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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-04-2006

Sobre la preservacion de Asturies y la extincion de sus dinosaurios

Carlos X. Blanco
Rebelin


La cultura asturiana mantuvo con fuerza sus valores e instituciones bsicas hasta bien entrado el siglo XX. Desde sus ms remotos orgenes prehistricos, se hubieron de dar innumerables transformaciones e injertos que, pese a todo, nunca alteraron el fermento bsico sobre el que se alzaron sus diversas realizaciones. La romanizacin o la castellanizacin, por ejemplo, no fueron influjos menores en el decurso nacional de los asturianos y, an as, la ms elemental observacin comparada demuestra a los ojos atentos que, histricamente, esta cultura nortea peculiar fue, de todas las habidas en la pennsula, una de las menos latinas, no en asunto lingstico pero s en cuanto a formas etnogrficas de existencia. Comentario aparte merece cuanto se diga respecto a lo idiomtico. Pese a que la lengua asturiana es ciertamente una lengua romance, con todo el substrato prerromano que se quiera, hasta tiempos muy reciente en el territorio asturiano la gente conserv este idioma de origen altomedieval pese a la imposicin tenaz del castellano imperialista que, en cambio, s hizo estragos en el resto del rea de influencia del antiguo reino astur-lenes, desde Len capital hasta el sur, a lo largo de la Va de la Plata, as como en la actual Cantabria, desplazando a la llingua.

 

La conservacin de un fermento cultural propio es en s un fenmeno histrico, una categora que debe ser explicada no en trminos heroicos o metafsicos, sino con los mtodos propios de una ciencia materialista de la historia. El pueblo asturiano, como cualquier otro pueblo, es producto de sus obras y de sus acciones, y al mismo tiempo, en una dialctica incesante, las realizaciones histricas de una nacin como sta son el producto de las interacciones que una base tnica originaria, en un solar originario de base, van teniendo lugar en relacin con pueblos vecinos o con invasores imperialistas que llegan a hacer su aparicin en el horizonte geogrfico y temporal en que se vive.

 

La Asturias pre-estatal fue una constelacin homognea tnicamente- de pueblos federados, unin guerrera que supuso un peligro no pequeo para los planes expansionistas romanos, visigodos y muslimes. Su constitucin en reino, dentro de los parmetros medievales de lo que se entenda, en el siglo VIII, por estado, fue sin embargo el marco estructural necesario para la creacin de la nacin cultural de lo que hoy ha llegado a nosotros como lo asturiano. Lo asturiano medieval fue, sobremanera, lo asturiano rural, paradigma del campesinado nrdico en la pennsula. No hemos de olvidar que este pequeo e inicial enclave de resistencia en las montaas, abarcara pronto todos los territorios desde el Atlntico galaico-portugus hasta Guipzcoa, y al sur, muy pronto la lnea trazada por el Duero sera su frontera con al-Andalus, luego rebasada, que es como decir la frontera de la Europa Occidental con el Oriente. La repoblacin de la meseta castellana hubo de hacerse con gentes norteas, todas ellas bajo el cetro de los reyes asturianos. Gentes libres, en su mayor nmero, que hicieron de los territorios meridionales una frontera populosa de campesinos armados que ganaban tierras para Occidente. Subrayemos para Occidente, y no para la Cristiandad, pues en la alta edad media eran muy numerosos los cristianos que vivan -no siempre incmodamente- bajo los musulmanes. La llamada reconquista fue no una cruzada religiosa, como quieren las fuentes medievales tan ideologizadas en ese sentido. Ms bien fue una conquista en el puro sentido poltico-civil y militar. Dos modos de entender el mundo, nrdico-atlntico y mediterreo-oriental se enfrentaron. An hoy estas dos concepciones del mundo, tan mezcladas en la Espaa plurinacional de la que tanto se habla hoy, siguen en el fondo enfrentndose. La genuina centralidad nrdico-atlntica, europea por esencia, que ocupa Asturias culturalmente en ese maremagno estatal, quiere ser oscurecida por los fanticos de la cultura mediterrnea y del caduco imperialismo castellano, dentro y fuera del pas. La supervivencia de una cultura nacional y tradicional asturiana es un autntico milagro que slo habla de la fortaleza de ese fermento, de esas relaciones sociales y de produccin que han demostrado su eficacia y fortaleza en unin ntima con su solar. La fortaleza de unas mismas relaciones en solares hoy ajenos no debi ser tan grande en ellos, cuando de hecho el empuje castellano las asol. Significativo es que las provincias de Len y Zamora, antao tan vinculadas a los astures desde la prehistoria, y a la monarqua astur, en la alta edad media, as como a su llingua, el asturiano, que durante un tiempo conservaron, hoy sean conocidas por nosotros, desde el norte de la cordillera, sencillamente como Castilla.

