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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2006

Tercer aniversario de la invasin de Iraq
La marcha de la locura

Robert Fisk
La Vanguardia


Es la marcha de la locura. En 1914 los britnicos, los franceses y los alemanes pensaban que estaran en casa por Navidad. El 9 de abril del 2003, el cabo David Breeze del tercer batalln del 4. regimiento de los Marines de Estados Unidos -el primer estadounidense que entr en Bagdad- me pidi prestado el telfono mvil para llamar a su casa en Michigan. "Hola, estoy en Bagdad", dijo a su madre. "Llamo para decirte que te quiero, que estoy bien, que os quiero a todos. La guerra se acabar en unos das. Os ver pronto".

Eran tipos duros esos marines, hombres de huesos grandes con la cara llena de barro y ojos feroces -llevaban varios das luchando sin dormir-, pero tambin ellos realizaban el solitario viaje de desesperacin emprendido casi un siglo antes por los old contemptibles britnicos, los poilus franceses o la infantera bvara.

Ocurra porque ya no tenemos dirigentes que hayan experimentado la guerra? Durante mi infancia, eran primeros ministros Churchill y MacMillan, unos hombres que haban luchado en la Primera Guerra Mundial y que nos haban conducido a travs de la Segunda. Eden haba sido ministro durante la guerra con Churchill. Tito result herido por un proyectil alemn en Yugoslavia, Jack Kennedy haba mandado un torpedero en el Pacfico, De Gaulle luch en la Gran Guerra y luego ayud a liberar Francia de los nazis, pero Blair, por mucho que diga ser amigo de Dios, carece de esa distincin; como tampoco la tienen Bush, que se escabull de combatir en Vietnam, ni Cheney, que hizo lo mismo, ni Gordon Brown, ni Condoleezza Rice, ni el australiano John Howard. Colin Powell estuvo en Vietnam; pero ha desaparecido de la escena, arrastrando su vergonzosa actuacin sobre armas de destruccin masiva ante las Naciones Unidas en febrero del 2003.

A pesar de todo, nuestros hombrecitos se han vestido con las ropas de los titanes muertos. Bush y Blair creyeron que eran Churchills o Roosevelts. Se exhibieron, junto con Aznar, como los tres grandes: Churchill, Roosevelt y Stalin; aunque nunca descubr cul de los tres se supona que interpretaba el papel del asesino de masas sovitico mientras tramaban su conjura blica en las Azores. Afirmaron que Saddam era el Hitler de Bagdad. Mi viejo y mesinico amigo Tom Friedman, columnista de The New York Times, acert al describir a Saddam como mitad Pato Donald y mitad don Corleone, pero no era sa la clase de realidad que les interesaba a Bush o Blair.

Eran los especialistas del arreglo rpido, los estadistas instantneos, los tipos saban cmo lidiar con la guerra. Control y reconstruccin posblicos? Paparruchas, los iraques harn lo que les digamos despus de recibirnos con rosas y canciones. Winston Churchill cre en 1941 un comit ministerial para organizar la administracin de la Alemania ocupada de posguerra: cuatro aos antes del final de la Segunda Guerra Mundial, y eso en una poca en que an esperbamos que la Wehrmacht invadiera Gran Bretaa. Nuestros Churchills de pacotilla no se preocuparon de crear un comit de pacotilla ni siquiera unos das antes de su invasin de Iraq.

Yes que sta iba a ser una guerra ideolgica. Desde su concepcin por los chiflados de la derecha estadounidense -como la poltica proisrael para ayudar a Beniamin Netanyahu- y luego endilgada a Bush hasta el desastre que es hoy Iraq, la guerra de verdad tena que convertirse en mito, las pesadillas en sueos, la destruccin en esperanza, las verdades terribles en profunda mendacidad.

Incluso hoy en da las potencias ocupantes cuentan formidables mentiras. Que la democracia est arraigando, cuando el gobierno iraqu slo controla unas pocas hectreas en Bagdad. Que se est aplastando a la insurgencia, cuando 40.000 iraques armados causan estragos en el mayor ejrcito del planeta. Que la libertad se afianza cuando todos los meses mueren miles de iraques. Se supone que la actual operacin Enjambre se dirige contra quienes desean una guerra civil en Iraq. Sin embargo, algunos de los personajes que buscan el estallido de semejante contienda trabajan para el Ministerio del Interior iraqu y son pagados, al final, por nosotros.

Para hallar la verdad, debemos acudir a un conocido analista que nos advirti de que en Iraq los britnicos han sido "llevados a un trampa de donde les costar salir con dignidad y honor. Han sido embaucados hasta ella por una constante retencin de la informacin. Los comunicados de Bagdad son tardos, falsos, incompletos. Las cosas han sido mucho peores de lo que nos han dicho. Nuestro gobierno, ms sanguinario e ineficaz de lo que sabe la opinin pblica... No estamos lejos hoy del desastre". Es el relato ms breve y preciso que he ledo hasta la fecha de nuestra actual locura.

