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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2006

Juicios y prejuicios sobre la otra campaa

Edgard Snchez
Bandera Socialista


En el curso de la otra campaa, ya con el recorrido del Sub Marcos por el pas, el debate sobre su contenido, planteamientos y propuestas se ha intensificado. A pesar de lo que dicen algunos de sus crticos, la otra campaa va despertando inters y es motivo de debate y toma de posicin. En el seno mismo de la otra campaa hay implcitamente debate pues se trata de un movimiento definido por la izquierda anticapitalista pero que, como ha dicho el propio Marcos, respeta la autonoma de cada organizacin y fuerza que ah participa.

En el debate sobre la otra hay de todo. Debate y diferencias polticas, pero tambin prejuicios y mala leche, a veces. En otras ocasiones, falta de informacin y puntos que faltan de precisarse. Pasamos revista a algunos de los ms comunes juicios y prejuicios, as como nuestras opiniones.

La otra campaa es marginal?

Algunos de los crticos que descalifican la otra campaa expresan dos juicios contradictorios. Por un lado denuncian que la otra es contra Lpez Obrador (AMLO) y que irresponsablemente le quitar votos. Al mismo tiempo, dicen que la otra es marginal, que va casi en el vaco. Si fuera absolutamente marginal no habra de qu preocuparse en cuanto a los votos que AMLO requiere para ganar la presidencia. Lo que ocurre es que, sin contar con el apoyo y capacidad de convocatoria de la marcha del color de la tierra del 2001 que implicaba definiciones distintas, la otra campaa no es marginal, aunque no se proponga hacer grandes mtines y concentraciones (que de todos modos en varios lugares se han realizado) y tiene una repercusin de opinin ms all de sus propios actos (pese a que los medios de comunicacin no estn interesados en cubrirla mas que amarillistamente cuando Marcos hace crticas a AMLO). En todo caso lo que es notorio es la presencia de una base social de apoyo conformada mayoritariamente por los sectores ms explotados, miserables y marginados socialmente. Es una base de apoyo de masas aunque no estn en la lgica del cmputo de votos, de encuestas o nmero de afiliados asistentes a una asamblea para el registro de un partido o de un sindicato. Pero que expresa o refleja un descontento e insatisfaccin sociales muy profundas as como rechazo y descrdito hacia los polticos y partidos. En algunas ocasiones o regiones se expresa tambin una combativa presencia sindical y de trabajadores, como por ejemplo en Puebla, y en muchos casos de estudiantes y jvenes en lucha y contestatarios. A pesar del desprecio y subestimacin oficiales al recorrido, la vigilancia y acecho policacos sobre simpatizantes y adherentes de la otra campaa (frecuentemente denunciados por los canales electrnicos de la otra) muestran que en el poder no todos se creen su propio discurso de ninguneo.

Slo escuchar, como dice Marcos? Muro de lamentaciones?