 

Pero de los empujes de origen forneo, el ms reciente y el ms devastador fue el que hoy conocemos como industrialismo, pese a que - en su aparicin originaria- a veces llevara otros nombres, no por decimonnicos menos empleados hoy, como p.e. progreso, una especie de dios cuya idolatra sigue ganando en adeptos. El industrialismo, tanto como las instituciones romanas y el idioma castellano, ha penetrado de tal manera en la manera de ser y de concebir el mundo del pas asturiano que lo ha llegado a hacer suyo, a engrosar la nmina de sus rasgos esenciales. Con todo, como las instituciones romanas y como el castellano, la concepcin industrial de la vida astur es de ndole muy peculiar, mecnicamente adherida a su psicologa, impostada y explotadora en todos sus matices. Es explotacin del hombre y violacin del paisaje. Es transformacin duradera del modo de ser de Asturias y de su propio paisaje en no pocas comarcas. Ahora que buena parte de los iconos de aquella industria clsica, pesada, estatalista, primaria (extractiva, sidero-metalrgica, naval) han desaparecido o se han visto reconvertido, menguando su escala, queda mucho en las conciencias de los asturianos sobre lo que es combatir solidariamente por la continuidad en los puestos de trabajo, aun cuando se haya diagnosticado el carcter no rentable de la empresa. Queda mucho de lo que es salir adelante en un ambiente proletario minero o fabril en un entorno exterior del pas que desconoce en buena medida lo que eso significa, pues Espaa, a diferencia de Asturias, slo muy precariamente ha conocido la lucha de clases al ms clsico estilo, minero e industrial. Asturias, como otras periferias del estado (Vizcaya, Catalua, ciertas comarcas aisladas de las dos costas ibricas) ha conocido una evolucin de la conciencia de clase muy diferenciada a la de una Espaa agrcola, interior, sesteante. Mientras en unas ciudades haba marchas y concentraciones obreras, pidiendo trabajo digno o exigiendo democracia, en otras ciudades y pueblos de la Espaa Imperial Unida slo se alcanzaban a organizar procesiones de semana santa.

 

Es en este sentido en el que pensamos que la industria, como el propio idioma castellano siglos atrs, son grmenes de esa clase peculiar que acaban infectando a un organismo nacional, una cultura como la asturiana, de arriba abajo. Ya no cesan de afectar a todas las funciones vitales del pas para muchas generaciones venideras, y llegan a apoderarse de una nacin pequea y subyugada, hasta el punto de no poder librarse ms de ella. Quiere eso decir que el fermento bsico de la nacin se haya perdido por completo, se condene a la extincin? En absoluto pensamos que en el caso asturiano as sea. Lejos de ello, que an exista una conciencia lingstica, musical y esttica, etnolgica, vital, para decirlo en una palabra, una vida totalmente diferenciada, no excluye que una nacin asimile como suyo lo que en principio no lo era. Pero a diferencia de lo que ocurre con el idioma castellano oprimiendo a la llingua, arrinconndola durante siglos, la industria clsica ha tenido un impacto ms breve (de dos siglos) revolucionando buena parte de la sociedad y sus esquemas rurales de vida, para despus marcharse en poco ms de dos dcadas, a golpe de decreto y por medio de una brutal reconversin que se llev por delante, a veces de manera muy estpida y degradante, toda la forma de ser y de entender el mundo de unas generaciones, casi de una sociedad entera.

