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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2006

A treinta aos del golpe de estado del 24 de marzo de 1976 en la Repblica Argentina
La liberacin postergada

Ral A. Rodrguez
Rebelin


El anlisis del proceso poltico que desemboc en el golpe del 24 de marzo de 1976, a treinta aos, an no es objeto de inters para la exploracin y la discusin en las ciencias sociales argentinas. Hay valiosos relatos histricos que reconstruyen la cronologa de los hechos, pero todava no se ha emprendido la tarea de ahondar en una discusin y comprensin terico poltica, filosfica o sociolgica que interprete el significado histrico de aquel golpe de estado que derroc al gobierno peronista de Isabel Mara Martnez de Pern. Las casi nulas inquietudes por desmenuzar desde esos puntos de vista la historia que antecedi tal trgica fecha parece, ms bien, saldadas o liquidadas por medio de sntesis anacrnicas, cuando no superficiales, que ponen en escena dos actores enfrentados cuyo drama concluye con uno de ellos triunfante: las acciones guerrilleras de la izquierda del PRT o Montoneros, por una parte, y por la otra, unas Fuerzas Armadas condecoradas como victimas de ese hostigamiento y forzadas a tomar el gobierno. Esta falsedad histrica no hace sino esfumar y encubrir al protagonismo masivo de la sociedad argentina que haba cambiado, ya, en aquella poca, como as tambin, las verdaderas intenciones del golpe militar de 1976 a meses de las elecciones de renovacin presidencial.

En torno a los hechos anteriores a marzo de ese ao no propongo, aqu, alcanzar la reflexin a la que aluda; ms bien, en estas breves lneas apelo a recuerdos personales, a testimonios de las inefables experiencias de la tortura, la crcel y la muerte de ex compaeros; balances y autocrticas de las organizaciones polticas y de algunos militantes. Tambin, tomo en cuenta el malestar que me producen unas y otras reflexiones encubiertas por la moda de la memoria intelectual que ms de las veces reconstruye la historia a distancia de aquellos sucesos desactivando la fuerza de las convicciones que sostuvieron sus propios actores. Desmenuzar el entramado que desemboca en el golpe de marzo de 1976 es reconocer su rol de bisagra que nos conduce a la Argentina de este siglo XXI; ms an, descubre en sus races el proceso poltico, econmico, social y cultural que se generaron desde 1966. Los anlisis polticos y sociales, hechos, textos y contextos que fraguaron esta sociedad de modo creciente y una dcada anterior, la pusieron en un lugar donde los ideales revolucionarios comenzaron a dejar de ser utopas. Esto, entiendo que fue as, no slo por la tensin de las fuerzas internas que provenan de las consecuencias del golpe de 1955 y que gravitaron en el espacio argentino en esa dcada (66 -76), sino tambin, por cmo esas mismas lneas polticas y culturales de Argentina, en la segunda mitad del siglo XX, se iban ligando a las nuevas circunstancias en las que se despliega la consolidacin del imperialismo norteamericano, en el mundo entero, luego de la segunda guerra mundial. El nacionalismo catlico, el fascismo Tacuara devenido en socialista nacional, el cristianismo revolucionario, el marxismo latinoamericano, el proletariado peronista revolucionario, la asimilacin leninista o maosta del rol de Pern, la condensacin poltica entre Evita y el Che, el trotskismo criollo, la burguesa nacional, etc. son, entre otras, la serie de teoras sociales emergentes que ponan letra y sedimentaban el sentido de aquellas acciones masivas, individuales, grupales, de obreros, estudiantes, pueblos enteros crispados frente a la dictadura inaugurada por Ongana.

En el contexto de los aos sesenta es cuando se da el auge de las luchas polticas contra numerosas dictaduras, por cierto, fundamentalmente, en Amrica Latina. Tambin estn los combates armados contra los resabios del colonialismo, como el portugus y afrikans, en frica. Y, sobre todo, contra la intervencin norteamericana en Amrica y Asia donde Vietnam era el paradigma de todas las luchas. En ese panorama mundial, EE.UU. no slo debe resolver su poltica interna de apartheid contra los negros sino y, al mismo tiempo, recurrir a todos los medios disponibles para fortalecer su preeminencia. Pero hay un contrafuerte: el podero militar vertiginoso que desarrollaba la URSS que se encontraba en la delantera de la carrera espacial.

