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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2004

Borbn y Primo, dos genocidas

Iaki Errazkin
Colectivo Cdiz Rebelde


Me llegan noticias de que en Jerez de la Frontera (Cdiz), algunos grupos de ciudadanos andan protestando por la amenaza institucional de regresar a la ciudad la estatua ecuestre de aquel lugareo indeseable que hizo tristemente famoso el apellido Primo de Rivera, empeorado, si cabe, por su hijo Jos Antonio.

Lo que no se explica es que la estatua de marras (que ahora se encuentra en el taller de reparaciones) haya permanecido expuesta durante tantos lustros de mandato pachequista. O, a lo peor, s se explica, y eso es lo grave. Porque Pedro Pacheco, de profesin alcalde, aunque durante dos aos haya tenido que ceder el cargo a una flecha pelaya del PP, es un especialista en nadar, guardar la ropa y jugar al ping pong, todo al mismo tiempo.

Alguna de estas organizaciones jerezanas, demostrando una elogiable visin histrica, ha apelado a la memoria recordando quin era el personaje. Porque Miguel Primo de Rivera fue un asesino mltiple, un genocida. Como lo fue su comandante en jefe. Que pregunten, si no, a los hombres y mujeres de El Rif, ese pueblo bereber, hospitalario y sufridor, que sobrevive en el norte de Marruecos, otro reino maldito en manos de la megalmana familia alau, autoproclamada descendiente directa del Profeta.

En 1.923, dos aos despus de la derrota de las tropas colonialistas espaolas en Annual a manos de los guerrilleros dirigidos por Mohamed Abdel Karim al Khatabbi (Abd el Krim), y recin sublevado Primo, el nefasto Alfonso XIII (abuelo del actual monarca, tan Borbn como aqul) encarg al nuevo dictador una operacin de "castigo", que se concret en el bombardeo de la poblacin civil rifea con armas de destruccin masiva y que tuvo como resultado el exterminio de miles de hombres, mujeres y nios. El arma de destruccin masiva ms empleada contra los rifeos fue el llamado gas mostaza, expresamente prohibido por el Tratado de Versalles y, unos aos despus, por la Convencin de Ginebra, tras haber sido utilizado en la Gran Guerra (luego conocida como Primera Guerra Mundial). Pasndose las leyes internacionales por su real escroto, el borbn autoriz la construccin de una fbrica de armamento qumico, su preferido, en la localidad madrilea de La Maraosa -pequea pedana de San Martn de la Vega, prxima a Getafe, ubicada en pleno Parque Regional del Sureste-, que an sigue produciendo y exportando muerte y destruccin, mientras sus seoras -de todas las formaciones polticas, incluida Izquierda Unida- miran hacia otro lado.

As, Primo inaugur la siniestra factora, que el pueblo bautizara como La Fbrica de Alfonso XIII, ordenando que se diera prioridad a la elaboracin de gas mostaza, que, segn sus asesores alemanes, era el ideal para acabar con los dscolos resistentes rifeos, matando, de paso, su ganado y arrasando sus plantaciones e inutilizando sus depsitos de agua potable. Dicho y hecho. A partir de entonces, hasta el definitivo "triunfo" espaol de 1.925 -y, con menor intensidad, an dos aos despus-, las ciudades y aldeas de El Rif fueron bombardeadas sistemtica y rutinariamente por las tropas primo-borbnicas, siendo elegidos cuidadosamente los objetivos de los gases: los concurridos zocos, claro, y en horas punta, a poder ser.

No fuera a escaparse con vida alguna futura abuela de un peligroso activista de Al Qaeda, que los borbones son reyes por la gracia de Dios y l sabe ms del porvenir que el mismsimo Rappel. Todava hoy, si viajan a Al Hoceima y se sientan a compartir un t a la menta con algn amigable paisano, escucharn cosas terribles sobre los efectos de aquellos bombardeos. Djenle que les hable sobre el nmero de muertos; que les explique, tal y como a l se lo contaron sus padres y abuelos, las trgicas secuelas del gas mostaza, las tremendas enfermedades que sufrieron sus mayores, las espantosas quemaduras, las irreversibles lesiones en la piel, en los ojos, en los pulmones, en los fetos... Si la emocin no se lo impide, posiblemente les diga qu fue del ganado o de la pequea huerta que mantena a su familia.

Tal vez mencione cmo fueron obligados a beber agua contaminada y los tipos de cncer que desarrollaron en los aos posteriores gracias al binomio Borbn-Primo. Hasta puede ser que su interlocutor pertenezca a la Asociacin de Vctimas del Gas Txico, fundada hace cuatro aos para mantener vivo el recuerdo de aquel "crimen contra la humanidad" -as lo consideran y se quedan cortos- y exigir la justicia que siempre les fue negada por sus verdugos espaoles. Aseguran las crnicas que, en cierta ntima reunin celebrada en 1.925, su catlica majestad Alfonso XIII dijo a voz en grito que "lo importante es exterminar, como se hace con las malas bestias, a los Beni Urriaguel y a las tribus ms prximas a Abd el Krim". No cuentan si hizo estas piadosas declaraciones antes o despus de comulgar.

El genocidio rifeo cre escuela. A aquella inefable promocin pertenecieron los generales Sanjurjo, Franco y Milln Astray, tres orates sanguinarios que aprovecharon su experiencia africana para sublevarse contra la Repblica y liquidar cualquier atisbo de progresa. Pero esa es otra historia. Cualquier da se la cuento. De momento, ya he decidido el titulo: "Loca academia de militares". No la busquen en El Mundo. Tampoco en El Pas. No s por qu, pero ltimamente no me publican nada.

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