Otra critica se dirige al mtodo utilizado en el recorrido de Marcos porque insiste en que de lo que se trata es de escuchar a la gente. La idea es atractiva para la gente al confrontar con el estilo de los candidatos que en estos das tambin recorren el pas hablando y hablando todo el tiempo, proponiendo y prometiendo. Como dice el compaero Prspero de Tuxtepec, prometen hasta puentes donde no hay ros. La otra campaa , en efecto, escucha, en primer lugar. En las asambleas con adherentes primero habla la gente y al final Marcos responde. Hay quien se burla diciendo que , entonces, las asambleas son muros de lamentaciones o buzn de quejas. El asunto es ms complejo. Ciertamente la gente expresa y denuncia sus quejas, problemas y necesidades. La lista es larga, dolorosa y pesada. Aunque se supone que la idea es que en las asambleas de adherentes la gente opine sobre los contenidos de la Sexta Declaracin, lo que ocurre, ms bien, es la expresin de las quejas y las denuncias de los problemas. La cultura poltica prevaleciente es distinta y no es comn que la asamblea sea utilizada para opinar sobre un texto escrito. Incluso, frecuentemente, grupos campesinos, por ejemplo, le entregan a Marcos sus denuncias y expedientes que recogen la documentacin acumulada en la lucha. Ciertamente, reproducen la cultura poltica prevaleciente donde se le presentan al candidato las solicitudes de apoyo en la gestin de sus demandas. Frente a ello Marcos realiza prcticamente todos los das y en todas las asambleas, una labor de explicacin, extremadamente didctica, contra esa cultura, diciendo que l no ha venido a prometer que resolver esos problemas o que los resolver porque se comprometa a hacer las gestiones acostumbradas. Explica que esos trmites y gestiones, visitas a oficinas gubernamentales y dems, ya los hicieron ellos y cmo despus de tantas vueltas decidieron levantarse en armas. Agrega, entonces, que no propone levantarse en armas, pero insistir siempre en la necesidad de la propia organizacin y la lucha de la gente para enfrentar la situacin que le han denunciado. Es decir, va realizando una correcta labor de educacin poltica contra la cultura de la gestin, el solicitante y la confianza en los lderes, diputados o funcionarios que supuestamente resolvern los problemas poniendo la confianza en la organizacin y lucha directa de la gente. En todo caso lo contradictorio es la idea de insistir en la importancia de la organizacin y lucha y al mismo tiempo subestimar la lucha dentro de los marcos institucionales en que se encuentra todava el nivel de conciencia y experiencia de la gente.

El otro problema es el programa nacional de lucha. Porque siendo til el insistir en que la otra campaa escucha, debe aclararse que eso no significa que el programa nacional de lucha que hay que construir ser simplemente la suma de todas y cada una de las demandas inmediatas que se van recogiendo en el recorrido de Marcos. El programa nacional de lucha se ubica en el marco de la definicin inicial de una propuesta de la izquierda anticapitalista. Es decir, en un programa que no se queda simplemente en ciertas mejoras en el marco del sistema, sino que propone una dinmica anticapitalista, es decir de cuestionamiento al propio sistema. Es como el esfuerzo que desde otro espacio -el Dilogo Nacional por un proyecto alternativo de nacin- se ha hecho para construir un "programa mnimo no negociable". De la Sexta Declaracin se desprende igualmente que este programa nacional de lucha que elabore la otra campaa se corona con el objetivo de un nuevo Congreso Constituyente y por tanto una nueva Constitucin que, reflejando una nueva relacin de fuerzas a nivel social y poltico, reconoce un nuevo modelo de sociedad.

Divide el voto de la izquierda?

Hay varios problemas implcitos en este tema. En primer lugar la pretensin de que el PRD representa a toda la izquierda. Durante aos quiso imponerse esa imagen falsa. Quiere negarse la realidad de que existen diversas izquierdas y no solamente una. El PRD puede representar sobre todo a la izquierda institucionalizada, adaptada al sistema. No ahora, con la otra campaa; sino desde siempre han existido otras izquierdas. En grueso existe, como lo ha venido a mostrar la otra, la izquierda anticapitalista, es decir la que no est por reformas a este sistema, sino por el fin del mismo. Dentro de la izquierda anticapitalista, tambin hay diversas expresiones, desde el anarquismo hasta el zapatismo actual pasando por la izquierda socialista, y dentro de esta ltima el PRT y su reivindicacin del marxismo revolucionario. Segundo lugar, la justificacin de los que se apoyan en la lnea de voto til. Se ha transformado el concepto del "voto til" de un instrumento para explicar el comportamiento del electorado en ciertas condiciones, en una supuesta lnea poltica que se ampara en el "realismo poltico" que llama a ser pragmtico y evaluar todo en funcin de posibilidades electorales y no en funcin de proyectos o principios polticos. Con esta visin el problema no es simplemente el llamado pragmtico para votar hoy por AMLO, sino para algunos fue la justificacin para votar por Fox en el 2000 como el candidato que aseguraba derrotar al PRI. Efectivamente derrot al PRI y qu? Nuestra valoracin no es simplemente lograr la alternancia a como de lugar, sino un proyecto realmente alternativo al neoliberalismo que hemos sufrido con los gobiernos del PRI y del PAN en la Presidencia de la Repblica. Si no hay alternativa popular, no solamente antineoliberal, sino anticapitalista, lo ms importante es asegurar que gane quien gane la eleccin presidencial exista una fuerza social y poltica alternativa que continu la lucha contra el neoliberalismo. Por eso decimos, como en algunos casos lo ha sealado el Sub Marcos, la otra campaa no es una campaa electoral. No se ubica en el terreno electoral, no es a favor ni en contra de algn candidato. Tampoco es una campaa por la abstencin o el sabotaje a la eleccin. Es otra campaa para insistir en la necesidad de organizar una fuerza social y poltica propia de la izquierda anticapitalista. La crtica de la otra campaa a la izquierda institucionalizada se ubica en el terreno poltico, en la perspectiva que cada quien propone y no como competencia electoral o antielectoral. El Sub Marcos, en estos meses, ha matizado en varias ocasiones su opinin al respecto.

