Primera Entrevista a Noam Chomsky sobre su último libro "Estados Fracasados: El Abuso de Poder y la Agresión a la Democracia"
El pasado lunes 3 de abril Democracy Now! publicó la segunda parte de
una entrevista exclusiva concedida por Noam Chomsky con motivo de la
edición de su libro más reciente, Failed States: The Abuse of Power and
the Assault on Democracy (Estados Fracasados: El Abuso de Poder y la
Agresión a la Democracia).
En la siguiente transcripción se da continuidad a la exposición que
iniciara el profesor Chomsky en la primera parte de la entrevista
acerca de cuestiones de primer orden en la actual crisis
norteamericana, tales como la retirada de las tropas de Irak; el
déficit democrático nacional; su interferencia en los procesos
democráticos de América Latina y el Caribe; y las actuales protestas en
ese país contra las regulaciones migratorias; entre otras.
AMY GOODMAN: Chomsky nos acompañó desde nuestro estudio en Boston el
pasado viernes en la primera entrevista acerca de la publicación de su
libro.
JUAN GONZÁLEZ: Teniendo en cuenta los altos niveles que ha alcanzado la
oposición a las políticas de la administración Bush, le pido al
profesor Chomsky que explique cómo es que tanto descontento hacia el
gobierno no se ha traducido en una movilización política más
grande.
NOAM CHOMSKY: En primer lugar, por el hecho de que la publicidad está
diseñada para debilitar los mercados libres, eso lo sabe todo el
mundo, cualquiera que alguna vez en la vida haya visto un anuncio
publicitario en la televisión. Según lo que nos enseñan en los cursos
de economía, nuestro sistema está basado en mercados libres con
iniciativas empresariales y elecciones racionales por parte de los bien
informados consumidores.
Pues bien, la realidad es sumamente diferente. Una cantidad
enorme de las iniciativas empresariales, si desean llamarles así,
vienen del dinámico sector estatal del cual depende la mayor parte de
la economía para socializar costos y riesgos, y para privatizar las
posibles ganancias. Y eso se logra, si se quiere, a través de la
publicidad. Así que se presenta bajo el nombre de “defensa” o algún
otro pretexto, pero es esencialmente la manera en que el público paga
los costos de investigación y desarrollo, se corren los riesgos y
finalmente se transfieren las ganancias. Existe cierta iniciativa
empresarial, pero no tanta, principalmente a los efectos del
marketing.
Hasta donde toca a los consumidores, cuando uno mira un anuncio
de televisión, este no persigue formar un consumidor informado que va a
tomar una decisión racional. Todos nosotros sabemos eso. Si ese fuera
su objetivo, General Motors simplemente brindaría una lista de las
características de sus modelos y eso sería todo, punto final. El
propósito es embaucar y engañar con imaginería —está clarísimo— para
garantizar que consumidores ignorantes tomen decisiones
irracionales.
Y eso va directo al déficit democrático. EE.UU. no tiene elecciones en
un sentido serio. Tiene campañas electorales que dirigen las mismas
industrias que venden pasta dentífrica: la industria de las relaciones
públicas. Cuando están vendiendo candidatos no te dicen -- no te dan
mucha más información sobre ellos que la que brindan en el caso de
estilos de vida, drogas o automóviles. Lo que hacen es crear una imagen
para embaucar y engañar. Eso es lo que llaman una campaña electoral. El
resultado es que las personas simplemente no están al tanto de las
posiciones de los candidatos respecto a ciertos problemas.
Así, para tomar un ejemplo crítico, tomemos, digamos, los Protocolos de
Kyoto. No son la solución de todos los problemas, pero la catástrofe
medioambiental es una cuestión seria. El público está fuertemente a
favor de los Protocolos de Kyoto, tan fuertemente a favor que la
mayoría de los votantes de Bush -- los votantes de Bush -- pensaron que
él estaba a favor de los protocolos. Sencillamente, ellos estaban
desprevenidos. Y no es por incapacidad mental o por falta de interés.
