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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-05-2006

Informe sobre Bolivia

Francisco Fernndez Buey
Rebelin


Durante los das 13 y 14 de abril ha tenido lugar en La Paz un seminario internacional bajo el ttulo de Una Constitucin para el cambio en Bolivia. Perspectivas multiculturales y multinacionales. Organizado por la Vicepresidencia de la Repblica, la Fundacin Europa de los Ciudadanos (Espaa), el Centro de Estudios Polticos y Sociales (Espaa), el Laboratorio de Polticas de la Universidad de Ro de Janeiro (Brasil) y otras entidades universitarias bolivianas, participaron en este seminario profesores y analistas polticos latino-americanos (lvaro Garca Linera, Luis Tapia, Anibal Quijano, Pablo Dvalos, Gerardo Caetano y Emir Sader) y espaoles (Pedro Chaves, Roberto Viciano, Miquel Caminal y yo mismo). Estaba invitado tambin el analista portugus, terico de la democracia participativa, Boaventura da Sousa Santos, que a ltima hora no pudo trasladarse a La Paz por problemas familiares.

Este encuentro internacional ha coincidido en el tiempo con otros varios sucesos que conviene mencionar aqu para que el lector se haga una idea del contexto: la visita de Evo Morales a Cochabamba, que ha puesto de manifiesto el predicamento del presidente entre los indgenas, campesinos y trabajadores en general; el secuestro temporal de tres ministros de su gobierno en Puerto Surez, una localidad fronteriza con Brasil y una huelga de transportistas que ha afectado a parte del pas, hechos que revelan la existencia de intereses corporativos en conflicto con el actual proyecto de gubernamental; el reciente anuncio pblico de que la magistratura del pas admite por fin a trmite denuncias por corrupcin contra los tres primeros mandatarios anteriores, lo que, a pesar del choque inicial de Evo Morales con el poder judicial, refuerza las razones que tuvieron los integrantes de los distintos movimientos sociales para rebelarse contra el sistema poltico tradicional; y el inicio del debate pblico sobre las formas de representacin y los objetivos del proceso constituyente, piedra de toque para comprobar el tipo de relaciones existente entre el gobierno y los movimientos rebeldes que contribuyeron de una forma decisiva al triunfo de Evo Morales en las ltimas elecciones.

Lo visto all, dentro y fuera del Seminario, en la Universidad de San Andrs, en las calles de la Paz, en el abigarrado y populoso mercado dominical de El Alto y en los medios de comunicacin, permite hacerse una primera idea, desde luego parcial, limitada y fragmentaria, de la situacin del pas, de las expectativas que en Bolivia ha levantado el proyecto evista y de los problemas que ste va a tener que afrontar en los prximos tiempos.

Cabe destacar, en primer lugar, que las expectativas levantadas por la victoria de Evo Morales en las ltimas elecciones no afectan slo a la mayora de la poblacin de Bolivia, hoy por hoy uno de los pases ms empobrecidos de Amrica Latina, sino a la ciudadana de toda Amrica del Sur. As lo manifestaron reiteradamente durante el encuentro internacional en La Paz los asistentes al mismo, procedentes de Per, Ecuador, Uruguay y Brasil. Pueblos indgenas, campesinos cocaleros, trabajadores urbanos, sindicalistas de nuevo cuo, estudiantes y muchsimos ciudadanos que en estos pases han sido tratados durante dcadas como simples sbditos tienen hoy los ojos puestos en el proyecto del MAS liderado por Evo Morales. Y esperan mucho de la evolucin positiva de este proyecto. Tanto es as que la frase ms repetida durante el Encuentro en La Paz ha sido esta: En Bolivia se est jugando el futuro de gran parte de Amrica Latina.

No es sta una frase ritual de las que se pronuncian en los congresos por cortesa o para captar la benevolencia de los oyentes. Es bastante ms que eso, pues del proyecto de Evo Morales esperan mucho, efectivamente, no slo los sectores sociales que he mencionado y trabajadores que viven muy precariamente de la economa familiar o los varios cientos de miles de bolivianos que, en las ltimas dcadas, se vieron forzados a emigrar a Argentina, Espaa o los Estados Unidos de Norteamrica, sino tambin muchsimos otros latinoamericanos que en los ltimos tiempos vienen manifestndose contra los efectos de los polticas neoliberales y contra el ALCA, luchando por la recuperacin de los recursos naturales e intentando dar un sentido concreto a las palabras dignidad y soberana en un mundo en el que casi todo est intervenido en nombre de una libertad nica, la proclamada libertad del gran mercado que convierte en simples siervos a tantas gentes.

