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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-04-2006

En profundidad: La energa nuclear

Ecologistas en Accin
Rebelin


Ya ha ocurrido: el debate nuclear se ha reabierto. Hasta hace poco pareca claro que el futuro de la energa nuclear en Espaa era el cierre ms o menos paulatino de las centrales; las declaraciones pronucleares se producan slo en el seno de la industria nuclear. Pero, bruscamente, llegamos a un momento en el que hay sectores sociales y polticos que piden que esta situacin se revierta y se estudie la posible contribucin futura de la energa nuclear a la cesta energtica.

El combate contra el cambio climtico es el principal argumento de la industria nuclear y de aqullos que claman por la extensin de esta energa. Sobre la base de que las centrales nucleares no emiten CO2 en su funcionamiento cotidiano -aunque s en su ciclo global que incluye la construccin de las centrales, la minera del uranio, su transporte, el tratamiento de los residuos...-, tratan de impulsar la construccin de nuevas plantas o el mantenimiento de las que funcionan en la actualidad para satisfacer la desbocada demanda de energa que estamos sufriendo en nuestro pas.

Es cierto que resulta imprescindible sustituir los combustibles fsiles por otro tipo de energa, pero las centrales nucleares tienen tales problemas que hacen desaconsejable la opcin por esta fuente de energa. En esta situacin, la apuesta por la contencin de la demanda, mediante medidas de ahorro y eficiencia, y la extensin al mximo de las renovables a corto plazo, son estrategias imprescindibles para la lucha eficaz contra el cambio climtico y que posibilitan el prescindir de la energa nuclear.

En el ao 2006 concurren varios importantes sucesos que van a marcar la actualidad ambiental y van a poner el debate sobre la energa nuclear an ms en el candelero. Los antinucleares debemos jugar un papel clave mediante el uso de argumentos slidos y rigurosos. Por supuesto, los representantes de la industria nuclear pugnan porque se tenga en cuenta esta fuente de energa como opcin futura, pero tambin, y en contra de las funciones que tiene atribuidas, la propia Presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) lo ha hecho en varias ocasiones, as como algunas voces de la derecha. Ms sorprendentes han sido las voces que parten del mundo de la social-democracia europea expresando la necesidad de retomar este debate, como han declarado Joaqun Almunia o Tony Blair.

La mesa de dilogo sobre la energa nuclear

En lnea con lo dicho, y a raz del debate sobre el estado de la nacin que tuvo lugar en junio de 2005, se ha puesto en marcha una mesa de debate sobre el futuro de la energa nuclear en Espaa. En principio nada habra de negativo en esta iniciativa y sera la primera vez que se produce un debate abierto sobre la poltica energtica. Sin embargo, el nombre que se le da a esta mesa, Mesa de Dilogo sobre la Evolucin de la Energa Nuclear en Espaa, as como su composicin, claramente sesgada hacia el lado pronuclear, no dejan mucho hueco a la esperanza.

Las voces antinucleares claras en la mesa son las de los representantes de Ecologistas en Accin y Greenpeace. Los sindicatos CCOO y UGT tienen tambin sendos representantes que han mantenido una postura ambigua, intentado separar el debate sobre la gestin de los residuos de alta radiactividad del futuro de las centrales nucleares, como si de verdad se pudieran separar. La industria nuclear est bien representada mediante el Presidente de la Agencia Nuclear Europea y tres altos cargos de UNESA, la patronal del sector elctrico, que son a su vez miembros del Foro Nuclear. Adems, participan representantes de todos los grupos polticos del Senado y el Congreso, altos cargos de los Ministerios de Industria, Educacin y Ciencia, representantes de las Comunidades Autnomas con centrales nucleares, de Red Elctrica Espaola, y el Presidente de ENRESA -Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, S.A.- . Ante esta composicin la postura de las dos asociaciones ecologistas va a ser intentar que las conclusiones reflejen al menos todas las posturas.

Los ecologistas defendemos en las reuniones de la Mesa que la energa nuclear no puede ser una opcin de futuro para resolver el problema energtico por los graves problemas que conlleva. La gestin de los residuos radiactivos sigue siendo un problema abierto y no es posible asegurar la seguridad de las plantas al 100%, especialmente teniendo en cuenta los factores polticos y econmicos que rodean el uso de esta fuente de energa. Sin ir ms lejos, en nuestro pas, el marco de liberalizacin de la electricidad ha hecho que disminuyan sensiblemente las inversiones en seguridad.

Por otra parte, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), organismo encargado de velar por la seguridad de las plantas, no se ha caracterizado precisamente por su independencia y rigor. Los problemas de corrosin recientemente descubiertos en el circuito terciario de Vandells II (Tarragona) son un buen ejemplo de la dejacin de funciones del CSN.

