Portada :: frica :: Sahara: 40 aos de exilio y lucha
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2006

Informe del Sahara ocupado

Jess Antoanzas
umdraiga.com



Jess Antoanzas, miembro de Um Draiga, fotoperiodista de reconocido prestigio ha estado en los territorios ocupados del Sahara Occidental. Lo que nos cuentan del Sahara se queda corto con lo que l ha visto all. Ha venido con el mensaje y el compromiso de que hay que redoblar los esfuerzos hacia el pueblo saharaui de los territorios ocupados. "La poblacin saharaui vive en el permanente terror", afirma Jess.

Las imgenes han sido tomadas gracias a la colaboracin de activistas saharauis de DDHH

http://www.umdraiga.com/ddhh/2006/mayo/2105061.htm

Informe de Jess Antoanzas

Tras 800 kilmetros y ms de 20 controles policiales llegu a las puertas de El Aaiun, donde el ltimo control policial revisaba los coches minuciosamente y preguntaba a sus ocupantes el motivo de llegar hasta all, no s si fue la suerte o el cansancio de los agentes, pero cuando nos lleg el turno, el agente nos realiz un gesto inequvoco de avanzar sin parar, yo iba convencido de la expulsin como est ocurriendo en los dos ltimos aos, con todos los periodistas o delegaciones de polticos y asociaciones que llegan hasta El Aaiun con el fin de informar o verificar el estado de represin que el gobierno de Marruecos realiza sobre la poblacin saharaui.

El motivo de mi viaje era coincidir con una delegacin de derechos humanos de las Naciones Unidas, hecho que la poblacin saharaui utilizara para mostrar a estos, las condiciones de vida que llevan denunciando desde hace mas de 30 aos. Las noticias que llegaban, hablaban de manifestaciones reprimidas con brutalidad, cientos de heridos, abusos, torturas y asaltos a las viviendas de los activistas y poblacin civil saharaui en general, algo que ocurre diariamente acentuado ante la visita de las autoridades, como medida de presin para que la delegacin de la ONU encontrara absoluta normalidad. Con este propsito el gobierno marroqu, segn fuentes fiables, reparti entre la poblacin civil darras y melfas, ropa tpica saharaui, junto con banderas marroques para salir al paso de la delegacin, entre estos tambin polica secreta y agentes de intervencin rpida, en espera de alguna protesta.

El Aaiun vive en estado de sitio permanente, nada ms entrar los vehculos antidisturbios, policiales o militares estn por todos sitios a la espera de actuar, sobre todo, en aquellos barrios donde hay mayora de poblacin saharaui (como sabra ms tarde). Llegu el jueves 18 de mayo sobre el medioda, sin saber muy bien dnde dirigirme, las informaciones hablaban de control absoluto sobre los hoteles y los occidentales que pudieran aparecer por la ciudad, as contact con un representante saharaui de los derechos humanos, nos citamos en una cafetera, la primera conversacin fue muy tensa, cuando todos tuvimos claro el motivo y las intenciones de mi visita, as como la identidad de mis anfitriones la cosa se relaj, desconoca en manos de quin estaba. Son numerosas las detenciones de periodistas, el control sobre ellos y la expulsin. As, tras comprobar la tranquilidad de la zona, decidieron meterme en una pequea pensin, ah descansara hasta la noche, momento en el cual quedaramos para reunirnos en una casa con activistas pro derechos humanos, civiles y familias.

A travs de mensajes al mvil concertbamos la forma y el lugar, siempre teniendo en cuenta la seguridad para todos nosotros, me recogieron en un coche, dimos una pequea vuelta para ver los dispositivos de seguridad que la autoridad marroqu mantena en las calles, colegios, las plazas, las cafeteras. Llegamos sobre las 6 de la tarde al domicilio de un activista de los derechos humanos en El Aaiun

