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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2006

J. G. Ballard: El consumismo lo gobierna todo

Osvaldo Espino e Isidro Lpez
www.ladinamo.org

El escritor britnico J. G. Ballard (Shanghai, 1930) pas parte de su infancia internado en un campo de concentracin japons durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de los aos sesenta revolucion el gnero de la ciencia ficcin con una serie de historias ubicadas en un futuro inquietantemente cercano en el que los personajes se mueven en un paisaje desolador de playas desiertas, edificios abandonados, comunidades cerradas y autopistas; un mundo ambiguo en el que los espectros de siniestras tecnologas y los sueos que el dinero puede comprar se mueven en un paisaje de comunicaciones. Desde entonces su influencia y prestigio crtico no han dejado de crecer. LDNM ha hablado con l.


Qu peso tuvo en su escritura su niez en Shangai y sus experiencias durante la guerra con Japn?

Enorme. Experiment un adelanto del fin del mundo.

 

En su primera triloga El mundo sumergido (1962), La sequa (1965), y El mundo de cristal (1966) trabaja sobre metforas de la catstrofe en trminos externos y psicolgicos. Cmo cree que afecta al paisaje interior la amenaza de catstrofes sociales y ambientales a gran escala?

Creo que estn ntimamente relacionados. Muchos de los testigos presenciales del huracn Katrina en Nueva Orlens utilizan metforas psicolgicas para referirse a la devastacin. Creo que en todas partes del mundo la gente percibe en las catstrofes fsicas como los tsunamis y los terremotos una dimensin psicolgica muy fuerte. En realidad estas catstrofes slo tienen sentido en trminos de su efecto sobre la mente.

 

En esta misma triloga, los personajes reaccionan al paisaje catastrfico aceptando las nuevas condiciones en lugar de huir de ellas. Usted siempre ha defendido que este es un desenlace optimista, por qu?

Porque estn satisfaciendo una lgica inconsciente, las necesidades profundas de la mente humana. En la vida cotidiana nos falta algo que buscamos en las escalas temporales de la biologa y la geologa, que son las que nos ligan a los reinos biolgico y mineral.

 
Usted ha trabajado mucho sobre las clases medias. Estn abocadas a un callejn sin salida ideolgico, en el que intentan huir de las condiciones sociales que las han creado como grupo social, mediante el acceso restringido a pisos de lujo, complejos vacacionales o colegios privados? Es la obsesin por la seguridad un sntoma de este rechazo de la realidad social?

No hay duda de que las clases medias se sienten amenazadas. Durante los ltimos doscientos aos han gozado de un estatus privilegiado que ahora se ve amenazado por un orden social que se alimenta de la discontinuidad. Su nfasis tradicional en la educacin, los buenos modales o el acceso privilegiado a profesiones como la abogaca o la medicina est amenazado por una forma mucho ms populista de entender la cultura. La obsesin con la seguridad, con las comunidades cerradas, es un sntoma de todo esto.

 

Entonces, por qu sita sus historias en esas tierras de nadie que son los polgonos empresariales, las comunidades cerradas o los complejos tursticos?

Estas son hoy las zonas claves, los lugares donde se estn produciendo los cambios psicolgicos ms importantes. Son entornos completamente nuevos que no deben nada al pasado y que exigen un tipo muy especializado de conducta.

 

En relacin con esta sensacin de inseguridad, a menudo ha descrito explosiones de violencia nihilista de clase media, estallidos que presenta como un reverso oscuro del consumo de masas y la desesperacin ciega que provoca. Cree que las clases medias estn atrapadas entre el lenguaje del consumo y el de su educacin y han perdido la capacidad de articular un discurso poltico?

La gente de clase media era la espina dorsal de la sociedad. A cambio de ciertos privilegios empleo, seguridad, buenas pensiones, salarios por encima de la media que les daban acceso a la educacin privada ofrecan responsabilidad social. Mantenan el impulso de la sociedad. Se encargaban de las profesiones de prestigio, del funcionariado o de las fuerzas armadas. Ahora se estn empezando a dar cuenta de que han sido explotados en muchas formas semejantes al antiguo proletariado. As que estn retirando su buena voluntad y muchas de sus protestas parecen romper deliberadamente con su antiguo carcter responsable, es el caso de las protestas contra la proliferacin nuclear, a favor de los derechos de los animales, contra las nuevas autopistas y el coche (especialmente contra los todoterrenos, los coches de clase media por excelencia).