La gestin de los residuos nucleares es otro de los problemas graves del uso de las nucleares, puesto que no hay ninguna forma satisfactoria de gestin para estas peligrosas sustancias, txicas durante cientos de miles de aos. Ninguno de los integrantes de la Mesa puso en duda esta afirmacin. Se trata de un peligroso legado que dejamos a las generaciones futuras a cambio slo de la obtencin de una pequea fraccin de la energa que consumimos: hoy da la nuclear slo representa el 6% de toda la energa consumida en el mundo, una magra aportacin si la comparamos con los graves problemas que genera.

Para conseguir el necesario consenso social en torno a cualquier forma de gestin de los residuos de las nucleares, necesariamente insatisfactoria, lo mejor sera elaborar un calendario de cierre creble y admisible. Si se viera una voluntad por resolver el problema, sera mucho ms fcil que la sociedad aceptara una forma de gestin. Adems, la cantidad de residuos a gestionar se mantendra limitada a su inventario actual.

Almacn centralizado

En diciembre de 2004 se aprueba por unanimidad en la Comisin de Industria del Congreso de los Diputados la construccin de un Almacn Transitorio Centralizado (ATC) para los residuos de alta actividad en Espaa. Tras los fracasos de los aos 90 en la bsqueda de un emplazamiento definitivo para enterrar estos residuos, se opta al fin por una forma de gestin que permita ganar tiempo a la industria nuclear. Lo cierto es que encontrar una forma de gestin para estas peligrosas sustancias se hace perentorio para la industria nuclear, pero tambin para la ciudadana, porque es imprescindible para guardar los residuos procedentes de varias centrales nucleares.

Las primeras citas se han salvado mediante la construccin de Almacenes Transitorios Individuales (ATI) para las centrales nucleares. Por ejemplo, en 2000 entr en operacin el cementerio nuclear de Trillo y existe ya un proyecto de ATI donde se depositar el combustible gastado de la central de Zorita cuando se cierre despus de abril de 2006. La siguiente cita sern los residuos de alta de Vandells I, que se enviaron a Francia para reprocesar tras el accidente sufrido por dicha central en 1989. Estos residuos vitrificados han de volver a Espaa antes de 2011, bajo multa de 57.000 por cada da de retraso. Lo cual implica que para entonces ha de estar habilitada alguna forma de gestin.

Otras fechas notorias son 2009 y 2010, aos en que expiran los permisos provisionales de explotacin de Garoa (Burgos) y Almaraz (Cceres) respectivamente. Y 2013, ao en que se saturar la piscina de combustible gastado de Asc I.

Hagamos un ejercicio de escala temporal: el ATC donde depositar los vidrios de Vandells I se podra construir en un par de aos, lo que significa que las obras deben empezar en 2008, lo que a su vez implica que la decisin sobre el lugar donde se construya se ha de tomar en esta legislatura. En particular, quiz sea un proceso ms o menos transparente que se dar durante 2006 y 2007. El ATC ser, segn las intenciones del Gobierno, el lugar donde se guarden los residuos durante unos 100 aos, lo suficiente para que quienes hemos usado la electricidad nuclear, quienes han tomado las decisiones de construir centrales nucleares y quienes se han enriquecido con ellas, estemos fuera de la escena y as se deja la difcil decisin de qu hacer definitivamente con estas sustancias a las prximas generaciones.

Pero el ATC es en s mismo una forma de gestin que adolece de algunos problemas tcnicos. La necesidad de transportes, con los riesgos y alarma social que implican, y la vulnerabilidad de un cementerio nuclear en superficie frente a posibles sabotajes y ataques terroristas convierten en insatisfactoria esta forma de gestin de los residuos. Una instalacin de este estilo supondra, sin duda, una hipoteca econmica para la poblacin donde se instalara.

Enresa prev que en el mismo emplazamiento se construya, adems, un centro de investigacin en materia de tratamiento de residuos mediante la transmutacin. Pienso que es indispensable avanzar en la investigacin de la transmutacin con la esperanza de que algn da funcione y permita a nuestros descendientes librarse de estas peligrosas sustancias. Pero, en tanto se consigue poner a punto esa capacidad tecnolgica y puesto que no est garantizado que finalmente funcione, lo ms sensato es mantener el problema de los residuos en su expresin actual y proceder al cierre escalonado de las centrales nucleares. La construccin de un centro de investigacin constituye, tambin, un intento para lograr un apoyo social a la instalacin, teniendo en cuenta los posibles beneficios que tendra. Pero el consenso social necesario para que se admita una forma de gestin insatisfactoria de los residuos (todas las que se manejan hoy en da lo son) pasara por una demostracin de buena voluntad y unos deseos reales de resolver el problema: volvemos a la necesidad del cierre organizado de las plantas.

