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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-04-2006

Entrevista con Len Rozitchner, pensador argentino de izquierda
"De las Malvinas nadie se ocupa, ni la izquierda ni la derecha"

Astrid Pikielny
Revsita Debate


Es uno de los pensadores de izquierda ms emblemticos de la Argentina y, a los 82 aos, conserva intacta su capacidad para polemizar sin medias tintas. Len Rozitchner habla en esta entrevista de las marcas persistentes del terror militar en la sociedad, del silenciamiento generalizado sobre la Guerra de Malvinas y de las responsabilidades al respecto de los intelectuales y de la clase poltica.

"Las Malvinas es, entre muchos otros, uno de los eslabones que atenacea el secreto poltico de una cadena frrea de ocultamientos y engaos que cie el cuerpo despedazado y tumefacto a que ha quedado reducido eso que llamamos Patria", escribe Len Rozitchner en el nuevo prlogo a la reedicin de Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia, escrito en su exilio venezolano, durante el transcurso mismo de la guerra, y que ser publicado en estos das por Editorial Losada.

El texto es la respuesta del filsofo a un documento firmado en mayo de 1982 por veinticinco intelectuales exiliados en Mxico, reunidos en el Grupo de Discusin Socialista, entre los que se encontraban Jos "Pancho" Aric, Jos Nun y Emilio de Ipola. Aunque el manifiesto dejaba claro su repudio a la Dictadura militar, los firmantes rescataban el hecho de que las Malvinas hubieran sido "recuperadas" y se peda por el retiro de las fuerzas colonialistas inglesas. Hace unos meses, en una entrevista con Debate, de Ipola admiti que aunque con el correr de los das muchos de ellos haban cambiado de posicin, "fue una metida de pata tremenda y una declaracin lamentable"; y que precisamente por eso l haba estado veinte aos sin hablar de Malvinas.

"Emilio (De Ipola) fue el nico que reconoci esto. El resto call y nunca dijo nada", afirma el filsofo, que viaj a Mxico para leerles el texto, y rememora aquel enfrentamiento que se dio dentro de la propia izquierda, entre intelectuales que no eran enemigos y que, en definitiva, pertenecan a la gran familia antidictatorial.

El clima belicista y triunfalista que embargaba a buena parte de los argentinos dentro y fuera del pas haca especialmente difcil pronunciarse en contra de la "reconquista" de Malvinas, recuerda Rozitchner, no porque estuviera a favor de la posicin inglesa, sino porque deseaba la derrota del principal enemigo, la Junta militar, y aventar de ese modo la posibilidad de que su triunfo en la guerra "limpia" la redimiera de las atrocidades perpetradas en la guerra "sucia": la victoria de los militares argentinos en las islas implicara ni ms ni menos que "la derrota poltica y moral del pueblo argentino".

Ahora, veinticuatro aos despus de esa guerra, mientras los ndices de suicidios, desamparo y pobreza no cesan de aumentar entre los ex combatientes, y el 2 de abril es apenas una fecha roja en el calendario, Malvinas sigue siendo, segn Rozitchner, un tema silenciado y negado por intelectuales -inclusive los "progresistas"-, medios de comunicacin, y polticos de izquierda y de derecha por igual.

"Cuando no haban pasado ni diez aos siquiera desde esa guerra que prolong el horror del genocidio en el envo de cientos de adolescentes a la muerte, con el aplauso de la poblacin entera que los alentaba, esa misma poblacin en su mayora entr luego en el jolgorio de 'un peso-un dlar', y festej alborozada la entrega de los bienes nacionales, como si el botn de esa guerra perdida -el aniquilamiento de personas y de bienes- an no hubiera sido suficientemente saldado", concluye en el prlogo.

Doctorado en Humanidades en la Universidad de la Sorbona (Francia), Rozitchner es autor de diversos ensayos, entre los que se cuentan, Ser Judo, Moral burguesa y revolucin, Marxismo y cristianismo, Freud y los lmites del individualismo burgus, y La Cosa y la Cruz.

- Qu herencia ha dejado la ltima Dictadura militar?

