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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2004

La historia de Tirso Vlez
Colombia: La Gabarra

Luis Alberto Matta Aldana
Rebelin


Evocacin del lder social Tirso Vlez, a propsito de la desolacin y el dolor de la regin selvtica del Catatumbo



Los dioses partieron una pia y de ella sali un hombre,
luego partieron otra pia y sali una mujer,
ilusionados partieron otras pias y salieron muchos nios.
Entonces poblaron las selvas y los ros y as nacieron los motilones.

(Leyenda oral de los indgenas Bar, pobladores ancestrales del Catatumbo).


El 8 de marzo de 1992 fecha de elecciones regionales en Colombia, el entonces militante comunista Tirso Vlez, hombre sencillo de acentuadas convicciones libertarias y profunda riqueza espiritual, profesor rural de primaria apreciado por sus dotes de lder social, cantautor y poeta popular, encabez una amplia coalicin de izquierda que incluy sectores progresistas de los tradicionales partidos (liberal y conservador), ganando abrumadoramente la alcalda de Tib, poblacin de unos 34.000 habitantes, considerada capital de la selvtica regin del Catatumbo.

Promediando la segunda semana de agosto ese mismo ao, como alcalde de Tib, Tirso puso en marcha un orgulloso programa de gobierno que llam Tib un sueo de paz. Se trataba de una ambiciosa estrategia de dilogo y desarrollo social consultada con las comunidades que lo haban respaldado. Es importante destacar que `con Tirso se cumpla el segundo mandato en lnea de la Unin Patritica, movimiento de izquierda que congreg en el Catatumbo, quiz como en ninguna otra regin de Colombia todas las vertientes polticas, incluyendo lderes catlicos y evanglicos, y unificando sectores dismiles de izquierda como A Luchar y Frente Popular, tambin al campesinado y por primera vez a los esquivos indgenas Bar.

Influenciado por el progresista obispo catlico Luis Madrid Merlano, Tirso ech mano de su desbordante optimismo y de su magnfica vision nacional, y propuso la tarea de recoger 100.000 firmas entre los pobladores del Catatumbo y regiones aledaas, segn l para solicitar al gobierno nacional y a la insurgencia, agrupada entonces en la Coordinadora Guerrillera Simn Bolvar CGSB, un cese integral y bilateral de hostilidades, prembulo obligado hacia la construccin de un gran acuerdo de paz entre los colombianos. Como hoy, eran pocas de guerra y el narcotrfico corrompa esferas oficiales de poder, mientras los terratenientes con la connivencia del Estado fundaban ejrcitos privados de paramilitares. Tambin como hoy, la insurgencia, y separadamente el conjunto del movimiento popular presionaban desde todos los escenarios posibles, una autntica mesa nacional de paz en busca de transformaciones econmicas, sociales y polticas, que conduzca a la reconciliacin nacional.

A pocas horas de Tib y ms cerca de la frontera con Venezuela, los humildes pobladores de La Gabarra (un pequeo corregimiento de Tib) soaban confiados en un futuro mejor para su regin. De mayora indgena y campesina La Gabarra est enclavada en montes circundados por cinagas y madreselvas, en cuyos alrededores se pasean los puercoespn, los tigrillos, culebras, bquiros, micos, loras y gallinetas, y otras tantas especies que abundan en esas selvas de frontera. Hasta ese momento sus gentes haban vivido en relativa paz pero siempre sumidos en la pobreza, pese a ser rodeados de yacimienos de petrleo y de enormes riquezas biolgicas y naturales. Esta pequea poblacin es en verdad un puerto fluvial a orillas del ro Catatumbo, torrente navegable que serpentea por entre los montes acogiendo los ros Sardinata, Tarra, San Miguel, Tib y ro de Oro entre otros, para luego internarse en Venezuela y desembocar en el lago Maracaibo, por donde sus aguas se conectan al mar Caribe.

