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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2006

La hermandad de las vctimas del terrorismo de Estado

Carlo Frabetti
Rebelin


Admiro a algunos cristianos de ayer y de hoy, y a todos los respeto en sus creencias; pero siento un profundo rechazo por la Iglesia (de ayer y de hoy) como institucin, por sus altas jerarquas, sus pompas y sus obras. Anlogamente, siento el mayor respeto por todas y cada una de las vctimas de los atentados de ETA (o de cualquier otra organizacin poltica), y a algunas las admiro; pero no puedo decir lo mismo de la Asociacin de Vctimas del Terrorismo como grupo de presin al servicio de (o manipulado por) la derecha ms reaccionaria. Su mismo nombre es tendencioso y exclusivo, en la medida en que ratifica el inadmisible discurso del poder, que llama terrorismo a toda forma de violencia disidente y nunca aplica el trmino a la violencia institucional, al terrorismo que con ms propiedad se puede y se debe llamar as, que es (como se desprende del propio diccionario de la lengua) el terrorismo de Estado.

Las principales vctimas del terrorismo (mejor dicho, las vctimas del terrorismo principal, pues todas las vctimas son igualmente importantes, venga de donde venga su dolor) son la madre y los hermanos de Jos Couso, los familiares de Lasa y Zabala, los miles de torturados y torturadas por las fuerzas de seguridad y los funcionarios de prisiones, los ms de seiscientos presos polticos dispersos y sus allegados... Pero esas otras vctimas, invisibles y silenciosas (o ms bien silenciadas), no se constituyen en asociaciones legales ni organizan congresos, ni podran hacerlo si quisieran. Aunque tampoco lo necesitan: forman una hermandad de hecho, estn unidas por la fraternidad revolucionaria de quienes luchan contra un poder injusto.

Hace unos aos conoc a Amaia Zabala. Pasamos varias horas juntos y, naturalmente, hablamos de su hermano, secuestrado, torturado hasta la muerte y enterrado en cal viva por la Guardia Civil. Para mi sorpresa (gratsima, esperanzadora sorpresa), no sali de sus labios una sola palabra de odio o de venganza. Y cuando el carnicero que tortur y asesin a Lasa y Zabala (es decir, el ms abyecto terrorista convicto de nuestra historia reciente) fue indultado por los herederos polticos de sus cmplices, ningn medio de comunicacin le dio la palabra a Amaia. No puedo evitar la odiosa comparacin (las comparaciones son odiosas precisamente porque son inevitables) de su caso con el de otra hermana desolada, Maite Pagazaurtundua, que aparece en los medios de comunicacin todos los das y va a la Moncloa a decirle al presidente del Gobierno lo que tiene que hacer. El hermano de Maite fue enterrado con honores de hroe; el de Amaia fue sepultado en cal viva, literalmente borrado del mapa (con la insoportable carga de angustia que la desaparicin de un ser querido supone para sus allegados), y solo por casualidad aparecieron sus ultrajados restos diez aos despus. El atentado que cost la vida al hermano de Maite fue clamorosamente condenado por todo el pas, y la pattica comisin de actores que se traslad a Gasteiz para protestar ante la sede del Gobierno vasco, sali en la portada de ABC; nadie protest ante la Direccin General de la Guardia Civil ni ante el Ministerio del Interior por el secuestro, tortura y asesinato del hermano de Amaia. Los que mataron al hermano de Maite no han sido ni sern indultados, y ella ha tenido ocasin de maldecirlos pblicamente, en prosa y en verso, a travs de los grandes medios de comunicacin; el torturador y asesino del hermano de Amaia est en su casa, y algunos, en su da, lo aclamaron al grito de Torero! (aunque en eso no les faltaba razn: al fin y al cabo, un torero es un matarife con un vistoso uniforme)... Y sin embargo, curiosamente, es Maite la que no para de pedir justicia.

Lo cual nos lleva a una de las principales demandas de la AVT y de algunos sectores de la derecha: el cumplimiento ntegro de las penas por parte de los presos polticos (Que se pudran en la crcel, para decirlo con las palabras de un conocido criminal de guerra y ex presidente del Gobierno espaol). Cuesta creer que quienes esto demandan no se den cuenta de la aberracin moral que supone considerar que matar por una idea es ms grave que hacerlo por dinero. Hay algo ms inhumano que quitarle la vida a una persona por un fajo de billetes? Y sin embargo a algunos les parece normal que un atracador convicto de asesinato se beneficie de una reduccin de condena, pero quieren que quienes mataron por sus ideas (y arriesgaron por ellas la vida) se pudran en la crcel. Una cosa es pedir justicia y otra clamar venganza. Y cuando la venganza se clama desde el poder o desde el principal partido de la oposicin, se deshonra a las vctimas y se envilece su causa.

Tambin quiere la AVT que haya vencedores y vencidos. Y los habr, no les quepa duda. Vencer la invisible hermandad de las vctimas del terrorismo de Estado, la de quienes, enfrentndose a todas las oligarquas y a todos los imperialismos, luchan por el derecho de autodeterminacin de las personas y de los pueblos. Sern vencidos los beneficiarios polticos del odio y la crispacin, los gestores del miedo, los verdaderos terroristas.



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