 

Ahora se nos habla de una sociedad de servicios, y de una tecnologa puntera. Nuevos pilares de otra economa para Asturias, ya muy volcada al ocio y el turismo como tabla de salvacin de aquel naufragio espantoso. Mientras esos caminos, nada claros, se dibujan en lontananza, solo se divisan nieblas espesas y tpicamente asturianas, que nos mojan con escepticismo tambin muy acendrado en nuestro carcter- la punta misma de la nariz, justo el espacio que la niebla incierta nos permite columbrar en un futuro posible. Desde la metodologa del marxismo, todo vaticinio tiene que pasar necesariamente por un ejercicio histrico. Es la historia la maestra, y en tal sentido debemos recuperar qu ramos los asturianos antes de la vorgine industrial, para barruntar toscamente qu podemos ser al margen de nuestra concepcin mayoritariamente proletaria del mundo. Sabemos de sobra que un Antiguo Rgimen no volver, ni tampoco un cierto paternalismo seorial en connivencia con los aldeanos puros y honestos de aquella Arcadia feliz que nunca fue Asturias. El mundo de la tecnologa comunicacional y la concentracin de servicios en urbes o en villas fuertemente urbanizadas parece que ha venido aqu para quedarse. La desertizacin humana del campo es un hecho que todava no flexiona en sentido contrario, y en esto seguimos las tendencias sociodemogrficas de Espaa a pesar de que en cuanto a clima y rgimen de aguas no tenemos mucho que ver con el campo reseco y pobre que predomina en el estado.

 

Parece como si la ancestral comunin del asturiano con la tierra, que algunos escritores de talento researon en nuestro carcter, hubiese desaparecido hoy en cierto grado, circunscribindola al uso ldico y estival de la vida campestre, dem que cualquier otro turista madrileo o de la procedencia que fuera, mayormente urbana. Y sin embargo en nosotros la concentracin urbana estuvo impulsada por las oleadas de industrializacin, haciendo de la urbe un centro oferente de empleos y de supuesta mejora de las condiciones de vida ante un campo estancado en el tiempo y que apenas, y mal, era capaz de soportar un aumento poblacional.

 

Ahora, la ciudad, especialmente el rea central superurbanizada del pas, ya no es precisamente aquel centro oferente de empleos para un campesinado deseoso de entrar en la va de la proletarizacin. Es un rea para la concentracin de ocio, de servicios, de consumo, a una escala y con una diversificacin, que el pueblo o la aldea ya no pueden dar. La verdadera revolucin social endgena de nuestro pas, de nuestras esencias, sera nada ms y nada menos que regresar a nuestros valles profundos y antiguos, a nuestras aldeas perdidas y soadas, a la casa en ruinas y al hrreo destejado y desentablado. Con afn devoto, con fanatismo de colono, con ansia de reconstruccin. Para nosotros es una vergenza que tras el parntesis de dos siglos de industrialismo nos hayamos olvidado de quines fuimos, y de dnde venimos. Se pueden abrir nuevas industrias, esperemos que ms ecolgicas y menos alienantes. Se pueden abrir las puertas a la innovacin (cosa a la que la Vetusta Universidad de Vetusta no parece muy inclinada), pero ahora la posibilidad de crear y recibir informacin, y por ende, educacin, servicios, ocio, es barata, factible tecnolgicamente, y las nuevas tecnologas favorecen la dispersin, la descentralizacin y la autogestin. Sin embargo, contando como decimos, con todo eso, la aldea, el casero disperso, se despuebla y se arruina, y nos entregamos al gregarismo propio de las civilizaciones ms decadentes.

Ahora es preciso indagar un poco en los caracteres concretos del industrialismo asturiano, hasta su naufragio de ho



II

Hoy en da, la sociedad asturiana est sumida en un lento proceso de adormecimiento que, en contra de sus ms remotas tradiciones, amenaza con volverse crnico y, en el lmite, letal. Qu influjo txico es el que, ferozmente administrado, ha hecho que la ms avanzada de las naciones ibricas en lo que respecta a la conciencia de clase, se deje caer penosamente por la pendiente de la resignacin y del inmovilismo? Hemos sealado las causas econmicas de entre las fundamentales, mas no porque se comulgue con el economicismo, sino debido a que, a falta de un hilo conductor ms ntido, el planteamiento marxista exige ir, primero, a las decisiones materialmente ms relevantes que ataen a los giros o cambios en el destino de una nacin. Han sido decisiones de poltica econmica de estado las que han marcado el rumbo, a veces boyante, casi siempre declinante, de la nacin asturiana en el ltimo siglo.