En 1992 bajo una significativa influencia comunista, La Gabarra constitua el epicentro de una gran fuerza social comprometida con la paz, que para desgracia de aquel pueblo, no era una situacin bien vista por el gobierno neoliberal del presidente Csar Gaviria Trujillo, quien estimaba al Catatumbo como una zona roja de alta tendencia subversiva. Por el contrario, los habitantes locales la consideraban una zona verde que queran convertir en remanso de paz. La verdad es que en esta regin, como en muchas otras de Colombia donde el Estado olvid sus obligaciones sociales, la insurgencia creci al comps de la inconformidad poltica de los campesinos y colonos empobrecidos, con quienes ha elaborado reglamentos de convivencia desde una ptica de poder popular.

Por aquella epoca las tropas oficiales por orden del gobierno nacional acechaban al Catatumbo, y tambin lo haca el paramilitarismo que no haba logrado penetrar definitivamente en La Gabarra, principalmente porque no haban florecido el latifundio y los cultivos de coca, que hasta entonces constituan un problema relativamente marginal. No obstante, en la primera semana de agosto de 1993 el poeta y alcalde de la Unin Patritica en Tib, fue amenazado por bandas paramilitares, justo despus que se perfilara y fuera reconocido como el mejor mandatario y administrador entre los alcaldes de Norte de Santander.

El entonces general Harold Bedoya (uno entre los ms oscuros personajes en la tragedia colombiana) insinu que Tirso era amigo del terrorismo, porque ste haba rechazado el arribo de 3.000 nuevos soldados al Catatumbo. En su temerario mensaje el general ignor deliberadamente, que la Unin Patritica haba reclamado en cambio de los militares, a 50 docentes que faltaban para suplir el deficit educativo del municipio. Pocas semanas despus cuando transcurran los primeros das de Septiembre de 1993, Tirso Vlez fue detenido por el DAS (polica poltica del gobierno), cumpliendo una orden de la fiscala bajo presin del general Ardila (comandante local de la brigada mvil del Ejrcito), quien asegur que el alcalde favoreca desde su administracin a las guerrillas, y principalmente segn l, al Ejrcito de Liberacin Nacional ELN de fuerte arraigo en poblaciones aledaas a Tib.

Por aquellos das Tirso haba publicado el poema titulado Colombia un sueo de paz, que fue duramente rechazado por los mandos militares, porque desde una perspectiva humana instaba a la paz entre soldados y guerrilleros. Este fue el verso que alborot la inquina:

Para que exploten bombas de pan y de juguetes
y corran nuestros nios entre escombros de besos.
Lancita... mi soldado... recuerda que Jacinto, el hijo de la vieja campesina,
se fue para la guerrilla buscando amaneceres, persiguiendo alboradas.
Que no regrese muerto, no le apagues su lmpara.
Porque la vieja espera pegada a su camndula
pidindole a las nimas que no le pase nada

En el sitio web http://usuarios.lycos.es/palenquederhonealpes/reiniciar.htm se puede consultar la totalidad del poema. Una vez ledo se corrobora que Colombia no est lejos del Macondo que nos ensea Gabriel Garca Mrquez, y que la detencin de Tirso fue poco menos que una infamia, como otras miles que se han cometido. Pocas semanas despus viaj junto a mi compaera Diana y el parlamentario Manuel Cepeda Vargas a Ccut y Tib, para hacer el lanzamiento del libro Poemas Perseguidos, que por supuesto inclua los versos de la discordia. Tirso concibi el sugestivo ttulo del libro en la crcel, conque el rgimen intentaba acallar la voz del pacfico movimiento social de la Unin Patritica.

En la ciudad de Ccuta, a propsito hoy convertida en sede social del paramilitarismo, favorecido con la poltica de Seguridad Democrtica, en dicha ciudad durante aquel viaje pudimos corroborar leyendo el expediente de Tirso, que los versos del poeta, haban sido interpretados por el general Ardila y los sabuesos de la Fiscala, como intrincadas simpatas del alcalde con el terrorismo. Manuel Cepeda haciendo gala del sarcasmo y de su genial irona concluy das despus a travs del semanario VOZ: para la derecha y los mandos militares en Colombia, definitivamente la poesa es peligrosa.

