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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2006

Malos tratos y malas tretas

Luis-M. Puente
Gara


Un da s y otro tambin, desayunamos con la misma noticia situada en el mismo rincn de la misma pgina: un hombre ha agredido a su pareja. Slo varan las iniciales, la ciudad en la que ha ocurrido el hecho y, el grado de tragedia que mide desde el dolor de una bofetada hasta la prdida de una o ms vidas. Como no es fcil llevar al da las cuentas de tanta calamidad, cada cierto tiempo nos recuerdan cifras totales: en lo que va de ao, han muerto 16 mujeres y 3 hombres; y el ao pasado la cantidad de denuncias aument en un 18%.

La situacin es grave. Tanto que es urgente tomar medidas. Ya se han puesto en marcha algunas. En concreto, el endurecimiento de las penas para los condenados (no quiero ser desde el principio polticamente incorrecto y preguntar por qu no tambin para las condenadas?) y la aceptacin de la declaracin de la denunciante como prueba de cargo. Respecto a la primera, parece que el incremento de las cifras demuestra que no es eficaz. Qu terrible condena contendra al hombre que se decide a matar a su pareja y a sus hijos, y a suicidarse despus? En cuanto a la segunda, es muy justa... si tenemos la seguridad de que toda mujer que denuncia dice la verdad. En otras palabras: si tenemos la seguridad de que no existen denuncias falsas. Voy a detenerme en esta cuestin.

Parece que, como las brujas, denuncias falsas, las hay. Recordemos las declaraciones de la jueza decana de Barcelona, que las cifraba en un 25%. Los jueces de Instruccin de Madrid hablaban de un 30%, fruto de triquiuelas de abogados para llegar a una posicin favorable... que luego le pueda reportar [a la mujer] una ventaja ante el juez de familia. Son porcentajes preocupantes. Y se supone que estos jueces slo tienen en cuenta las detectadas. Cuntas no lo son porque pasan el filtro judicial?

Fijmonos en otro aspecto de la cuestin. Se ha creado una opinin social, exenta de la menor crtica, que presupone que quien ponga en duda la veracidad de una denunciante es un reaccionario machista. Un tipo de pensamiento nico tan peligroso como cualquier otro y que, como todos, considera enemigo de la sociedad a quien disienta. Baste recordar que las declaraciones de la jueza de Barcelona fueron seguidas por una lluvia de voces que exigan que fuera expedientada. En este clima social que pide la cabeza de todo hombre que sea sealado por una mujer, vivimos todos: los jueces tambin. De forma que, ms all de los tpicos (tan falsos como cualquier otro) de la independencia judicial y de que el juez juzga sin prejuicios (perdn por tanta redundancia), no parece ilgico pensar que habr jueces que se sientan adalides de la causa y que consideren indigno poner en duda la honradez de la denuncia. Y lo harn, seguro, con buena intencin. Con la misma buena intencin que est llevando a muchos lectores y lectoras al repudio de este artculo.

Sumemos ahora la certeza de que existen denuncias falsas, la de que se ha dispuesto una le-gislacin que facilita el (buen en muchos casos; mal, en otros) objetivo de la denuncia y la de que hay un clima social que no admite poner en duda la honradez de la denunciante: el resultado es aterrador.

De manera que, en lo que a malos tratos se refiere, existen dos realidades terrorficas: la existencia de muchas, dema- siadas, agresiones (asumida por la sociedad); y la existencia de menos, pero igualmente demasiadas, denuncias falsas (ante la cual la sociedad prefiere mirar a otro lado). Dos plagas que se reduciran en un altsimo porcentaje si existiera una Ley de Divorcio justa, en la que se reconociera el derecho inalienable de los dos padres (y de los hijos) a compartir la custodia, de forma que disminuyeran los conflictos y no se pudieran obtener beneficios de una acusacin falsa.

