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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2006

Resea del libro homnimo de Jos ngel Fernndez Lpez (edicin propia)
Historia del campo de concentracin de Miranda de Ebro (1937-1947)

Blas Lpez-Angulo
Rebelin






(Foto de Jos ngel Fernndez Lpez)


Claritas aguas del Ebro
rojillas van a Aragn;
el llorar de los prisioneros
las tien de ese color


Es la jota del algn maico que, para su pesar, conoci aguas arriba del Ebro este campo de sangre, sudor y lgrimas, por los tiempos mismos en que fue clebre la mxima de Churchil. Pero si hubiera podido cantar libremente, verdad que no eran las lgrimas, sus lgrimas, sino la sangre, la de los suyos, lo que tean rojillas las aguas de su Ebro querido?

Jos ngel Fernndez acaba de publicar la segunda edicin (propia) de una obra colosal sobre el campo de concentracin de Miranda de Ebro. Una labor ingente que le ha ocupado muchos aos. No es un historiador profesional, pero aqu estn los resultados. En esta resea pretendemos dar buena cuenta de sus laboriosas investigaciones. Justo en un ao que conmemora el sexagsimo cumplimiento del fin de la segunda guerra mundial, la liberacin de otros campos de an ms triste recuerdo, pero con todo menos longevos. Han tenido que pasar 60 aos para que los nietos de espaoles y alemanes se estn atreviendo a levantar el archivo definitivo de sus mayores.

El rpido avance tras la ofensiva del Norte ocasion la detencin de 14.000 prisioneros. Como quiera que las crceles eran insuficientes se habilitaron conventos, colegios, teatros, almacenes y hasta la propia universidad de Deusto. Claro, que hasta entonces no hubo tal problema porque no se hacan prisioneros. Un ao antes, en agosto del 36 el general Yage justific el fusilamiento de miles de rojos en la plaza de toros de Badajoz. (Para su suerte, nunca tuvo que dar cuentas de aquella matanza, como tampoco el resto de sus colegas). Ante las protestas internacionales, incluido el Vaticano, se crearon por orden sin regulacin legal y contra toda legtima legalidad- los campos de concentracin para prisioneros de guerra. Hacinados en vagones de ganado por ferrocarril, Miranda de Ebro se presentaba como el mejor destino en la retaguardia septentrional.

Se les clasificaba provisionalmente en Afectos, Desafectos o Dudosos, mientras se investigaban sus supuestos crmenes poltico-sociales. Haba como dice Delgado Iribarren que desinfectarlos en el orden poltico y religioso, con un rgimen de vigilancia y reeducacin, que inclua Batallones de Trabajadores, esto es, el trabajo forzado o mano de obra barata, segn se mire, en la reconstruccin de tneles, vas frreas, puentes, carreteras, fortificaciones, etc.

La organizacin y burocratizacin sigui el ejemplo (!) alemn, siendo supervisados por Winzer, miembro de las SS y de la GESTAPO, que sera nombrado su responsable en Espaa. 42.000 m2 junto a la lnea frrea Castejn-Bilbao y el ro Bayas para 4.000 presos.

En su prolongada vida el campo tuvo tres etapas, en funcin del origen de los prisioneros que alberg. En una primera la peor- eran republicanos y de las Brigadas Internacionales; en una segunda, se sumaron extranjeros procedentes de los pases aliados, que haban entrado ilegalmente en suelo espaol durante la segunda guerra mundial; y en una tercera y ltima, sus huspedes fueron oficiales y soldados alemanes, que en unin de colaboracionistas, buscaban refugio en nuestro pas tras el hundimiento del III Reich. A partir de 1943, fue el nico que subsisti en todo el Estado espaol. Desde el 41 pas a llamarse Depsito de Concentracin, dado que con su internacionalizacin, haba que mitigar la mala prensa de la Espaa franquista tras los aos de guerra civil.