Es porque esa es la manera en que se nos presentan las campañas. Se
estructuran para mantener determinados temas fuera de la agenda, las
cuestiones impactantes.
Tomemos, por ejemplo, la atención médica, uno de los peores problemas
nacionales -- el problema nacional más serio; para la mayoría de las
personas, un problema de primer orden. Es el sistema de salud más
ineficaz del mundo, con el doble del costo per cápita de otros países
con los que es válida la comparación; uno de los que peores resultados
tiene, en gran medida por la privatización. El público está fuertemente
contra él. Por largo tiempo el público ha estado a favor de alguna
especie de sistema nacional de salud.
Bueno, se suponía que Kerry era el candidato de -- que hablaba por
electores que pedían gastos sociales, etc., etc. El último debate
presidencial, un par de días antes de las elecciones, fue acerca de
cuestiones internas del país. Y el New York Times llevó la cuenta
precisa de esto. Lo describió como -- señaló que Kerry no hizo mención
de ninguna participación gubernamental en ningún sistema de salud. Y la
razón, según el reportero del Times, es que a la idea le falta el apoyo
político, lo cual quiere decir que tiene el apoyo de la aplastante
mayoría de la población pero se le oponen las corporaciones
farmacéuticas, la industria de seguros, etc., etc. Eso es lo que cuenta
para el apoyo político. Así que Kerry no lo mencionó, y el público no
se enteró de su posición respecto a estos problemas. Y ocurre con el
resto de las cuestiones. Por tanto, estas no son elecciones reales. Nos
reiríamos de ellas, y fueron las de cualquier país del tercer
mundo.
Ahora, tomemos la guerra en Irak. Cuando se habla del sistema de
propaganda gubernamental tenemos que reconocer que este incluye a los
medios de difusión masiva. Incluye a los medios de difusión masiva, a
los periodistas, etc. Todo eso es parte del sistema propagandístico,
muy estrechamente relacionados. No hay prácticamente ninguna
crítica a la guerra en Irak. Supongo que esto sorprenderá a los
periodistas. Ellos piensan que están siendo muy críticos, pero no lo
son. El tipo de crítica a la guerra en Irak que se permite en el
sistema doctrinal, en los medios de difusión masiva, etc., es el tipo
de crítica que escuchaba, digamos, en el estado mayor alemán después de
Stalingrado: “No está funcionando; está costando demasiado; cometimos
un error, deberíamos cambiar de general;” algo así. De hecho, la
crítica está al mismo nivel de un periódico de escuela secundaria
alentando al equipo local de fútbol. No se pregunta: “¿Deben ganar?” Se
pregunta: “¿Cómo vamos?” “¿Los entrenadores cometieron un error?
¿Deberíamos intentar algo diferente?” A eso llaman crítica.
Pero hay una pregunta crítica: ¿Qué derecho tiene EE.UU. de invadir
otro país, en violación mayúscula de la ley internacional, sabiendo que
probablemente va a provocar el incremento de la amenaza del terrorismo
y de la proliferación nuclear? Pero bueno, –en palabras del Tribunal de
Nüremberg— esto no es más que un crimen supremo internacional por el
cual fueron ahorcados los líderes alemanes. Ya saben, la cuestión no es
cómo van a ganar, sino en primer lugar: “¿Qué están haciendo
allí?”
AMY GOODMAN: ¿Usted cree, Noam Chomsky, que las tropas deben retirarse inmediatamente?
NOAM CHOMSKY: Yo pienso que nosotros debemos estab-- que hay un cierto
principio al que debemos adherirnos. El principio es que los ejércitos
invasores no tienen absolutamente ningún derecho. Tienen
responsabilidades. La primera responsabilidad es respetar la voluntad
de las víctimas y pagarles enormes indemnizaciones por los crímenes
cometidos. En este caso, los crímenes se remontan, pasando por las
sanciones que ya de por sí eran un crimen monstruoso, al apoyo dado a
Saddam Hussein, a sus peores atrocidades, pero particularmente, a los
crímenes de la invasión. Ésas son las dos responsabilidades de un
ejército de ocupación.