- Al ver lo que actualmente est pasando en el mundo, uno tiene que inscribir lo que pas en la Argentina en el contexto mundial. De lo contrario, toda rememoracin queda limitada simplemente a nuestra pequea historia y la sacrifica hasta darle el sentido que realmente tiene. Por eso, si lo que hacemos es slo rememorar a los desaparecidos y asesinados, pero sin ampliar su memoria hasta abarcar desde all no slo esa aniquilacin inmisericorde sino la destruccin de un pas, creo que dejamos de dar cuenta del verdadero sentido que tena aquella lucha y aquel combate, con cuyos mtodos uno puede o no estar de acuerdo. Lo cierto es que ya comenzaba a aparecer una resistencia en Latinoamrica, que fue enfrentada con un plan estratgico de dominacin mundial que venan desarrollando los norteamericanos, al menos desde la Primera Guerra Mundial. En la Segunda Guerra era ya legible el grado de terrorismo de los aliados: las ciudades llenas de civiles, arrasadas, y los mtodos que utilizaban en la guerra eran de un terrorismo anlogo al que poda usar Hitler. Las bombas atmicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki, ya mostraban adnde iba este sistema: la muerte de cientos de miles de habitantes civiles fue utilizada como una seal de advertencia a la Unin Sovitica, cuando la guerra ya estaba perdida para el Japn. Ah aparece un desprecio de la vida que era fcilmente visible para Amrica Latina desde mucho antes. Entonces, si volvemos a rememorar lo que pas en la Argentina tengo que incluirlo dentro de un plan de dominacin mundial como patio trasero del imperio anglonorteamericano, y volver nuevamente a abrir desde aqu un espacio de comprensin poltica para el futuro. Dejamos de comprender que el terror es el fundamento de la conquista neoliberal del mundo, y el aniquilamiento de los pueblos su mtodo de aplicacin.

- Ms all del contexto regional y mundial, advierte alguna especificidad del caso argentino? La construccin de ms de trescientos campos de concentracin y las dimensiones de la masacre y la barbarie, habla de una "excepcionalidad argentina"?

- No creo. No s si la ferocidad de la masacre fue mayor que la de Guatemala, Nicaragua u Honduras, por ejemplo. Creo que la masacre fue terrible en todas partes, y espero que la nuestra, porque se trata de compaeros muertos, no nos obnubile respecto de todo lo que ha sufrido toda Latinoamrica.

- Hace algunos aos usted dijo que todava quedan intactas las marcas del terror y "que la nuestra es una democracia aterrorizada que surgi de la derrota de una guerra: no la que nosotros ganamos adentro sino la que ellos perdieron afuera". Sigue pensando esto?

- S, todava est presente el terror al poder militar, a la amenaza de muerte que todo argentino interioriz necesariamente con el "proceso" genocida. La Dictadura fue una pavorosa leccin para que los habitantes derrotados del pas no osaran resistir, ya en democracia, que se implantaran sus mismos objetivos econmicos y polticos. Por lo tanto, cuando se piensa que la democracia abre un campo de libertad, lo que no se ve es justamente lo que la hizo posible: que ya la democracia puede instalarse porque el poder poltico conquist un espacio en la poblacin aterrada que sin necesidad de volver a asediarla por las armas entreg otra vez, feliz, las riquezas del pas como botn de guerra al imperio. Menem, en lo repugnante de su figura humana, sintetiza este espejo donde la poblacin mayoritaria reflej su propia cara en la de l. La lectura que se hace es que el genocidio deja paso, despus, a una apertura y a un campo de libertad. Eso abre la poltica como posibilismo, como la del Club Socialista, por ejemplo, en la que no se tocan los lmites del terror. Por qu? Porque el terror est presente, sigue subsistiendo y no desapareci en la sociedad civil.

- De qu manera se hace evidente el terror?

- Bueno, yendo a la renovacin de su origen, al salir de la Dictadura y cuando la gente estaba dispuesta por primera vez, de cuerpo presente, a defender la democracia en Semana Santa, el terror y el carapintada volvi a aparecer en cada uno de nosotros. Fue una experiencia crucial colectiva que un poltico sin grandeza y sin coraje frustr. La poblacin haba salido por miles a las plazas de todo el pas, y esta vez eran los militares los que teman all una pueblada. Alfonsn, radical mediocre y sin grandeza, entregndonos antes de ser vencidos, miente sus "felices pascuas". Yo ese da volv a sentir la presencia de un milico dentro de m. Y despus aparecen Menem y el indulto, no? Cuando se plantea el indulto, la democracia acepta la existencia de dos clases de ciudadanos: no ya la clase obrera y el capitalismo. Son dos clases de hombres jurdicamente definidos: los que tienen el derecho impune de asesinar, y los que tienen que sufrir sin justicia la muerte y el despojo. Y otra vez aparece esa hendidura, ese corte feroz que cada uno interioriz: el terror reverdeci y sigui abarcando todo el pas, aunque ya los militares no estuvieran en el poder.

- Cree que los militares son todava una opcin?

- No, los militares ya no son una opcin, por ahora. Pero van a estar siempre all. Son una oscura mquina de destruccin y de muerte que desde el poder se pone a funcionar. Es un equvoco en todo sistema democrtico pensar en su sometimiento al poder civil. O uno puede creer que exista una institucin que tiene las armas y vaya a ser dependiente del poder civil, si ste no tiene la capacidad de comprarla y orientarla? Es una fuerza del poder del Estado, de las clases dominantes sobre los otros. Esa creencia de la sumisin militar al poder civil es una ficcin poltica de la democracia: para que obedezcan, primero la sociedad civil tiene que vencerlas. Por un momento parecera que ya el poder no necesita a los militares: la sociedad est tan adormecida que basta con la polica. Pero no olvidemos que la polica es una prolongacin, aunque ms distante, del poder militar. Esa distancia desaparece en momentos de crisis. El gatillo fcil, no prolonga acaso la tortura militar y los desaparecidos?

