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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2006

Tres aos despus: Dnde est la resistencia en el frente interno de Estados Unidos?

Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair
CounterPunch


Tres aos de guerra en Irak y ahora aproximadamente dos de cada tres estadounidenses estn en contra de la guerra, como tambin lo estn uno de cada cincuenta polticos electos. En Irak, 2 315 estadounidenses han muerto y 17 100 han resultado heridos; muchos de ellos han perdido sus miembros y algunos estarn en una silla de ruedas de por vida. De las decenas de miles que han regresado de la guerra a las bases del ejrcito o a la vida civil, aproximadamente el 2.5 por ciento padece un sndrome severo de estrs post- traumtico, se convierten en polvorines, en una amenaza para ellos mismos y sus familiares. En todo en territorio de los Estados Unidos habr secuelas psquicas y fsicas durante varios aos.

El pasado mes de septiembre, un estudio realizado por la universidad Johns Hopkins revel la cifra total de muertes como resultado de la devastacin causada por la invasin y la ocupacin de los Estados Unidos. El estudio concluy que " aproximadamente 100 000 muertes ms" (en realidad 98 000) entre hombres, mujeres y nios haban ocurrido en menos de 18 meses. Solamente las muertes violentas haban aumentado en 20 veces. Pero tal y como ocurre en la mayora de las guerras, la mayor parte de las matanzas se debi a los efectos indirectos de la invasin, principalmente el colapso del sistema de salud iraqu.

Andrew Cockburn reelabor el estudio hecho por Johns Hopkins contando con el beneficio de mejores tcnicas de anlisis estadstico, y a comienzos del nuevo ao lleg a la conclusin de que, sobre la base de la muestra de datos generales compiladas por los iraques para el estudio hecho por esta universidad, la cifra verdadera de muertos en Irak como consecuencia de la guerra probablemente se acercaba a los 180 000, y que era muy posible que esa cifra hubiera alcanzado ya el medio milln. Por su puesto que todas estas cifras, independientemente del anlisis estadstico que usted haya utilizado, se han incrementado paulatinamente desde entonces.

Esta semana el Pentgono anunci que podra incrementar el nmero de sus tropas en aproximadamente 1000 efectivos.

El propio Irak es un desastre, y se encuentra al borde de una guerra civil total. Las condiciones de vida en la capital y en otras ciudades importantes han empeorado paulatinamente en estos tres aos. Irak ha dejado de ser un estado funcional, los ministros de su gobierno viajan al exterior con tanta frecuencia como pueden; cuando se encuentran en el pas, saquean los fondos pblicos y nunca se atreven a salir de la zona verde.

La referencia a la "zona verde", una burbuja de corrupcin y falsas ilusiones, nos lleva desde Bagdad hasta Washington y su zona verde, separada de la realidad, en la que ahora viven los Demcratas.

Desde el punto de vista poltico, podra pensarse que pocos lderes en la historia seran ms vulnerables a un ataque que Bush y Cheney por la guerra que llevan a cabo en Irak. Las justificaciones para un ataque han sido expuestas tantas veces que ahora las mentiras se aceptan como un dato conocido, con excepcin de la pgina editorial del diario Wall Street Journal, donde cualquier concesin a la realidad es considerada como un delito que merece la pena de muerte.

Los pretextos han sido descalificados; los supuestos objetivos se han evaporado desde entonces, tal y como lo expresaba lnguidamente el actual embajador de los Estados Unidos en Irak, Zalmay Khalilzad: "Parece que hemos abierto la caja de Pandora". No hace mucho, tal y como record recientemente Norman Solomon en ste sitio, Chris Mathews le dijo a su audiencia en MSNBC lo siguiente: Ahora todos somos neoconservadores"; y unos meses ms tarde dijo: A los estadounidenses les encanta tener por presidente a un tipo que tenga cierto donaire al caminar, que sea atltico, que no sea un tipo complicado como Clinton. A las mujeres les gusta tener como presidente a UN TIPO. Vengan y vean . Creo que tenemos a un hroe como presidente".

Estos son tiempos de soledad para Mathews, mientras Bush sucumbe ante los ms bajos ndices de aprobacin presidencial en el ltimo siglo. Hasta las mujeres de Indiana han abandonado a su tipo, dado que su ndice de aprobacin en ese estado ha disminuido a menos de 40 por ciento.

