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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2006

Los 70 y el golpe militar

Christian Castillo
La Verdad Obrera


La interpretacin histrica de lo ocurrido en la etapa revolucionaria abierta con el Cordobazo en mayo de 1969 y cerrada con el golpe genocida de marzo de 1976 ha sido realizada hasta el momento dentro de tres tipos de explicaciones ms generales (que metafricamente llamaremos relatos) desde las cules se intenta dar sentido a la multitud de grandes acontecimientos que abarca el perodo.

Primero tenemos el ensayado por los propios militares, que justifica su accin represiva como una respuesta contra la subversin aptrida, desarrollada en el marco de la tercera guerra mundial entre el capitalismo occidental y cristiano y el comunismo internacional. Los crmenes aberrantes cometidos antes y despus del golpe son, como mximo, vistos como errores y excesos de una guerra necesaria. Es una interpretacin que, construida sobre la base de la negacin de un terrorismo de Estado sobre el que existen pruebas y testimonios abrumadores, hoy casi nadie sostiene por fuera de los propios represores y su crculo de influencias en los sectores ms retrgrados de la derecha local.

La segunda interpretacin es la comnmente llamada teora de los dos demonios, que fue la sostenida por el gobierno de Alfonsn y se encuentra expresada con claridad en el Prlogo realizado por Ernesto Sbato al Nunca Ms. All se asume el argumento militar de que la accin represiva fue una respuesta al terrorismo de extrema izquierda, aunque condena la forma en la cual se dio la represin al mismo: Durante la dcada del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provena tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenmeno que ha ocurrido en muchos otros pases (...) a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el podero y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos. Esta interpretacin, que equipara vctimas y victimarios, cuestiona la accin dictatorial represiva por su envergadura y por haberse apartado del marco jurdico de las formas democrticas y no el contenido social y poltico del terror genocida. Presenta a su vez una falsa visin que muestra a la sociedad como espectadora y vctima de la accin de los violentos de extrema derecha y extrema izquierda, ocultando o negando el carcter militante de los asesinados y desaparecidos y que la represin dictatorial fue parte de una poltica que se dio de conjunto en los pases latinoamericanos, impulsada por el imperialismo norteamericano y las clases dominantes locales como forma de enfrentar el ascenso revolucionario de los 70. Dominante en un perodo, el cuestionamiento a esta visin (mucho tiempo limitado a los organismos de derechos humanos y los partidos de izquierda) fue ganando fuerza social a partir de cumplirse el 20 aniversario del golpe de Estado.

El tercer relato se diferencia de los anteriores en reivindicar la militancia revolucionaria de la generacin de los setenta, cuestionando por izquierda la teora de los dos demonios. Se apoya en la publicacin de gran cantidad de testimonios de (o trabajos biogrficos sobre) dirigentes y militantes, fundamentalmente de las organizaciones guerrilleras, as como de diversos documentos y, ms recientemente, trabajos de investigacin ms acadmicos(1). Esta visin, sin embargo, comparte con las dos anteriores poner en un plano menor las grandes acciones protagonizadas por la clase obrera, su tendencia hacia la insurgencia y el desafo anticapitalista que sus acciones presentaron a los gobiernos y las patronales, lo que para nosotros es un elemento clave para comprender la dinmica de los acontecimientos de aqul perodo. De ah que el tercer relato haya sido en parte tomado por el setentismo light del discurso gubernamental.
El cuarto relato(2) plantea que si la etapa que vivi la Argentina entre 1969 y 1976 tuvo un verdadero carcter revolucionario, este no puede reducirse, como lo presenta la visin recin sealada, a la actividad de las organizaciones guerrilleras, sino que hay que poner en un primer plano las acciones realizadas por la clase obrera, que protagoniz en esos aos gestas memorables y tenda, en los momentos previos al golpe, a superar su experiencia con el peronismo. No olvidemos que en junio-julio de 1975 se haban desarrollado las grandes acciones que terminaron con el Plan Rodrigo (incluyendo la primer huelga general realizada contra un gobierno peronista) y provocaron la salida del gobierno de Isabel Pern del mismo Rodrigo(3) y de Jos Lpez Rega, el organizador de las bandas paramilitares de la Tripe A. Y que al calor de estas movilizaciones cobraron fuerza las coordinadoras interfabriles, embriones de organismos de poder obrero.
Con esto el ascenso obrero se expresaba y pegaba un salto en el corazn proletario del pas: el Gran Buenos Aires. Lo profundo de la amenaza que representaba la intervencin obrera para los intereses capitalistas explica los niveles alcanzados por una represin que tuvo como objetivo central no slo terminar con la guerrilla (ya debilitada antes del golpe) sino doblegar a una clase trabajadora que se mostraba indomable: la gran mayora de los desaparecidos eran trabajadores asalariados y ms de un 30% obreros fabriles. Un golpe que estuvo promovido por la gran patronal y el imperialismo, y cont con el apoyo de la Iglesia y del conjunto de los partidos patronales (e incluso del Partido Comunista), que brindaron centenares de funcionarios al gobierno militar. Pero pese a la derrota histrica que sufri con la dictadura la vanguardia obrera, los trabajadores siguieron resistiendo en la clandestinidad. Esta resistencia fue el principal factor de erosin del poder militar, ya en crisis aguda antes de que la derrota militar en la guerra de Malvinas provocase su derrumbe final.

Hoy, cuando la clase obrera recupera protagonismo, el desarrollo de este cuarto relato encuentra nuevo sustento y, a la vez, se vuelve ms necesario: se trata nada menos que poner en su lugar lo que los idelogos de la clase dominante siempre buscan ocultar, el papel fundamental jugado por la accin de los trabajadores (o, dicho de otra forma, por la lucha de clases) en el desarrollo de la historia.

Notas:

1- Un claro smbolo de estos trabajos son los tres tomos de La Voluntad, de Martn Caparrs y Eduardo Anguita, aparecidos entre marzo de 1997 y octubre de 1998, construido sobre un conjunto de testimonios militantes, casi ninguno de los cuales tiene origen obrero ni militancia en las organizaciones trotskistas como el Partido Socialista de los Trabajadores, que centraba su actividad en las fbricas y rechazaba la estrategia guerrillera. Ms recientemente se ha incluso comenzado a editar la revista Lucha armada, ms de tipo acadmico, con artculos, reportajes y documentos de diversa ndole e inters sobre el tema.

2- Ver Christian Castillo, Elementos para un cuarto relato sobre el proceso revolucionario de los 70 y la dictadura militar, en Revista Lucha de Clases N 4.

3- Celestino Rodrigo era el Ministro de Economa del gobierno de Isabel Pern, y haba lanzado un dursimo plan de ajuste que motiv la respuesta obrera.



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