En estos prximos meses de 2006 la Bolivia de Evo Morales tendr que hacer frente a dos grandes asuntos que estaban ya en el programa electoral del MAS: la nacionalizacin de los principales recursos energticos del pas y la configuracin de una Asamblea Constituyente que concluir en la redaccin de una nueva Constitucin. En su intervencin en las sesiones del Seminario de La Paz, el vicepresidente del gobierno boliviano, lvaro Garca Linera, avanz ya algunos de los principios y criterios que orientarn la poltica gubernamental: habr nacionalizaciones sin expropiacin y se tender a la constitucin de un Estado multinacional que ponga fin a la exclusin secular de las naciones indias.

Por lo que yo s, esta es la primera vez en la historia de Amrica Latina en que se abordan conjunta y simultneamente, y adems desde el punto de vista de los de abajo, los dos grandes problemas de aquel mundo: el problema econmico-social (marcado por las desigualdades y la existencia de importantes franjas de pobreza) y el problema nacional, o sea, la articulacin alternativa, con criterios igualitarios y solidarios, de las diferencias lingsticas, culturales y tnicas. El hecho de que Evo Morales haya sido al mismo tiempo un dirigente cocalero con experiencia sindical y un aymara perteneciente a la cultura hoy mayoritaria en el pas, pero tradicionalmente minorizada o excluida de la esfera pblica, tiene mucho que ver con esta novedad histrica. Pero, an as, siendo este hecho importante, no es lo determinante del proceso en curso.

Lo determinante en el proceso boliviano ha sido la gran movilizacin socio-poltica y socio-cultural que ha tenido lugar en el pas en los ltimos tiempos, la conjuncin de las reivindicaciones de sectores sociales y tnicos muy heterogneos que se expresaron en varias marchas y bloqueos, en los que participaron indgenas, campesinos pobres, trabajadores de la economa informal, amas de casa con conciencia de nuevo papel de la mujer, medio-ambientalistas con conciencia social y sindicalistas de nuevo cuo, y que, por fin, confluyeron en un programa alternativo y razonable del que Evo Morales result portavoz principal. Fue la protesta y la presin de amplsimos sectores sociales, en una sociedad tan abigarrada como corroda por la corrupcin, lo que puso fin a la hegemona de los partidos polticos tradicionales y lo que ha dado al MAS y a Evo Morales la oportunidad de cambiar de abajo a arriba las relaciones socio-culturales y la forma de hacer poltica imperante durante dcadas. Lo que empieza a llamarse evismo es una consecuencia de esto. Y por ello el proceso boliviano no puede ser identificado en absoluto con otros procesos latino-americanos prximos a lo que Antonio Gramsci llamaba, all por los aos treinta del siglo pasado, cesarismo progresivo o al caudillismo.

Para argumentar lo que digo bastar con un ejemplo. Para un europeo una de las cosas ms llamativas y a la vez fascinantes del encuentro internacional mencionado, ponencias o comunicaciones aparte, no fue slo la alta participacin de personas interesadas (en das festivos y con la Universidad de San Andrs cerrada), sino el tipo de participacin de los asistentes al mismo: la claridad y precisin con que un porcentaje notabilsimo de los presentes formularon sus demandas, preguntas y propuestas sobre nacionalizaciones, sobre multiculturalidad y multiculturalismo, sobre las distintas versiones del nacionalismo y del federalismo en el mundo actual y sobre la relacin entre las reivindicaciones socio-econmicas, nuevo indigenismo y la cuestin nacional.

La claridad y precisin con que se expresan tantas personas acerca de asuntos muy controvertidos en Europa tiene que entenderse como una consecuencia positiva de la participacin activa, masiva y consciente en un amplio movimiento socio-poltico cuyo carcter asambleario y deliberativo todos reconocen y alaban. Y esto est teniendo su reflejo tambin en la forma que han tomando las demandas de los pueblos indgenas y de los movimientos sociales en el proceso constituyente boliviano. De hecho, la reivindicacin de una Asamblea Constituyente para cambiar la constitucin poltica del estado boliviano viene de lejos: se remonta a la marcha por la dignidad, la tierra y el territorio, organizada por los indgenas de la zona oriental del pas en 1990.