A partir de 1992, en los aos posteriores y contextualizado con una alta militarizacin, fueron asesinados selectivamente al menos medio centenar de los ms queridos lderes comunales y cvicos del Catatumbo. Oleadas de pobladores (gentes humildes y de bien) migraron forzados a engrosar los cinturones de miseria en Ccuta, El Zulia y otras regiones (incluyendo Venezuela), mientras el latifundio voraz extenda sus fauces sobre aquellos territorios, y los partidos tradicionales recobraban la hegemona poltica. La pobreza continu su camino ascendente y con ella el desempleo y la delincuencia comn. Entretanto, la coca se expandi rpidamente arrebatando territorios a la selva, a la vez que los combates entre las tropas oficiales contra las insurgentes FARC-EP y ELN se multiplicaron, sembrando zozobra entre la poblacin civil del municipio de Tib y tambin en otros como El Tarra, Convencin, Hacar, Teorama y San Calixto.

La insurgencia no pudo impedir la expansion de la coca en sus areas de influencia, dada la ausencia de alternativas sociales para el campesinado empobrecido y el constante arribo de nuevos desplazados a las zonas de colonizacin, adems, porque innegablemente gan importantes espacios de influencia y legitimacin entre la poblacin dedicada a sobrevivir con dichos cultivos, al prohijar y reglamentar socialmente en los territorios de colonizacin, a los desterrados que huan de la violencia militar y paramilitar.

En 1996 la embajada de EE.UU. orden al presidente colombiano Ernesto Samper la fumigacin de los cultivos de coca, decisin a la que el campesinado no tard en responder con masivas protestas sociales. Aunque las marchas cocaleras tuvieron su epicentro en el sur del pas, ms de 350.000 campesinos se manifestaron pacficamente en varias regiones de Colombia, incluyendo en el norte al Catatumbo. Los labriegos exigan soluciones econmicas viables para la crisis social que padecan, rechazando la criminalizacin de su actividad productiva, y alegando que el cultivo de coca estaba incorporado a su economa de subsistencia. El gobierno evadi el dilogo social instalando mesas tramposas de negociacin, a la vez que reprima con violencia militar las pacficas marchas campesinas. La arremetida violenta del Estado debilit la credibilidad institucional entre los cocaleros, acercndolos ms a las guerrillas, organizaciones que no tardaron en organizar una respuesta insurgente, fundamentalmente las FARC-EP, quienes desataron una ofensiva guerrillera sin precedentes en el sur de Colombia.

En los aos siguientes, en cambio de formular alternativas polticas y sociales, el Establecimiento gobernante aceler la expansin de la estrategia paramilitar, obteniendo mayor xito en el centro y norte del pas. Recordemos que la violencia paraestatal ha sido el arma tradicional del poder gobernante en la Colombia de los ltimos 50 aos. Por tradicin los ejrcitos privados de pjaros, sicarios y ahora autodefensas, han ejecutado o encubierto la guerra sucia de los gobiernos y los terratenientes contra los movimientos populares de oposicin.

La estrategia paramilitar se benefici y se ha visto fortalecida como nunca antes con el Plan Colombia, un impresionante programa de guerra patrocinado por los EE.UU. que puso en marcha el presidente Andrs Pastrana, bajo el embeleco de combatir al narcotrfico y el terrorismo. Fortalecidas y envalentonadas las bandas paramilitares en mayo de 1999 organizan un ataque masivo contra la poblacin del Catatumbo, con la intencin de copar aquellos codiciados territorios, cuyos cascos urbanos estaban ya bajo control absoluto de las fuerzas militares del Estado. Una directriz del Plan Colombia ordena que la fuerza pblica se instale definitivamente en cada uno de los 1070 municipios del pas, de los que al menos 320 (fundados a la sazn del desplazamiento forzado y la pobreza) han sido histricamente controlados por las guerrillas.