Son muchos los testimonios de sufrimientos: Durante mi estancia en el campo de concentracin de Miranda, los presos vivamos permanentemente atemorizados (Flix Padn, miliciano de la CNT). Un captulo especial de vejaciones sufrieron los sacerdotes vascos. Adems de insultos y palizas, castigados a tirar de rodillo durante todo el da, sin comer, fueron particularmente crueles las recibidas por el ecnomo de Laucariz: lo desnudaron ante mujeres. Le hicieron bailar en un tablado, coreado con gritos de baila, cura rojo. Le afeitaron las partes genitales. Falleci con graves secuelas psquicas, a los 44 aos, ingresado en un manicomio.

Sobre la dureza del campo en una entrevista que hice al autor para el peridico Diagonal Jos ngel citaba este pasaje especialmente revelador del libro: Los fallecimientos en los primeros meses llegaron a ser cuantiosos. El intenso fro que tuvimos que padecer aquel crudo invierno de 1937/38; adems del tifus, la tuberculosis, disenteraetctera, dieron como resultado que las muertes fueran innumerables. Diariamente, los cadveres eran envueltos en una manta y sacados por cuatro prisioneros al exterior, depositndolos en la parte izquierda del campo, desconociendo cuales seran sus destinos

La huelga de hambre ocurrida en 1943 marc un antes y un despus en la historia del campo. Recojo sintticamente las palabras del autor:

- En el 43 el campo estaba saturado. Ante las quejas, los oficiales espaoles contestaban con la palabra maana. Como pasaba el tiempo buscaron la forma de hacerse or fuera. Los polacos, cuya legacin en Madrid haba sido cerrada, fueron sus principales organizadores. Consiguieron que los menores de 18 y mayores de 40 fueran puestos en libertad, mejorar su habitabilidad pues sus 4000 prisioneros excedan con mucho su capacidad.

Del ltimo periodo (1944-47), el de los nazis y colaboracionistas, es evidente la complicidad del franquismo. En cuanto a las rutas de evasin por los monasterios est comprobado nos dice Jos ngel- que organizaciones religiosas acogieron a los nazis, como es el caso de Kutschmann, en cuyo pasaporte figuraba un carmelita de apellido Olmo. Alguno se qued aqu protegido por Franco como Degrelle en Fuengirola.

Antes del anexo documental y de fuentes concluye la obra con una recapitulacin de los diez aos de la existencia del campo, con el recuento de sus jefes y capellanes, alguno de ellos de muy siniestra memoria, de las fugas, fallidas y trgicas las ms y pintoresca alguna como la del disfrazado de guardiacivil-, relacin de fallecidos, fichas mdicas de enfermedades, etc.

A lo largo de sus ms de 500 pginas DIN A4 (tamao folio) y de sus cientos de fotos, reconstruye muy vivamente lo que debi ser su cotidianidad, recogiendo aspectos como el estraperlo de la poca, tambin presente, las nacionalidades de los reclusos -hasta 57!-, las personalidades relevantes numerosas por los cargos que despus ocuparon en gobiernos como el francs o eminentes cientficos-, o personajes curiosos y extravagantes, que tambin los hubo como el famoso Joe Carson o Boby Barrow. No es de extraar, por tanto, que el ltimo Premio Ramn LLull, LLuis-Antn Baulenas se haya surtido de todo esto para recrear el campo de concentracin de Miranda de Ebro en su novela Per un sac dossos (Por un saco de huesos).

Cedo nuevamente la palabra a Jos ngel Fernndez para terminar con las suyas: Para m, no se entiende el papel de Espaa durante la Segunda Guerra Mundial si no se conoce la historia de este campo de concentracin, puesto que segn iba evolucionando el conflicto blico en Europa aqu suceda lo mismo; particularmente, en el tratamiento a los prisioneros. ste fue muy diferente en el ao 43 que en el 40, y mucho ms benevolente an, tras el desembarco de Normanda que haca inminente la cada del III Reich.


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