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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2006

Comunicacin, poder y democracia

Vicente Romano
Rebelin


Los conceptos de comunicacin, poder y democracia han estado siempre muy relacionados. As, por ejemplo, las discusiones en torno a la libertad de expresin mantenidas a lo largo de los siglos reflejan la cuestin de si el Estado debe disponer tambin del "poder sobre las almas", adems de detentar el monopolio de la violencia fsica, hasta qu punto debe regular los medios de transporte de comunicaciones, la distribucin y el acceso al conocimiento, etc.

La comunicacin es el proceso y el resultado de la relacin, mediada por el intercambio de informaciones y sentimientos, entre individuos humanos, sus grupos y organizaciones sociales, instituciones, etc. Se trata del proceso de entendimiento, el cual se desenvuelve con el objetivo de facilitar la actividad social y transformadora del ser humano. A travs de esta actividad contribuye a la creacin, estabilizacin y modificacin de las relaciones y condiciones sociales. El objetivo final de la comunicacin es la comprensin de los seres humanos para la cooperacin en el conocimiento, empleo y/o modificacin de la naturaleza, a fin de garantizar su existencia y su desarrollo fsico y espiritual. En suma, la comunicacin contribuye a ampliar de la conciencia individual y colectiva y a mejorar la calidad de vida.

La democracia no es imaginable sin que los ciudadanos se formen sus opiniones y se informen adecuadamente. La informacin ms amplia posible sobre acontecimientos, opiniones y tendencias precede a la formacin de una opinin. Cuando la informacin est en manos de unos pocos, stos pueden utilizarla para someter a los muchos, hurtndoles as el conocimiento de la realidad social y sus posibilidades de modificarla. Por eso se dice que la informacin es poder.

Como bien se sabe, la informacin y la comunicacin se han convertido en un sector estratgico de la economa, la poltica y la cultura.

Todo lo que tiene que ver con la informacin y la comunicacin est relacionado tambin con el poder, la impotencia y la violencia. Los medios se interponen en los fines de la poltica y de la economa porque son muy aptos para ocupar el biotiempo de los sujetos. Por eso son un instrumento de poder. Como se trata de medios, la diferente posesin de los mismos constituye la desigualdad. La persona que carece de medios, o, ms exactamente, de medios de intercambio comunicativo, no puede hacerse entender. Es el perjudicado en el intercambio social, si es que llega a participar en l. Y no se trata de ninguna metfora. Hay que imaginarse al disminuido fsico o psquico, al ciego o al sordomudo, al analfabeto, y compararlo con el poltico, o el famoso, sobre el que se concentran cmaras y micrfonos, cuyas palabras se difunden a los cuatro vientos y penetran el pensamiento, las emociones y la accin de la gente. Si Marx tena razn cuando deca que la emancipacin era la reduccin de las relaciones al ser humano, la investigacin de los medios resulta entonces una tarea emancipadora.

El estudio de los medios debe entenderse, por consiguiente, como un campo de trabajo que aspira a una mayor precisin en la comunicacin y a un conocimiento ms profundo de sus causas. Su objetivo estriba en descubrir las condiciones de la libertad, o falta de libertad, concreta del hombre en la comunicacin pblica

El desarrollo de los medios en las democracias ha conducido a la concentracin incontrolable de los mismos en manos privadas. Las relaciones de poder se han hecho impenetrables, opacas. El capital internacionalmente fluctuante, ajeno al ramo, se apodera de la industria de la conciencia, como dicen unos, o de la tensin, como dicen otros. Hoy coloniza los canales de comunicacin de la democracia.

La expansin de la industria de los medios tiene por objetivo alcanzar de la forma ms rpida posible, a travs de los espacios ms amplios posibles, al mayor nmero posible de gente. El gasto tcnico para el mensaje individual se reduce proporcionalmente cuando el mayor nmero posible de receptores est conectado a la red. El telespectador cree que elige cuando aprieta el botn del televisor. Pero lo que elige es su conexin a un sistema heterodeterminado.

El poder de unos seres humanos sobre otros comienza con la apropiacin del biotiempo de los muchos por parte de los pocos. El tiempo es un factor de poder. Se suele decir que el poder es el que manda y no la opinin. Pero el poder slo puede imperar mientras las personas le entreguen su biotiempo y crean que deben someter su tiempo individual a ese poder.