Con la ofensiva paramilitar Tib y particularmente el corregimiento de La Gabarra fueron baados en sangre. Cerca de 600 personas son asesinadas, muchas de ellas sometidas a horribles torturas, en las que familias enteras fueron mutiladas con machetes y motosierras, incluyendo numerosos nios y ancianos. Aproximadamente 20.000 colonos y pobladores huyen atemorizados de la regin, con la anuencia descarada de la fuerza pblica y el silencio aterrador del gobierno nacional. Prestigiosas organizaciones defensoras de los derechos humanos como la Asociacin para la Promocin Alternativa Minga documentaron informes y testimonios de primera mano, que contribuyeron sin duda a despejar lo acontecido. Pese a todo, la casi totalidad de polticos, financiadores y militares responsables de estos crmenes de lesa humanidad siguen actuando libremente y vinculados al gobierno de Uribe. Como excepcin a la regla se contabiliza la destitucin del general Alberto Bravo Silva, que por accin y omisin fue vinculado a los hechos.

Llama la atencin que antes y durante el periodo en que fueron cometidas las terribles masacres contra la inerme poblacin del Catatumbo, la fuerza pblica despleg bajo orden del general Martin Orlando Carreo Sandoval, entonces comandante de la 5 Brigada del Ejrcito con sede en Bucaramanga, la ms grande operacin contrainsurgente en la historia de la regin. Entre mediados de Octubre del ao 2001 y finales de Marzo de 2002, aproximadamente 7.500 soldados de lite, pertenecientes a los batallones: Comuneros 36 (que oper entre Tib y el corregimiento de Filogringo en El Tarra); Santander (esta unidad se desplaz desde el departamento del Cesar hasta el rea petrolera de Or); Unidad Mvil de contraguerrillas Los Guanes; Luciano DElhuyar, y batalln Maza de Ccuta, realizaron operaciones en la regin.

Las tropas del Estado con apoyo de la fuerza area, combatieron y ametrallaron por todos los flancos a las guerrillas, afectando principalmente al ELN que tena una importante presencia en varios municipios del Catatumbo. El accionar del ejrcito, presumiblemente trataba de contener la reaccin de los insurgentes, en momentos en que las paramilitares AUC acometan sus motosierras contra la poblacin civil. El pretexto de los paras era aniquilar las supuestas bases sociales de la subversin, mientras el ejrcito, en forma casual pareca controlar la posible retirada de los civiles que huan del cerco de terror que imponan las bandas genocidas. Testimonios de campesinos sobrevivientes e investigaciones posteriores a las matanzas, pusieron al descubierto la casi descarada coordinacin entre oficiales y paramilitares que llevaron a cabo las operaciones.

Los saqueos, violaciones, torturas, asesinatos y desapariciones selectivas tuvieron su climax genocida en diciembre de 2001, fecha en la que tiene lugar la segunda masacre de civiles inocentes. Las llamadas autodefensas recorrieron durante su redada criminal, territorios ms all de las zona urbana y rural de los municipios del Catatumbo, abarcando tambin reas del Carmen, La Playa, Puerto Santander, Petrlea y Ro de Oro, es decir, casi un tercio del departamento, jornada de terror que se prolong hasta mediados de Marzo del 2002, cuando se considera que la regin pas al control casi absoluto del paramilitarismo. Desde entonces el narcotrfico acumula poder a expensas de las tierras campesinas.

Los actos de barbarie ejecutados por los escuadrones de la muerte contra civiles indefensos, condujeron a la inevitable degradacin del conflicto social armado. As mismo las estelas de muerte y destruccin del frgil tejido social del Catatumbo se fueron extendiendo paulatinamente a otras secciones del Norte de Santander. Municipios como Arboledas, Salazar de las Palmas, Villa del Rosario, El Zulia y particularmente Ccuta, ciudad capital que alberga poco ms de 600.000 habitantes, el 70% sumido en la pobreza, fueron convertidas en sede social del narcotrfico y las derechistas Autodefensas Unidas de Colombia AUC. El Norte de Santander es una provincia montaosa de unos 21.000 Km2, compuesta por 38 municipios incluyendo Tib.