La postura de la poblacin frente a la construccin del ATC ser decisiva entre 2006, este ao estrella en el calendario nuclear, y 2007. Se har imprescindible un esfuerzo riguroso de divulgacin de los problemas de este tipo de instalaciones. Las experiencias que se ponen sobre la mesa de instalaciones similares son insuficientes, puesto que ningn cementerio nuclear en superficie tiene hoy por hoy suficiente experiencia operativa.

20 aos de Chernobil

En 2006 tambin se conmemora el vigsimo aniversario del accidente de Chernobil. El reactor nmero 4 de la central de Chernobil (Ucrania) salt por los aires en la madrugada del 26 de abril de 1986. Se trata de la mayor catstrofe nuclear e industrial de la historia y sus consecuencias son terribles y an perduran. La situacin del reactor accidentado sigue siendo peligrosa puesto que el sarcfago que lo cubre tiene unos 200 m2 de grietas por las que sigue escapando radiactividad. La zona contaminada es de unos 150.000 km2, que equivale a la tercera parte de la superficie espaola, distribuidos entre Ucrania, Rusia y Bielorrusia.

El tiempo transcurrido permite finalmente a todos los agentes evaluar con independencia los efectos del accidente de Chernobil. El nmero de vctimas mortales asciende ya a 165.000, segn una informacin publicada por la compaa de reaseguros SWISS RE, una de las ms grandes del mundo, en el nmero de febrero de 2000 de su revista Sigma. Esto convierte al accidente en la tercera peor catstrofe ocurrida desde 1970 y en el peor incidente causado por los seres humanos. Durante 2005, la OIEA public un informe escandaloso donde rebajaba esta cifra a unos 4.000 fallecidos -a pesar de este informe clamoroso, este organismo recibi el premio Nobel de la Paz en 2005-.

Los informes de la ONU del ao 2000 cifraban el nmero de afectados en 7 millones de personas y en 250.000 las personas que fueron evacuadas. An as, un elevado nmero de personas, unos 1,8 millones, viven en zonas todava contaminadas. Y hay tambin unos cientos de personas que han decidido volver a la zona de 30 km de exclusin en torno a la central.

El 70% del material radiactivo se deposit sobre la repblica de Bielorrusia, que ha sido la peor parada por los efectos del accidente. Segn los estudios slo el 20% de la poblacin bielorrusa se puede considerar sana. A las enfermedades directamente ocasionadas por la radiactividad hay que aadir los efectos ocasionados por la escasez de alimentos frescos como verduras, leche o huevos, puesto que las zonas cultivables estn contaminadas. Tambin se destaca en estos estudios el hecho de que las defensas y el sistema inmunolgico de muchas personas estn daados por las dosis de radiacin recibidas, lo cual hace que sean mucho ms propensas a sufrir enfermedades. Una gran parte del territorio bielorruso est contaminado con plutonio, lo que significa que es necesario proceder a descontaminar esos suelos, porque dicho elemento radiactivo ser txico durante decenas de miles de aos.

El nmero de leucemias detectado es afortunada y sorprendentemente bajo, en comparacin con los ndices que cabra esperar teniendo en cuenta los efectos de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, el nmero de cnceres de tiroides en nios menores de 14 aos se dispar hasta niveles mucho ms altos de lo esperado. En la actualidad se contabilizan ya unos 11.000 casos, casi el doble de los que se esperaba contabilizar en 2006, ao en que se estima que la incidencia ser mxima.

Las causas del accidente hay que atribuirlas a los efectos combinados de un diseo peligroso del reactor y de un desprecio por la seguridad por parte de los explotadores. Se estaban realizando unas pruebas de los sistemas de seguridad de la central, pruebas que deberan haberse producido antes de su puesta en marcha.

Una leccin muy importante a aprender del accidente es que los clculos de seguridad que se realizan no pueden tener en cuenta factores ajenos a los tcnicos, como el factor humano (el operador de Chernobil estaba cansado) o las razones econmicas y polticas (las pruebas de seguridad no se realizaron en su momento para cumplir el plan energtico quinquenal). Por ejemplo, las inversiones en seguridad en las centrales nucleares espaolas se han reducido al 50% tras la liberalizacin del sector elctrico en 1999. En este mismo sentido llama la atencin la falta de rigor del CSN en algunas actuaciones para garantizar la seguridad de centrales nucleares.