Un joven francs del siglo XVI, Etienne de la Boetie, se preguntaba en el Discours de la servitude volontaire (1548): cmo es posible que tantas personas, aldeas, ciudades y naciones se sometan de vez en cuando a un solo tirano, que no tiene ms poder que el que se le d, que no puede causar ms males que los que ellos le permitan.

Tiene poder quien accede al tiempo de otros y rene para s el tiempo de muchas vidas humanas. En todas las culturas que en el mundo han sido tuvo poder quien reuna a su alrededor a muchas personas, quien dispona de muchos esclavos, de muchos campesinos que trabajaban para l, de muchos soldados que podan matar y morir por l. Y eso era as porque poda subordinar el biotiempo de los dems al suyo. En este sentido originario, el poder no es ms que un concepto poltico. Poderoso es el rico que compra a las personas con su dinero, el capitalista que se apropia del biotiempo de sus obreros haciendo que trabajen un determinado nmero de horas diarias para l. Pero tambin son poderosos los medios de comunicacin y las "estrellas" y "famosos" de todo tipo que acaparan el tiempo de miles y millones de seres humanos.

La tcnica de la comunicacin, acelerada a travs de las grandes distancias para grandes cantidades de receptores dispersos, conduce a la simplificacin de los signos en imgenes y abreviaturas lingsticas. De este modo reducen las posibilidades de descifrarlas, al tiempo que sobrecargan con nuevas abreviaturas la percepcin y exceden la capacidad de la memoria.

En el lenguaje, la metfora, como imagen lingstica, reduce el discurso. La imagen lingstica puede facilitar la comprensin, pero no contribuye en nada a la explicacin, ya que la expresin grfica introduce otro modo de representacin. Puede decirse entonces que cuanto ms corta y estereotipada sea la comunicacin, tanto mayor ser la violencia simblica y el poder de los medios, y tanto menor el significado que puede utilizar para s mismo el sujeto receptor.

Hoy da, la mayor parte de la comunicacin se hace a travs de los llamados medios de masas, que, como el trmino de "comunicacin de masas", no deja de ser un eufemismo. Como es sabido, ni las masas se comunican entre s a travs de esos medios ni stos son de las masas, sino de unos pocos que producen masivamente para las masas.

Produccin masiva significa produccin en serie, indiferenciada, simplificada y estereotipada. Como en la produccin comunicativa se trata de productos del pensamiento, de contenidos de conciencia, esta serializacin e indiferenciacin tiene tambin algo que ver con la produccin del pensamiento indiferenciado, acrtico.

La comunicacin estandarizada borra la distancia crtica del consumidor con su entorno, obstaculiza la reflexin necesaria para su conocimiento y dominio. De ah que refuerce el poder de los pocos al ocultar las contradicciones y conflictos, al suprimir la diferencia entre imaginacin y percepcin, deseo y satisfaccin, imagen y cosa. La sociedad productora y consumidora de comunicaciones simplificadas y estandarizadas es una sociedad de necesidades insatisfechas. Semejante sociedad se revela como presa fcil de los intereses autoritarios de los pequeos grupos productores.

Cuanto mayor sea el alcance (las audiencias) de los medios, tanto ms presionar la direccin por lo comn a la mayora , por lo no problemtico, cosa que se averigua con las tcnicas demoscpicas. Desde el punto de vista econmico, el punto medio est en lo que todos tienen en comn. En consecuencia, la produccin comercial de smbolos se reduce a la problemtica social del smbolo flico y al pecho femenino.

La utilizacin de los medios presupone siempre una manipulacin, esto es, una intervencin consciente en el material comunicativo con unos intereses muy concretos. Cualquier proceso de produccin comunicacional, desde la seleccin del medio, la grabacin, la mezcla, la realizacin y la distribucin, es una intervencin en el material existente. Lo que importa no es que los medios y los mensajes de la industria de la conciencia sean manipulados o no, sino quin los manipula y en provecho de quin, al servicio de qu intereses.

