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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2006

La izquierda 'siniestra' y los 'derechos' humanos

Claudia Korol
Argenpress


Anbal Fernndez se refiri a las organizaciones centrales convocantes del acto del 24 de marzo en Plaza de Mayo, como la 'izquierda siniestra'. Anbal Fernndez -el mismo que era secretario general de la presidencia de Duhalde cuando se realiz la masacre de Puente Pueyrredn, a la que alent con sus declaraciones previas de demonizacin del movimiento piquetero- quiere disfrazarse ahora de 'campen de los derechos humanos'.

Anbal Fernndez -que entre otra perlas de su 'derecha' trayectoria cuenta tambin con haber sido secretario de trabajo de Ruckauf, y ahora es responsable de la militarizacin de Las Heras-. da clases de democracia!!! Democracia, no directa, ni representativa, es la que cultiva Anbal Fernndez. Es la democracia de punteros, clientelismo, amenazas, y patotas -como las que el 24 agredieron a las organizaciones que convocaron al acto, con insultos y volando una que otra botella de alcohol (despus de consumir su contenido)-.

La demonizacin de la izquierda, es uno de los histricos mtodos de falsificacin de la historia de las 'diestra derecha'. Y tambin ha sido siempre la puerta para futuras represiones y para el control de las rebeldas.

Antes de que se iniciara el genocidio del 24 de marzo, fue Balbn quien se refiri a los militantes sindicales como 'guerrilla fabril' y fue Pern quien ech a los montoneros de la Plaza, gritndoles 'imberbes' y alentando a la maquinaria de muerte lopezrreguista.

Los medios de comunicacin puestos al servicio del gobierno, a cambio de mucho dinero y prebendas, repitieron en estos das hasta la saturacin la estigmatizacin de las organizaciones de izquierda.

'Tienen intereses'. 'Juntan temas tan absurdos, como la lucha de los 30.000, los presos de Las Heras, y la guerra de Irak'. 'Se olvidan de los desaparecidos, por sus intenciones mezquinas'.

Vamos a hablar claro. Los 30.000 compaeros y compaeras eran militantes. S. Y eran militantes de izquierda. Es ms, eran militantes revolucionarios. Queran cambiar al mundo. No slo al pas. Al mundo. Ellos marchaban junto a muchos de nosotros y nosotras, en diferentes movilizaciones, en distintos actos. Los conocamos. Desaparecieron de nuestro lado. Los buscamos desesperadamente, de diferentes maneras. Sabamos sus nombres, sus ideas, su voluntad, sus convicciones. Ellos denunciaban -junto a tantos otros compaeros y compaeras de su generacin- a quienes queran poner punto final a las luchas, en nombre de lo posible. Algunos participaban de organizaciones armadas. Otros eran militantes sindicales, polticos, campesinos. Eran militantes cristianos, marxistas, feministas, gays, lesbianas, obreros y obreras, estudiantes. No vivan la militancia como un insulto sino como una prenda de honor. Todos defendan intereses, y se jugaban la vida en la batalla por ellos: los derechos del pueblo, y la 'patria socialista'.

Repetan con el Che, fueran peronistas o marxistas o cristianos, que 'tenemos que ser capaces de rebelarnos contra cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier rincn del planeta'. Crean, con el Che, que 'el deber de todo revolucionario, es hacer la revolucin'.

Jams hubieran considerado ajeno a la memoria de su resistencia, la prisin que sufren los trabajadores de Las Heras, o el exterminio que el imperialismo contina realizando en Irak.

No. No nos olvidamos de los desaparecidos quienes reivindicamos que es necesario continuar la lucha contra todas las injusticias, contra la explotacin, contra todas las formas de opresin. No somos nosotros, no somos nosotras quienes los olvidamos. Los recordamos no como un nombre, no como un nmero. Los recordamos con sus sueos intactos, y no aceptamos las mediatizaciones de quienes pretenden que sus nombres ya no sigan siendo desafo del poder, bandera de combate contra un sistema que sostiene y reproduce el hambre del pueblo, la desocupacin, la exclusin, la entrega de los recursos naturales, la estigmatizacin de la oposicin, la judicializacin de la protesta, la criminalizacin de la pobreza... y la represin.