Bueno, ya la población [iraquí] lo ha dejado bastante claro. Incluso
las encuestas de EE.UU. y Gran Bretaña lo dejan claro. Mayorías
abrumadoras quieren que EE.UU. fije una agenda para la retirada y que
la cumplan. EE.UU. y Gran Bretaña se niegan. Y de las indemnizaciones
ni hablar; eso está muy lejos de la conciencia del sistema doctrinal.
Bien, pienso que esto contesta la pregunta. Realmente no importa lo que
yo piense. Lo que importa es lo que piensan los iraquíes, y creo que
eso lo sabemos muy bien. La razón de que EE.UU. y Gran Bretaña no se
retiren es la que mencioné, las consecuencias de un Irak independiente
serían una última pesadilla para ellos. Y van a hacer todo lo que
puedan para evitar la democracia iraquí, como ya lo han intentado en el
pasado.
AMY GOODMAN: ¿Y el argumento de que se desataría una guerra civil
y de que la violencia sectaria se incrementaría, y de que como EE.UU.
intervino, ahora tiene la responsabilidad de no dejar la situación en
el desastre?
NOAM CHOMSKY: Sí, los alemanes podrían haber dado el mismo argumento
sobre la Europa ocupada, los rusos sobre los satélites, los japoneses
sobre Asia, y así sucesivamente. Sí, todos ellos podrían haber alegado
el mismo argumento: bueno, nosotros intervenimos y ahora tenemos la
responsabilidad de asegurar que no pasen cosas terribles, etc., etc. Y
el argumento tuvo alguna validación. Así, cuando los alemanes fueron
expulsados de Francia hubo miles, quizás decenas de miles de personas
asesinadas como traidores, y muchísimos más en Asia. ¿Pero es este un
argumento para ellos? No. No es su problema.
Nosotros no sabemos lo que pasará, y no es una decisión que debamos
tomar. Es una decisión que le toca a las víctimas, no es nuestra
decisión. Los ejércitos de ocupación no tienen derecho de tomar
decisiones. Podríamos hacer un seminario académico sobre esto, en el
que podríamos discutir las consecuencias probables. Pero el punto es
que no nos toca a nosotros decidir. Pues bien, los medios de difusión
masiva y el periodismo simplemente continuarán siendo parte del sistema
propagandístico del gobierno hasta que estos temas no se lleven a
discusión conjuntamente con las problemáticas críticas de la guerra
como, por ejemplo, en primer lugar, ¿qué derecho tenemos de
invadirlos?, etc., etc. Es, como yo digo, cual periódico de
escuela secundaria o como Pravda durante la guerra de
Afganistán.
JUAN GONZÁLEZ: ¿Y qué hay del papel del pueblo norteamericano en este
proceso? Me parece que evidentemente la mayor parte de los sentimientos
anti-guerreritas se canalizan hacia uno u otro candidato político, en
lugar de continuar hacia la constitución un movimiento de masas que,
sin tener en cuenta a los políticos en el poder, se movilice para
desembarazar a Estados Unidos de esta invasión.
NOAM CHOMSKY: Sí, usted tiene toda la razón. Pero ése es nuestro
problema. Quiero decir, no se puede esperar que los centros de poder
—ya estén en el gobierno o en el sistema económico o en los medios de
difusión masiva, y que tienen todos un vínculo muy cercano— intenten
estimular movimientos populares que serán críticos del poder y que
tratarán de corroer el poder. De hecho, su tarea es lo contrario. Pues
sí, esto debe hacerlo un movimiento popular, así es como cada cambio
constructivo ha tenido lugar en el pasado. ¿Cómo fue que nos hicimos de
los derechos civiles en la magnitud que existen hoy, de los derechos de
las minorías, de los derechos de la mujer, del sistema de beneficios
que existe, etc., etc.? Esas no son dádivas divinas; se ganan desde
abajo. Y va a ser igual en este caso.