Nadie discute que la mayor parte de las agresiones y falsas denuncias se produce durante, o a causa del proceso de separacin. Cuando ste es contencioso, lo que se dirime es exclusivamente la custodia de los hijos. Digo exclusivamente, porque lo dems, lo econmico, es consecuencia de la custodia: quien la logra obtiene el uso de la vivienda y una pensin. Pero el que no se beneficia de la vivienda tampoco queda exento del abono de la hipoteca, al que tendr que sumar el pago de un alquiler. La situacin que dispone la ley es tremendamente injusta para el hombre: no puede disfrutar de sus hijos, no puede educarlos y se ve abocado a la ruina econmica. Es el mejor caldo de cultivo de la desesperacin. Recientemente, el DV publicaba una entrevista a la coordinadora del Programa de Atencin a Familias en Crisis. A ella pertenecen estas frases: El 82% de los progenitores sin la custodia no tiene donde alojarse, un gran colectivo est viviendo en campings, el que sale de casa... se ha quedado sin nada, tiene que pasar la pensin..., pagar la hipoteca e, incluso, darle una pensin compensatoria a su pareja... Luego se habla de actitudes violentas, pero hay que ver cunto sufrimiento hay detrs de esas personas. Estn al lmite y son bombas andantes.

Pues, seora Bergara, imagine usted que ese hombre, adems de las causas de desesperacin que usted menciona, ha sufrido tales malos tratos psicolgicos que la hija de ocho aos un da estalla en sollozos diciendo a la madre eres mala, tratas mal al aita. Imagine que ha sufrido una denuncia falsa. Imagine que esa denuncia ha cado en la mesa de un juez, adalid de la causa de la mujer, que no atiende ms que a la (ltima) versin de la denunciante. Imagine que no atiende al testimonio del hijo presente en el hecho, porque, en la ltima versin, a la denunciante le interesa decir que no haba testigos. Imagine que no atiende a grabaciones en las que se amenaza al acusado (pongamos que se oigan cosas como te voy a hundir y no voy a parar hasta que te vea hundido, te has ganado un enemigo feroz, cudate de m, que te conviene, porque lo que vas a perder a partir de ahora te va a asustar...). Imagine que la denunciante, en las distintas declaraciones, ha ido cambiando datos a medida que descubre errores. Imagine que la denuncia acaba en condena. A que no se lo imagina? Pues, yo le aseguro que, tambin en materia de denuncias falsas, la realidad puede superar a la ficcin.

Respecto a la ruptura de parejas, nuestra sociedad se balancea entre la injusticia y la hipocresa. No se quieren atajar los malos tratos y las denuncias falsas de la nica manera eficaz (con una Ley de Divorcio justa que imponga el reparto de la custodia, la vivienda y dems bienes) y se nos engaa (nos dejamos engaar), diciendo que se van a cortar con una Ley de Violencia de Gnero, que favorece la picaresca de las denuncias falsas. Los colectivos feministas (ojo a las comillas, porque ya s que, aunque pocos, tambin los hay feministas!) nos dicen un da que ya est bien de que los padres no participen en el cuidado y educacin de los hijos, y, al siguiente, claman contra la posibilidad de que se contemple legalmente la custodia compartida. El juez se preocupa por los hijos en el momento de la separacin, y otorga la vivienda a quien tiene la custodia, cuando antes no le ha interesado si dorman o no bajo un puente, y, adems, firma a diario rdenes de desahucio contra familias que no pueden pagar al banco, sin importarle dnde dormirn esos nios. Siendo obvio que nada es mejor para los hijos que recibir cario, cuidado y educacin de los dos padres, la mujer que se niega a compartir la custodia mira slo a su beneficio personal y atenta contra el bien de los hijos; y, sin embargo, la ley la protege, en lugar de castigarla. Cunta hipocresa! Cunta injusticia! Est claro que tenemos los legisladores (los polticos) que merecemos.

Se debera actuar con urgencia para que un agravio, como es impedir a los padres compartir la custodia de sus hijos, no generara otros, como las agresiones, o las falsas denuncias por malos tratos que buscan asegurarse la custodia. Hoy da, con un clima social y una legislacin que facilitan la falsa acusacin, el hombre que compita con posibilidades por la custodia de sus hijos debe pensrselo dos veces, porque ser muy fcil que haya de enfrentarse a un abogado al que slo le importe ganar, no el cmo. Todo depender del grado de tica de su ex mujer. Es mejor desistir, si alguna vez se le han odo frases semejantes a se puede cambiar de principios, a m la tica no me va a impedir hacer lo que me salga de los c., o la tica hay que dejarla a un lado, cuando va contra nuestros intereses. Es mejor, porque no conseguir la custodia y se ganar una condena por malos tratos.

Queda mucho por decir y todo por hacer. Pero no harn nada, mientras los afectados no hagamos pblico mil veces lo mucho que tenemos que decir.



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