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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2006

Hamas y la "promocin de la democracia"

Noam Chomsky
La Nacion (Chile)


Hamas gan combinando una fuerte resistencia contra la ocupacin militar con la creacin de organizaciones sociales de base y de servicio a los pobres, una plataforma y una prctica que probablemente hara ganar votos en cualquier lugar.

La victoria electoral de Hamas es ominosa pero comprensible, a la luz de los acontecimientos.

Es enteramente justo describir a Hamas como fundamentalista, extremista y violentista, y como una seria amenaza a la paz y a un acuerdo polticamente justo. Sin embargo, es til recordar que en aspectos importantes Hamas no es tan extremista como otros. Por ejemplo, declara que estar de acuerdo con una tregua con Israel sobre la base de la frontera reconocida a nivel internacional antes de la guerra rabe-israel de junio de 1967.

Tal idea es totalmente ajena a Estados Unidos e Israel, que insisten en que cualquier salida poltica debe incluir la ocupacin israel de partes sustanciales de Cisjordania (y de las olvidadas colinas del Goln, en Siria).

Hamas gan combinando una fuerte resistencia contra la ocupacin militar con la creacin de organizaciones sociales de base y de servicio a los pobres, una plataforma y una prctica que probablemente hara ganar votos en cualquier lugar. No obstante, para la administracin de Bush, la victoria presenta otro obstculo para su programa de desincentivar la democracia, denominado oficialmente promocin de la democracia.

La posicin de Washington hacia las elecciones en Palestina ha sido coherente. Las elecciones fueron postergadas hasta la muerte de Yasser Arafat, que fue recibida como una oportunidad para la realizacin de la visin de Bush sobre un eventual Estado palestino democrtico, que es un plido y vago reflejo del consenso internacional sobre un acuerdo de dos entidades estatales en la zona, que Estados Unidos viene bloqueando desde hace 30 aos.

En un anlisis en The New York Times, publicado poco antes de la muerte de Arafat, Steven Erlanger escribi: La era posterior a Arafat ser la ltima prueba de un acto de fe norteamericano por antonomasia: que las elecciones proveen de legitimidad incluso a la ms frgil de las instituciones.

En el prrafo final leemos: Sin embargo, la paradoja para los palestinos es rica. En el pasado, la administracin Bush se resisti a apoyar nuevas elecciones nacionales entre los palestinos. La idea en aquel momento era que las elecciones haran lucir mejor a Arafat y le daran un mandato fresco, y podran ayudar a Hamas a ganar credibilidad y autoridad.

En otras palabras, las elecciones son buenas slo en la medida que sus resultados sean los deseados.

El tema tiene un caso anlogo reciente. En Irak, la resistencia masiva no violenta oblig a Washington y Londres a permitir las elecciones que haban tratado de bloquear. El esfuerzo posterior para subvertir las elecciones, a travs de ventajas sustanciales al candidato favorito de los ocupantes, y la expulsin de los medios de comunicacin independientes, tambin fracas.

En Palestina, Washington recurri tambin a modos estndar de subversin. El mes pasado, The Washington Post inform que la Agencia para el Desarrollo Internacional, dependiente del Gobierno de Estados Unidos, se transform en un conducto invisible para incrementar la popularidad de la Autoridad Palestina en vsperas de cruciales elecciones en las cuales el partido gobernante enfrenta un serio desafo por parte del grupo islmico fundamentalista Hamas.

Y The New York Times: Estados Unidos gast alrededor de 1,9 millones de sus 400 millones de dlares anuales en ayuda a los palestinos en decenas de proyectos urgentes antes de las elecciones de esta semana, para reforzar la imagen de la faccin gobernante de Al Fatah y fortalecerla en la competencia con la faccin militante Hamas.

Como es normal, el consulado de Estados Unidos en Jerusaln oriental asegur a la prensa que los esfuerzos ocultos slo intentaban mejorar las instituciones democrticas y apoyar a los participantes democrticos, no solamente a Al Fatah.

En Estados Unidos, o en cualquier otro pas occidental, incluso una insinuacin sobre este tipo de interferencia destruira a un candidato, pero la arraigada mentalidad imperial hace legtimas estas medidas subversivas en cualquier otra parte.

El intento fall rotundamente, sin embargo. Los gobiernos de Estados Unidos e Israel tienen ahora que acomodarse a negociar de algn modo con un partido islmico fundamentalista que los imita en su tradicional rechazo del consenso internacional, aunque ms moderadamente, en caso de que Hamas acepte una tregua en base a las fronteras previas a la guerra de 1967.

El compromiso formal de Hamas de destruir Israel lo pone a la par con Estados Unidos e Israel, que prometieron por mucho tiempo que no habra ningn Estado palestino adicional (aparte de Jordania), hasta que ambas naciones aflojaron parcialmente su posicin, para aceptar un mini Estado constituido por los fragmentos que queden despus que Israel se apropie de todas las partes de Palestina que desea.

Simplemente como conjetura, imagine el lector una inversin de las circunstancias: que Hamas permitiese a los israeles vivir en cantones desparramados e inviables, virtualmente separados unos de otros, y en alguna pequea parte de Jerusaln, mientras los palestinos construyen enormes asentamientos y proyectos de infraestructura para apoderarse de las tierras y los recursos valiosos de Israel. Y que, adems, Hamas acepte llamar a esos fragmentos un Estado. Si se hicieran propuestas para esta empobrecida categora de Estado, nosotros nos sentiramos, con razn, horrorizados. Pero con ese tipo de propuesta, la posicin de Hamas sera esencialmente igual a la de Estados Unidos e Israel. LND

The New York Times Syndicate



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