AMY GOODMAN: Noam Chomsky, ya que está hablando de movimientos
populares, ahora mismo estamos en medio de una especie de oleada a la
que nunca antes se habían enfrentado los medios de difusión
angloparlantes norteamericanos. Me refiero al nivel enorme de protestas
populares contra la política migratoria de este país, algunas de ellas
no son sólo las protestas más grandes por cuestiones migratorias, sino
que son de las protestas más grandes en la historia de este país, con
más de un millón de personas en las calles de Los Ángeles, cientos de
miles en Atlanta y Arizona, la protesta más grande quizás en la
historia de Chicago… ¿Qué hay con esto? ...una retirada masiva de 40
000 estudiantes de escuelas secundarias…
NOAM CHOMSKY: Bueno, estas protestas sí tuvieron un efecto. Así lo
reflejó en alguna medida la cuenta que se le pasó al Comité Judicial
del Senado. Los centros de poder no pueden ignorar las protestas
públicas y, lo que es peor aún para su punto de vista, su organización
continua. Una manifestación de vez en cuando, está bien, se puede
soportar. Pero si se estabilizan y se vuelven una organización de base
real, que desarrolla un sistema político que funciona, donde las
personas realmente participan creando y dando forma a la política,
eligiendo a sus propios candidatos -- si esto llegara a ese estado,
estarían en problemas. Y estamos muy lejos de eso.
De hecho, es un tipo de -- es una ironía terrible. Deberíamos estar
avergonzados. Pero si se quieren buscar elecciones democráticas en el
hemisferio occidental por estos días, hay que mirar a países como
Bolivia, no a los Estados Unidos. En Bolivia tuvieron elecciones
verdaderas. Es el país más pobre en América del Sur. El pasado
diciembre, ellos tuvieron unas elecciones en las cuales las masas bien
organizadas de la población, las personas pobres, los indígenas y
otros, se las arreglaron para elegir a un candidato de sus propias
filas. Allí había problemas realmente serios, y las personas conocían
los problemas. Y ellos votaron sobre los problemas. Eso es
dramáticamente diferente de lo que pasa aquí. Ésa es la democracia
real. Quieren hablar de la promoción de la democracia, pues necesitamos
esa promoción aquí, y podemos aprender de ellos.
De hecho, lo mismo ocurre con Venezuela. Nuestro sistema de propaganda
mediático gubernamental culpa implacablemente a Venezuela de ser una
dictadura totalitaria, etc., etc. Bien, se puede pensar lo que se
quiera de Chávez --no es nuestro problema-- pero la cuestión es qué
piensan los venezolanos de él. Ésa es la pregunta si uno cree en la
democracia. Ya sabemos la respuesta. Durante los años de Chávez se ha
incrementado exponencialmente el apoyo al gobierno elegido. Es ahora el
más alto en América Latina por un considerable margen. Él se las
ingenia para ganar encuesta tras enc-- elecciones y referéndum después
de las elecciones, uno detrás de otro.
Después de media docena —a pesar de la intensa oposición de los medios
de difusión masiva, a un nivel que es inimaginable aquí, y además con
la subversión de la superpotencia— encima de todo esto, EE.UU. apoyó un
golpe militar para intentar derrocarlo, pero tuvo que ceder, en parte
porque Chávez fue restituido rápidamente por la acción popular, pero en
parte también debido a una oleada de protestas a lo largo de América
Latina dónde, sencillamente, no se tiene el mismo desprecio por la
democracia que tienen nuestros líderes y medios de difusión, y no
gustan de la idea de que gobiernos democráticamente elegidos sean
derrocados por el ejército.
Desde entonces, EE.UU. se ha dedicado a la subversión. Es muy probable
que -- la última encuesta que vi, una encuesta norteamericana hace un
par de semanas, le preguntaba a la gente por quién iban a votar en las
próximas elecciones. Y me parece que fueron dos tercios los que
respondieron que votarían por Chávez, y me parece que 4% es el máximo a
que llegaba el candidato en segundo lugar. Bien, en tales
circunstancias, es casi seguro que EE.UU. recurrirá al procedimiento
que normalmente aplica cuando se conoce que uno va a perder unas
elecciones: tratar de desacreditarlas, consiguiendo que la oposición
las boicotee.