Fue escrito a propsito de la ocupacin britnica de Iraq en 1920 por Lawrence de Arabia. En las largas noches del 2003, cuando los peligros cotidianos bajo los bombardeos estadounidenses eran sustituidos por el insomnio de las explosiones de bombas en la oscuridad bagdad exterior, me enroscaba como un animal en mi cama y hojeaba las predicciones de esta actual locura.

Le una terrible profeca del predicador evangelista Pat Buchanan escrita cinco meses antes de que entrramos ilegalmente en Iraq. "Esta invasin no ser el desfile que predicen los neoconservadores", deca. "Los ataques terroristas se producirn en el Iraq liberado con tanta seguridad como en el Afganistn liberado. Porque un islam militante (...) no aceptar nunca que George Bush dicte el destino del mundo islmico (...) La pax americana llegar a su apogeo, pero luego la marea baja; pues un empeo en el que los pueblos islmicos sobresalen es en la expulsin de potencias imperiales por medio del terror y la guerra de guerrillas". Existan sombros precedentes. Los musulmanes expulsaron a los britnicos de Palestina y Adn; a los franceses de Argelia; a los estadounidenses de Somalia, y Beirut, a los israeles de Lbano. Como escribi Buchanan, "nos hemos lanzado a la ruta del imperio, y en la prxima colina nos encontraremos a quienes partieron antes que nosotros". Eso s, no contaremos bajas.

Qu fue lo que nos dijo Bush hace unas semanas? Que haban muerto 30.000 iraques desde la invasin, con unas palabras que eran en s mismas una admisin racista, porque en realidad lo que dijo fue: "30.000 ms o menos". Unos pocos cientos arriba o abajo. Se habra atrevido a decir que las bajas estadounidenses eran "2.000 ms o menos"? Claro que no. Nuestros muertos son preciosos; son personas con viudas e hijos. Y los iraques? Son simples mortales cuyas bajas no nos puede revelar el Ministerio de Sanidad iraqu, siguiendo rdenes de los estadounidenses y los britnicos; criaturas cuyo sufrimiento, mucho ms grande que el nuestro, debe sumergirse en la democracia y la libertad en que los estamos ahogando; cuyos "ms o menos" muertos rondan probablemente los 150.000. En el fondo, si slo en Bagdad murieron de forma violenta 1.000 iraques el pasado mes de julio y si son asesinados a un ritmo de 60 o 70 al da, entonces lo que tenemos en las manos es un bao de sangre casi genocida. Sin embargo, los iraques son ahora nuestros Untermenschen;y, a decir verdad, no nos preocupan mucho.

Guerra civil? Acaso es la primera? Es una sociedad tribal, no confesional. Alguna organizacin desea el estallido de una guerra civil; curiosamente, fue un portavoz de la fuerza ocupante, cierto Dan Senor, el primero en advertir de una guerra civil en Iraq durante una rueda de prensa anglo-estadounidense en el 2003. Por qu? Hablamos mucho ms nosotros de guerra civil que los iraques. Por qu? Una y otra vez nos informan de iraques y occidentales secuestrados por "hombres con uniformes de la polica" o por "hombres con uniformes del ejrcito".

Qu son estas sandeces? Vamos a creernos de verdad que hay un enorme almacn en Falluja con 8.000 uniformes de la polica hechos a medida para los posibles insurgentes? Qu va! Lo cierto es que muchos policas y soldados de Iraq -de cuya lealtad y valor depende, segn Bush, nuestra retirada- son en realidad insurgentes. Las fuerzas nacionalistas e islamistas se han infiltrado tanto entre esos hombres que las promesas de retirada que hacen Bush-Blair se encuentran en las antpodas de la verdad. Estamos solos. Podemos convencer a nuestros ex espas, como el ex primer ministro interino Iyad Alaui, que obedientemente afirm la semana pasada que haba una guerra civil en curso, para intentar asustar a los iraques. La realidad es que nuestra presencia armada en Iraq est destruyendo a todo un pueblo.

Y seguimos bajando por una escalera que se desmorona. Olvidemos las armas de destruccin masiva, los lazos entre Saddam y el 11-S; los informes, las mentiras y nuestra tortura, s, tortura, en Abu Ghraib y Guantnamo; olvidemos tambin el creciente abismo entre las payasadas de Blair y la verdad. Acaba de decirlo Bush: "Sern necesarios ms sacrificios". Pueden estar convencidos si proseguimos esta marcha de la locura.

The Independent
Traduccin: Juan Gabriel Lpez Guix


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