Portada :: Mundo :: Muerte de Milosevic en La Haya
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2006

Una rplica, cariosa pero firme, a Jos Daniel Fierro

Carlos Taibo
Rebelin


No suelo terciar en los debates que se desarrollan en la red, incluidos aquellos que hacen referencia a mi persona. En buena medida se debe a que, de hacerlo, tendra que sufrir --an ms de lo que me toca-- las diatribas de nuestra montaraz derecha. Hago ahora una excepcin, sin embargo, para ofrecerle una respuesta a Jos Daniel Fierro (JDF). Y la hago ante todo por dos razones: mi cercana a rebelion.org y el hecho de que media docena de lectores de esa pgina me hayan exhortado a no dejar las cosas como estaban.

Dos son, en sustancia, las ideas que quiero transmitirle a JDF. Egostamente dir que la primera, la que sigue, es la que me parece menos importante. Si lo he entendido bien, JDF sugiere que yo, tan lcido y respetable en tantos terrenos, padezco una enajenacin mental transitoria cuando se trata de hablar de Yugoslavia. Est muy equivocado: mi enajenacin nada tiene de transitoria. He escrito, si no mal recuerdo, cuatro libros sobre la desintegracin de Yugoslavia y mis posiciones al respecto son firmes. Apenas he tenido, eso s, la oportunidad de discutir en serio con un puado de detractores que exhiben una estimulante condicin: expertos autoproclamados que ejercen de prominentes todlogos, se citan unos a otros, comparten sesudos preconceptos, consideran --al parecer-- que estudiar la literatura acadmica sobre Yugoslavia es tarea despreciable y prefieren, en fin, mantenerse alejados del pas de los hechos, al que, bien es cierto, alguno de nuestros prohombres ha acudido, eso s, para fiscalizar limpsimas elecciones. Lo comn es, en suma, que en algn tramo, discreto, de sus trabajos, confiesen, por si acaso, que en realidad no sienten ninguna simpata por Slobodan Milosevic...

Que no me malinterprete JDF, a quien no incluyo en el cmputo anterior. Su intento, respetabilsimo, lo es de rescate de una argumentacin cuyo meollo son las tesis blandidas por Chossudovsky y relativas al papel desempeado por el FMI e instancias afines en la desintegracin de Yugoslavia. Si alguien me pregunta qu pienso sobre esas tesis dir que --pese a que a menudo se hacen acompaar de una parafernalia conspiratoria que con toda evidencia les sobra-- son correctas en lo que hace al papel asumido en Yugoslavia por esos organismos, en sustancia el mismo que han hecho valer en otros muchos escenarios. Aqu acaban mis acuerdos con el espritu y con la letra de la argumentacin de JDF. Y acaban porque conviene perfilar qu relieve tuvieron los hechos descritos por Chossudovsky en lo que hace a la desintegracin yugoslava, que es al cabo lo que tenemos entre manos. Empezar diciendo que quien escribe --rancio marxista a la antigua, a los ojos de algunos-- crea saber que el capital internacional pujaba por preservar grandes espacios econmicos en los que desarrollar las reglas de ese maravilloso y generoso invento que es el mercado. A tono con esa apuesta general, y por aadidura, curiosamente el FMI y el Banco Mundial, amparados en su principal aliado local, Ante Markovic, pujaron desesperadamente para que Yugoslavia siguiese existiendo, garanta primera, por aadidura, de que sus gobernantes acabaran por restituir los crditos recibidos. No s si merece, de paso, alguna atencin la aseveracin --tantas veces formulada, no sin paradoja, por quienes durante decenios echaron pestes de la Yugoslavia titista-- de que el modelo resultante configuraba una inquietante excepcin que escapaba del control del capital internacional, algo que habra movido las iras de todos los grandes poderes... Pues vaya por dnde que no: desde principios del decenio de 1970 Yugoslavia era un modelo en crisis abierta, significativamente necesitado --segn pensaban sus burocratizadas elites dirigentes-- de la inestimable ayuda del FMI y dems instancias filantrpicas.

No me cuesta trabajo reconocer que uno puede ordenar de maneras muy dispares los datos relativos a discusiones como las brevemente reseadas. Pero, y vuelvo a lo mo, me permito sealarle a JDF lo que a aos luz es --me temo-- lo principal: qu llamativo es que las tesis chossudovskianas no fuesen utilizadas en su provecho por esos gobernantes serbios que, con Milosevic a la cabeza, parecen ser sus principales beneficiarios. Qu llamativo es tambin que el grueso volumen que recoge discursos y textos desarrollados por Slobodan Milosevic, un impecable materialista histrico, entre 1986 y bien entrado el decenio de 1990, publicado por L'Age dHomme en Lausana, no haga referencia alguna a esta suerte de argumentacin. O ser que, llevados por una excelsa intuicin, los dirigentes serbios operaron, aun sin saberlo, como freno objetivo de la ignominia capitalista? Francamente no creo que JDF lleve tan lejos su disensin con respecto a mis argumentos como para sugerir que fue el designio de plantar cara al FMI lo que propici el ascenso en Serbia --desde 1986 y 1987: no conviene confundir el acceso material de Milosevic a la direccin de la Liga de los Comunistas con el proceso que nos ocupa, que es anterior-- de una modalidad agresiva de nacionalismo ranciamente expresada, que a ese propsito obedeci la creacin de 'regiones autnomas serbias' en Croacia y en Bosnia, que tan encomiable objetivo vino a explicar la gestacin de un rgimen de apartheid en Kosova o que, por cerrar una lista que --tngalo por cierto JDF-- podra hacer mucho ms larga, fue el deseo de poner freno a una tramada agresin capitalista lo que le dio alas a la limpieza tnica de la Krajina y de Eslavonia oriental, en la segunda mitad de 1991.