JUAN GONZÁLEZ: Bueno, a usted le alegrará saber que cuando --
usted mencionó a Hugo Chávez-- cuando Amy y yo lo entrevistamos hace
varios meses, él mencionó que su escritor norteamericano favorito era
Noam Chomsky, e incluso hizo referencia a algunos de sus libros. Así
que, supongo que nosotros -- debería hacerse una encuesta para saber
cuántos líderes del tercer mundo está leyendo Noam Chomsky, porque
usted obviamente está teniendo un efecto en muchos de esos
líderes.
NOAM CHOMSKY: Yo no quisiera parecer autosuficiente, pero a decir verdad conozco algunos ejemplos.
AMY GOODMAN: ¿Cuáles son, Noam?
NOAM CHOMSKY: Bueno, es injusto mencionarlos.
AMY GOODMAN: Bien, permítame preguntarle…
NOAM CHOMSKY: Ellos tienen sus propios problemas con el gobierno norteamericano.
AMY GOODMAN: Permítame preguntarle por Haití. ¿Cómo encaja en el cuadro que usted describe?
NOAM CHOMSKY: Bueno, no voy a repasar la historia entera, pero Haití
realmente tuvo también elecciones democráticas, de un tipo que debería
avergonzarnos. Ellos tuvieron elecciones realmente democráticas
en 1990, de nuevo, como Bolivia. Las organizaciones masivas de base,
personas pobres a las que nadie estaba prestando atención tuvieron
éxito eligiendo a su propio candidato, para el asombro general. Todo el
mundo asumió que el candidato respaldado por EE.UU. que representaba
las élites y los centros de poder ganaría fácilmente. Pues bien, no lo
hizo. Consiguió el 14% de los votos. Muy rápido, instantáneamente,
EE.UU. procedió a subvertir la elección -- al instante -- a través de
lo que se denominan medidas para la promoción de la democracia, o sea,
de apoyo a la oposición. Eso fue lo que hizo USAID, tratar de apoyar a
cualquiera que se opusiera al gobierno.
Se tomaron otras medidas. Rápidamente hubo un golpe militar, que trajo
años de sanguinario terror. Contrariamente a lo que la gente cree,
EE.UU. apoyó el golpe. Continuó comerciando cada vez más con la junta y
la élite rica bajo el mandato de Clinton. De hecho Clinton autorizó que
la Texaco Oil Company proporcionara petróleo a la junta y a la élite,
haciendo caso omiso de las disposiciones presidenciales que lo impedían
formalmente. Finalmente, la administración Clinton decidió que el
público había sido torturado bastante, y envió a los Marines. A eso se
le llamó promoción de la democracia.
Sin embargo, como inmediatamente señalaron Allan Nairn y otros,
Aristide fue restituido con la condición de que aceptara las políticas
del candidato norteamericano derrotado en las elecciones de 1990,
ásperas políticas neoliberales que estaban destinadas a destruir la
economía, como de hecho ocurrió, llevaron a la confusión, al desastre,
dando continuidad a la subversión norteamericana. Finalmente, la
administración Bush bloqueó la ayuda. Entonces sobrevinieron una mayor
confusión, un mayor desastre; actualmente, el país como que se está
desmoronando. Se puede entrar en detalles.
Pero finalmente EE.UU. y Francia simplemente intervinieron y quitaron
al presidente. Francia estaba particularmente enfurecida porque
Aristide había apelado a Francia educadamente para hacer algo sobre la
deuda aplastante que se había impuesto a Haití en 1825 como castigo por
tenerlos -- por haberse liberado de Francia. Habían estado soportando
esto desde entonces, y naturalmente eso enfureció a Francia. “¿Cómo
pueden los haitianos atreverse a decir esto?” Así que EE.UU. y Francia
básicamente lo sacaron a puntapiés. Atrocidad horrible ya que ahora
están intentando reconstruirse de algún modo. Nuevamente les debemos
enormes indemnizaciones — al igual que Francia— por las atrocidades que
hemos estado haciendo allí durante más de un siglo, después de que
emprendimos el proyecto de torturar a haitianos de Francia. Existe
alguna -- es difícil saber cuáles son las posibilidades. La sociedad
realmente ha sido devastada. Es una de las más pobre del
mundo.