En el campo ideolgico, tambin se daba la evolucin acelerada del ideario socialista que desplazaba el monopolio de la interpretacin marxista que la URSS haba canonizado como ortodoxa o que la socialdemocracia haba instalado como sociedad de bienestar con capitalismo. La discusin en torno al marxismo en los aos 60 ya no tena el carcter especulativo como se haba forjado en la Europa de comienzos del siglo XX. Adems, si la praxis poltica del marxismo europeo, hasta 1945, debi confluir en los Frentes Populares; en los aos 60, esa praxis estalla en Francia, Italia y Alemania emparentndose con la misma energa, pero con diferencias tericas objetivas respecto al marxismo del Tercer Mundo. ste es, de hecho, praxis poltica, estratgica y revolucionaria inflamando las luchas por la liberacin nacional. El marxismo de los aos sesenta se reconfigura en la teora y en la prctica para mantener y/o alcanzar el poder poltico, militar y cultural en disputa con el mundo occidental y cristiano u oriental y musulmn. Desde Cuba hasta Camboya, desde Siria hasta Bolivia, haban surgido nuevas formas de izquierda: heterogneas y, hasta herticas; sin ninguna centralidad terica que uniera a todas por igual. Slo estaba el ideario de una sociedad ms justa y libre, sin explotados ni explotadores. Se haba roto la imagen monoltica del stanlinismo ruso y sus partidos comunistas, pero esto no quit presencia y protagonismo a la URSS y a la China del stanlinismo de la Revolucin Cultural (1966). Todo lo contrario: estos dos pases fueron pivotes del xito y fracaso de casi todas las luchas polticas y militares que frenaban las posibilidades hegemnicas imperialistas de los EE.UU. en Amrica Latina, frica, Asia y Medio Oriente.

El golpe de Marzo de 1976, a mi entender, marca un hito en la historia Argentina donde el genocidio con miles de desaparecidos y perseguidos, como as tambin, la progresiva legitimacin social de la lucha por el juicio y castigo de los culpables del terrorismo de Estado, desvela o reposiciona a viejos actores, encubre a algunos, emergen otros, pero en sntesis, hacen a la Argentina que se pondr a tono con los discursos sociales posteriores a 1983: la Argentina posible y en orden, la Revolucin productiva, la Argentina en lucha contra la corrupcin o de la Argentina: un pas en serio. Es decir, la Argentina que entrar en el siglo XXI posmoderno, neoliberal, del mundo globalizado, junto a los EE.UU. exportador de democracias. A esa Argentina se llega por un mar de sangre donde el enemigo que se haba hecho desaparecer, torturado, muerto o exiliado no eran otros, sino los protagonistas sociales, gremiales, polticos y religiosos que a travs de diez aos, o sea, desde el golpe de Ongana en 1966, haban hecho su aparicin y acumulado experiencias.

En 1966, tras Ongana, estaban los intereses del FMI, los EE.UU. la Doctrina de la Seguridad Nacional, la Ley Anticomunista (n 17401, vigente hasta 1973) y sus socios internos: los empresarios ligados a las multinacionales y la oligarqua terrateniente en alianza estratgica con el integrismo catlico y el Opus Dei. Como luego se ver, son estos actores los que comienzan a reaparecer con Isabel Martnez de Pern. Es que el gobierno corporativo franquista/ fascista de Ongana no slo haba actualizado la vigencia del poder militar y las pretensiones de liderazgo carismtico en la administracin de la Argentina amputada del peronismo desde 1955. Tambin, encarnaba el estilo de vida democrtica de corporaciones y restricciones que sucede en Argentina desde los inicios del siglo XX. Ongana reconciliaba las verticalidades instituidas entre militares, sindicalismo burocrtico peronista sin Pern - iglesia catlica y empresarios apadrinados por el FMI: todos los que haban jugado de otra forma en el ao 55.