De manera que, como ha subrayado el socilogo y politlogo boliviano Luis Tapia, uno de los problemas ms serios que va a tener que afrontar el evismo ahora es el de la articulacin de las reivindicaciones y exigencias de este amplio y heterogneo movimiento social con las actuaciones gubernamentales, tanto en el mbito de las representaciones en la asamblea constituyente como en lo que hace a las medidas socio-econmicas necesarias para impulsar el cambio. En este sentido el principal riesgo que hay que superar, segn los analistas que han apoyado el proceso en su conjunto pero que no estn necesariamente integrados en el MAS, es la fractura que se puede producir entre la administracin gubernamental y algunos de los movimientos sociales ms activos en las marchas y bloqueos que encumbraron a Evo Morales. Se ha de tener en cuenta que la Constituyente en formacin habr de estar formada por 255 personas, una parte de las cuales habrn de ser representantes de los Departamentos pero de la que no podrn formar parte las autoridades de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; que la eleccin de los representantes tendr que estar finalizada dentro de dos meses y que los trabajos de la Asamblea tendrn que estar concluidos en menos de un ao. Todo esto quiere decir que el proceso por el cual los ciudadanos han de elegir a los constituyentes coincidir en el tiempo con la entrada en vigor de los primeros decretos sobre nacionalizaciones de los principales recursos del pas.

Si el gobierno de Evo Morales y los movimientos indgenas y socio-polticos que le apoyan logran superar esa fractura potencial y bordear al mismo tiempo las injerencias de la Compaa del Gran Poder y los intentos de desestabilizacin de las fuerzas socio-polticas tradicionales y corporativas (otro de los grandes problemas del momento), la Constitucin que se perfila en Bolivia tendr mucho de novedad histrica no slo en el contexto latino-americano, sino incluso cuando se la evale con los acostumbrados criterios del anlisis poltico europeo, mayormente liberales. Pues lo que est apuntando ah, en las demandas escritas de los movimientos que apoyan el proyecto de Evo Morales, es una repblica social y democrtica de derecho, plural, participativa y representativa como no hay otra conocida hasta ahora.

No exagero. Ninguna otra carta magna combina y compone como esta, en proyecto, la fraternidad republicana en el tratamiento de las diferencias lingsticas, culturales y tnicas con la intencin medio-ambientalista al abordar las contradicciones y ambigedades del llamado desarrollo econmico y con el respeto recproco, en el plano jurdico-poltico, a los usos y costumbres de los distintos pueblos indgenas y de la sociedad civil en general.

Bolivia se perfila en este proyecto como un estado pluricultural, plurinacional y multitnico que parte del reconocimiento de la igualdad entre culturas y se propone promover la diversidad cultural y la interculturalidad. Se afirma el derecho a la autodeterminacin de los pueblos y naciones originarias y se aspira a una soberana nacional compartida, esto es, al reconocimiento de facto de que la soberana nacional se compone de soberanas mltiples. Esto se concreta en el reconocimiento como idiomas oficiales del castellano, el aymar, el quechua, el guaran y los otros idiomas de los pueblos indgenas. Se mantiene la compatibilidad entre estado pluricultural y plurinacional con lo que habitualmente se llama estado social y democrtico de derecho y con un sistema de economa social mixta que se basar en cuatro pilares: la soberana nacional sobre los recursos en general, la obligada consulta a los pueblos indgenas sobre el uso de los recursos existentes en sus territorios, la redistribucin de lo producido y el respeto medioambiental.

Importancia particular tienen, en este proyecto, la proteccin del derecho a la tenencia de la tierra de quienes la trabajan; la consideracin de los latifundios como contrarios al inters general; la declaracin de que el agua es un bien de inters general, no mercantilizable; la propuesta de un sistema de educacin bsica que, adems de ser gratuita obligatoria, habr de ser intercultural y plurilinge; y la propuesta de que la representacin de los pueblos indgenas ante el estado sea dual, con lo que se intenta complementar o componer la representacin indirecta, caracterstica de los sistemas parlamentarios, con el reconocimiento de los usos y costumbres tradicionales de los distintos pueblos indgenas en cuestiones como la deliberacin, la participacin y la toma de decisiones.

Obviamente, componer o hacer compatibles en la prctica un estado que se quiere multitnico y multinacional con un sistema de economa mixta y con un sistema de representacin poltica, tambin mixto, de individuos y colectividades heterogneas, en las que se superponen lo premoderno, lo moderno y los posmoderno, por as decirlo, va a suponer una tarea mproba para los dirigentes y para los movimientos sociales que les apoyan. Para empezar no es nada fcil encontrar en los diccionarios del pensamiento poltico ms manejados en nuestro mundo los trminos y nociones apropiadas para dar cuenta, con precisin, de lo que puede llegar a ser una composicin de este tipo.