Pero , en todo caso, as pensamos nosotros que debemos enfocar el problema desde la otra campaa. No sobre la base de la exageracin de que AMLO y Salinas son espejos de una misma realidad. AMLO y el PRD representan otra cosa. No son lo mismo que el PRI y el PAN. Representan una corriente que viene de la izquierda y que se ha institucionalizado, se ha adaptado al sistema, que no tiene una perspectiva de ruptura con el mismo en aras de "la alternancia", la "gobernabilidad" y el "realismo poltico". Se ubican en el terreno de proyectos social-liberales que pueden desarrollar programas asistencialistas, reconocer ciertas concesiones a demandas sociales, pero sin romper consistentemente con el modelo neoliberal. El riesgo es que con la legitimidad del voto popular y una base electoral popular e incluso proletaria se imponga la continuidad del proyecto neoliberal, como hizo, por ejemplo, Lula del PT brasileo un vez que lleg al gobierno. Es un fenmeno que se expresa en varios pases con sectores de la izquierda que se adaptan a la institucionalidad burguesa como Lula en Brasil o Tavar Vzquez en Uruguay. Para nada tiene que ver con el curso del proceso encabezado por Hugo Chvez en Venezuela, se s de ruptura anticapitalista. La histeria derechista que para justificar la represin, insiste en identificar a AMLO con Hugo Chvez es falsa en todos los niveles. Mienten inventando supuestos apoyos econmicos de Chvez a AMLO, pero tambin mienten porque polticamente cada proyecto representa perspectivas muy diferentes.

Es importante, por tanto, distinguir lo que representa cada corriente poltica y lo que est en juego en estas diferencias polticas. No ayuda simplemente despachar todo con la denuncia de "la clase poltica" o el discurso contra "los partidos polticos", sin precisar contenidos. Queremos construir con la otra campaa una fuerza social y poltica alternativa a los partidos actualmente reconocidos en el terreno institucional, incluido a los que como el PRD pretenden ilegtimamente representar a toda la izquierda. La izquierda anticapitalista no est representada por el PRD. Pero al construir esta fuerza social y poltica alternativa, los socialistas pensamos que es necesario para esta lucha - que no es simplemente electoral- un partido poltico socialista y revolucionario. Quiz no todos en la otra campaa sacan la misma conclusin, pero por eso debe precisarse que nuestra oposicin y crtica es a estos partidos actualmente inmersos en el sistema poltico-electoral vigente.
Burguesa o fuerzas proletarias, mas que polticos corruptos y gente humilde y sencilla

La oposicin antagnica de la izquierda anticapitalista est representada por la burguesa y el imperialismo. Como ha dicho el Sub Marcos el destinatario de la Sexta Declaracin es el Pacto de Chapultepec, lidereado por Slim, el tercer hombre ms rico del planeta. Es la clase burguesa, los de arriba. No es una supuesta clase poltica; lo que hay son partidos polticos que sirven y representan a las clases dominantes. Como anticapitalistas entendemos que el problema fundamental es la explotacin de clase y no simplemente la corrupcin de los polticos en el gobierno. Debemos desnudar el discurso de los neoliberales que, como insistan Fox y Martha Sahagn al inicio del sexenio, afirmaban que Mxico no ha resuelto sus problemas por la corrupcin de los polticos, y que por ello, decan, se requiere un gobierno de empresarios que supuestamente tienen su fortuna por su esfuerzo, son ricos por su trabajo y no por la corrupcin. La experiencia ya demostr que ellos tambin son corruptos, pero lo que debe desmitificarse desde una perspectiva anticapitalista es el velo que pretende ocultar la explotacin de clase, la plusvala obtenida del trabajo no pagado, como base de la riqueza burguesa aunque el empresario no aparezca en la televisin guardndose ansiosamente las ligas de los billetes de la corrupcin.