El cierre de Zorita

No todo van a ser malas noticias. El 30 de abril de 2006 est programado el definitivo cierre de la central nuclear de Zorita. Se trata de una vieja y pequea planta que empez a funcionar en 1968 y que est construida segn un diseo que no pudo tener en cuenta las enseanzas sobre seguridad que se extrajeron del accidente de Harrisburg (EE UU) en 1979, o de Chernobil, en 1986. En particular tiene contencin de acero (en lugar de acero y hormign) lo que la hace especialmente vulnerable frente a incendios o accidentes areos. Su contencin no est compartimentada, lo que hace que los trabajadores reciban la dosis mxima de radiacin cada vez que entran a hacer alguna reparacin.

Muchos sistemas de control estn anticuados y sus propietarios han mostrado una clamorosa falta de cultura de seguridad en incidentes como el olvido de un tornillo dentro de la vasija del reactor en diciembre de 2003. Posee un nico lazo de refrigeracin con un nico generador de vapor, cuando lo normal es que las centrales tengan tres lazos. Tambin se puede decir que el tiempo la ha tratado muy mal, puesto que su circuito primario ha sufrido severos problemas de corrosin, lo que motiv que se cambiara la tapa de la vasija.

Tras numerosas protestas ciudadanas, en 2003 se tom por unanimidad en la Comisin de Industria del Congreso de los Diputados la sabia decisin de proceder al cierre definitivo de esta planta. Ser la primera central nuclear que se cierra en Espaa sin que medie un accidente. En esta ocasin hemos conseguido que los polticos acten de acuerdo con el clamor de los ciudadanos y el sentido comn. Zorita no poda seguir en funcionamiento en esas condiciones lamentables.

Las celebraciones por el cierre constituyen, sin duda, una ocasin para impulsar un debate social sobre la situacin de las centrales espaolas y mostrar los problemas que acarrea el uso de la energa nuclear, mirando a la historia de Zorita, a la situacin de los pueblos cercanos y a la gestin de sus residuos radiactivos. La central de Garoa (Burgos), la segunda ms antigua y pequea de las nucleares espaolas, no est en mejores condiciones que Zorita. En 2006 se va a empezar a pedir la prolongacin del permiso provisional de explotacin que expira en 2009. Debemos intensificar nuestras denuncias rigurosas sobre la situacin de esta central.

Conclusiones

Estamos, sin duda, en una verdadera encrucijada energtica. Las decisiones que se tomen en los prximos aos tendrn gran trascendencia en el futuro del modelo energtico. Por eso, 2006 y los prximos aos van a ser claves en el debate sobe el futuro de la energa nuclear.

El pasado de la energa nuclear en Espaa ha sido especialmente truculento. Se pone en marcha en tiempos de Franco y jams se han consultado a la poblacin las decisiones sobre esta fuente de energa. Curiosamente, slo se facilita desde las instituciones un cierto debate pblico cuando la energa nuclear est en claro declive y la evidencia del cambio climtico da argumentos a sus impulsores. Los grupos ecologistas hemos sido los verdaderos informadores de la realidad nuclear, de muchas averas que han sufrido las centrales, mientras que el CSN, organismo que debera haberse caracterizado por su transparencia y su independencia exquisitas, se ha esforzado ms bien en esconder la situacin problemtica de algunas instalaciones.

La gestin de los residuos ha estado rodeada de ocultismo y de indefinicin. Nunca se han explicado claramente a la poblacin las intenciones de ENRESA. Los residuos nucleares de media y baja actividad se empezaron a depositar en 1988 en El Cabril (Crdoba) de forma ilegal. As lo establece una sentencia de 2002 del Tribunal Supremo, tras una larga batalla legal en la que ENRESA estuvo representada por el prestigioso jurista Garca de Enterra, que cobr una factura multimillonaria, y los ecologistas por Rafael Salazar, a quien regalamos un cordobn como pago.

Las centrales nucleares han estado (y siguen) fuertemente subvencionadas a travs de la gestin de los residuos radiactivos, el stock del uranio, los pagos por la moratoria nuclear y los costes de transicin a la competencia. Alguien debera pedir perdn por todo esto antes de la reapertura de cualquier debate.

Siguen existiendo razones de peso que aconsejan prescindir de la energa nuclear. Existen numerosos ejemplos en que prescindimos de las ventajas que ofrecen algunas tecnologas por los inconvenientes que las acompaan: el amianto se desecha, a pesar de sus buenas propiedades aislantes; la talidomida se dej de usar como medicamento por sus terribles efectos secundarios; los CFC se estn dejando de usar, a pesar de su utilidad, porque daan la capa de ozono...

La energa nuclear no debera ser una excepcin. Los problemas de seguridad, la futura escasez del uranio y la difcil gestin de los residuos radiactivos anulan las ventajas que tienen las centrales nucleares y aconsejan el cierre de las existentes y la no construccin de nuevas plantas.



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