Portada :: Argentina :: 30 aos por la verdad y la justicia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2006

El 24 de marzo, desde aquel 1976, es una herida abierta
Los sueos de los 30.000

Liliana Daunes
Rebelin


Para quienes somos parte de una generacin que so y luch, entregando generosamente muchas vidas, esta fecha significa fundamentalmente un compromiso: continuar la lucha de los 30.000. Mantener el fuego de la indignacin ante las injusticias, del dolor ante la miseria y la pobreza, de la insubordinacin frente a todas las formas de opresin, de la rebelda frente al poder que oprime y disciplina.

Nuestra generacin no fue la primera que fue exterminada en nuestro pas. De varios genocidios se hizo esta "Argentina" capitalista. El de los pueblos originarios, el de los pueblos afrodescendientes. Varias masacres dolieron nuestra historia. Los obreros de la patagonia, los de la Semana Trgica, los de Len Surez, los del 17 de octubre. Varias proscripciones marcaron nuestros desencuentros.

El poder estigmatiz siempre a los rebeldes: indios, negros, anarquistas, cabecitas negras, imberbes, subversivos, duros, siniestros. Siniestros. Estigmatizar, para aislar, condenar, y reprimir.

Continuar la lucha, es sostener el Nunca Ms genocidios, Nunca Ms impunidad, para avanzar en la desarticulacin del aparato del terror.

Este 24 de marzo estuve en la Plaza de Mayo, no por primera vez. Estuve, como tantas otras veces, junto a los organismos de derechos humanos, junto a los movimientos que son parte de la resistencia, junto a la izquierda. Como estuve en tantos actos de las Madres y de otros organismos. Como siempre.

Y no estoy en un escenario en mi carcter de locutora, sino como militante. S quin convoca, qu se va a leer, y quines lo firman. Ir a un acto de estas caractersticas sin saberlo, es a mi entender, una irresponsabilidad inexplicable -por lo que no comprendo que dirigentes de movimientos de derechos humanos puedan afirmar que no saban lo que se iba a leer, cuando este material estuvo elaborado pblicamente, en reuniones a las que estos grupos asistieron-.

Participo en los actos, como militante, no de un partido, no de uno de los organismos, sino como militante de un movimiento heterogneo, diverso, pero que ha sostenido durante aos, la voluntad de hacer de los derechos humanos, una bandera que alude no solamente al pasado, sino que permite soar otra Argentina y otro mundo, con libertad, dignidad, justicia.

Es por ello que me siento en la obligacin de expresar lo que pienso, frente a lo sucedido en la jornada de los 30 aos. El acto convocado por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, fue de una pasividad apabullante. Resultaba conmovedor ver a los miles de personas que han vuelto a las calles, y aquellas que salieron por primera vez para expresar su compromiso con la memoria.

Es sabido que no era el acto que deseaba el gobierno, que hasta ltimo momento intent tener "su propia Plaza", con la compaa de dirigentes histricas de los derechos humanos que lo flanquearan.

Es sabido que ms de trescientas organizaciones, durante varios meses, llegaron a acordar el texto que le junto a otra compaera, desde el escenario de la Plaza de Mayo.

Es sabido que las Madres de Plaza de Mayo Lnea Fundadora y las Abuelas de Plaza de Mayo no estuvieron de acuerdo en firmarlo, pero que acordaron con los organizadores de la marcha participar de la convocatoria, compartiendo las consignas centrales.

Sin embargo, una impresionante campaa meditica est transformando lo sabido en omisin, y poniendo en escena una burda tergiversacin de la realidad.

Desde que llegamos a la Plaza, varias horas antes que se iniciara el acto central, sectores provocadores que rodearon el escenario, intentaron impedir que se repitieran las consignas acordadas por los convocantes, y que se leyera el documento. Insultos a los locutores, amenazas, y hasta agresiones fsicas, fueron sostenidas durantes varias horas. De esto no hay ni una palabra en las declaraciones posteriores realizadas por Madres Lnea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo y el Serpaj, entre otros. No recibimos solidaridad en el momento. No recibimos apoyo despus. Lo que s recibimos fue la descalificacin del acto, ignorando la provocacin organizada sobre el mismo.

Personalmente, acepto que esas organizaciones puedan tener esperanzas en este gobierno, como pueden haberlas tenido en otros gobiernos anteriores, desde Alfonsn hasta el gobierno de la Alianza.

No acepto que se condene el disenso. No acepto que se diga que reivindicar los derechos humanos hoy, es olvidar a nuestros 30.000 compaeros. Creo, por el contrario, que se falsifica la memoria, cuando se la recorta, cuando se la pretende remitir a un pasado sin presente.

Nuestros 30.000 compaeros y compaeras no aceptaran jams que se los recuerde, olvidando a los trabajadores reprimidos salvajemente y varios de ellos presos en Las Heras por reclamar trabajo, olvidando que el pago de la deuda externa se realiza al mismo tiempo que contina el hambre de nuestro pueblo, o mirando para otro lado cuando se participa con fuerzas militares argentinas de la invasin a un pueblo hermano como Hait. No. No nos perdonaran que el recuerdo, se llenara de tantos olvidos.

Es cierto que hubo autoritarismo este 24 de marzo. El autoritarismo de quienes no aceptando un consenso mayoritario, rompieron los acuerdos realizados en el espacio del Encuentro de Memoria Verdad y Justicia, para imponer otra lectura del acto multitudinario. El autoritarismo de quienes habilitan al gobierno, para que repita los discursos macartistas de la "izquierda siniestra", y hacen caso omiso del accionar de sus patotas.

La izquierda tiene mucho para cambiar, mucho para debatir y mejorar, para coordinar, y para aprender. Pero no son precisamente los que mandan o los que habilitan las patotas, quienes estn autorizados para dar consejos de democracia.

Este 24 de marzo, nos queda la alegra de la gente en las calles, y el dolor de que los compaeros y compaeras con quienes compartimos tantas rondas en la vida, parecieran desconocer esta historia y hacer coro a quienes vienen trabajando para desarticular al movimiento popular.

A quienes continuamos cultivando los sueos, en el llano, nos seguirn pegando desde la fuerza que les da el manejo indiscriminado de los medios de comunicacin de masas y del aparato estatal. Pero no tenemos miedo ni melancola. Estamos parados en nuestra tierra, abonada en la sangre de todos los maltratados de la historia. Seguiremos siendo, la voz de los vencidos, hasta siempre, hasta la victoria.



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