 

En sus novelas (con la excepcin de Sper Cannes), el trabajo est relativamente ausente si se lo compara con la importancia que ha dado al ocio como medio de producir descripciones de la sociedad actual...

El ocio es el nuevo trabajo. Los estilos de vida definen a la gente antes que su trabajo. Vivimos una cultura del entretenimiento movida por una sucesin muy rpida de las ideas. Las industrias gigantes del entretenimiento permiten que la gente se interprete a s misma continuamente.

 
Usted escribi un prologo a Crash (1975) en el que relacionaba la novela con un contexto en el que los accidentes de coche son un cataclismo pandmico institucionalizado en todos los pases industrializados, que mata a cientos de miles de personas cada ao y deja lesionados a otros tantos millones. Este es el nico prologo que ha publicado. Est este cataclismo pandmico tan institucionalizado que es casi invisible y necesita ser recordado para evitar una mala interpretacin de la novela?

S, en torno a dos mil americanos han muerto en Irak, una prdida trgica de vidas, pero que resulta minscula si se compara con los treinta mil o ms que mueren cada ao en accidentes de coche. Si el mismo nmero de personas muriera en accidentes de avin se impedira volar a todas las lneas areas del mundo. Somos extraamente tolerantes con las fatalidades de los accidentes de coche. Por qu? Quiz haya atracciones ocultas que tienen que ver con obsesiones primitivas en torno a la muerte y el dolor. Crash tambin tena en cuenta la forma en la que la tecnologa (el coche y el accidente de coche) funciona como un catalizador de los impulsos perversos de la mente humana. En Crash el accidente de coche funciona como una especie de sacramento religioso.

 
En libros como Rascacielos (1973) y La isla de cemento (1974) parece explorar la ciudad moderna como un lugar donde los vnculos sociales tradicionales ya no son vlidos y la comunidad est muerta. En ambos libros se produce una vuelta a un individualismo feroz. Se trata de una representacin hipottica de una forma de individualismo primitivo anterior a la comunidad?

Las ciudades siempre se han alimentado de la discontinuidad: trabajamos a cinco millas de donde vivimos, compramos en un barrio, vemos pelculas en otro, visitamos a nuestro mdico en un tercero y vamos al colegio en otro diferente. Nuestros amigos y familia pueden estar diseminados en una superficie de docenas de millas. An as, mantenemos un sentido virtual de la comunidad. Este sentido est desapareciendo porque nos estamos replegando sobre nosotros mismos debido en parte a fenmenos como el terrorismo urbano, que hacen de cada lugar de la ciudad un sitio potencialmente peligroso. Inevitablemente, nos afecta un miedo ms primitivo que conlleva el temor y el odio a los extraos, la aprobacin de la violencia y dems.

 
Si estos son los cambios que se estn registrando en el paisaje interior de la ciudad A que se refiere cuando habla de suburbanizacin del alma?
A una uniformizacin terrible impuesta por una sociedad conformista y, en gran medida, sin clases. Esta sociedad no est regida por las convenciones sociales como antao sino por los dictados de los publicistas, los grandes centros comerciales de la periferia y todos aquellos que definen conjuntamente el nico modo de vida aceptable. Ya no estamos hablando de las antiguas zonas suburbanas donde veas moverse las cortinas porque tu vecino te estaba espiando desde la ventana de arriba, donde estar divorciado o haber sido condenado por robar en una tienda te llevaban al ostracismo. Ahora vivimos en un nuevo tipo de suburbio en el que ests obligado a tener el equipo correcto para hacer barbacoas, el modelo correcto de TV de plasma o la marca correcta de automvil.
 
Usted ha declarado que buena parte si no todo nuestro sentido de la libertad es una ilusin y que un cambio poltico radical en el Reino Unido es imposible. Podra explicarnos por qu?

Estamos tremendamente constreidos por las leyes y regulaciones que definen cmo debemos conducir, cmo educar a nuestros hijos o qu tipo de drogas recreativas debemos tomar. La gran mayora de nosotros no tiene ninguna libertad real. Desde que el gobierno de Tony Blair lleg al poder hace ocho aos se han aadido setecientos nuevos delitos al cdigo penal. En el Reino Unido es imposible un cambio radical porque, ahora que la poltica, la iglesia y la monarqua han perdido toda autoridad, el consumismo lo gobierna todo. No creemos en nada y nos creemos todo.

 
Lea el artculo completo en www.ladinamo.org


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