 

Rompiendo con ancestrales tradiciones de autosuficiencia, y por ello mismo, a veces, de caresta, el Estado Espaol intenta intervenir en Asturias con una serie de inversiones a gran escala que ningn empresario privado estaba dispuesto a seguir. El siglo XX, y especialmente, el periodo franquista, ha sido el siglo del intervencionismo econmico para Asturias. La presencia del capital pblico en la minera o en la siderurgia es presentada las ms de las veces por los economistas como una cobertura de la laguna que el capital privado no poda o no quera rellenar. Otras veces, esta fuerte inversin estatal se explica por medio de la consabida y machacona terminologa de la competividad. Para que Asturias, la Asturias minera e industrial, fuera competitiva se nos dice- haba que hacer esto. La competencia se explica, primero, con respecto a nuestros vecinos industriales ms evidentes, los vascos, y en segundo trmino, tras la incorporacin del estado espaol a la U.E. (Unin Europea), con otras regiones de la Unin o del Mundo que en sectores minero-siderrgicos pudieran gozar de ventajas. Es evidente que la ideologa del capitalismo se cuela por los tutanos del mismo economista que quiere explicar procesos capitalistas, aunque estos obedezcan a decisiones estatales y con aporte de fuertes capitales pblicos con vistas a que una regin sea competitiva frente a otras. Los agentes econmicos no toman sus decisiones para ser competitivos. Si tal es la motivacin subjetiva (tanto da cul sea esta realmente!) lo que sucede despus, un xito o un fracaso en tal competividad, es lo que realmente debe importar en la ciencia social. Y en el caso asturiano est claro que los gobiernos madrileos invirtieron para que en Asturias nos condenemos al fracaso. Quedan muchas cosas que explicar en lo que afecta al fracaso industrial asturiano.

 

1. En primer lugar, la entidad y la legimitidad de ese inversor pblico, llamado Estado Espaol. Sus sucesivos gobiernos, ya fueren democrticos, ya dictatoriales, operan con un espacio territorial que desde hace siglos consideraron como suyo. La poblacin contenida en los lmites territoriales de la provincia o regin asturiana no es reconocida como sujeto de derechos diferenciados con respecto a los dems habitantes de las dems provincias y regiones del estado. En un marco as los gobernantes, franquistas o democrticos, disponen dentro del territorio del estado sus inversiones e iniciativas que ms le convenga al Estado con un marcado acento estratgico incluso en el sentido militar de la palabra. Dentro de la geoestrategia espaola, la costa cantbrica era vista como la costa del carbn, del acero, de la salida y la entrada de mercancas vitales hacia el Norte europeo. La vieja tradicin aislacionista (ya rota) del Estado espaol, y la dualidad (ranse de la palabra competencia) con el territorio vizcano, pesaron mucho en esas decisiones gubernamentales. El carbn y el acero son (eran) estratgicos en le sentido militar.

 

2. El estropicio medioambiental, y el cataclismo socio-cultural que supuso el gigantismo de esas inversiones pblicas an no est bien descrito ni analizado del todo. Los efectos que se pueden considerar positivos, como la ms avanzada conciencia de clase, la fuerte urbanizacin de la zona centro del pas, el carcter multi-tnico de la sociedad asturiana con la llegada de emigrantes sureos, etc., slo pueden verse como ganancias conseguidas al muy alto coste de haber dejado cicatrices duraderas en el paisaje astur, supuesto paraso natural, prdidas del patrimonio rural, tradicional y lingstico, castellanizacin y prdida profunda de la identidad en numerosos ambientes, urbanismo desquiciado y proletarizacin indignante, etc. Hunosa, Ensidesa y dems gigantes, han podido dar empleo a miles de trabajadores, pero desde el marxismo dar empleo, sea con capital pblico o privado, significa explotar, nunca lo olvidemos. Muchas de las condiciones relativamente saludables en el modo de vida y trabajo del proletariado asturiano, que llegaron a ser famosas en el estado espaol tan subdesarrollado, slo se lograron tras muchas dcadas de lucha trabajadora y solidaridad obrera, y adems en fechas relativamente recientes, tras haber pasado por los infiernos del chabolismo, siniestrabilidad, represin policial, ultraexplotacin absoluta y relativa, etc.

