el debate nacional, ni que toda una serie de poderes e instituciones han contribuido a estructurar y definir de antemano nuestra visin del mundo y nuestros intereses.

Efectivamente, si no existe ningn conflicto entre gobernantes y gobernados, entre explotadores y explotados, puede deberse, como dice M. Parenti, a estas razones:

a) Los ciudanos estn satisfechos con la situacin porque se atienden sus intereses.

b) Apata y falta de percepcin: la gente es indiferente a los asuntos polticos, puesto que, preocupados con otras cosas, no ven el nexo entre la poltica y su bienestar.

c) Desnimo y miedo: la gente est descontenta, pero se achanta porque no ve ninguna posibilidad de cambiar las cosas o teme que cambien a peor.

d) Falsa conciencia: la gente acepta las cosas tal como estn porque ignora que existen otras alternativas y hasta qu extremo los gobernantes violan sus intereses, o porque desconocen hasta qu punto la gente se ve perjudicada por lo que creen ser sus intereses.

Quienes estn encantados con este orden de cosas quieren hacernos creer que slo las tres primeras razones pueden estudiarse empricamente por ser las nicas realmente existentes.

Quienes creemos que la falsa conciencia existe realmente sostenemos que las preferencias de la gente pueden ser producto de un sistema econmico, poltico y cultural contrario a sus intereses, y que stos slo pueden identificarse legtimamente cuando la gente sea plenamente consciente de su eleccin y libre y est capacitada para elegir.

Negar la falsa conciencia como una imposicin "ideolgica" (lase "marxista") lleva a los socilogos y otros formadores de opinin a la conclusin de que no se debe distinguir entre percepciones del inters e inters real u objetivo. As, si admitimos que la preferencia expresada por un individuo es su inters real resulta que no se puede hacer distincin entre intereses percibidos (que pueden estar mal informados) e intereses reales (cuya percepcin puede resultar difcil por falta de informacin adecuada y accesible).

Sin embargo, se pueden ver ejemplos de falsa conciencia en todas partes. Hay gente con quejas justificadas, como empleados, contribuyentes y consumidores que dirigen su indignacin contra los desvalidos que se aprovechan de la beneficencia y no contra las empresas que reciben miles y miles de millones en subvenciones . Estn en favor de elevados presupuestos de defensa, de la industria armamentista y de las empresas contaminadoras, mientras denostan a quienes se manifiestan por la paz y contra la contaminacin.

Expertos comentaristas conservadores se encargan de alimentar su confusin atacando, por ejemplo, a las feministas y a las minoras en vez de a los sexistas y racistas, a los pobres en vez de a los ricos que crean la pobreza. El problema son los pobres y los inmigrantes. Las vctimas y los efectos se toman por la causa

La falsa conciencia existe, y en cantidades masivas. Sin ella, los de arriba no se sentiran nada seguros.



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