Lo que Ogana, Vandor, Kriegger Vasena y el Cardenal Caggiano no pudieron amordazar fue el reclamo obrero, de los marginados y excluidos, de los desocupados, de los vecinos de barriadas populares, de poblados abandonados, de intelectuales, artistas, etc. Los ferroviarios, portuarios y obreros del azcar son los que abren la brecha del gremialismo combativo que tendr en Crdoba su mxima expresin al transformarse, tambin, en clasista, es decir, marxista. Pero, donde se inaugura esa porcin mayscula de miseria argentina que luego se extiende por todo el pas fue, fundamentalmente, con la industria azucarera. Desde 1966 son 11 de los 27 ingenios azucareros de Tucumn cerrados a punta de bayoneta con la consecuente depredacin de los pueblos que a su alrededor haban crecido. As se sumergi en la desgracia cerca de 10.000 pequeos productores caeros mientras la desocupacin alcanzaba la monstruosa cifra de 200.000 obreros. Todo esto, en la provincia de mayor densidad poblacional por kilmetro cuadrado (Cf. R. Puccio: El affaire del azcar: cuando el rgimen de Ongana tom por asalto la provincia de Tucumn). Las protestas crecieron y la combatividad en Tucumn era una cuestin de vida o muerte. En esa provincia slo la ciudad de Monteros era un municipio casi tradicionalmente socialista, pero nunca gobernaron los marxistas; tampoco all fue triunfante ninguna experiencia guerrillera. Por ejemplo, el ERP en su intento de foquista de 1974 no paso de un centenar de combatientes. Tampoco tuvieron tales perspectivas algn arraigo en el movimiento estudiantil. Mas la triste historia de Tucumn atraviesa todo el siglo XX, con el hambre estructural, la marginacin indignante, en una ciudad cada vez ms empobrecida que se escenifica en la paradoja surrealista del Parque 9 de julio, Poder Legislativo, Casino y Casa de Gobierno diseados desde Francia en su belle poque. En el ao 2002 la TV de Bs. As. revelaba con estupor que haba nios que moran de hambre en Tucumn. Quienes, como en mi caso, residamos en esa provincia, siempre convivimos con una poblacin con hambre, con nios que se moran en los hospitales, con el chagas en los caaverales. Es que el hambre no es una opcin terica que se categoriza desde la filosofa; tampoco la rebelda frente a la desnutricin es una decisin que se resuelve desde la geometra de la tica de Spinoza. No, no es lo mismo comprometerse con una filosofa poltica definida como resultado de la reflexin siempre se puede pensar de otra manera cuando las balas arrecian o una oferta de beca es tentadora - o comprometerse con la vida contra la muerte cuando comienza a tocar a tus padres, hijos y compaeros; cuando el hambre y la muerte tiene color de barro y no son enunciados de papel. Entonces, hay una nica opcin: luchar. Tucumn fue el centro de todas las rebeldas posibles desde el campo, los ingenios y la universidad. En sus calles y plazas hoy campean como espectros los susurros, gritos e imgenes de dirigentes sindicales, sociales, estudiantiles, ciudadanos comunes, desaparecidos, muertos o torturados. Tucumn es el testimonio de una pas donde se ensayaron las formulas polticas y sociales que han caracterizado a la Argentina Interior y Olvidada.

Ms all de los sillones de la CGT de la calle Azopardo en Bs. As., de las 62 Organizaciones de Vandor y Alonso o de la consigna del General desde Madrid que en 1966 fue Desensillar hasta que aclare. Lo que se vivi en Argentina, desde entonces y a todas luces, fueron grandes manifestaciones estudiantiles, obreras y populares bajo una feroz represin que tiraba a matar. La radicalizacin terica y combativa de la Resistencia Peronista, el auge de las organizaciones polticas y militares marxistas, las huelgas que impulsaba la CGT de los Argentinos que fisura el monopolio de la burocracia sindical peronista; todo esto sucede en un marco de importantes sublevaciones populares con ocupacin de barrios y autodefensa civil en sus calles: Corrientes, Rosario, Tucumn, Crdoba - donde se genera la mayor sublevacin- Mendoza, Cipolleti, Chocn-Cerro Colorado, Orn, Casilda, Animan, etc. Es decir, avanzaba el protagonismo popular, la autoorganizacin social, y la deslegitimacin de viejas estructuras sindicales y partidarias. As como el ERP realiza sus primeras acciones armadas (1970), la heterogeneidad de la interpretacin del peronismo confluye en Montoneros que tambin hace en 1970 su aparicin. Al mismo tiempo, desde San Juan, se generaba la experiencia de la Juventudes Polticas que una a peronistas combativos, comunistas, radicales y otras fuerzas que se involucraban ms con la opcin democracia y liberacin en claro desafo a la direccin de los partidos tradicionales.

La recuperacin del sindicalismo clasista erosionaba la burocracia sindical con el retorno de los marxistas a los sindicatos. Junto a ello, en el campo social, la combatividad progresista de amplios sectores sociales identificados con el peronismo fue creciendo en un contexto latinoamericano cada vez ms convulsionado, revolucionario y de lucha armada. Pero cabe sealar, que la centralidad poltica nunca estuvo desplazada por la opcin de la lucha armada, sino orientada hacia las cada vez masivas y agresivas sublevaciones populares en todo el interior del pas.