 

3. Hubo democracia econmica? Decidi el pueblo asturiano si le convenan tales inversiones? Solo formular tales cuestiones invitan a la risa en carcajadas. Y sin embargo, si ahora nos creemos el dato de que gozamos de una cierta autonoma decisoria en Asturias, de un relativo autogobierno, deberamos gozar del derecho a formular tales preguntas sobre nuestro destino. Ya no es posible decidir sobre lo hecho en el pasado. Franco y sus ministros decidieron por nosotros para crear ese perfil industrial, para mantenerlo e incluso impulsarlo, muchas veces contra natura. Felipe Gonzlez, Solchaga, Boyer y todos esos agentes del estado espaol democrtico tambin decidieron por nosotros para cerrarlo y echar abajo el sistema productivo asturiano. El gigante, el dinosaurio del jursico, ora nos lo ponen, ora nos lo quitan. El territorio astur en medio. Su gente, tambin en medio. Nunca fue un sistema productivo competitivo ni eficiente del todo. Slo fue una baza, quiz geoestratgica, que el estado jug con nosotros y contra nosotros. A nadie le preguntaron si quera vivir en un paisaje proletarizado y lleno de humo de chimeneas, o por el contrario en una Arcadia feliz, repleta de caseras a su vez repletas de mazorcas de oro. Madrid decidi por nosotros, y lo sigue haciendo en la medida en que no tiene planes para nosotros, como no sea evitar que nos pongamos en medio de sus proyectos geoestratgicos. Estos ahora pasan por el desarrollo del centro madrileo, el arco mediterrneo, y del valle del Ebro. En el norte, en la medida en que toquen Cantabria y Euzkadi, habr cierto impulso recobrado. Pero Asturias est muy retirada de ese eje del Ebro. Asturias tiene como plan, exclusivamente, ser un parque natural toda ella, con un gran municipio en medio, la Ciudad Astur, que servir como localidad suministradora de servicios a ese parque temtico. Temtico? Qu tema? El tema a vender ser la Arcadia feliz que nunca existi. No hay por qu no tomarse en serio las declaraciones de Alvarez Areces. Estas expresan los planes de un gobierno regional que no son otros que los planes de un gobierno estatal: Madrid, que sigue dirigiendo nuestros destinos y se erige todava en papel de administrador de los derechos de propiedad de su territorio, en ausencia ya de inversiones creadoras de puestos de trabajo. Casi toda la prensa, y numerosos acadmicos, especialmente economistas, recibe alguna renta del poder central para propagar una imagen de Asturias netamente clientelar y subsidiaria. Antes, el capital pblico nos ligaba fuertemente a los intereses del estado hispano. Ahora, el ser parsitos subvencionados, nos dicen, se nos sigue ligando estrechamente a ese padre benefactor.

 

4. Somos subsidiados, ciertamente? Podr haber algn tramo generacional que lo sea. Habr comarcas especficas que respondan a ese perfil. Arrancar de cuajo, por orden expresa emanada de los despachos, toda la actividad productiva de comarcas enteras, y no dar nada, paliativamente, a cambio, hubiera sido imposible en un contexto europeo, democrtico, etc. Las empresas contraen un compromiso social con el territorio y las gentes con las que estn vinculadas. Cuando stas huyen o se cierran, acaban siendo olvidadas con el paso del tiempo, y otros sectores de actividad acaban sustituyndolas. Es cuestin de tiempo. Pero el desierto econmico en que convirtieron el pas asturiano en muchas comarcas no seguira siendo tan desierto si la poltica del subsidio no se hubiera cronificado. Quines fueron los agentes de dicha cronificacin? Por supuesto hacen falta agentes directos que se benefician de una poltica de percepcin de rentas improductivas forneas (estatales y europeas) poco o nada controlada por mecanismos transparentes de supervisin popular. Se trata de una casta de polticos locales, indgenas, que en nombre del imperio parten, reparten y se llevan la mejor parte de unas rentas no encaminadas a relanzar industrialmente a la regin, sino a mantenerla en estado congelado de paz social. Con el paso de los aos, tal casta indgena hace cuanto est en sus manos porque los viejos fondos sean renovados o cuando menos substituidos por otros anlogos, y as los miembros del comit de reparto permanecer como algo ms que en calidad de gestores interinos de una crisis, sino como verdaderos mediadores entre unas entidades forneas que aportan rentas y una sociedad que, en la medida en que se arroja en brazos de tal casta parasitaria, abdica de su verdadera condicin de sociedad civil, vale decir, productiva, y pasa a constituirse ella misma- en parasitaria no ya coyuntural, sino crnica, estructural.