Una vez en la vivienda y siempre segn mis acompaantes, la situacin en los alrededores estaba en calma, podramos hablar tranquilos, "por la calle no hay ms que confidentes en busca de informacin", comentaba uno de mis anfitriones. All y despus de una estupenda cena, la hospitalidad sigue rigiendo las normas de convivencia de los saharauis cautivos en las zonas ocupadas, comenzaron los relatos de terror y presin a que son sometidos, indistintamente hombres, mujeres, nios o jvenes. No solo con medidas represivas crceles, detenciones aleatorias, interrogatorios, torturas... etc., tambin con estrangulamiento econmico, los saharauis no tienen derecho al trabajo o la posibilidad de montar un negocio, su identidad les asegura un proceso largo y sin solucin, as se ven obligados a vivir de la solidaridad de unas familias con otras. Delante de m se encontraba una comisin de jvenes licenciados en busca de primer empleo, jvenes que se haban licenciado en la universidad de Rabat y ya estaban asociados all, incluso me comentaban, muchos estudiantes marroques apoyaban sus peticiones. Esta comisin, no formada como asociacin, como ms tarde conocera algunas, solo mantena contactos con la autoridad marroqu en demanda de mejoras, tras muchos meses de lucha, los resultados eran negativos, la autoridad les ofreca su colaboracin en pruebas de seleccin, pero nadie, ninguno, pasaba de la primera seleccin, todos los descartados tenan algo en comn, eran saharauis. Esta misma condicin se daba en algunos jvenes que hartos de la lucha y el fracaso continuo decidan abandonar de forma ilegal el pas en pateras, al ser detenidos por la polica marroqu y comprobar su identidad, les dejaban seguir con el argumento de que podan perderse en el mar o huir del pas.

As transcurri la velada hasta su fin, salimos ya entrada la noche, las calles estaban desiertas, de vuelta a mi lugar de descanso, solo veramos las unidades del ejrcito, la polica o las fuerzas auxiliares en los mismos lugares con menos efectivos pero con similar presencia.

Por la maana, sal a tomar un caf, ya se haba acordado que a travs de mensaje de mvil comenzara la jornada siguiente, una jornada difcil, as pude pasear, no encontraba sentido para que no hubiese una convivencia pacifica, con culturas tan similares, tan difcil resulta su solucin? NO. A las personas no, pero a los gobiernos e instituciones implicadas en dar esta solucin, SI, a pesar de las personas, siempre las vctimas. As conoc a Marroques prosaharauis o Saharauis promarroques. El Aaiun es una ciudad de mentira, si no conoces la realidad del conflicto que all tiene lugar aparentemente no pasa nada. En la actualidad todava envan colonos, poblacin civil a la zona, poblacin civil marroqu sin recursos, a los que financian hasta las especias, segn sabra mas tarde.

El mensaje al mvil me sac de mi encrucijada de pensamiento, para comenzar una maana de tensin, hoy trataramos de hacer las fotos que mostraran de una manera clara el estado de sitio que mantiene la autoridad marroqu. As en lugar acordado, me esperaba un vehculo, en su interior me esperaban dos hombres junto con una mujer, uno de ellos y yo ocupamos la parte de atrs, el coche tenia todas las ventanas al descubierto y era difcil realizar las fotos sin que alguien nos viera, as decidimos parar en un comercio amigo y tapar los cristales traseros y laterales con cortinillas, por seguridad yo no saldra del vehculo, as comenzamos la ruta por los diferentes barrios, plazas, calles, la pericia del conductor y la melfa de nuestra compaera que utilizbamos para tapar el equipo fue dando sus frutos, con muchos nervios, cuando tenamos fotos que servan, nos alejbamos para guardarlas con mayor seguridad, con el convencimiento de que tarde o temprano nos veran y nos seguiran y por supuesto nos quitaran todo el material. No ocurri, pasamos toda la maana y parte de la tarde recorriendo los diferentes barrios, cuando alguien llam diciendo que la delegacin de la ONU se diriga al hospital y se plante una protesta delante de ellos, tras pasar horas en el vehculo, la delegacin de la ONU no apareci y la protesta fue abortada, la avenida principal se llen de polica y los controles para entrar y salir eran mas exhaustivos, por decisin de mis compaeros decidimos guardar el equipo y ser testigos oculares desde una calle cercana.

La tensin era latente, la avenida Smara, principal arteria por la que circulan la mayora de protestas, estaba literalmente tomada, mis compaeros me sealaban todos los agentes secretos que a uno y otro lado de la calle paraban a la gente y les interrogaban, muy pocos pasaban tenindose que dar la vuelta, quedando presos entre calles tomadas a uno y otro lado por polica y ejercito. Mis compaeros decidieron que cambisemos de vehculo, as lo hicimos cuando alguien llam diciendo que no habra manifestacin, los agentes haban entrado en un domicilio llevndose a todos cuantos se encontraban en su interior.

