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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2006

Escrito del hermano del cmara de televisin espaol asesinado por las tropas estadounidenses en Bagdad
Carta abierta a los jueces de la Seccin Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional

Javier Couso Permuy
josecouso.info

Esta es una carta que ni El Pas ni El Mundo han querido publicar. Es una carta abierta de Javier Couso a los tres jueces de la Audiencia Nacional que han decidido archivar la querella por el asesinato de su hermano. En dictadura se aplica la censura, en democracia se condena a la invisibilidad, un mecanismo mas refinado. No hay espacio para quien se salga de la cantinela del "respeto a las decisiones judiciales". Hay decisiones y actitudes que no merecen ningn respeto, que envilecen a aquellos que las toman. Y ante las que la nica postura digna y tica es rechazarlas firme y publicamente.


Duele. No puedo negar que duele. Aunque nos lo espersemos. A pesar de intuir la mano larga del Imperio, la ley del silencio cay como sal sobre nuestra herida, sinnimo de hiel arrojada contra nuestro hermano.

Se bien que ese viernes vosotros, hombres de la Seccin Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional, disteis el paso y atravesasteis la frontera que separa el bien del mal. Que mutasteis el color de vuestras almas.

Fernando Garca Nicols, Jorge Campos Martnez y Ricardo Rodrguez Fernndez, os veo en vuestros despachos un viernes de marzo, filtrando vuestra eleccin a la prensa para cogernos desprevenidos. Veo la sombra de cuervos negros que ya no os abandonar nunca y percibo a cada paso que dais la sangre que verti a chorros la pierna destrozada de mi hermano, los intestinos colgando de Taras, la vida machacada de Tareq o los sufrimientos de tantos otros, a los que habis legalizado la muerte, bendiciendo a sus asesinos.

Se que a partir de este viernes de marzo os recibirn de buen grado en Washington, dnde de seguro seris hombres de bien, demcratas defensores de los Derechos Humanos, prceres de rectitud tejana, firmes candidatos a la medalla del Congreso.

Hay momentos en que uno elige de qu parte est, a quien sirve y a quien debe lealtad. En nuestra historia, en la historia de la humanidad hay miles de ejemplos que inspiran a unos y otros. Hay jueces que bendicen los asesinatos de civiles y hay jueces que intentan perseguirlos, hay justicias pequeas que claudican y otras que an sabindose minsculas se engrandecen enfrentndose a las injusticias grandes y poderosas.

Hoy, no sois ms que las togas de la impunidad, los leguleyos de la injusticia postrados ante los nuevos nazis que no reconocen ni Derecho Internacional, ni Justicia Humanitaria. Vosotros os ponis al servicio de los que torturan en Abu Gharib, de los que encarcelan sin derechos en Guantnamo, de quienes secuestran en Europa, de los que subcontratan la tortura, de los que caonean periodistas y civiles.

Os dieron igual las pruebas presentadas, las filmaciones, las decenas de testigos, las evidencias, lo que se ha publicado en la mayora de los medios de comunicacin y lo que han testificado los periodistas presentes en el lugar de los hechos. Me da la sensacin que sufrs de amnesia o que vuestra memoria es selectiva y solo recoge lo que puede exculpar a los militares estadounidenses. Por eso, me permito recordaros lo siguiente:

Que la 3 Divisin de Infantera, es decir la misma unidad del ejrcito de los Estados Unidos de Amrica, atac ese da y en el espacio de dos horas los tres centros donde se ubicaba la prensa independiente acreditada en Iraq, bombardeando y caoneando las sedes de las televisiones Al Jazeera, Abu Dhabi y el propio Hotel Palestina.

Que la televisin de Al Jazeera comunic al Pentgono sus datos de posicin GPS dos meses antes del ataque.