Fuerza alternativa y unidad en la accin

Construir, como hacemos con la otra campaa, una fuerza poltica y social propia de la izquierda anticapitalista, es decir alternativa tanto a las fuerzas burguesas como a la izquierda institucionalizada, no es contradictorio con empujar la unidad en la accin contra las reformas neoliberales junto con toda fuerza que se decida a luchar, aunque su horizonte poltico o programtico no sea anticapitalista, sino de oposicin limitada. Especialmente en la lucha sindical, en los ltimos aos vemos que las diferencias y la crisis entre los de arriba por la aplicacin de la poltica neoliberal, al mismo tiempo que el crecimiento de la resistencia social al neoliberalismo, ha abierto la posibilidad de que, por sus propias razones y frecuentemente porque sus privilegios se apoyan en las conquistas obreras, algunos charros y burcratas sindicales se opongan a ciertas medidas o reformas reaccionarias. Esto ha permitido desarrollar espacios de coordinacin en la lucha entre fuerzas clasistas y otras encabezadas por sectores de la burocracia. Adems de otros frentes de lucha, el espacio ms amplio estos meses ha sido el Dilogo por un Proyecto de Nacin Alternativo al Neoliberalismo. Es equivocada la crtica, como la que hizo Marcos a principios de febrero en Oaxaca, que supone que el Dilogo est subordinado a la burocracia sindical o a un determinado candidato presidencial, particularmente, como se sugiere, a AMLO. Hay un debate entre las diversas corrientes que hemos participado en los Dilogos y precisamente por las diferencias polticas es que se trata de un espacio que no se puede subordinar a ningn proyecto poltico-electoral o partidario en concreto. Por eso mas bien se deja en libertad a que cada fuerza o corriente se comprometa con quien decida o con nadie o con la otra campaa como hacemos nosotros. Lo importante es que ms all de las campaas electorales y de los comicios mismos, el Dilogo pueda establecer una coordinacin de lucha que vaya ms all de julio y sobre la base de un Programa Mnimo No Negociable. El necesario deslinde con la izquierda institucionalizada como proyecto que no es consecuente en la lucha contra el neoliberalismo no impide que podamos hacer unidad de accin en luchas particulares y concretas que no comprometen nuestro proyecto poltico como otra campaa ni nos subordina a otra fuerza poltica. De hecho, durante el recorrido del Sub Marcos frecuentemente se ha expresado el apoyo de la otra a luchas particulares y concretas de la gente, no solo a difundirlas, sino al difundirlas apoyarlas. Precisamente porque estamos demostrando que la izquierda anticapitalista s representa una fuerza distinta en Mxico y con presencia importante entre los de abajo, es que no debemos tener temor a la unidad de accin que no nos desdibuja, ni inhibe las crticas que hacemos a otras corrientes que no son anticapitalistas. De otra manera se cae en una visin equivocada de lo que es la unidad en la accin, el frente nico, en un frente que siempre debe ser hegemonizado por nosotros o por una determinada fuerza. Eso no puede ser nuestra visin ni en la lucha amplia contra el neoliberalismo, ni tampoco en el seno de la otra campaa. Ni es un espacio ni en otro aceptamos un frente con una visin hegemonista , que busca nuestra subordinacin.

As como en el terreno social hacemos unidad en la lucha contra las reformas estructurales, tambin podemos hacerlo en la lucha democrtica, o no confrontarnos con las aspiraciones democrticas del pueblo, como lo hacemos al explicar que la otra no es una campaa electoral ni a favor ni en contra de alguna candidatura.

El autor est dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).



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