Hoy, quienes quieren recordarlos como quienes no eran, es decir, al margen de su lucha, al margen de su compromiso vital, se asocian al coro de 'la izquierda siniestra'.

Bueno, no cantaremos en el coro de los buenos modales.

Somos de una generacin que aprendi la rebelda. Y si algunos se cansaron, si prefieren mirar al mundo desde el cristal del poder, hay otros que seguimos siendo la piedra en el zapato, una molestia para quienes ayer fueron militantes, y hoy se reciclan como funcionarios de los despachos oficiales en los que transan su historia personal, y desde all pretenden convencernos o imponernos negociar el final de la resistencia colectiva.

Pero no. El 24 de marzo es un da de lucha. No es un funeral de las utopas, como quieren presentarlos quienes decidieron que hay punto final para la reivindicacin de los derechos humanos.

El presidente Kirchner afirm que la vanguardia de la lucha contra la dictadura, han sido las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo. A continuacin pretende decirnos que no es posible disentir con las Madres ni con las Abuelas. Es en este lugar, en el que se revela ms brutalmente la hipocresa.

Personalmente, amo a las madres de la plaza de mayo, y respeto la lucha de las abuelas. Amo a las madres, como creo que lo hacan sus hijos e hijas. Comparto muchos de sus esfuerzos. Participo de espacios comunes que me llenan de orgullo. Las abrazo. Polemizo cuando no comparto lo que dicen o hacen. Lo hago siempre con el tremendo respeto que me inspira su recorrido. Creo que aprend mucho de ellas, y que repetimos sus enseanzas cuando decimos: 'ni un paso atrs', o 'la nica lucha que se pierde es la que se abandona'. Por eso no me gusta abandonar las luchas y s me gusta hablar de frente. Es desde ese amor y desde esos caminos andados juntas que me pregunto:

Qu haca el gobernador de Santa Cruz, Nstor Kirchner, cuando apoyaba las privatizaciones impulsadas por Menem, que en su momento fueron condenadas por las Madres? Qu haca cuando las Madres marchaban en la Plaza de Mayo, diciendo que cada peso que se paga de la deuda externa, significa la muerte de nios en la Argentina; y que pagar la deuda es un crimen?

O es que las Madres se han vuelto vanguardia cuando apoyan a su gobierno? Y adems... con qu Madres no se puede disentir, con las de una o con las de otra lnea? Y si las Madres disienten entre ellas, o si ellas disienten con las Abuelas es que no tenemos nada para decir? Y continuando con las preguntas, es que los que han sido compaeros de los desaparecidos, y fueron vctimas tambin de la desaparicin, o de la prisin, o del exilio, no tienen derecho a la palabra? O es que no ha habido resistencia en las crceles de la dictadura, en los campos de concentracin, y en las diferentes modalidades clandestinas que asumieron las organizaciones revolucionarias en ese tiempo? O ser que se puede recordar a los desaparecidos sin sus pensamientos, sin sus palabras, sin sus acciones?

Entre la hipocresa y el oportunismo, se pretende construir otra historia. Una historia que invalide a quienes critican al gobierno. Toda crtica ser considerada siniestra.

Una historia que invalida, por este mismo camino, la memoria que se pretende homenajear.

Los 30000 compaeros y compaeras estn presentes, no en un museo, no en una placa, no en la solemnidad de los despachos del poder. All habr, en el mejor de los casos, una memoria light, que justifica y tranquiliza.

Pero los 30.000 militantes de izquierda, revolucionarios combatientes, los que asustaron al poder, lo siguen atemorizando...

Ellos 'aparecen' en las batallas que continan, en los fuegos que no se extinguen, en la palabra rebelde, en la accin coherente con la palabra. Ellos se movilizan. Se organizan. Ocupan empresas. Cortan rutas. Crean centros de estudiantes. Reclaman por el boleto estudiantil. Crean partidos. Hacen banderas.

Los 30000 compaeros y compaeras estn presentes, marchan con todos los que continan la resistencia, con los de abajo, junto a la izquierda, como antes, como siempre... hasta la victoria.



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