 

5. Al margen del cretinismo de los economistas, lo cierto es que hay fenmenos que revelan que la sociedad civil asturiana est supurando por culpa de esta casta mediadora y parsita, y que impiden el completo desarrollo normal de un tejido productivo regenerador ante las cicatrices del modelo jursico de empresa pblica que tuvimos. Es como si la sociedad civil al margen de ciertos tramos generacionales afectados en lo personal por las reconversiones- se negara a admitir el cementerio planificado por las mafias poltico-sindicales y patronales ahora en el poder. El reguero de emigrados fuera de Asturias es incesante, y en muchas ocasiones se trata de mano de obra joven y bien formada. Es obvio que las comunidades espaolas en las que no abundan jvenes cualificados y con motivacin para el empleo, se benefician especialmente de este aporte humano al capital en recomposicin que est creciendo all. Numricamente, los miles de asturianos que salen cada ao a Espaa para aportar su esfuerzo y sus conocimientos puede parecer una cifra de escasa consideracin en un mercado laboral como es el espaol, de millones de personas, muchas de ellas ya con nacionalidad extranjera. Pero cualitativamente, su factor catalizador en muchas de las transformaciones capitalistas habr de ser estudiado en el futuro. Hay una especie de sima entre la condicin sociolgica y educativa de la juventud en muchas regiones del sur, centro y levante, y el aporte profesional de los emigrados asturianos. Cada da se va cavando ms esa sima, como lo revelan los ndices de instruccin y de fracaso escolar en regiones que los economistas exultantes califican de boyantes. Esas regiones necesitan un capital humano a explotar, sea asturiano, sea extracomunitario, porque su poblacin local tiende hacia un parasitismo propio, que no depende tanto de los fondos gubernamentales o comunitarios como de la propia naturaleza de su clase empresarial. Los patronos transmiten a sus hijos los derechos de propiedad de unos negocios que casi exclusivamente se fundamentan en la explotacin del trabajo ajeno. Slo la abundancia de trabajo ilegal muy barato, o de trabajo intelectual, igualmente muy barato, permite explicar los grandes flujos y acumulaciones de plusvala en regiones de Espaa tradicionalmente muy poco preparadas para el desarrollo econmico, pues carecen de slidos substratos tecnolgicos, cientficos, industriales y culturales para ello. Espaa cuenta con una fuente gratuita de emigrados en Asturias, sin gasto alguno en lo que respecta a conflictividad social o racial, sin problemas de extranjera, pues como dicen los propios espaolistas como argumento ltimo y definitivo contra cualquier nacionalismo: el D.N.I. de un asturiano no pone otra cosa que nacionalidad espaola. El gobierno del Principado y las instituciones que dependen de l, tanto en lo educativo como en lo profesional, incluyendo la nefasta Universidad de Oviedo, acta como una especie de O.N.G. o como una entidad misionera que suple las deficiencias educacionales y formativas de la Espaa de la economa sumergida. Al no poder o no querer invertir formativamente en unos sectores poblacionales que ya de por s son bastante incultos, y que apenas proceden de un mundo rural degradado, estas comunidades espaolas y an espaolistas, obtienen grandes masas de plusvala a travs de cuadros medios y funcionarios universitarios que, fuertemente proletarizados, hacen que las cosas funcionen en su calidad de mediadores en una sociedad civil en grave proceso de polarizacin. Por un lado, trabajadores extranjeros ultraexplotados y en general descualificados (aunque hay abundantes ejemplos de mayor nivel cultural de estos esclavos modernos en comparacin con su negrero manchego, andaluz, madrileo o levantino). Por otro lado, una poblacin local dotada de un pobre y poco tecnificado capital constante, que se autoemplea nicamente gracias a su posibilidad de pagar trabajo muy barato (capital variable) a un trabajador ilegal, o legal que se deja emplear en condiciones ilegales. Pronto, este empleado auxiliar se va multiplicando, permitiendo al patrono y a su descendencia ir convirtindose en parsitos rentistas, y en explotadores del trabajo ajeno. Este modelo latino-mediterrneo del capitalismo canallesco est complementado por los aportes de emigrados norteos (para nuestro inters, asturianos) que van rellenando los huecos que la administracin y la sociedad civil necesita cubrir en los campos educativo, judicial, ingenieril, bienestar social, etc., para los cuales los nativos no estn formados o no cuentan con aportes suficientes por el fracaso mismo de sus modelos autonmicos y municipales. Cunto tiempo durar esta situacin en la Espaa sumergida? La tendencia de esas autonomas consiste en inventarse barreras (no lingisticas) para impedir el acceso a los emigrados del propio estado, como son los asturianos, y lograr aproximarse al pleno empleo de espaoles nativos en medio de un ejrcito laboral de reserva de aspirantes extracomunitarios a ser empleados, vale decir, explotados.

