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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2006

Las complejas relaciones que mantiene la izquierda francesa con las poblaciones procedentes de la inmigracin
Tiremos piedras contra nuestro propio tejado

Sadri Khiari
eutsi.org

Traduccin de Susana Arbizu y Henri Belin



No vamos a andarnos con rodeos: la movilizacin contra el CPE es una movilizacin blanca! Polticamente blanca. Desde luego, no podemos sino alegrarnos ante la magnitud de la respuesta dirigida contra una ley ultraliberal que acrecienta considerablemente la precariedad social y econmica del conjunto de los jvenes de este pas. La gigantesca movilizacin de las ltimas semanas ha tenido el mrito incontestable de reunir, en un mismo frente, a trabajadores, estudiantes y alumnos de instituto para hacer retroceder al gobierno. Esta respuesta surge como resultado de las grandes luchas del ao pasado: la movilizacin estudiantil contra la Ley Fillon, la del No a la constitucin europea y la revuelta de los barrios populares. Se puede incluso considerar que la politizacin y la voluntad de lucha de la juventud estudiantil, no hubiera cobrado la misma dimensin sin este acontecimiento mayor, expresin de una profunda crisis social y poltica.

Lo que demuestra el CPE es que el planteamiento segn el cual se puede ser negro, rabe o musulmn, y al mismo tiempo, de derecha, y contra el racismo y las discriminaciones, es una aberracin sin fundamento. La aplastante mayora de negros, rabes o musulmanes, son y sern las primeras vctimas de las polticas de la derecha. Y las fuentes de resistencia a estas polticas se encuentran en la izquierda. Pero lo que muestra tambin la movilizacin contra el CPE, es que nuestro compromiso del lado de la izquierda no resulta siempre evidente. Los negros, los rabes y los musulmanes no son solamente seres sociales y universales como nos lo repiten hasta la saciedad. Indiscutiblemente afectados por el CPE, no es slo por ser jvenes o por formar parte en su mayora de las categoras ms pobres de la poblacin, por lo que sufren precariedad y discriminaciones, sino tambin porque son negros, rabes o musulmanes. La izquierda contribuir a reproducir esta realidad mientras no la reconozca y la convergencia contra el neo-liberalismo y contra el racismo post-colonial no podr realizarse.

En efecto, uno no puede sino quedarse con cierto sabor amargo en la boca. Las movilizaciones de estas ltimas semanas, aunque generosas, se han caracterizado desgraciadamente por la ocultacin casi generalizada de los otros artculos de la Ley sobre la Igualdad de oportunidades, a pesar de ser tan escandalosos como el CPE. Es verdad que algunas de las crticas formuladas por los partidos de izquierda, los sindicatos y los diferentes colectivos que se constituyeron en el marco de esa movilizacin formularon crticas a veces virulentas, sobre diferentes aspectos de esta Ley, llegando hasta exigir su retirada total. El Partido Socialista (lo cual no es nada sorprendente), la CGT, el Partido Comunista, la mayora de las formaciones de extrema-izquierda, la UNEF (Unin Nacional de Estudiantes de Francia, socialistas y comunistas) y otras organizaciones de estudiantes, la evocaron solamente de pasada y a veces ni siquiera eso, en sus pasquines y dems declaraciones. En cambio, otros movimientos y colectivos de lucha, han sido mucho ms claros al respecto: los sindicatos SUD, la CNT y algunas coordinadoras de estudiantes. Con todo, estas posiciones han sido muy minoritarias y no han tenido efecto alguno sobre la verdadera dinmica de las luchas.

Sobre todo que, an habindose denunciado el conjunto de la Ley, la crtica que de ella se ha hecho, se ha limitado a poner en evidencia su carcter ultra-liberal, olvidndose una de sus dimensiones fundamentales, a saber, su inscripcin en el marco de una ofensiva especfica contra las poblaciones procedentes de la inmigracin post-colonial y de la poltica de estigmatizacin que stas sufren y que se desarrolla de manera alarmante. La Ley de Igualdad de Oportunidades, de la que no hay que olvidar que fue presentada como respuesta a las revueltas de los arrabales, contiene medidas de desescolarizacin que evidentemente, amenazan a todos los adolescentes, independientemente de sus orgenes Pero cmo obviar su relacin con los mltiples discursos sobre la incapacidad especfica de los nios procedentes de la inmigracin para seguir una escolaridad normal?

El Ttulo III de la Ley que prev sancionar a los padres quitndoles las ayudas familiares, no habra existido de no haberse orquestrado toda una amplia campaa que subrayaba la pretendida incompetencia de los padres a menudo denunciados como polgamos y de las madres empeadas en hablar rabe- para ocuparse de sus hijos. Y a qu vienen las disposiciones del Ttulo IV sobre la lucha contra las incivilidades en una Ley dedicada a la Igualdad de las Oportunidades, sino a rematar la lgica de esta Ley con medidas de seguridad cuyo blanco no es otro que negros, rabes y musulmanes. Se podra decir lo mismo del Ttulo V que instaura un servicio civil voluntario para formar a los jvenes en los valores cvicos! Quines son esos jvenes, continuamente denunciados en discursos y artculos por su falta de valores cvicos, ms que aquellos procedentes de la inmigracin post-colonial? Cmo obviar la dinmica comn entre estas decisiones y las que condicionan la expedicin de una tarjeta de residencia al respeto de los valores de la Repblica?