Me decan, "esto ocurre todos los das", "desde que comenzaron las primeras protestas en los territorios ocupados hace ahora 1 ao, la presin de la polica es absoluta, detenciones, interrogatorios, torturas", "en las manifestaciones salen todos, las madres, sus hijos, ancianos, jvenes, ellos nos pegan y corremos, nos organizamos y nos vuelven a pegar y se repite tantas veces como podemos." La informacin sobre la delegacin de la ONU en la ciudad era desalentadora, mientras en las calles se golpeaba a la poblacin saharaui en manifestaciones pacificas, los miembros de la delegacin degustaban un estupendo banquete a base de cordero, camello... etc.

Acabamos el da reunindonos entrada ya la noche en el desierto, la arena era el testigo mudo de conversaciones, donde se poda hablar con tranquilidad, as conocera a un representante del CORCAS, un saharaui promarroqu (por simplificar), un saharaui que aceptaba como avance en el conflicto la autoridad de Marruecos sobre el territorio saharaui, un traidor, como lo definiran los activistas, estos aceptaban que alguien dejase de luchar, abandonase la lucha en pro de una mejora para su familia, saliendo del pas de manera ilegal o mantenindose al margen de manifestaciones, pero no aceptaban que alguien se sentara a negociar en la mesa con los responsables de las torturas, violaciones y ataques a la poblacin saharaui, no lo aceptaban de ninguna manera.

A la maana siguiente el plan era tranquilo, por sugerencia de mis anfitriones cogera un autobs que tras 16 horas me dejara en Marrakech fuera de peligro para poder sacar sin problemas el material, objetivo del viaje, antes visitaramos la casa de un activista de los derechos humanos condenado a dos aos de prisin, por encabezar una manifestacin pacfica reclamando el referndum de autodeterminacin, cumpli 8 meses en la Crcel Negra de El Aaiun, era un hombre de extraordinaria corpulencia tras relatar los horrores a los que fue sometido en estos meses, interrogatorios interminables, descargas elctricas en los genitales, golpes, vejaciones y todo un catlogo de horror a l y sus compaeros, se derrumbo y se puso a llorar, el dolor invada toda la habitacin, recordando los hombres, mujeres y nios que fueron enterrados vivos en los tiempos de la guerra. "Quieren acabar con nosotros, eso es lo que quieren", "hay documentos que prueban todo cuanto digo, denuncias de Amnista Internacional con exhumacin de los cadveres, sabemos donde estn, saben lo que pasa aqu y nadie hace nada". En ese momento son el mvil, tras contestar puso el altavoz y dijo "escuchar, estn asaltando una vivienda" por aquel pequeo aparato llegaban los gritos de mujeres y nios y una voz por encima que deca "estn entrando, han tirado la puerta, estn golpeando a todo el mundo, a las mujeres, a los nios..." de una manera sbita se acab la comunicacin. Todo se quedo en silencio, un silencio tan grande que dola, qu podemos hacer, pregunt, podemos ir, l me contest no, no solo no lo evitaras si no que t perders todo el trabajo que has hecho, es conveniente que t y tu trabajo puedan salir y contarlo. Ms tarde supimos que una pequea de 7 aos corra por la calle con una bandera saharaui, los policas irrumpieron en la casa donde se refugi golpeando a todos cuantos se encontraban all y procedieron a detener a la pequea y a su madre.

Tras cuatro horas en el autobs de vuelta y una vez fuera de todos los controles segua intranquilo, con una sensacin de vaco, de tener algo y no tener nada, unas fotos no pararn el dolor, un texto no har que el conflicto saharaui llegue a su fin, escribo esto y muestro las fotos convencido de que no servirn de nada, como compromiso con todos los que hoy estn sufriendo en esa ciudad, ninguna imagen por dura que fuera par nunca ninguna guerra, vivimos tan alejados de la realidad, que nunca sabremos lo que significa vivir una injusticia, una injusticia que dura ya 30 aos. Una injusticia que nos tiene a todos como testigos mirando hacia otro lado.

* Jess Antoanzas, fotoperiodista, miembro de Um Draiga

Ver noticia sobre la expulsin del cineasta Carlos Gonzlez de El Aaiun:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=32819



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