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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2006

La revolucin agraria en Bolivia

Cesar Zelada
Rebelin


El anuncio de la revolucin agraria del gobierno de Evo Morales, producto de la presin de las masas, ha erizado a los latifundistas bolivianos y extranjeros.

En Bolivia, mientras el 91 % de las tierras cultivables estn en manos de 300 o 400 familias, el 9 % restante de "surcofundios" apenas puede aplacar las necesidades de los indgenas campesinos, el 71 % de la poblacin. Segn cifras del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), Regional Santa Cruz, cerca de 20 millones de hectreas de tierra estn en manos de unas 3.500 personas, es decir que cada uno de los beneficiarios controla, aproximadamente, 5.800 hectreas.

La distribucin de la tierra es una vieja aspiracin de los pobres en el campo boliviano. Los campesinos desean trabajar la tierra y mejorar su nivel de vida. Pero esta aspiracin justificada se enfrenta a la feroz resistencia de los grandes terratenientes, que, junto con los banqueros y los grandes capitalistas, constituyen la piedra angular de la oligarqua boliviana. En la tierra de Tupac Katari no es posible ningn avance real hasta que se haya roto el poder de esta oligarqua. Esa es la importancia real de la revolucin agraria.

Reformismo o revolucin?

Sin embargo, el alcance de la revolucin gubernamental es bastante modesto, en realidad son reformas, se concentra en la cuestin de las haciendas improductivas. De esta manera el gobierno a travs de la Ley 1715 pretende apoderarse de los terrenos agrcolas no utilizados. A esto hay que agregar que el da 03 de junio, la Administracin Morales entreg ttulos de tierras fiscales por 2 millones de hectreas a las comunidades indgenas (de las 4.5 millones que anuncio), precisamente donde viven esos 2 de cada 10 bolivianos que sufren hambre, segn el ltimo informe del Programa Mundial de Alimentos.

Estas medidas son muy modestas y son escasas para lo que hace falta si se quiere cumplir la necesidad elemental de la revolucin democrtica y cultural. An as, se han encontrado con los aullidos de rabia de los enemigos de la revolucin. La propiedad rural es cncer que arruina la vida a millones de personas. Pero un asalto frontal a la propiedad de los terratenientes inevitablemente plantear la cuestin de la expropiacin de los bancos y las industrias. Por eso los imperialistas han encendido las luces de alarma sobre estas medidas propuestas

Lo que realmente asusta a estos parsitos oligarcas es que las promesas del presidente han animado a los campesinos a invadir tierras como en Copacabana, Santa Cruz, Oruro, etc.

Como dice el terico marxista Alan Woods, Ha sacado a las masas rurales de su pasividad y les ha llevado a la lucha revolucionaria. Eso est cuestionando el sagrado principio de la propiedad privada y, por lo tanto, est suponiendo un gran paso en direccin a la revolucin socialista. Esta es la perspectiva que provoca pnico a la oligarqua y sus maestros imperialistas, y comienzan a armarse.

Hay que movilizarse por una verdadera revolucin agraria y la nacionalizacin de la banca

Aquellos que predican la moderacin y la contencin a los campesinos para evitar una guerra civil en el campo estn olvidando un punto. Que ya existe una guerra civil en el campo. Desde el 2000, los latifundistas han asesinado a decenas de campesinos hombres y mujeres en las masacres de Pananti y otras. sta slo se puede detener con la accin decidida de los propios campesinos, apoyados por sus aliados naturales, sus hermanos y hermanas de las ciudades, la clase obrera. Los campesinos no se quedarn con los brazos cruzados mientras las bandas reaccionarias pagadas y armadas por los terratenientes les golpean, intimidan y asesinan.

Por lo tanto, es necesario confiar solo en nuestra organizacin y movilizacin revolucionaria. Pero no basta con tomar la tierra. El primer paso en su consecucin es la nacionalizacin de los bancos. Sin el control sobre las finanzas y el crdito, es imposible controlar y planificar la economa. Sera como poner los caballos delante de la carreta. La nacionalizacin de la tierra y los bancos es una medida absolutamente necesaria, incluso como parte de una revolucin democrtica y cultural. Pero despus surgira la siguiente pregunta: por qu pararnos aqu? Por qu no expropiar las grandes empresas que todava estn en manos privadas?

La revolucin agraria, si quiere triunfar, debe desafiar el poder de la oligarqua, y no slo en el campo. Para que la produccin agrcola no sufra un dao irremediable, las tierras expropiadas deben ser gestionadas en lneas colectivas. Eso slo se puede conseguir si tienen garantizada la financiacin necesaria, crditos baratos, fertilizantes, tractores y cosechadoras baratas, camiones para el transporte y mercados garantizados para sus productos. Eso slo se puede conseguir si estn integradas en un plan global de produccin.



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