Tampoco se ha puesto de manifiesto la relacin con toda una sarta de leyes en preparacin que evidencia la estrecha conjuncin entre la ofensiva liberal y la poltica racista y de seguridad. Lo mismo ocurre con la circular del 21 de febrero de 2006 sobre las condiciones de interpelacin de los extranjeros en situacin irregular o con la Ley sobre la inmigracin (CESEDA) que complica considerablemente las condiciones de entrada y de estancia en Francia, ya de por s severas, que merma el derecho al reagrupamiento familiar, que hace imposible la regularizacin de los sin-papeles y que selecciona a los candidatos a la inmigracin en funcin de su utilidad para la economa o la proyeccin internacional de Francia. Pese a todo, un principio de movilizacin contra este ltimo proyecto haba empezado; los sin papeles haban tomado iniciativas, retomadas por numerosas organizaciones de solidaridad. Algunas formaciones de izquierda tambin se implicaron en esta batalla. Sin embargo, la campaa contra el CPE ha relegado a la periferia de sus preocupaciones, la naciente movilizacin contra la inmigracin desechable. El gran concierto del domingo dos de abril organizado en la plaza de la Repblica en Pars, fue ciertamente una buena iniciativa cuyo xito qued patente; an as, se desperdici la ocasin de integrar la lucha contra el CESEDA en las movilizaciones de los ltimos meses, donde no hubiera estado de ms subrayar la clara relacin entre las polticas racistas y las medidas liberales que cada da se hacen ms evidentes.

No deja de ser preocupante tamao olvido cuando semanas antes del principio de las movilizaciones contra el CPE, los barrios populares se sublevaban. No parece que se haya aprendido nada de aquella revuelta. Se escucharon algunos lloriqueos lamentando la ruptura entre la juventud de las afueras y la izquierda, pero se evit cuidadosamente la verdadera pregunta sobre la causas de esta ruptura. O ms bien, la opinin se content con aplicar esquemas de anlisis econmicos que prefirieron no ver all, ms que una revuelta de jvenes, hartos de la degradacin de sus condiciones sociales, sin tomar en cuenta las dimensiones anti-racistas y anti-segregacionistas. Pero la crisis de las afueras no puede verse limitada a simples causas sociales; tambin es el resultado de las relaciones post-coloniales y de las polticas racistas. La Ley de Igualdad de Oportunidades ha sido percibida a travs de ese prisma reductor que subraya la polarizacin de clases (o, en una versin ms consensual, las oposiciones derecha/izquierda) para ocultar el carcter post-colonial de la sociedad francesa.

La izquierda francesa aparece de este modo, incapaz de superar el pseudo-universalismo que pretende que en Francia no hay ms que individuos o clases, nicamente determinados por sus posiciones sociales y no por sus orgenes, sus colores o sus culturas. Las lecturas de un punto de vista econmico (ms sindicalistas que polticas) de los conflictos y de las ilusiones republicanas se complementan, -incluso en la izquierda de la izquierda-, para enmascarar la fractura post-colonial.

La lucha contra el CPE ha permitido as, volver la pgina de esta embarazosa revuelta de las afueras. Por fin volvemos a un terreno familiar donde uno puede reconocerse: alumnos de instituto, estudiantes, jvenes trabajadores, todos movilizados sin distincin de origen contra el ultra liberalismo y el ataque al modelo social. La fractura aqu es clara, clsica, sin sorpresa, reconfortante: izquierda contra derecha, sindicatos contra patronal. Ahora bien, no podemos sino constatar que esta recobrada unidad tiene un precio: concentrar las movilizaciones en torno a un lema y no ms: !no al CPE! Dicho de otro modo, para lograr una movilizacin tan amplia haba que empezar reduciendo su alcance, dejando de lado las afueras, excluyendo a los hijos de la emigracin y a los nuevos inmigrantes, o sea a los indgenas. Hubo quien expres aqu y all la voluntad de crear una convergencia con la juventud de las afueras e incluso con los movimientos de la inmigracin. Pero fueron raros y pocos.

Es ms que probable, por otro lado, que de no haber integrado brutalmente el CPE a la Ley de Igualdad de oportunidades, sta no hubiera suscitado ms que una escasa movilizacin. Pocos blancos se hubieran dado por aludidos. Habr quien diga, que centrndose nicamente en el CPE era ms factible la victoria; que para construir la mayor movilizacin posible, haba que definir un objetivo claro y nico, que reuniera a la mayor cantidad de sectores posibles. Pero cmo explicar la casualidad segn la cual siempre hay que dejar de lado las reivindicaciones de las poblaciones procedentes de la inmigracin para ganar en eficacia?

Hacerse esa pregunta supondra querer comprender las causas de la ruptura entre esta parte de la poblacin y la izquierda. En otras palabras, la movilizacin contra el CPE confirma, una vez ms, la existencia de un campo poltico blanco. La lgica de las luchas en un contexto postcolonial (donde los post-colonizados representan una fraccin minoritaria de la poblacin) hace que su convergencia no parezca realizable ms que a condicin de relativizar o negar la situacin particular de los post-colonizados y as excluirlos, de hecho, del campo poltico.

Esta lgica continuar mientras las poblaciones procedentes de la inmigracin post-colonial no se constituyan como una potencia poltica autnoma, capaz de tener un peso en las relaciones de fuerza a escala nacional. Es en esta perspectiva en la que se integra el Movimiento de los Indgenas de la Repblica. La marcha del 8 de mayo constituy as un momento fuerte para afirmar el imperativo de una poltica autnoma y para interpelar a los de izquierdas que son sinceramente anti-racistas.

* Sadri Khiari es miembro del Movimiento de los Indgenas de la Repblica. Autor del libro Para una poltica de la chusma: inmigrantes, indgenas y jvenes de banlieue, Ed. Textuel



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