AMY GOODMAN: ¿Y lo último que le ocurrió a Aristide cuando fue sacado
de Haití, después de que fue reelegido —esto, claro, el 29 de febrero
de 2004, en un avión norteamericano con seguridad y ejército de EE.UU.—
y fue enviado a la República Centroafricana?
NOAM CHOMSKY: Sí, no sólo eso, sino que EE.UU. ni siquiera le permitirá
regresar a la región. Está en esencia encarcelado -- se insistió en que
estaba encarcelado en Sudáfrica. Hubo enormes protestas de los países
caribeños por esto. El candidato que ganó la elección fue el más
cercano a él; probablemente si él hubiera estado rigiendo, habría
ganado, pero EE.UU. nunca permitiría eso y ni siquiera admitiría que
regresara a la región. Bueno, ese es simplemente otro ejemplo del casi
apasionado odio a la democracia, que es consistente y como tal se
reconoce.
Incluso se reconoce en el estudio -- en el más prestigioso estudio de
los defensores de la promoción de la democracia. Ellos la
defendieron, como Thomas Carothers, director del Carnegie
Endowment Project -- fue el más respetado -- él la defiende y dice que
es maravillosa. Pero también señala que EE.UU. se había opuesto de
forma consistente a ello. Existe lo que él llama una fuerte línea de
continuidad en todas las administraciones: a saber, la democracia se
promueve si y sólo si esta apoya los objetivos estratégicos y
económicos de EE.UU. En Centroamérica, por ejemplo, dónde él estaba
particularmente -- estaba involucrado con en el Departamento de Estado
de Reagan; dice que EE.UU. se opone a la democracia y la razón según él
es que EE.UU. sólo toleraría versiones que sean de arriba abajo
estructuras democráticas en las que las élites tradicionales aliadas a
Estados Unidos permanecerían en el poder en sociedades altamente
antidemocráticas. Sí, ese es el tipo de promoción de la democracia que
nosotros fomentamos, que la administración predica y que la prensa y
los periodistas alaban como magnífica. Una vez más, esto es una especie
de Corea del Norte.
AMY GOODMAN: Y otra región, claro, volviendo a Israel, la elección de
Kadima, los medios caracterizando a Kadima como el partido centrista
que va a anular muchos de los pagos en el West Bank, y luego la
elección de Hamas en los territorios ocupados. ¿Su
respuesta?
NOAM CHOMSKY: Bueno, yo simplemente instaría a cualquiera que quiera
meterse en esto que compare el lead del editorial del New York Times de
ayer con el lead del editorial de ayer en la revista de negocios número
uno, la London Financial Times. Son diametralmente opuestos. El New
York Times dice que es maravilloso que los israelitas estén de acuerdo
en retirarse del West Bank. Por supuesto, hay una pequeña cuestión de
fronteras, pero ellos dicen que eso no tiene la menor importancia. Ya
saben, un problema menor, la ubicación de las fronteras. Efectivamente,
ningún problema, salvo por las personas que viven allí. Ese es el New
York Times.
Ellos – el Times informó sobre la angustia de los pobladores que
tendrán que abandonar la región. Es como si el reporte hubiera sido --
como si yo dijera: “Sabes, yo irrumpí en tu casa, tomé la casa entera,
finalmente acordamos -- te torturé, te robé todo y entonces acordé
dejarte el ático y el sótano, pero me quedé con el resto de la casa. Y
es -- lo hago con gran angustia, porque no quiero dejar el ático. Como
que me gusta.” Es esa la forma en que ha sido informado. Es
vergonzoso.
AMY GOODMAN: Ha sido Noam Chomsky, lingüista de renombre mundial,
analista político, hablando acerca de la publicación de su nuevo libro,
Estados Fracasados: El Abuso de Poder y la Agresión a la Democracia.