- Cules son los caminos que las sociedades encuentran para liberarse de las marcas del terror? De qu manera es posible exorcizar esos demonios?

- Marcar por medio del terror a los hombres, si bien corresponde a un hecho colectivo, su funcin es disolver las relaciones entre ellos y separarlos antes de volver a reunirlos. Es una tcnica, un momento del poder poltico cuyo extremo lmite corresponde por definicin a una de las instituciones: al poder militar. La violencia es el fundamento "normal" de la imposicin poltica, y no debe ser restringida slo a la accin directa de dar la muerte. La violencia en su forma general fue definida como el dominio de la voluntad del otro, que va desde las formas ms diluidas y pacficas (las econmicas del mercado capitalista, las de la comunicacin, televisin, diarios, educacin, religin, etctera) hasta encontrar su paroxismo, en momentos de crisis, en el aniquilamiento de miles de ciudadanos. Esa ferocidad est latente y emergi con el apoyo de todos los poderes, rompiendo la apariencia de la legalidad democrtica y jurdica, durante el genocidio. Frente a la disolucin colectiva que el terror impone y nos convierte en ciudadanos separados, es muy difcil hacerle frente en forma individual, tal es la disimetra entre las fuerzas de un hombre solitario y el horror armado que amenaza desde afuera. Necesitamos recomponer las fuerzas colectivas para sentir nuevamente que no estamos solos, y slo los cuerpos reunidos pueden infundir y recrear en cada uno de nosotros la fuerza que un cuerpo solitario no tiene para enfrentar la angustia que el terror produce. Restringidos a nuestro cuerpo individual no hay salida.

- Cules son los debates que cree que no nos estamos dando?

- El terror, en lo que ste implica como transformacin subjetiva, lugar de su eficacia ms profunda por lo tanto, no fue un tema en la poltica y en la teora de izquierda, como tampoco lo fue la Guerra de Malvinas, que la izquierda apoy en su mayora. Si hubiera habido una responsabilidad intelectual asumida, seguramente todo esto podra haberse elaborado, pero no hay un mbito de acogimiento intelectual en donde nos reconozcamos entre nosotros como seres capaces de comprender la experiencia del otro sin destruirlo. Todos nos conocemos y siempre est la mirada de desconfianza y de odio recproco. Entonces, hay un silenciamiento generalizado por parte de todos, pero sobre todo de los intelectuales.

- Llama la atencin que la Guerra de Malvinas no sea parte de la agenda de los polticos progresistas.

- En principio, no doy mucho por los polticos. La poltica est comprada por el capital, por definicin. Despus puede haber algunas diferencias, pero cada uno de nosotros tiene precio y apellido. Por lo que se ve, no hay muchos que escapen de esta determinacin. El capital tiene todo el dinero del mundo, carradas de billetes, y por lo tanto, tiene esa gran capacidad: puede comprarlo todo porque todo tiene precio, ms an cuando la poltica se ha convertido en un mercado. Entonces, la poltica representativa ya desapareci como "poltica democrtica". De las Malvinas nadie se ocupa, ni la izquierda ni la derecha, cuando son responsables tanto la izquierda como la derecha. Aqu aparece la culpa de haber callado y acompaado, por eso se produce este silencio completo. A la gente la mandaron al muere. Ahora algunos estn en la calle y la gente no los ve. Es como si no hubiera pasado nada, mientras cientos de ex combatientes se suicidan. Es el precio que siguen pagando con sus vidas por el silencio de la sociedad y de los que tendran que hablar.

- Por qu cree que incluso la gente ms lcida y ms resistente a la Dictadura estuvo a favor de la guerra?

- Sucede que el terror es pavoroso. El terror hace que lo ms personal de vos mismo, lo ms ntimo, lo ms propio e imaginario, quede obturado. El terror penetra e impide que nada se conmueva en uno, porque an el sentimiento de repulsa y de compasin aviva la amenaza de nuestra propia destruccin. Es como una especie de estrato inferior de la subjetividad. Solamente a partir de ese lmite que te marca el terror, se comienza a hablar. Quienes firmaron el documento en Mxico hablaban de la "recuperacin" de Malvinas y no de la Guerra de Malvinas, y eso pone de relieve la percepcin poltica que ellos tenan. Por eso lo que planteaban all era un problema de sujetos polticos pensantes, subjetividades que reconocieran qu se maceraba de sus propios pasados y de sus amigos aniquilados para encontrar all un ncleo de verdad que no nos traicionara.