En lo que se llama "sociedad libre de mercado", el cometido de la industria de la comunicacin, como el de cualquier industria, estriba en producir beneficio, ms an, en estimularlo y, sobre todo, en manipular a la mayora de la poblacin de manera que no emprendan acciones contra el sistema de economa privada, sino que lo apoyen y extiendan. Si tiene xito, la gente no piensa en otros ordenamientos sociales ni, por consiguiente, se decide a cambiar el orden existente. Dicho en otros trminos, la funcin primordial de la industria de la comunicacin, la conciencia, el entretenimiento o como quiera que se la denomine, en la sociedad capitalista estriba en desorganizar y desmoralizar a los sometidos. Neutraliza a los dominados, por un lado, y consolida, por otro, la solidaridad con la clase dominante y sus intereses

Lo opuesto a esta comunicacin es la formacin de conciencia crtica y voluntad democrtica para el desarrollo multilateral de la personalidad humana. Para eso se requiere, entre otras cosas, la transformacin del sistema de produccin material y espiritual, del sistema de enseanza, la creacin de condiciones reales de acceso que permitan la libertad concreta de expresin para todos, la supresin de las medidas estatales que limitan estas libertades, el freno y la anulacin de la influencia de los monopolios y oligopolios en la formacin de la opinin pblica y en la cultura. Habra que convertir a las mayoras, al pueblo, en protagonistas de los medios, utilizando para la formacin de su opinin los ejemplos y modelos vivos, concretos, en todos los aspectos de la vida. El pueblo como protagonista implica que las mayoras trabajadoras elaboren sus noticias y las discutan.

Ahora bien, la informacin es, por su naturaleza, selectiva. No se puede publicar todo lo que acontece. Los peridicos y revistas tienen un espacio, un nmero de pginas, limitado. Otro tanto ocurre con los espacios y tiempos de la radio y la televisin.

Como es lgico suponer, cada uno selecciona de acuerdo con sus gustos, educacin, ideologa, intereses, necesidades, etc. Desde el punto de vista econmico, y en consonancia con el principio rector del orden imperante en la denominada sociedad libre de mercado, en comunicacin se produce, sobre todo, lo que se espera sea comercialmente rentable. Sus productos se ponen en el mercado como una mercanca ms, sujeta a las leyes del mercado. Se rigen, pues, por el valor de cambio. Deben hacer rentables las inmensas inversiones que esta industria requiere y aumentar los beneficios de sus propietarios. Sin embargo, la informacin y comunicacin que puedan contribuir a elevar el nivel de conciencia colectivo, a aumentar la calidad de vida, el valor de uso social, se relegan a un segundo plano o no se tienen en cuenta.

Sea como fuere, debido a la concentracin existente en esta industria de la conciencia, o del entretenimiento como la llaman otros, la verdad es que sobran los dedos de una mano para contar las agencias internacionales que seleccionan los acontecimientos y las imgenes que vemos en la mayor parte del mundo. Otro tanto vale decir con la produccin de pelculas o series televisivas, libros de texto, etc.

En suma, que estos pocos tienen el poder de definir la realidad para los muchos, de decirles lo que pasa, lo que es bueno y malo, lo que hay que hacer y no hacer, cmo hacerlo, etc. Este poder de fijar el programa social de cualquier comunidad es la clave del control social. Lord Nordcliffe, dueo de uno de los consorcios ms poderosos de peridicos de principios de siglo, lo explicaba as, sin pelos en la lengua: "Dios ense a los hombres la lectura para que yo pueda decirles a quin deben amar, a quin deben odiar y lo que deben pensar."

Y lo que nos cuentan suele ser casi siempre la historia de los otros, no la nuestra. Y si estamos ocupados en vivir la historia de los dems no tenemos tiempo de preocuparnos de la vida propia. Pues si nos ocupsemos de ella y descubriramos cmo la determinan otros, no nos quedaramos de brazos cruzados e intentaramos cambiarla a mejor.

Cuando la verdad no responde a los intereses del capital no se trata de mentir, sino de no decir la verdad. Este mtodo es ms difcil de ver para los lectores, oyentes y telespectadores. Se informa de modo selectivo, pero creible. sobre fenmenos, detalles, sin explicar la esencia del sistema, sin contexto.