Mencin especial hago del municipio de El Zulia, ubicado a escasos 25 minutos de Ccuta en un esplendoroso Valle de arrozales, circundado por montaas y dos ros (Peralonso y Zulia), que constituye uno de los lugares ms hermosos de Colombia. All transcurrieron los primeros aos de mi juventud, los primeros amores, la secundaria y el primer acercamiento a las luchas polticas junto a la Unin Patritica. Fue una poca determinante para la vinculacin definitiva al trabajo por una verdadera democracia y por la paz en Colombia. Un sbado tarde, en agosto de 1978, durante una improvisada reunin de cantores en el parque principal conoc a Tirso Vlez, que acariciaba canciones de protesta en su guitarra. No tard en ensearme el peridico VOZ, y un tiempo despus me fue presentando a Juan Mogolln, Jaime Gmez, David Jaimes, Carlos Bernal y otros delegados del Partido Comunista que frecuentaban El Zulia con propaganda revolucionaria.

Tirso Vlez fue aislado del regional del PCC en poca posterior a su accidentada alcalda de Tib, poco tiempo despus de haber salido de prisin. Conflictos y discusiones propias del Partido lo alejaron de las huestes comunistas. En los aos siguientes con total autonoma fortaleci su profunda conviccin pacifista y liderazgo poltico, siendo primero diputado departamental, luego aspirante independiente a la gobernacin y al parlamento, hasta que finalmente lleg a ser el ms opcionado candidato a la gobernacin del Norte de Santander en el ao 2003, encabezando de nuevo una coalicin muy amplia de organizaciones populares, esta vez impulsada por el Polo Democrtico y el Frente Social y Poltico, los mismos movimientos alternativos que llevaron al socialdemcrata Luis Eduardo Garzn a ser el actual alcalde mayor de Bogot.

Pero el Norte de Santander bajo la frula narcotraficante y paramilitar, ya no fue tierra frtil para proyectos democrticos y civilistas. Una casta de terratenientes y corruptos se han apropiado de los hilos de poder poltico y econmico, infiltrando inclusive los rganos de justicia, situacin reiteradamente demostrada en las documentadas denuncias de organizaciones defensoras de derechos humanos, y paulatinamente confirmadas por sucesivos escndalos, que han desvelado la ligazn institucional de narcotraficantes y paramilitares con la oficina regional de la Fiscala General de la Nacin.

Justo cuando Tirso Vlez encabezaba las encuestas de opinin a nombre del Polo Democrtico, y la poblacin (principalmente las barriadas empobrecidas de Ccuta, colmadas por desplazados de la violencia) manifestaban abierta complacencia por su magnfica candidatura a la gobernacin del Norte de Santander, su preciosa vida le fue arrebatada violentamente.


Con el asesinato de Tirso la ultraderecha cort las alas de un proyecto civilista, popular y democrtico, afianzando la llegada de los corruptos de siempre al poder regional. La clase dominante no toler una pacfica candidatura de izquierda, y por evidente temor a una derrota electoral, castig sin piedad al lder que encarnaba un autntico proyecto de paz para el departamento.

Al poeta y cantautor, que desde un liderzgo de izquierda asuma como el candidato de los excludos, le cegaron la vida al atardecer del mircoles 4 de Junio de 2003. Las rfagas de los sicarios hirieron tambin a Isabel (esposa y madre de sus pequeos hijos Miguel Angel y Ruben Daro) y un acompaante ocasional. El crimen se cometi a escasos metros de la vigilada sede del gobierno departamental y a pocas cuadras de una enorme estacin de polica. No obstante, testigos aseguran que los asesinos se dispersaron con toda tranquilidad por la ciudad, utilizando dos conocidos taxis y varias motocicletas de alto cilindraje que cruzaron por entre habituales retenes militares.

