La compra de los tanques se conocía desde hace tiempo, pero se alegaron inconvenientes burocráticos para que el anuncio oficial se retrasara hasta ahora. Al parecer, se quiso que la presidenta de la República enviara a los militares una señal potente de su compromiso con el proceso de modernización del ejército. Análogo sentido se atribuyó a su asistencia a la Fidae.
La adquisición de tanques tuvo eco inmediato en Perú. No sólo en el gobierno del presidente Alejandro Toledo. El candidato a la presidencia que encabeza las encuestas, Ollanta Humala, un ex teniente coronel ultranacionalista, sostuvo que “hace tiempo que las adquisiciones chilenas ya sobrepasaron el principio de renovar el material obsoleto por un material nuevo”. Agregó que interesaba saber “cuál era la política que lleva a los chilenos a comprar compulsivamente tanto material bélico”. El gobierno chileno -la presidenta de la Répública y la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot- reiteró que se trata sólo de renovación de armamento que permite dar de baja material obsoleto.
Es discutible que Chile haya iniciado un proceso armamentista, porque históricamente es una constante que el presupuesto militar sea alto.
PRIMERO EN GASTO MILITARPor otra parte, la renovación de material obsoleto necesariamente altera el equilibrio existente hasta el momento. Se dispone de armamento tecnológicamente más avanzado que, al romper el statu quo, desencadena una espiral de compras en los países vecinos. Tampoco éstos están libres de pecado. Perú, en algunos momentos, ha tenido puntos más altos que Chile en compras militares. A lo menos en dos ocasiones en los últimos treinta y cinco años: las adquisiciones hechas en la Unión Soviética y Estados Unidos por el gobierno del presidente Juan Velasco Alvarado y las compras realizadas por la administración del presidente Alberto Fujimori, especialmente a Rusia y Bielorrusia, que ocultaron comisiones ilícitas.
Desde el término de la dictadura en Chile, y como consecuencia, en parte, del poder fáctico que representan las Fuerzas Armadas, se ha puesto en marcha un proceso de modernización que ha significado compras importantes de armamento, especialmente en los últimos ocho años.
La Armada ha afrontado un proceso efectivo de obsolescencia de prácticamente la totalidad de la escuadra. Ocho barcos de superficie cumplieron su vida útil y de los cuatro submarinos, dos sobrepasaron los cuarenta años de actividad y los otros dos deberán ser reemplazados dentro de cinco o seis años. Para enfrentar esta crisis se adoptaron dos decisiones muy significativas, luego de largos debates que trascendieron a la opinión pública. En el gobierno del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle se decidió la construcción de dos submarinos de tipo Scorpene, con tecnología de punta y un costo de 500 millones de dólares. Uno de esos submarinos, el O’Higgins, se incorporó a la escuadra hace pocas semanas y el siguiente llegará a fines de año. Se dieron de baja los dos submarinos más antiguos, pero obviamente aunque se mantenga el número de cuatro unidades, la presencia de dos submarinos nuevos con la tecnología más avanzada produce desequilibrio.
En cuanto a la flota de superficie, inicialmente se consideró el Plan Tridente para construir en Chile ocho fragatas en asociación con un consorcio alemán. El elevado costo del proyecto -más de mil 500 millones de dólares- obligó a descartarlo. Finalmente se optó por la adquisición de ocho fragatas de segunda mano, cuatro inglesas y cuatro holandesas, reacondicionadas y con una vida útil de por lo menos veinte años, tecnológicamente avanzadas y a un costo del orden de 500 millones de dólares, la tercera parte del Plan Tridente. Las nuevas fragatas reemplazarán a los ocho barcos que componen todavía la flota de superficie y son un factor que preocupa a los vecinos.
SUPER AVIONESEstán dotados de los últimos adelantos, entre ellos cohetes aire-aire con tecnología superior a los cohetes aire-aire de que dispone Perú desde hace años. Los diez F-16 -que reemplazarán a un número mayor de aparatos antiguos- alteran radicalmente la situación. Debe agregarse que se comprarían a Holanda 18 -que pueden ser 28- aviones F-16 de segunda mano, pero con altos estándares operativos.
En el ejército la situación es diferente y el gasto ha sido menos espectacular. La racionalización y modernización aplicadas han dado mayor eficiencia operativa a esta fuerza a través de la constitución de unidades en que se han integrado las diversas armas y los respectivos regimientos. Se ha incrementado la movilidad y la potencia acorazada de las tropas con transportes blindados de personal, nueva dotación de tanques y aumento de la potencia de fuego. En ese contexto se inscribe la compra reciente de 93 tanques Leopard-2 -de segunda mano- considerados entre los mejores del mundo. Junto a los 93 tanques operativos se dispondrá de otros 25 para fines de entrenamiento y suministro de repuestos. Está en marcha una reorganización del material blindado, que significará una reducción de 350 a 280 unidades que por ser más modernas representarán un mejoramiento de la eficiencia bélica.
La modernización de las Fuerzas Armadas chilenas las ha hecho más eficientes, más caras y también más peligrosas. Constituyen un factor objetivo de preocupación para los países vecinos que los llevará a realizar cuantiosas compras militares. Así ha ocurrido antes y seguirá pasando, con la consiguiente penuria para los pueblos que ven aumentar el gasto militar en detrimento de la satisfacción de sus necesidades más apremiantes.
NUMEROS ABRUMADORESNo se trata solamente de una inesperada cantidad de recursos disponibles. Los gastos en armamentos tienen, a menudo, un carácter que ha sido calificado de “incoherente”. Hay dos ejemplos socorridos. La Armada ha descartado las hipótesis de conflicto vecinal, y se concentra en su estrategia de “aguas azules” mucho más allá de las fronteras y de la zona económica exclusiva. Se propone un desarrollo orientado a la defensa y apoyo de los intereses chilenos en ultramar (exportaciones, buques mercantes) y de intereses compartidos con potencias como Estados Unidos, que explican su creciente participación en maniobras en zonas cercanas al Canal de Panamá, Oceanía e incluso, zonas asiáticas. La Fuerza Aérea, en cambio, trabaja con hipótesis de conflicto vecinal: de ahí su opción por los cazabombarderos, de preferencia F-16.
Los
compromisos derivados de las adquisiciones de armamentos de los últimos
años se empinan por sobre los dos mil 500 millones de dólares. Como en
una espiral interminable, deben visualizarse nuevas -y muy costosas-
adquisiciones. En los próximos años deberán reemplazarse los dos
submarinos alemanes que entrarán en osbsolescencia. La Armada
posiblemente aspire a adquirir otros dos Scorpene, si dan buenos
resultados. Pronto debería definirse la compra de helicópteros de
ataque -como los que tiene Perú- como apoyo a los tanques, los
blindados de transporte y la infantería. Pero hasta ahora no se ha
producido consenso acerca de cuál aparato pudiera satisfacer los
distintos requerimientos de las Fuerzas Armadas. Será necesario,
también, de acuerdo a las planificaciones actuales, adquirir nuevos
cazabombarderos que idealmente deberían ser de última generación. La
Armada no se queda atrás. Y el ejército tiene planes que llegan al 2010
y comprenden nuevos y mejores armamentos.