Para preservar el sistema que es bueno para ellos, los ricos y poderosos invierten mucho en la persuasin. El control de la comunicacin, del intercambio de informaciones y sentimientos, contribuye de modo eficaz a legitimar el poder de la clase propietaria. Y es en este marco general donde actan los medios de comunicacin de masas.

Los medios sirven a muchos fines y desempean diversas funciones. Pero su papel principal, parejo con el de incrementar las ganancias de los pocos que los poseen, su indeclinable responsabilidad, estriba en reproducir una visin de la realidad que mantenga el actual poder econmico y social de la clase dominante. Su objetivo no radica en producir una ciudadana crtica e informada, sino el tipo de gente que vota a G. Bush o a J. Gil y Gil. Su meta es cerrar el clima de opinin marcado por la minora que domina el mundo del dinero, los negocios, el gobierno, las iglesias, las universidades, etc., puesto que casi todos ellos comparten la misma concepcin de la realidad econmica.

Las tcnicas para conseguir la uniformidad de las opiniones, el pensamiento nico, son muchas y muy diversas. Y, aunque no sea ste el lugar ms apropiado para exponer los subterfugios utilizados en la manipulacin de las conciencias, s conviene recordar que son los propietarios de los medios de comunicacin y los directores puestos por ellos los que tienen la capacidad de seleccionar y publicar, de dar a conocer a los dems los aspectos de la realidad ms acordes con sus intereses. Los pocos tienen as el poder de definir la realidad para los muchos y de producir las informaciones que dificultan a la mayora de los ciudadanos el conocimiento y la comprensin de su entorno, la sociedad en que viven, as como la articulacin y expresin de sus necesidades e intereses.

En este sentido, los medios pueden dirigir efectivamente la percepcin de la realidad cuando no se dispone de informaciones en contrario. Y, aunque los medios no puedan moldear cada opinin, s pueden enmarcar la realidad perceptiva en torno a la cual se forman las opiniones. Aqu radica tal vez su efecto ms importante: establecer el orden del da para todos, organizando el espacio de lo pblico, las cuestiones en qu pensar. En suma, los medios establecen los lmites del discurso y de la comprensin del pblico, del pueblo. No siempre moldean la opinin de todos, claro est, pero tampoco tienen por qu hacerlo. Basta con legitimar ciertos puntos de vista y deslegitimar otros.

El resultado es un pensamiento nico, uniforme, acrtico, y, por consiguiente, la falsa conciencia. Quienes creemos que la falsa conciencia existe realmente sostenemos que las preferencias de la gente pueden ser producto de un sistema econmico, poltico y cultural contrario a sus intereses, y que stos slo pueden identificarse legtimamente cuando la gente sea plenamente consciente de su eleccin y libre y est capacitada para elegir.

Hay ciudadanos con quejas justificadas, como empleados, contribuyentes y consumidores, que dirigen su indignacin contra los desvalidos que se aprovechan de la beneficencia y no contra las empresas que reciben miles y miles de millones en subvenciones. Estn a favor de elevados presupuestos de defensa, de la industria armamentista y de las empresas contaminadoras, mientras denostan a quienes se manifiestan por la paz y contra la contaminacin.

Expertos comentaristas conservadores se encargan de alimentar su confusin atacando, por ejemplo, a las feministas y a las minoras en vez de a los sexistas y racistas, a los pobres en vez de a los ricos que crean la pobreza. Para ellos, el problema son los pobres y los inmigrantes. Los vctimas y los efectos se toman por la causa.

La falsa conciencia existe, y en cantidades masivas. Sin ella, los de arriba no se sentiran nada seguros.

Lo cierto es que slo quien posee los medios puede regular el conocimiento y el desconocimiento. Ante la concentracin del poder comunicacional, no es de extraar que las opiniones sean bastante uniformes, igual que los programas polticos.

Y lo que ensean estos pocos suele ser la fuerza de los poderosos. El derecho del ms fuerte se aprende antes que los derechos humanos. S, el principio de la humanidad no puede abrirse camino frente a la presentacin diaria del puetazo, el asesinato y el fraude, que entra en los domicilios a cualquier hora del da como liturgia de la violencia, en donde los telespectadores, cansados de la tensin que viven puertas afuera, se quieren relajar en la relativa comodidad de su cubil. La filosofa de la supervivencia del ms fuerte penetra toda la reproduccin del entretenimiento, ya sea en el deporte o en la economa de libre mercado. Y es especialmente atractiva para quien apenas sabe contar, leer o escribir.