- Las sociedades pueden seguir adelante sin revisar estos temas?

- Creo que no. Y si no lo abrimos nosotros va a demorar un tiempo ms y lo reabrirn los nietos. Hay una cosa extraa en la memoria histrica: no se sabe cmo circula, pero circula aun lo ms acallado. Y de pronto aparece, est all, a la espera de ser acogido como algo determinante de nuestra propia historia. Vos cres que los europeos no estn todava ms apabullados que nosotros por el terror? Tuvieron dos guerras mundiales y millones de personas murieron all en muy poco tiempo, en treinta o cuarenta aos. Cres que ellos no estn aterrorizados todava? O que los espaoles salieron del terror del franquismo?

- Cree que la Dictadura tambin ejerci violencia sobre el lenguaje?

- Completamente. Cuando yo llegu a la Argentina, lo primero que me llam la atencin es la expresin "cruzar el rostro", o "marcar el rostro". Pero hay una larga lista de palabras y expresiones que quedan de esa poca. Ahora, por ejemplo, aparece el tema del tatuaje y creo que esto tambin da qu pensar. Por qu de pronto toda la gente aparece tatuada, agujereada por metales que perforan su mucosa? No s si forma parte de algo internacional, pero no la he visto tan desarrollada, como de pronto se dio en la Argentina. Hace poco estuve con un chico que tena varios tatuajes, que son marcas indelebles, y le dije: "Sabs que esto es para siempre?". Su padre no quera escuchar la conversacin. Me contest que s, que lo saba, mientras su padre bajaba la cabeza. Es como si nos dijeran: "Las marcas que ustedes los padres recibieron, que no las quieren mostrar, ahora estn presentes en sus hijos". Son los hijos los que se estn volviendo a marcar ellos mismos con marcas indelebles, marcas que no se borran nunca. Es un dilogo con las marcas del terror.

- Usted quiere decir que en lugar de nmeros...

- Son marcas que no se van, que ellos se ponen en su piel juvenil o adolescente, y que saben que van a morir con esas marcas como lo han hecho los padres con las marcas suyas. Ellos muestran las marcas de aquello que no les fue mostrado y que los padres ocultan. Por eso la lectura de esto es oblicua. Hay que mirarlos como esas pinturas que de frente disfrazan lo que slo de costado verdaderamente se ve. No se lo puede ver de cualquier manera: aflora justamente en los intersticios, donde parece que no pasara nada y sin embargo est presente.

- Cree que Kirchner representa un cambio en cuanto a la poltica de derechos humanos? Qu tipo de apropiacin hace Kirchner de los aos setenta y de esa generacin?

- Es difcil tomar una posicin definitiva, clara y permanente sobre la poltica de Kirchner. Es evidente que en lo que se refiere a la poltica de los Derechos Humanos en la Argentina, quiero decir, en lo que se refiere al juicio a los militares y los actos que amplifican para toda la sociedad el enfrentamiento del Estado contra el terror militar, Kirchner hizo lo que ningn otro presidente no slo pudiera sino quisiera hacer. En ese sentido, desde el punto de vista de la cultura del pas, Kirchner ampli los lmites de visibilidad para toda la poblacin sobre el terror militar. Hizo que la crtica al terror penetrara en todos los estratos de la sociedad. Eso implica una cierta objetivacin y visibilidad de los miedos y terrores subjetivos que permanecen clandestinos todava: una recuperacin, quizs, de los cuerpos aterrados. Su discurso en el 30 aniversario de la Dictadura llev ms lejos an esa ampliacin, incluy aquello que venamos planteando desde hace mucho aos como algo que pareca imposible. Hizo visible para toda la poblacin la estrategia del terror armado de quienes fueron sus cmplices, ahora en funciones: el poder econmico, religioso, poltico y meditico no slo en la destruccin pasada del pas, sino de su usufructo actual. Esto abre un espacio nuevo, desde el Estado, para profundizar las bases de muerte sobre las cuales se asientan todos los poderes dominantes en nuestro pas, y en particular para el neoliberalismo. Hay otro fundamento para la crtica y para demandar la recuperacin de lo que nos fue expropiado. Este es el espacio en el que la izquierda, sin ser kirchnerista, debera intervenir para profundizarlo y ampliarlo en sus proyectos de recuperacin del pas.

- De qu modo?

- Lo que la representacin poltica no puede hacer desde el Gobierno, sa debera ser la tarea poltica de izquierda: construir una fuerza que pueda estar de cuerpo presente, como las decenas de miles que estuvieron en la Plaza de Mayo, para imponer con ellas, fuerzas vivas, una demanda que vaya ms all de lo que el Gobierno pueda quizs querer.



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