Horas despus del crimen el diario La Opinin, un peridico de cubrimiento regional que en vida le public artculos y poemas a Tirso, extraamente ese da enfatiz su sitio web en noticias sobre hechos violentos adjudicados a la insurgencia. Apareca el titular del atentado contra Tirso, pero al abrir la noticia dejaba ver la nota sobre un atentado cometido supuestamente por el ELN contra un centro comercial. Muchos nos preguntamos que pretenda el diario La Opinin? Lo cierto es que este peridico ha girado hasta convertirse en un confundidor de la opinin pblica y en el puntal defensivo de la clase poltica ms corrompida del departamento, obviamente ligada al narcotrfico y el paramilitarismo. El gobierno de Alvaro Uribe Vlez, campen de los shows mediticos, frente al asesinato de Tirso guard un repugnante silencio.

El asesinato de Tirso Vlez se inscribe en la ya sistemtica eliminacin de opositores que ha padecido el Norte de Santander. Aunque la Defensora del Pueblo y organizaciones de derechos humanos corroboran que ms de cinco mil lderes sociales, comunales y sindicales han sido asesinados en los ltimos 5 aos en Ccuta, la realidad es que los crmenes selectivos contra el movimiento popular se remontan a la dcada de los ochenta. Miles de seres annimos han perdido la vida y tambin destacadas personalidades cuya actividad estaba centrada en la oposicin poltica al rgimen. En honor a la memoria y con esperanza de justicia se precisa recordarlos a todos, pero en esta breve nota solo mencionar algunos:


Es en el marco de esta sistemtica violencia, amparada en el terrorismo de Estado, que sucedi el ltimo crimen colectivo en la Gabarra. A la madrugada del martes 15 de junio de 2004 la muerte azot de nuevo las selvas del Catatumbo, da que fueron asesinados 34 jornaleros y labriegos que descansaban la jornada acampados en una humilde vereda, y que segn se pudo confirmar, estaban recin llegados a la regin, llevados y contratados por una mujer que figura en la nmina de los paramilitares.

Respondiendo a una calculada programacin, los raspachines nombre comn de los trabajadores que desojan arbustos de coca, fueron instalados en un campamento aislado, sitio donde posteriormente se cometi la matanza, hecho atroz ejecutado con sevicia, y a escasas horas de instalarse la mesa de dilogo entre el gobierno de Uribe Vlez y las bandas paramilitares. Al parecer con esta matanza, se pretenda atraer a Santaf de Ralito, sede de los dilogos paramilitares, a medios de prensa internacionales renuentes a un gran despliegue informativo sobre este proceso que muchos consideran una farsa del gobierno Uribe. En cuanto al macabro suceso de La Gabarra, an sin hacer el levantamiento de los cadveres, sin acudir al sitio, sin investigacin alguna y sin anlisis probatorio, polticos y militares del Norte de Santander, entre los que se destac el coronel Marco Antonio Pedreros, comandante departamental de Polica, se apresuraron a adjudicar la masacre a la insurgencia, tratando de sealar al paramilitarismo como vctima.

En el marco de esta triste coyuntura, que enluta hogares colombianos, el presidente Uribe organiz una fuerte ofensiva meditica orientada a justificar su estatuto antiterrorista, y solicitar a la comunidad internacional respaldo para el proceso de paz que adelanta con los paramilitares. La prensa favorable al rgimen repiti hasta el cansancio la versin difundida por las autoridades, y los titulares inclusive de agencias internacionales, simplificaron el conflicto social y armado colombiano, indicando la existencia de una guerra entre paras y guerrilla por hacerse al control de los territorios donde se cultiva coca. Prcticamente ningn anlisis apareci sobre la vulnerabilidad de los civiles desarmados en el Catatumbo y toda Colombia, que se supone, son el objeto de proteccin de la poltica de seguridad democrtica que adelanta el gobierno.

Con la ltima masacre en La Gabarra tambin se tendi una cortina de humo, en apariencia casual, sobre el grave escndalo que afecta a las primeras autoridades del Norte de Santander, comenzando por el alcalde de Ccuta, seor Ramiro Surez Corzo, recientemente capturado a pesar de su investidura, luego de que se filtrara ampliamente a la opinin pblica su descarada ligazn con el hampa narcotraficante, y su co-responsabilidad intelectual en crmenes de personalidades del Norte de Santander, entre otros, el asesinato de Tirso Vlez.