La tcnica no permite el dilogo, puesto que el medio refina el principio asambleario condenando a los participantes a ser mirones mudos. Contemplan el aparato como un mueble que les pertenece. Mientras que los comunicadores conciben a quienes estn frente a ellos como magnitudes estadsticas. La calidad no se puede averiguar as, porque la encuesta del promedio y del nmero de ventas excluye de la calidad otras calidades.

Las comunicaciones tcnicamente facilitadas (gracias a las TIC) refuerzan las posiciones de los pocos detentadores ocultos del poder. Pero no pueden impedir que las contradicciones surjan en mltiples grupos pequeos por motivos muy diversos. No pueden impedir que de la contradiccin se obtengan nuevos conocimientos acerca de los nuevos medios, tan complejos desde el punto de vista tcnico y poltico. Pero la libertad se basa en el conocimiento de la necesidad, como apunt B. Espinoza y tan bien recogi F. Engels.

Es casi obvio que los medios de comunicacin se consideren instrumentos que ocupan el biotiempo de otros con mensajes propios y se los impongan como respuesta a sus renovadas carencias. La expresin "poltica de medios" designa la lucha por los medios de comunicacin, la poltica de medios quiere decidir quin debe disponer de los medios de violencia psicolgica, quin debe estar en condiciones de aplicar la coaccin directa y sutil que viene dada por la dependencia humana de las relaciones sgnicas. Libertad de expresin es en tima instancia libertad de acceso.

La poltica de medios es la premisa de todas las dems polticas, y la disposicin de medios equivale a la disposicin de la polica para imponer la violencia fsica.

Comunicacin y dominio muestran tendencias diversas. La primera persigue la difusin abierta, el segundo la limitacin a una intencin determinada, a la "poltica de informacin" que quiera propagar. Surge aqu la cuestin de la calidad democrtica de los conceptos en la poltica de medios.

En tanto la democracia se fundamenta en la conciencia colectiva, ella es la que decide, mediante la mayora, sobre la validez de los baremos derivados de la conciencia colectiva. De este modo estimula el surgimiento de otras ideas que se oponga a las vigentes. Esta es la gran ventaja de la democracia frente a los estados autoritarios, a saber, que no reconoce ninguna autoridad absoluta.

Hasta que no se logre relativizar las formas sutiles de la violencia simblica no se ampliar el poder del conocimiento en el conocimiento del poder. Los medios psquicos y fsicos que emplea la poltica para someter a los ciudadanos persiguen la regulacin de la comunicacin.

Se suele hablar de los "medios de masas" como de seres superiores que ejercen un poder insuperable. La democracia intenta controlar este poder aparentemente insuperable mediante comisiones y gremios de control. Pero esto no puede tener xito porque estos rganos de control se suman a la oligarqua existente. La disolucin de la oligarqua en la comunicacin pblica, eso que se denomina ilusin de la libertad de expresin, es el mandamiento (precepto, orden) de la autodeterminacin democrtica.

Si el tiempo libre debe ser el "reino de la libertad" pronosticado por Hegel y Marx, hay que tomar la resolucin de llevarlo a la prctica. Dado que en nuestro entorno persisten muchas amenazas, poderes ajenos y coercitivos, la mejora de la calidad de vida implica la mejora constante del entorno.

La investigacin de la comunicacin de masas es, sobre todo, investigacin de encargo. Siguiendo decisiones polticas y empresariales plantea cuestiones que no se plantean fuera de la utilidad poltica-empresarial. En consecuencia, la investigacin no slo baila en torno al becerro de oro, y no slo como forma dominante de comunicacin, sino tambin como forma racional. Economa y poltica refinan, pues, con ayuda de la ciencia dependiente, los medios de esta violencia para aplicarlos en la propaganda y en la industria del reclamo.

No se trata de publicidad, esto es, de crear pblico, audiencias, sino de la publicacin de procesos de conocimiento que ayuden a hacer visibles las contradicciones entre los conceptos y las situaciones reales. Slo as experimentaremos lo que puede significar calidad de vida.