Es natural que, en lo que a esto respecta, hayan surgido ya diferencias de nota en el mbito de la teora social con implicaciones prcticas. Garca Linera, por ejemplo, ha caracterizado esta composicin, esta hibridez, con expresiones que podran ser resumidas as: capitalismo andino-amaznico en un estado multicultural. De este modo se pretende subrayar dos cosas. Una: que en las circunstancias histricas de Bolivia se est en una fase previa al socialismo, en la que las economas familiares y las comunidades indgenas siguen teniendo un peso decisivo en el conjunto. Y dos: que, recogiendo el sentir mayoritario de los movimientos sociales, se est dispuesto a acabar con el mono-culturalismo que de hecho ha hegemonizado pas durante siglos en el mbito poltico.

Ms all de la pertinencia terica de tales expresiones, que, como digo, son objeto de discusin ahora y que sera pretencioso juzgar sin un conocimiento detallado de la historia y de las instituciones econmico-sociales de Bolivia, hay algo en ellas que se puede observar. Estas expresiones (y an ms la orientacin general de los principios constitucionales) son, sin duda, la composicin o complementacin, en el mbito de la teora, de dos experiencias poltico-sociales paralelas, pero bastante distintas, que ahora confluyen en el gobierno boliviano: la de Evo Morales, tan ligada al nuevo indigenismo como al nuevo sindicalismo, y la del propio Garca Linera, quien en una entrevista reciente se presentaba como marxista clsico y cuyo pensamiento, en trminos europeos, se podra caracterizar como marxista crtico o neomarxista, buen conocedor tanto de los textos de Marx generalmente olvidados por la vulgata (sus reflexiones sobre la comuna rural rusa, sus apuntes etnolgicos, sus notas de antropologa, etc.) y de la sociologa de Bourdieu como de los debates que sobre interculturalidad y multiculturalismo han tenido lugar en la Europa de las ltimas dcadas.

Si este proyecto de Estado multicultural, que se quiere uno y diverso, que nace del reconocimiento del valor de la diversidad para la vida pblica en comn, sale adelante, los descendientes de los colonizadores europeos an tendremos ocasin de contemplar algo original, algo que no pudieron (ni quisieron) contemplar los ilustrados: cmo la soberana estatal sobre los recursos naturales es compatible con el reconocimiento de soberanas mltiples y con el pluralismo poltico; cmo el fomento de las lenguas aymar y quechua es compatible con el uso no hegemnico del castellano; cmo el reconocimiento de los ayllus y la potenciacin de la economa comunitaria y de otras formas de economa familiar es compatible, en un sistema de economa social mixta, con lo que llamamos desarrollo sostenible y con la distribucin equitativa de la riqueza.

Para que los ms lleguemos a ver eso, que sin duda valdr la pena, tambin Espaa y la Unin Europea habran de poner su granito de arena. En principio no se nos exige mucho. Simplemente no poner zancadillas al proceso jurdico-poltico que conducira al reconocimiento constitucional de un Estado pluricultural, plurinacional y multitnico y facilitar a los bolivianos el usufructo pblico y soberano de sus principales recursos. O sea: ms o menos, dar forma, nueva forma, al viejo grito de Bartolom de las Casas a favor del respeto y la restitucin. Esto es lo que parece estar diciendo el sentido comn. Que no es precisamente lo que viene diciendo la derecha neo-liberal espaola, tan conservadora de intereses propios como defensora, an, de una historia indefendible. Como muestra de este otro pensamiento armado, al que el proyecto boliviano en curso habr de hacer frente, valga el siguiente botn (tomado de la aznariana libertad digital):

Triste destino le espera a Bolivia si logran imponerse los representantes de lo peor de la sociedad boliviana, tan pavorosamente ignorantes de lo que significa la civilizacin y de cmo se crea riqueza y bienestar que se atreven, como Evo Morales, a exigir [...] que los espaoles compensen a Bolivia por "los daos que han hecho durante 500 aos". Huelga decir que el mal que haya podido causar Espaa a Iberoamrica ya qued ampliamente compensado con la transfusin de la lengua, la cultura y la civilizacin occidental a unos pueblos que, como los indgenas bolivianos, pasaron de vivir como esclavos bajo el feudalismo comunista de los incas o de los aztecas a ser sbditos del rey de Espaa en plano de igualdad con los espaoles. Es una lstima que nunca nadie pida cuentas a individuos como Evo Morales o Felipe Quispe por sumir a Iberoamrica en la pobreza, en el aislamiento y en la falta de libertades. Triste destino el de un continente que, con las excepciones de Chile y Colombia que lucha desesperadamente por erradicar su cuota de narcomarxismo parece dirigirse una vez ms hacia el abismo




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