El proceso de las transformaciones sociales, polticas y culturales ms o menos profundas que se configuraron en torno a la lucha contra la dictadura de Ongana desde 1966 hasta el autoritarismo de Lanusse (1971-1973), fue ascendiendo en la complejidad de sus planteos: las reivindicaciones econmicas no se desligaban de las polticas (por democracia). Luego, stas se radicalizaron con reivindicaciones sociales, de transformacin tajante que se sintetizaban en la consigna de Liberacin social y nacional. La experiencia atesorada por una sociedad que iba transformando sus objetivos directamente proporcional a la represin encarnizada de Ongana (1966 1970) tampoco pudo se domada por Levingston (1970- 1971). Fue necesario abrir una nueva alternativa que descomprimiera la presin creciente y que contuviera como un dique el peligro del comunismo que ya se instalaba en Chile con Allende (1970). La hora del pueblo (1970) antesala del Gran Acuerdo Nacional (1971) pergeado entre Pern, Balbn y Lanusse es la salida electoral preparada para pacificar a toda esa juventud maravillosa, como deca el General. El GAN, en realidad, era la salida de los militares del gobierno para aplacar un enemigo objetivo e incontenible: el comunismo, tal como identificaban la radicalizacin poltica y cultural de la sociedad. Una salida electoral que se ejecuta con ley anticomunista. A travs de esas elecciones se quiso reorientar todo el potencial de energas que no haba encontrado un cause que las organizara fuera de los partidos polticos ya desvencijados frente al agitado clamor de barrios, fbricas, poblados y hasta por las mismas iniciativas guerrilleras que, como enunciaba la Constitucin, haban asumido el derecho a levantarse en armas para defenderla. Pero el fenmeno social era irrefrenable, ms bien, slo se poda intentar desviarlo hacia una direccin controlable. Los partidos tradicionales consumieron esos nuevos vientos en las elecciones (1973); el estado de nimo social era resumido en la consigna de la liberacin que adosaron al nombre de sus organizaciones, discursos electorales o fracturas internas. A partir de entonces se desarrolla la ltima escena de la Resistencia Peronista, la exultacin triunfante y estertor del clasismo e intento por el socialismo en Argentina y el comienzo de la depredacin de una tica social y poltica solidaria que se haba forjado en cada pueblo. Ahora, las contradicciones sociales, polticas, econmicas e ideolgicas del pas se resolveran desde el interior mismo del peronismo.

Entre el 1er. Retorno de Pern (1972), el triunfo electoral de Cmpora y su renuncia (1973), el 2do. Retorno (1973) y triunfo electoral de Juan Domingo Pern junto a Mara Martnez (Isabelita) y Lpez Rega (secretario privado del General), hasta la muerte de ste (1974), Argentina, en un perodo de slo dos aos, pas del Luche y vuelve, por la patria socialista a la Patria peronista. Es decir, a la Argentina de la CGT y el reinado de la Tres A, conformada sobre la base de los guarda espaladas sindicales. As se dio la reconquista de la base obrera, esencial para la poltica peronista gubernamental que debi recurrir al retorno compulsivo de la burocracia por medio del aniquilamiento del sindicalismo combativo y/o clasista. Todo eso, forjado con los compuestos del modelo econmico del FMI que haba que implementar. Mientras tanto, y, por otra parte, el magma popular y combativo que se haba forjado desde lo social y poltico en contra de la dictadura Ongania-Levingston-Lanusse fue liquidando sus dudas con respecto al potencial revolucionario y liberador del peronismo. Entonces, y ya con una democracia de fantasa con Isabel Martnez, los conjuros y exorcismos anticomunistas de Lpez Rega, ms la patota sindical y Las Tres A no alcanzaba para ser los herederos de Pern; y contener con la habilidad de las ambigedades y los sinsentidos la frustracin social, y as, garantizar el apaciguamiento de los trabajadores y los ciudadanos comunes que salan del control de la burocracia sindical y desafiaban la representacin teatral de Isabel de Pern. Pero no slo el descontento era laico: las parroquias en las barriadas populares tenan curas con un odo en el pueblo y la espalda a varios Arzobispados lo que haca estril las admoniciones de las homilas. Asimismo, una izquierda que abandonaba un Partido Comunista que se haba masificado, pero cada vez ms estaba confundido y era torpe en sus intentos por conciliarse con el sistema; en el otro extremo de la misma lnea, el PRT automarginndose certificaba la inviabilidad de la democracia burguesa. Adems, ahora, se sumaban los herederos de la lucha de la Resistencia Peronista: Montoneros. Ellos, sin haber tenido la centralidad en las luchas sindicales y populares, slo contaban con la autoidentificacin del pueblo como peronista que se haba sumado a travs de su militancia heroica contra la dictadura militar. En el pueblo peronista haban invertido esfuerzos para que toda la sociedad y sus fuerzas polticas progresistas y de izquierda vieran en Pern al fundador o la va hacia la Patria Liberada. Pero, ya el peronismo haba dejado de ser no slo una organizacin poltica homognea en la heterogeneidad ideolgica, una unidad respetuosa de la hay una sola CGT, tampoco el pueblo peronista no poda ser disciplinado en la verticalidad y la fe como manda Isabel. Una nueva generacin de imberbes junto a la sociedad los haba desacralizado y las exclusas del dique de contencin ya no podan resistir el embate de los reclamos populares.