Frente al criterio rector de rentabilidad financiera, valor de cambio, criterio de rentabilidad social, de calidad de vida.

La tesis que aqu interesa es la de la mediacin de la conciencia colectiva, Transciende la relativizacin del correspondiente poder de disposicin porque slo se puede mediar lo que se conoce. De aqu se derivan segn H. Pross, las consecuencias siguientes:

1) La categora central es el acceso, esto es, el despliegue (desarrollo) de la actuacin simblica, como la primera movilidad.

2) El acceso no depende de la capacidad comunicativa, es su premisa. De lo que se trata es de la comunicacin emprica con sus factores de auto y heterodeterminacin. La poltica de comunicacin exige ampliar la capacidad comunicativa.

3) Participamos en la conciencia colectiva como en la conciencia de otros. Los otros dependen del intercambio tanto como nosotros, aunque de otra manera. Son ellos los que nos comunican algo. Y piden una respuesta. Objetividad significa dedicacin a los otros, preguntar y responder. No basta con garantizar constitucionalmente la libertad de expresin. Hay que preguntar de qu medios de expresin se puede disponer en la prctica.

4) La poltica de comunicacin se presenta as como la intencin de reducir la heterodeterminacin en comunicacin. Pero hay que tener cuidado con las consecuencias polticas que pueda tener la pretendida mejora de la capacidad comunicativa. Es fcil demostrar la coaccin y el miedo, pero es muy difcil demostrar si los ha ocasionado la intervencin directa o el entorno simblico. La maximizacin del beneficio y la voluntad de poder no pueden excluirse como impulsos de la poltica de medios. Mas no son especficos de stos. Lo especfico de los medios de comunicacin son comunicacin y respuesta.

Para aproximarse a una sociedad de hombres y mujeres libres, sociedad que jams ha existido en la historia, hay que incrementar la participacin de la mayora en el producto de su trabajo y reducir la de la minora. Pero lo que ocurre es precisamente lo contrario. Bienestar significa disponer de cosas, dominio es disponer de las personas, y, en el caso de los medios, de su biotiempo.

La bsqueda de la verdad depende del uso lingstico condicional, de la reflexin y cognoscibilidad del sujeto y predicado. De eso se nutre el discurso crtico y la claridad entre pregunta y respuesta. La claridad del lenguaje hace que el pensamiento est ms abierto a la valoracin relativizadora. Esto no es bueno para los poderosos. As que hay que eliminar las frases en condicional, suprimir el subjuntivo, el predicado se escurre en una substantivacin y aparece en lugar del sujeto: no debe averiguarse quin acta. Los sujetos responsables desaparecen en las instituciones que representan. Pero lo que manifiestan es un uso lingstico absoluto : a partir de cierto nivel ya no se opina sino que se afirma y declara, igual que la oferta se convierte en ley de la "economa" en el lenguaje publicitario, y adems, con apariencia de objetividad.

La tesis de partida que aqu se defiende es la de que esforzarse por un estilo mejor es esforzarse por la creacin de relaciones ms democrticas. Relaciones ms democrticas son aquellas en las que se ampla el nmero de personas capaces de exponer e imponer sus intereses e intenciones. Esto significa que, a partir de cierto nivel, son capaces de autogobernarse. El placer de gobernarse a s mismo aumenta con las informaciones acerca de lo que otros hacen mal y por qu lo hacen.

Como es sabido, los periodistas suelen tener problemas con las autoridades. El buen estilo se caracteriza por su claridad. Y las autoridades no suelen estar muy interesadas por la claridad. Por lo que sta entra a menudo en contradiccin con aqullas. El buen estilo facilita a los lectores su orientacin en el mundo.

Los textos se han prohibido y se prohiben porque las palabras pueden ser peligrosas para los opresores e inquisidores de turno. La peligrosidad de las palabras radica en su fuerza de conviccin, que se deriva de su concordancia con la realidad.

Cuanto ms concuerde una frase con las experiencias de quien la lee o escucha, tanto ms convincente ser. Convencer significa inducir a alguien a adoptar una actitud que antes no tena. Cuando se demuestra la realidad tal como es, se indica al mismo tiempo lo que hay que modificar en ella. Por eso, el texto bien escrito es aqul que presenta la realidad de un modo tan claro que el lector reconoce en l sus intereses. El buen estilo aprovecha al lector. Distingue con mayor claridad los diversos intereses. Los lectores no pueden autogobernarse si no conocen sus intereses.

