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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2006

Cronopiando
El Hola, Diana de Gales y Soledad de Quito

Koldo
Rebelin


Creo que pocas noticias han reflejado con tan dolorosa elocuencia lo enajenantes que son las llamadas revistas y programas "del corazn" como aquella resea que, en una de esas pginas de peridico en la que ya no caben ms anuncios, sirvi para cubrir el hueco entre las nuevas ofertas del supermercado y el ltimo celular en salir al mercado.
Es posible que, al director del peridico, aquel cable, aunque refera un suceso comn, porque comn es la alienacin que provoca la prensa "rosa", le llam la atencin por la inusual truculencia del relato, motivo por el que se decidi a publicarla y, les confieso que, despus de leer la noticia, ya no tuve nimos para seguir leyendo nada.
Ocurri hace ocho aos, das despus de que Diana de Gales muriera en Pars.
La noticia hablaba de Soledad Lpez, una mujer ecuatoriana, de 32 aos, con tres hijos entre pecho y espalda, un marido alcohlico y una modesta vivienda en alquiler provista de dos piezas y una nica ventana, situada en un suburbio de Quito.
Soledad se ganaba la vida que perda vendiendo caf en una calle no muy lejos de su domicilio, consciente de que nada nuevo haba de reportarle el da siguiente que no fuera el calendario.
Soledad nunca haba estado en Inglaterra, ni asistido a recepcin alguna en el palacio de Buckingham. Tampoco haba conversado, siquiera alguna vez, con la reina madre, el prncipe,los infantes u otros miembros de la corte, de cualquier corte, pero se emocion cuando supo que Diana, por fin, iba a ser princesa; que, felizmente, su futura suegra haba dado el consentimiento; que la boda hara palidecer el mejor cuento de hadas.
Soledad no fue invitada a la boda, tampoco pudo enviarle una felicitacin a la princesa por sus festivas nupcias, pero nada contuvo su alegra cuando supo que la princesa iba a ser madre y, como Diana, tambin Soledad particip en aquel desfile de modas prenatal a beneficio del hambre en Etiopa.
Soledad no estuvo en el noble parto ni asisti al regio bautizo, pero sinti un nudo en la garganta cuando se enter de que el matrimonio de su princesa y Carlos naufragaba, cuando supo que el prncipe tena una amante y que estaba pensando divorciarse, cuando advirti que dorman en alcobas separadas.
Supo tambin que la familia real no terminaba de aceptarla, que Diana se haba mostrado deprimida luego de asistir a la tradicional caza del zorro... y, cada vez ms cerca de su princesa, al igual que ella, visit hospitales consolando enfermos, iglesias donde ganar indulgencias, playas en la que relajarse, estudios de televisin en los que desmentir rumores; tambin visti su juvenil minifalda, su descocado escote, su negro traje de noche, sus desenfandados "jins"; y se puso sus botas de amazona, sus tacones altos, se cort los cabellos, se volvi a pintar los labios...
Como Diana, tambin Soledad, gracias a Hola, se ba en la Riviera, esqui en los Alpes, cen en Roma, jug al tenis en Londres, cabalg en Dubln y pase por Nueva York, mientras compungida asista al anmico derrumbe de su princesa y sufra los desplantes a que la someta el prncipe.
Una noche, una trgica noche para Soledad de Quito, los medios de comunicacin que haban dado vida a su princesa, tambin se ocuparon de su muerte, y la campesina ecuatoriana, enajenada, no pudo soportarlo. Antes de que sus hijos volvieran de la calle y su marido volviera a golpearla, dej escrita su pena por la muerte de Diana de Gales, se at una soga al cuello y se colg de su nica ventana.


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