Que el propio Colin Powel, a la sazn Ministro de Exteriores del gobierno estadounidense en la fecha sealada, declar a posteriori que no se atac el Hotel Palestina en la campaa area, al tener conocimiento de que en l se alojaban la mayora de los corresponsales extranjeros.

Que los medios de visin del carro de combate M-1 Abrahams que efectu el disparo, son capaces de sealar con toda claridad objetivos a ms de cuatro kilmetros de distancia, con lo cual el sargento que efectu el disparo estaba en posesin de la plena capacidad tcnica para observar que los balcones del Hotel se encontraban atestados de cmaras de televisin.

Que durante los 35 minutos anteriores al disparo no se registra combate alguno, como est recogido en la propia cinta que grab mi hermano, dotada de cdigos de tiempo que sealan al segundo el tiempo transcurrido.

Que antes del disparo, el carro de combate se posicion apuntando al Hotel Palestina durante diez minutos, tiempo ms que suficiente en ausencia de combates y segn los protocolos de actuacin del propio ejrcito de los Estados Unidos, para consultar con las secciones G2 y G3(Informacin y Operaciones) del Estado Mayor de la Divisin, las cuales estaban perfectamente informadas de la naturaleza civil del edificio en cuestin.

Que el da anterior, algunos periodistas que se encontraban en el Hotel Palestina, dotados todos ellos y ellas de chalecos de proteccin con la palabra PRESS claramente visible en sus pechos, estuvieron saludndose con las primeras unidades estadounidenses que calibraban las defensas iraques, con lo cual y debido a los protocolos de actuacin de cualquier ejrcito moderno, es de suponer que el informe posterior de las susodichas unidades debi llegar a la Inteligencia Militar estadounidense, sealando claramente la presencia de periodistas occidentales en el edificio.

Que el Hotel Palestina tena en su azotea un cartel gigantesco que lo identificaba y que poda verse desde el lugar dnde se encontraban posicionados los carros de combate estadounidenses.

Que por todas las circunstancias antes sealadas no se puede hablar en ningn caso de identificacin errnea del enemigo ni de acto de guerra, ya que existen multitud de indicios, a falta de una mayor investigacin, que indican que nos encontramos ante una violacin de la Convencin de Ginebra de la que Espaa es firmante.

Que uno de los criterios fundamentales del Derecho Internacional Humanitario es la proporcionalidad en la respuesta y est fuera de duda, que en este caso hay un excesivo uso de ella, an en el supuesto de la aducida identificacin errnea, la cual est por probar.

Muchos aos de trabajo costaron aprobar los Convenios de Ginebra, ratificados por 166 Estados y que no son si no, un tmido parche del que nos dotamos las naciones para tratar de aliviar, acotar y limitar al menos, el dolor causado por las guerras

Me cuesta entender vuestra omisin de la nula colaboracin de la Justicia Estadounidense, que a pesar de contar con un convenio bilateral que regula la asistencia en materia penal, se ha negado sistemticamente a prestar auxilio judicial, ninguneando los reiterados requerimientos de parte de los instructores, dando la sensacin de que el trato de los estadounidenses para con nuestra Administracin de Justicia es la del amo con el vasallo.

Seores jueces de la Seccin Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional, acabis de legalizar el asesinato de mi hermano y de sus compaeros, extendiendo al tiempo una Patente de Corso que sirve como modelo en futuras actuaciones delictivas, en las cuales solo habr que esgrimir una supuesta identificacin errnea del enemigo, para escaparse a toda accin de la justicia.

Tengo ms de una duda razonable de vuestra honorabilidad y quiero que sepis que mientras me acompaen las fuerzas me tendris enfrente con la mirada limpia, pues yo que ni siquiera he rozado la muerte, puedo miraros con la cabeza bien alta a vosotros, que aun repletos de ttulos, laureles y despachos, un viernes de marzo, legalizasteis el asesinato de mi hermano.

JOSE COUSO CRIMEN DE GUERRA
INVESTIGACIN Y JUSTICIA



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