 

6. Responsabilidad enorme en el declive asturiano la han contrado aquellos acadmicos, periodistas y, muy especialmente economistas que diagnostican la situacin nacional en trminos psicologistas. El cretinismo economicista es complementario del psicologismo e incluso necesita de l. Afirmaciones como estas, abundaron en los peores momentos de crisis reconversora: El problema de Asturias es que su gente carece de la mentalidad de empresarios, o El asturiano debera aprender a ser ms emprendedor, revelan ms que una falsa conciencia. Bajo unas frases aparentemente neutrales, distantes y cientficas, ciertas tribunas cometieron verdaderos delitos de terrorismo econmico. Entendiendo por terrorismo econmico de estado el acto de culpabilizar a todo un pueblo de un problema que slo l va a padecer y cuyo causante es un estado que, ora decide invertir y transformar su modo de vida tradicional, ora decide cerrar la industria y tirarla al cubo de la basura dejando al pueblo trabajador en la estacada. Si ya el estado, por todo ello, y nunca dejando a Asturias tomar ni una sola decisin relevante sobre su destino econmico, ejerce verdadero terrorismo contra la poblacin civil, mucho peor, horriblemente agravante, es el hecho de pagar con dinero o promocionar con prebendas a todos esos periodistas, patronos y economistas que culpabilizan a la supuesta psique colectiva del asturiano de ser como es. Una nacin conforma su cultura y sus comportamientos colectivos a tenor de las transformaciones histricas en sus modos de produccin y de las diversas experiencias histricas acumuladas, modificando amplia y drsticamente en no pocas ocasiones- la conformacin tnica, natural y paisajstica de partida. La experiencia de la sociedad asturiana, desde su salida del Antiguo Rgimen, estuvo marcada por una profunda dependencia de las decisiones gubernamentales a lo largo del siglo XIX y XX. Adems, los pioneros capitales privados aplicados a la industria fueron extranjeros o procedan de otras comunidades del estado. La sociologa bsica y la psique colectiva del asturiano medio estuvieron, hasta tiempos relativamente recientes, conectadas de forma ms o menos directa a un pasado todava cercano de tipo rural, centrado en la unidad de convivencia y produccin que fue la casera. La burguesa urbana asturiana no tuvo la fuerza ni la capacidad de liderazgo para crear tejidos empresariales independientes del gigantismo estatal. Empresarios asturianos los hubo a lo largo de la historia, y cuando las condiciones fueron propicias, dentro o fuera del pas, tambin prosperaron como capitalistas exitosos, e incluso fundadores de emporios. Nada hay en nuestra psique que nos impida ser patronos capitalistas o bien ser proletarios o esclavos. Son las condiciones concretas las que se han de analizar. Y estas fueron, desde la segunda mitad del XX, condiciones francamente adversas para que se creara un tejido productivo capitalista propio, con signo nacional, como slo puede darse cuando hay una pequea y mediana empresa emanada de la propia sociedad civil. Como colonia interna del Estado espaol que ramos, estas empresas de segundo orden apenas solo prosperaron con vistas a proporcionar ciertos servicios y suministros a la poblacin y, sobre todo, como auxiliares de las industrias bsicas o estratgicas del estado. Y este tejido auxiliar, claro est, cay cuando los dinosaurios mineros y siderrgicos cayeron, se recortaron o se extinguieron. Es hipottico suponer que se habra dado un desarrollo capitalista ms dulce y equilibrado de no haber sido el estado tan intervencionista con nosotros. Pertenece a ese gnero de especulaciones futuristas contingentes que nunca aportan ningn beneficio al pensador. En cualquier caso, la cronificacin de la cultura del subsidio se har una realidad irreversible si un sector importante de la izquierda asturiana y de la sociedad en general no se pone a la defensiva en lo que respecta al intervencionismo estatal. Este se traduce en el hbito de la dependencia de las subvenciones o en la obsesin por el asfalto de autovas y carreteras. El capital, de igual manera que las comunicaciones, estn hechos hoy en da para sobrevolar y mediatizar los territorios y las poblaciones que quedan por debajo. Pasan de largo e integran de una manera dominante. Se trata de polticas de integracin en una (nada paradjica) marginalidad. A los nativos del feroz colonialismo se les dominaba mejor con misioneros y botellas de whisky. A nosotros, condenados por el Centro a ser Periferia, se nos domina con rentas sobre las cuales carecemos de control, as como con carreteras que aumenten nuestra penosa dependencia.

