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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2006

Primer aniversario del secuestro de la periodista italiana en Iraq
4 de marzo, un ao despus

Giuliana Sgrena
Il manifesto

Traducido por Gonzalo Hernndez Baptista


Hace ahora un ao que escrib en Il manifesto "El mes ms largo", artculo en el que contaba mi secuestro. Ya ha pasado un ao: meses de sufrimiento fsico (pero no slo fsico), de esperanza por quitarme el sambenito de la "secuestrada", de poder al fin digerir el luto. Cuando, de pronto, en el aniversario de mi secuestro, el 4 de febrero, el reloj se ha puesto a correr hacia atrs, como un loco. De repente me parece que los meses pasados se hayan esfumado: cada da de este febrero me ha devuelto al pasado, a hace un ao. Regresan a mi memoria momentos absolutamente insignificantes de mi reclusin, que cre enterrados para siempre. Cada gesto me abre una ocasin para recordar, incluso el irme a la cama y cubrirme con las sbanas para protegerme del fro, o del miedo. Intentando no pensar, he cruzado Italia y Alemania, de punta a punta, para hablar de mi libro Fuoco amico, que no es otra cosa que mi dramtica experiencia estrechamente relaccionada con la situacin de Iraq, y sta es verdaderamente ms dramtica cada da que pasa.

En este mo vagar he encontrado mucha gente, mucha solidaridad, mucha conmocin. Jvenes y mujeres que lloran como yo ante mis emociones, ante mis recuerdos de Nicola Calipari, ante el hecho de que esta tragedia me impide verme completamente libre. Mi vida ha cambiado. "Cmo?", me preguntan tantos. He cambiado por dentro: es difcil explicarlo: inseguridad, miedos, pesadillas, que me obligan a vivir slo el da presente, incapaz de establecer proyectos. En la calle, la gente tambin me mira, me saluda o simplemente me sonre. Alguno me mira con ojos amenazadores, quiz ni siquiera sepa quin soy, pero yo me echo a temblar. Es una notoriedad repentina que nunca he buscado, que me condiciona. A veces me hace entrar en un papel del que no me puedo librar. " Y qu pueden hacer los pacifistas?", me preguntan. A veces me respondo que mi secuestro les ha dado un empujn para salir a las calles. El 19 de febrero de hace un ao se manifestaron ms de 500.000 personas, me han explicado. "Y ahora?" Parece que nadie ha sabido recoger el guante, una oportunidad de volver a ser los protagonistas. Esperemos que la manifestacin del 18 de marzo sea la ocasin. Hay muchos jvenes universitarios que han hecho sus tesis sobre mi secuestro, sobre m misma, sobre la guerra y la informacin. Me dicen que yo soy para ellos un "modello a seguir", lo cual, a su vez, es para m una satisfaccin tras las crticas de algunos periodistas. Pero incluso represento "una gran impotencia". Ya no se puede ir a Iraq para informar. La informacin est totalmente militarizada con la institucionalizacin de los periodistas "empotrados", que acompaan a las unidades militares al frente. "Qu hacer, pues?" Debera desaconsejarles que emprendieran este camino, sin embargo les respondo que no podemos rendirnos, que la informacin puede servir para derrotar la lgica de las guerras. Debemos alimentar y encaminar el entusiasmo de los jvenes, antes que aplastarlo.

En los aos pasados, cuando iba presentando por varios sitios mis libros, slo daba con algunos admiradores, y era difcil llenar la sala. Siempre haba algn motivo por el que la participacin era limitada: la lluvia, el coincidir con otras iniciativas, el horario, etc. Ahora las salas son cada vez mayores y rebosan de caras nuevas, gente que espera, gente con esperanza y curiosidad. Y esto no sucede solamente conmigo. Entonces qu es lo que est sucediendo con Iraq? Me duele que los acontecimientos de estos das confirmen lo que haba escrito basndome simplemente en la observacin de la realidad. Como la guerra civil reptante que ahora ha explotado con toda su violencia y que parece sorprender hipcritamente a quienes han favorecido su desarrollo. Y me pregunto si alguna vez se llegar a saber todo sobre la muerte de Nicola Calipari. La conmocin por su muerte sigue todava viva entre la gente. Y tambin las ganas de saber la verdad. La magistratura ha dado un primer paso, importante, incriminando a Mario Lozano, el nico soldado que segn el informe de la comisin militar americana, habra disparado contra nosotros, por homicidio voluntario. Para que la labor de la magistratura pueda seguir adelante es necesario que colaboren las autoridades Usa. Y esto requiere una fuerte presin poltica, que por supuesto no podemos esperar que llegue de la mano del este Gobierno, ya que el ministro de Justicia, Castelli, nunca ha hecho nada para obtener una respuesta a la rogatoria. Y ayer, el ministro de Defensa. Antonio Martino, durante la conmemoracin de Calipari, ha dicho que el designio divino ha matado al dirigente del Servicio Secreto, y no el fuego americano. Martino ha ido incluso ms all del Gobierno americano, que haba hablado de un "fatal accidente". Luego, por suerte, Gianni Letta, le ha desmentido.

Hoy, 4 de marzo, mi mente regresa a Baghdad. Vuelvo a pensar al fuego que nos ha herido, a la breve alegra seguida por un gran dolor por la muerte de Nicola. No podemos rendirnos hasta que no desvelemos la verdad. Descubrir la verdad forma parte de nuestro trabajo. Y tengo la esperanza de poder volver pronto a Iraq, a ejercer de periodista, como siempre he hecho.

http://www.ilmanifesto.it/Quotidiano-archivio/04-Marzo-2006/art4.html



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