Veo que, pese a todo, JDF permanece completamente insensible a la tesis que manejaba yo en mi artculo de 'El Pas': la reconversin del grueso de la elite dirigente en Serbia --conforme a pautas similares a las registradas en todas las repblicas yugoslavas, slo que en nuestro caso con la disposicin paralela de una maquinaria militar nada despreciable-- en provecho de un discurso nacionalista orientado a defender su trama de privilegios y a fortalecer, como ha sucedido en el conjunto de la Europa central y oriental, una suerte de capitalismo mafioso que no le hizo ascos, pese a lo que relata cierta vulgata entre nosotros, a la inmoral privatizacin de segmentos enteros de la economa. Porque la discusin que tenemos entre manos trasciende, con mucho, lo que ocurriera con Milosevic y los suyos. Repetir lo que he dicho un milln de veces: lo que se hundi en el conjunto de la Europa central y oriental en 1989-1991 fue una forma ms de capitalismo, y por desgracia los principales beneficiarios, hoy con su apuesta econmica en visible destape, no han sido sino segmentos enteros de las viejas clases dirigentes, que se han desprendido de la retrica socializante que antes abrazaban. Pensar que esas gentes luchaban --luchan-- por alguna causa justa es, simplemente, darle la espalda a la realidad. Qu pena que rebelion.org estime que tiene algn inters conocer lo que el Partido Comunista de Rusia, ese formidable fiasco neoimperial y criptocapitalista, piensa sobre Slobodan Milosevic Confundir los intereses de la burocracia con las demandas de la poblacin a la que siempre se encarg de reprimir y explotar es errar, y de manera gruesa, en el diagnstico.

Voy a por la segunda de las ideas, la que a la postre viene a justificar --no me engao-- estas lneas. Si todo lo anterior es susceptible de discusiones, encuentros y desencuentros, las aseveraciones de JDF en relacin con lo que yo escribo en 'El Pas' son inequvocamente desafortunadas --guardar ahora la compostura en el lenguaje-- y, sospecho, ganan pocos amigos a quien las formula. Hace unos das un aventajado crtico de mi texto sobre Milosevic afirmaba que yo era muy valiente con ste pero no me atrevera, en cambio, a denostar a George Bush. Muy sagaz... JDF, en tono similar, viene a sostener que yo en 'El Pas' publico trabajos que se adaptan al discurso dominante y que dejo la expresin de ideas contestatarias para recintos marginales. Es un infundio lamentable que le rogara retirase. JDF afirma que no me he atrevido a escribir en 'El Pas' ni contra la OTAN ni contra el Tribunal de La Haya para la antigua Yugoslavia. Vaya por dnde se equivoca, como lo podr comprobar de la mano de los artculos titulados 'La OTAN en su sitio de siempre' (15 de mayo de 1999) y 'Sombras sobre un tribunal' (17 de agosto de 2000). Para completar el panorama, entre las pocas oportunidades que tengo de asomarme a las pginas de 'El Pas' --un par de veces o tres al ao-- he buscado un hueco para glosar, con gran cario, la figura del ex presidente croata Tudjman --"Un dspota vanidoso" (14 de diciembre de 1999)-- y he debido enfrentarme a Jos Mara Mendiluce en un debate --"Mapas mendaces para navegantes" (3 de octubre de 2000)-- en el que, qu curioso, elemento principal de disensin era el papel, que yo cuestionaba y l genricamente aprobaba, de las potencias occidentales en la desintegracin de Yugoslavia. Llamativo me resulta de nuevo que un colega de la Universidad que no me tiene en gran aprecio me dijese meses atrs que estaba harto de que aprovechase la mnima en 'El Pas' para lanzarle una pulla a la Alianza Atlntica. Pese a ello, aun hoy hay algn canalla que sostiene que yo defend los bombardeos de la OTAN sobre Serbia y Montenegro. Por cierto, cundo alguien se preguntar que hace el terico mayor del socialismo de cuartel, James Petras, escribiendo en ese ultraizquierdista diario llamado 'El Mundo'?

Claro que no se trata slo de eso. JDF afirma que yo he engullido la visin occidental de lo ocurrido en Yugoslavia. Podra pasar por alto semejante afirmacin en lo que a m se refiere, pero no voy a hacerlo en lo que atae al trabajo de tantos camaradas --los que salimos a la calle, y ramos rotunda mayora entre los manifestantes, para gritar 'Ni OTAN ni Milosevic' en la primavera de 1999-- que merecen un poco ms de respeto. Durante todos esos aos, y como reflejo cabal de nuestro acatamiento de lo que rezaban medios y gobiernos, apoyamos a los movimientos antimilitaristas en Yugoslavia, nos negamos a rerle las gracias a gobernantes corruptos y asesinos, hicimos lo que estaba de nuestra mano para socorrer a las vctimas de stos, defendimos el derecho de autodeterminacin --lo hicimos all como lo hacemos aqu--, nos opusimos a las intervenciones forneas y, en suma, nos negamos a confundir el comunismo con su irreconocible perversin burocrtica. Lo seguiremos haciendo.



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