 

7. Todo el siglo XX estuvo marcado por un fuerte intervencionismo estatal sobre el pas asturiano. Hasta la nacionalizacin de la hulla, y el megaproyecto de ENSIDESA, en tiempos franquistas, esta intervencin era de corte arancelario, proteccionista. El capitalismo de estado protega con subsidios a empresas privadas. Luego, en la dictadura de Franco, la autarqua y cierta poltica productivista de corte nacionalista (nacionalismo espaol) impuls la creacin de grandes instalaciones nuevas y la nacionalizacin de empresas ya existentes, que habran de guiarse por un cinturn protector a prueba de quiebras. Los economistas de corte liberal tienden a sealar que en estos casos el Mercado, cual Providencia secularizada, deja de cumplir su funcin objetiva en la asignacin de precios, de indicador exacto de la competitivad, etc. En efecto, el Capitalismo de estado permiti en Asturias la creacin ilusoria de una pseudopatronal rentista o funcionarizada, mera excrecencia parasitaria que prolifer al abrigo de empresas grandes a prueba de quiebras. De la misma manera, prolifer una casta poltico-sindical que empleaba la estrategia huelgstica no siempre para defender los intereses reales de la clase obrera y orientar sus luchas hacia la mejora de sus condiciones de vida y trabajo, sino con vistas a presionar en orden a su propio ensanche como casta o fraccin parsita del proletariado, e ir ganando puestos directivos o cuasi-funcionariales en la gestin y direccin de las empresas, fenmeno patente a partir de la transicin democrtica.

 

Nosotros creemos que no es el Mercado el juez infalible de la productividad y la competitividad, ni la panacea ideal para la regeneracin industrial de nuestro pas. Si la inversin de capital pblico est orientada al aumento de nivel de vida de la poblacin, a la provisin de puestos de trabajo, a la satisfaccin de necesidades del pas, el Mercado debera importarnos un comino cuando la poltica econmica se planifica desde un marco socialista. Negamos de plano que una inversin y planificacin econmica desde el socialismo est, por definicin, ajena a criterios de racionalidad intrnseca, como sostienen los liberales. El problema de aquellas polticas intervencionistas es que no estaban dirigidas a Asturias como sujeto nacional beneficiario, como sociedad necesitada de tales capitales industriales. La tradicin capitalista de estado estaba enmarcada en la proteccin a empresas privadas ya muy dbiles en su competitividad a nivel estatal e internacional desde principios de siglo. Despus, la huida y la ausencia misma de iniciativas privadas foment el faraonismo autrquico del INI, que apenas sirvi para alimentar a una patronal clientelar en lo que hace a servicios auxiliares y complementarios a la industria extractiva, siderometalurgica, qumica, naval, etc. El tejido productivo asturiano se hizo muy sensible a las decisiones polticas y a las avenencias con el poder, y eso implic incluso al proletariado, que tambin politiz sus cpulas y encontr en el mbito de la negociacin y gestin de las empresas un escenario adecuado para la promocin de sus elites, muy lejano de la lucha de clases real. Es ms, la fuerte capacidad de respuesta obrera, muy superior a la de otras partes del estado, presente incluso en los peores tiempos de la dictadura, fue siendo aprovechada por las elites sindicales como arma para su propia promocin en la empresa, el sindicato y, finalmente, en la poltica. Mientras la masa se bata en la calle, las cpulas obreras ascendan en el poder con mayor capacidad, cada vez, de lanzar a esas mismas masas reivindicativas a favor propio. Los dinosaurios industriales asturianos no estaba enfermos porque no estuviesen controlados por los mecanismos del Mercado. Desde el socialismo revolucionario, el Mercado es algo a superar y que no tiene legitimidad ante las responsabilidades sociales de una empresa. El problema es que los dinosaurios industriales eran parlamentos polticos distorsionados y ramificaciones del propio estado espaol en la actividad industrial asturiana, y como tales, sirvieron para crear una casta pseudo-obrera que traicion a la postre a la propia clase proletaria.

 

Se extinguieron los dinosaurios, pero el pueblo asturiano, la nacin ms antigua del estado y una de las ms viejas de Europa, debe sobrevivir.



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