Das antes de la matanza de raspachines de coca, se haba puesto al descubierto que el seor Surez Corzo organiz durante su campaa electoral una fuerte campaa contra el candidato de la izquierda democrtica Tirso Vlez, favoreciendo a su compadre poltico, Miguel Morelli Navia, hoy gobernador del Norte de Santander. Morelli Navia ha guardado un aterrador silencio ante los centenares de asesinatos contra lderes populares, sucedidos durante su campaa y su mandato.

Entretanto la accin de organismos de derechos humanos han presionado al desprestigiado aparato de justicia colombiano para que acte. El primer resultado ha sido la orden de captura contra el alcalde de Ccuta, Ramiro Surez, a quien tambin se le imputa responsabilidad en el asesinato del asesor jurdico de la alcalda, Alfredo Enrique Flrez. Por este mismo hecho es prfuga de la justicia la seora Ana Mara Flrez Silva, directora de Fiscalas en la ciudad de Ccuta, acusada igualmente de complicidad con las bandas paramilitares. Tambin se investiga a Magali Yaneth Moreno Vera, ex investigadora del Cuerpo Tcnico de Investigacin de la Fiscala, cargo que mantuvo a pesar de ser la novia de un comandante paramilitar. Otros superficialmente investigados son la seora Deisy Calcern de la Secretara de Gobierno departamental, el secretario de Seguridad Ivn Figueredo, este ltimo delatado por amigos suyos que arrepentidos se entregaron a la justicia, y el Coronel Vctor Hugo Matamoros, actual comandante del batalln Maza.

El presidente Uribe trat de utilizar la no esclarecida masacre de La Gabarra, como instrumento de presin, para poner en entredicho el valioso e independiente trabajo que realiza Amnista Internacional, y todo porque esta organizacin no reprodujo a velocidad de papagayo amaestrado, las versiones oficiales sobre el lamentable hecho de violencia. El seor Uribe ignor deliberadamente, en un intento por impactar a la opinin de derecha que le favorece en las encuestas, que Amnista Internacional es una organizacin defensora de derechos humanos caracterizada por la prudencia y la independencia, y que acude a informaciones de primera mano, las cuales analiza y contrasta, y generalmente hace pronunciamientos cuando conoce versiones crebles, producto de la investigacin realizada en terreno. En realidad el plan de Uribe era desacreditar a la insurgencia, transformar en vctimas a los victimarios, y ganar adeptos en su odiosa campaa contra los defensores de derechos humanos.

Portavoces del Establecimiento alimentaron la polmica de Uribe Vlez contra Amnista Internacional, desplegando para ellos su maquinaria de prensa y enfatizando en la manipulacin informativa, para lo cual adems, aprovecharon un desatinado artculo de opinin publicado en la agencia de prensa ANNCOL, agencia que habitualmente y desde una ptica de izquierda difunde notas sobre el conflicto colombiano. La mencionada nota de ANNCOL enfatizaba en la paramilitarizacin del Catatumbo, pero fue asimilada por los medios gobiernistas a una comunicacin oficial de las FARC, en la que supuestamente aceptaban como positiva la matanza de trabajadores raspachines en La Gabarra. Posteriormente ANNCOL desde su sede europea aclar no poseer facultades tales, como las de suplantar a la comandancia guerrillera, sin embargo, la manipulacin informativa se mantuvo, ignorando las pertinentes aclaraciones y protestas de la agencia de prensa.

No se puede falsear la realidad, como histricamente lo han hecho los empresarios y terratenientes que gobiernan a Colombia, dueos y seores de la prensa colombiana. Sin duda, y como sucede en todo conflicto armado interno o guerra civil, el Estado garante y tutelar de los derechos es el directo responsable de la violacin a los derechos humanos, as como los alzados en armas contra el poder establecido, son responsables mayoritarios de las infracciones al Derecho Internacional Humanitario. Los paramilitares luchan por defender los privilegios de los ricos y terratenientes que gobiernan, y se declaran hijos del Estado colombiano. En una guerra as se necesita una informacin independiente y alternativa, y ms cuando la poblacin civil es quien padece los peores rigores del conflicto.