Pudiramos decir que en el curso del pasado ao el movimiento pacifista no hizo mucho, y que fue desplazado por dos grandes campeones que cambiaron la situacin poltica. La primera campeona fue Cindy Sheehan, quien acech al hombre que Hugo Chvez calific como "el rey de las vacaciones" durante aquellas semanas cruciales a finales del verano del ao 2005, en las afueras de su rancho en Texas. (Es que acaso algn presidente ha atravesado un perodo peor que el que atraves Bush, el cual comenz cuando Sheehan fund el campamento Casey, continu con el huracn Katrina, la revelacin de la existencia de un programa nacional de espionaje, y concluy en el momento en que Cheney, a modo de propina, le dispar a uno de sus principales financistas?).

El segundo campen fue Jack Murtha, el ex marn estadounidense que por muchos aos fuera considerado un halcn, quien arremeti en contra de la guerra en una sensacional conferencia de prensa celebrada en el Capitolio en el mes de noviembre, donde exigi "el retiro inmediato" de las tropas, y continu repitiendo ese llamado en enrgicas entrevistas y discursos. Murtha trat infructuosamente de rechazar los libelos republicanos en su contra, y los usuales esfuerzos taimados por socavar su imagen ante halcones de espacios estelares como Wolf Blitzer, de CNN.

Sin embargo, el destino posterior de las campaas llevadas a cabo por Sheehan y Murtha ha sido muy aleccionador. Sheehan amenaz con desafiar a la senadora Diane Feinstein, quien se est postulando para su tercer mandato este ao. Dado que Todd Chretien, de Counterpunch, haba obtenido la candidatura del Partido Verde, Sheehan pensaba en voz alta cuando desafi a Feinstein en las elecciones primarias del Partido Demcrata. Por qu no? Feinstein haba apoyado inclaudicablemente la guerra, y su esposo, Richard Blum, haba ganado millones con los contratos relacionados con la guerra. En todo el estado existe un fuerte sentimiento en contra de la guerra. Sheehan es bien conocida. Pero posteriormente intervino la senadora Brbara Boxer, le suplic pblicamente a Sheehan que se bajara del estrado, y as ella lo hizo. Cul es el resultado? Polticamente hablando, Sheehan se ha esfumado.

Si algn Demcrata tuvo el tipo de credibilidad viril que Mathews aoraba, ese de seguro fue Jack Murtha. Murtha fue instructor de entrenamiento de los marines, un veterano de guerra, y en el Congreso tuvo un historial probado como miembro asalariado del Complejo Militar Industrial; durante algunos aos fue el Presidente del Comit de Servicios Armados de la Cmara. Aqu no actuaba como un activista en contra de la guerra, pero el da en que as lo hizo, la delegacin del partido Demcrata al Congreso lo abandon a su suerte, y eso lo hicieron virtualmente todos y cada uno de los hombres y las mujeres (y as lo hicieron tambin muchos izquierdistas, que se quejaron de que, de alguna manera, el plan de Murtha para el retiro de las tropas no era lo suficientemente radical. Qu queran? Que Murtha levantara el Pequeo Libro Rojo y jurara lealtad a la memoria de Mao?).

Dada su estructura actual, el partido Demcrata ha dejado de ser una oposicin creble. Desde el punto de vista constitucional, es incapaz de enfrentarse al gobierno en el tema de la guerra o en cualquier otro tema.

Su nica estrategia es la de dejar que George Bush se autodestruya, como si fuese una especie de suicida poltico que lleva consigo una bomba. A ellos no les importa cuntos mueran en Irak, ni cuntos artculos de la Declaracin de Derechos hayan sido violados por Bush y por Cheney. Se aterrorizan ante la posibilidad de hacer o decir algo realmente sustantivo, a menos que se trate de hostigar a los mexicanos que cruzan la frontera en busca de trabajo, o de enarbolar los derechos de los nativos cuando se hable de los rabes que poseen activos en los Estados Unidos.

No es acaso esto demasiado cruel? Seguramente a los Demcratas les queda algn combate por librar. Despus de todo, la primera edicin de la Ley Patritica de 2002 fue aprobada con slo un voto negativo en el Senado, el de Russell Feingold. Recientemente, cuando fue aprobada la segunda edicin de la Ley Patritica, hubo diez votos negativos, uno de ellos de un ex Republicano, Jeffords, de Vermont. Los Demcratas inventaron aqu un nuevo tipo de "posicin segura". Cuando Russ Feingold trat de liderar una maniobra obstruccionista en contra de la Ley Patritica, sus colegas Demcratas organizaron "las votaciones de prueba", en las cuales muchos de ellos se llenaron el pecho para declarar, sin ningn ambaje, que se oponan a la Ley Patritica. Posteriormente llegaron a la votacin real, sus pechos se desinflaron y la cifra se redujo a ocho.