El desplazamiento del condicional por futilidades absolutas es un medio de poder en la disputa por la preservacin o supresin del dominio. La reduccin tcnicamente condicionada de las expresiones oculta las condiciones sociales tras un velo de mensajes aparentemente objetivos que no son ningunas informaciones en el sentido de reduccin de la ignorancia, sino sentencias de escaso alcance intelectual.

Desde la "brevedad lacnica" que vincula la orden con la economa de seales, la expulsin del pensamiento fuera del lenguaje le ha venido siempre bien a los gobernantes. Todos los imperios llegan hasta donde lo hacen sus medios de comunicacin. En la era en que las redes electrnicas cubren toda la superficie de la tierra, el poder de los explotadores de los medios aumenta de modo correspondiente.

Todo el mundo sabe que las comunicaciones breves y fugaces deben percibirse rpidamente, pero que slo se pueden reconocer paulatinamente pidiendo ms informacin y haciendo preguntas. El pblico al que le est permitido or y ver, pero que no puede leer, ve limitada su emancipacin. Lo que se tiene en negro sobre blanco y se puede llevar tranquilamente a casa slo es el principio de la comunicacin. Proclamar lo ledo, publicarlo, es el segundo paso, sin el que el primero carece de sentido. Es la palabra la que hace vivir las letras muertas. La emancipacin no se demuestra apretando un botn de la radio o la televisin, ni cambiando de canal cada dos por tres, sino nica y exclusivamente tomando la palabra y pronunciando el mundo como es .

Este mecanismo apunta a un orden econmico que ya no pretende satisfacer necesidades, sino crearlas. Los mensajes de los medios de masas, acoplados a la industria de la sugestin del reclamo comercial, despiertan en los receptores falsas expectativas. Deben buscar la salvacin donde no puede estar: en el consumo de los milagrosos mundos de los medios. Como afirma Pross, tal vez la explotacin de la tierra, de los tesoros de la naturaleza, haya llegado tan lejos que la industria tenga que recurrir ahora a la explotacin del alma de los hombres y mujeres. Los esfuerzos se dirigen ahora no tanto a explotar la fuerza de trabajo como a estimularla fisiolgica y psicolgicamente para crear las necesidades que hacen girar esta rueda de la denominada "sociedad libre de mercado", o sea, del capitalismo.

Descubrir las contradicciones, analizarlas y comentarlas sigue siendo el gran cometido. La receta consiste en mantener la debida distancia ante los temas y el compromiso con el pblico, esto es, el pueblo.

Si la capacidad diferenciadora de los grandes medios y de la comunicacin institucional, acadmica, no puede o no quiere plantearse preguntas en el sentido ilustrador aqu expuesto, la inteligencia humana tiene que utilizar otros medios para hacerlas. La magnitud decisiva es siempre la sociedad polifactica de la poblacin, el mundo multicolor de los movimientos pupulares, de los lectores y no lectores, negros y rojos, hombres y mujeres, etc.

Si la comunicacin organizada de los grandes medios peridicos y de las instituciones no indagan los conflictos ni se los cuestionan, stos estallarn de una manera o de otra. Los medios de comunicacin son tiles mientras verbalicen los conflictos latentes antes de que empiecen a volar las piedras y la fuerza bruta desplace a la dialctica de pregunta y respuesta.

Plantear ahora preguntas incmodas, provocadoras, significa hallar las respuestas de maana. Omitirlas equivale a no cumplir debidamente la profesin de comunicador o de formador de comunicadores.

Si, como afirma Pross, es cierto que los medios tienen una dimensin cognitiva, y si conocimiento y reconocimiento son asunto de la comunicacin pblica, y si sta media la conciencia colectiva, entonces lo que hay que investigar es esta dimensin cognitiva. Hay que ver cmo se amplia y protege. La lealtad no rige para las mximas polticas y econmicas, sino que el lema es el conocimiento, la maximizacin del conocimiento. Porque como deca nuestro entraable Faustino Cordn :"La nica manera de ser feliz es entender la realidad para dominarla".



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