Esta realidad nos obliga a quienes estamos comprometidos con la defensa de los derechos humanos y con la bsqueda de una autntica democracia, a que sigamos trabajando desde nuestras posibilidades, por alcanzar la consolidacin de un movimiento amplio, nacional e internacional, por la paz con justicia social en Colombia. El acuerdo humanitario debe ser la primera tarea de este movimiento popular, porque abre una puerta hacia la discusin de soluciones polticas y sociales para el conflicto interno. Por ahora el gobierno Uribe camina en sentido contrario, legalizando los paramilitares y su caudal narcotraficante mediante el dilogo, y prometiendo un partido poltico de ultraderecha que supuestamente lo va a elegir nuevamente como presidente.

En este contexto le envo al presidente Alvaro Uribe Vlez, dos mensajes... Primero, que quienes estamos comprometidos en la bsqueda de la paz con justicia social, y en la construccin de una democracia verdadera para nuestro pueblo, jams nos alegramos ni celebramos muerte alguna, por el contrario, a todo tiempo y lugar reclamamos la paz como nuestro ms grande anhelo, y la vigencia integral de los derechos humanos como esencia de justicia. Segundo, que los autnticos defensores de derechos humanos somos independientes, pero no somos ni podemos ser neutrales ante el conflicto social armado interno, ni ms faltaba, pues con absoluta claridad estamos a favor de la solucin poltica y del dilogo con los insurgentes, porque la guerrilla est conformada por quienes no tuvieron otra opcin que levantarse en armas para continuar sus luchas que no pudieron por vas democrticas. No respaldamos el monlogo inmoral entre su gobierno con paramilitares y narcotraficantes, porque estamos a favor de la paz como producto de transformaciones sociales, econmicas y polticas en bien de nuestro pueblo, paz con reforma agraria, soberana y derechos humanos.

Y no podra concluir la presente nota sin destacar el testimonio que Tirso Vlez nos brind con su preciosa vida. Tirso am tanto a sus hijos como a la poesa, porque ellos eran para l sus versos vivos. Fue un soador incansable comprometido con la causa liberadora de los pobres, fue un hombre culto y autodidacta, poseedor de una natural sencillez. Fue un lder transparente que saba escuchar y transmitir mensajes. Por tradicin familiar fue cristiano y por conciencia militante comunista, pero al final de sus das fue simplemente un pacifista, alguien que combin en la prctica sus experiencias intelectuales y espirituales. Era un enamorado de la vida, tema que expres en la nostalgia de sus cantos y en la profundidad mstica de sus poemas, porque crea que la vida es un crculo. Goz y comparti con sus amigos el mensaje simple de libros como Sidartha del escritor alemn Herman Hesse, y de otros comoEl Principito y Juan Salvador Gaviota.

Poco antes de su muerte haba declarado en una entrevista: Yo le tengo miedo a la muerte por lo desconocido. Tengo miedo a dejar compromisos sin cumplir o metas no logradas, si tienen que ver con la felicidad del ser humano y contra tantas injusticias vigentes en la tierra. Paz en su tumba e infinita memoria para l y para tantos inocentes asesinados, encarcelados, perseguidos, torturados y desaparecidos en el marco de la guerra sucia y el terrorismo de Estado. De esos seres humanos excepcionales, soadores y amantes de la vida, tomaremos lo mejor de su herencia y se lo transmitiremos a las nuevas generaciones, para que nosotros ni ellos jams los olvidemos.

Anexo: Mapa del Norte de Santander y su ubicacin en Colombia.


 

Luis Alberto Matta Aldana es ex-consejero de paz del Valle del Cauca y activista de derechos humanos, actualmente refugiado poltico.





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