Ahora Feingold ha introducido en el Senado una mocin de censura al Presidente, y lo acusa de haber violado la ley por haber permitido la escucha secreta en la Agencia Nacional de Seguridad. Dana Milbanke escribi un entretenido artculo el pasado mircoles en el diario The Washington Post, donde describe el pnico que mostraron los colegas Demcratas de Feingold cuando se les pregunt sus impresiones acerca de esta mocin.

Barrack Obama, de Illinois: "Yo no la he ledo".

Ben Nelson, de Nebraska: "Simplemente no tengo suficiente informacin".

John Kerry, de Massachussets: "En realidad no puedo (hacer comentarios) en estos momentos".

Hillary Clinton, de Nueva York, pas corriendo por donde se encontraban los reporteros, diciendo que no con la cabeza, tratando de esconderse detrs de Barbara Mikulski, quien mide 4 pies y 11 pulgadas.

Charles Schumer, de Nueva York, quien usualmente corre hacia su abuela para hablar por el micrfono: "No voy a hacer comentarios".

Mary Landrieu, de Lousiana: "El Senador Feingold tiene algo que decir. Nosotros tenemos algo que decir, en relacin con el presupuesto".

Chris Dodd, de Connectitut: La mayora de nosotros piensa que, en el mejor de los casos, esto es algo prematuro. No creo que nadie pueda decir con certeza en estos momentos que lo que ha ocurrido (es decir, la escucha secreta en la Agencia Nacional de Seguridad) es ilegal".

Ante tanto acicalamiento de plumas amarillas, Feingold declar: "Si hay algn Demcrata que no pueda decir que el Presidente no tiene derecho a hacer sus propias leyes, yo no pudiera asegurar que ese Demcrata sea realmente un buen candidato a Presidente".

Russ tiene razn, pero usted ya sabe la respuesta. Usted est en la campaa para la nominacin presidencial por el partido Demcrata para el ao 2008, en la que usted es, hasta el momento, el nico candidato preparado para decir que el Presidente ha violado la ley, y que la guerra es ilegal, y que debe terminar de inmediato, y que la Ley Patritica debe ser rechazada. Por qu est usted en este partido? Usted proviene de un estado que ochenta aos atrs fue testigo de la posicin valiente adoptada por Robert LaFollette, quien se separ de su partido para formar un tercero. Por qu no hace usted lo mismo? Mire el ejemplo de Jim Jeffords, de Vermont. l se separ, desafo al lder Republicano, es ahora un individuo independiente, y goza de ms prestigio en su estado que Patrick Leahy. Sea usted ese "tipo" que Mathews aora ser. D un salto! Alguien tiene que aprovechar esa oportunidad.

Pie de nota:
Parece que la salida de incendios que escogi Bush para salvarse de esos bajos ndices de popularidad de apenas un 30 por ciento es la vieja cantaleta neoconservadora de la amenaza iran. Esto se contrapone a la lnea oficial aplicada por las legiones del erudito, en virtud de la cual los neoconservadores han sido enviados a los cuarteles de invierno y han sido sustituidos en las altas esferas por los "pragmticos". Incluso escuchamos a Michael Gordon, del diario The New York Times, y a su co-autor, Bernard Trainor, mientras culpaban a Amy Goodman por la nueva historia que ambos haban escrito sobre la guerra en Irak, cuando declararon que los neoconservadores se haban mantenido "al margen" durante la planificacin y la ejecucin de la guerra en Irak. Eso ocurri antes de que Goodman le echara a perder el da a Gordon al referirse a todos aquellos artculos fantasiosos en torno a la existencia de armas de destruccin masiva escritos por l, conjuntamente con Judy Miller.

Todo aquel que necesite recordar cmo les fue a los neoconservadores la ltima vez, qu es lo mejor que pudiera hacerse para prepararse para la prxima guerra, hara bien en echar mano a la compilacin hecha por la IHS Press titulada Neo-Conned Again (Nuevamente timado por los neoconservadores), que comienza con una contribucin hecha por sus dos editores de Counterpunch.

Traduccin: Cubadebate




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