Los EE.UU. no iban a permitir otra Cuba: haban frustrado la va electoral al socialismo del Chile de Allende (1973). Tampoco podan arriesgarse con Liber Seregni en Uruguay (1973). As, pues, no podan permitir una Argentina donde el avance de la izquierda pueda no slo ganar la direccin social, sino tambin, la poltica - porque la militar a travs de la guerrilla, para 1975, ya haba sido derrotada. Haba que impedir una estrategia electoral en las elecciones de diciembre de 1976 donde era previsible que los herederos de Isabel y Lpez Rega no podran tener ninguna chancee. Haba que adelantarse a los hechos, y en marzo del 1976 el desenlace de las contradicciones y debilidades de la Patria Peronista de Isabelita fue resuelto y ganado a favor de una desembozada poltica de fuerza y terror que decidi operar sin la maravillosa msica del pueblo. Aquel golpe de 1976 no abre las puertas del gobierno a los militares en un acto escnico en el que autoproclamndose salvadores de la patria haban dejado de contemplar, desde la pasividad, la tragedia de Argentina. Ellos, los militares, decidieron asumir de modo activo el protagonismo poltico que mantuvieron, en distintas formas y medios, desde el golpe de 1966, y antes. Un protagonismo que recuperan de modo activo junto a Isabel, como parte de las reuniones del gabinete de gobierno (1975). Tambin haban sido autorizados a dirigir el Operativo Independencia en los cerros tucumanos. En realidad se estaba aniquilando la base social de la rebelde unin obrero-popular-estudiantil. Ms all de las acciones espectaculares del ERP y los rebeldes al gobierno de Isabel, no paraban las conquistas electorales gremiales del clasismo, como as tambin, el aumento de la oposicin a las medidas econmicas que se haban implementado.

Con el golpe de hace treinta aos se retoma lo previsto en 1966: la desindustralizacin, desnacionalizacin y liquidacin de la Argentina Potencia. El hilo conductor se puede reconstruir a travs del rbol genealgico de las polticas neoliberales que se implementan en los aos 90- con el peronismo versin Menem- con slo recorrer nombres que ocuparon el Ministerio de Economa. En el ao 1976, para ejecutar ese proyecto del FMI, la CIA, los empresarios ligados al gran capital, los cursillistas civiles y militares ms los sindicalistas vitalicios ligados eternamente a sus sillones, fue necesario retrotraer la Argentina a una situacin social, poltica y cultural sin el potencial de la rebelda y la oposicin que la sociedad haba ganado. El enemigo ya no estaba en la ambigedad del peronismo, sino entre los miles de estudiantes, obreros, dirigentes barriales, curas del Tercer Mundo, profesionales, escritores, msicos, actores, cientficos, maestros, amas de casa, madres y nios, jvenes, testigos ingenuos, etc. Ellos, con sus palabras, acciones, libros y teoras podan insistir que la lucha deba continuar por una sociedad con democracia, popular, justa en una patria liberada. Esto era lo que podan hacer entonces, haba que hacerlos desaparecer.



(Publicado en Solidaridad Global, Revista de la Secretara de Bienestar, UNVM, Va. Ma.- Cba., Argentina, ao 3, n 4, marzo 2006)



*[i] Ral a. Rodrguez, Doctor en filosofa, Magster en Sociosemitica, Profesor en Filosofa; docente e investigador en la UNVM y UNC. Cuando fue estudiantes, estuvo en la Direccin del Centro de Estudiantes de Filosofa y Letras de la UN Tucumn entre 1970 -1976. Fue delegado estudiantil por Filosofa en la Federacin Universitaria del Norte y en la Coordinadora obrero-estudiantil de Tucumn hasta 1976.

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