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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2006

Introduccin y eplogo del libro El Pas: la cultura como negocio

M. Garca Vio
Rebelin


Editorial Txalaparta, Tafalla (Navarra).- 420 pginas 19 euros

INTRODUCCIN

En 2001, El Pas, diario independiente de la maana, celebr el 25 aniversario de su fundacin. Con ese motivo, los espaoles nos enteramos, por el propio El Pas, de que a El Pas le debemos las libertades de que disfrutamos, la democracia, el ingreso en la Unin Europea, la victoria en la guerra de Perejil, un montn de medallas olmpicas, dos copas de Europa, el Premio Nbel a Juan Ramn Jimnez, la poesa uniformada, que tengamos boxeo en la televisin y ftbol hasta en la sopa, y no s cuntas maravillas ms. Adelantndome a la celebracin del trigsimo, mediante este libro, pretendo hacer ver que tambin le debemos el neoliberalismo extremo y su secuela el capitalismo salvaje, tan rentable para unos pocos; entre ellos, el dueo de El Pas; la defensa y casi logro pleno del pensamiento nico; la implantacin y expansin de la industria cultural y consiguiente conversin del libro, de valor de uso, en valor de cambio, en mercanca; el retroceso de la esttica novelstica a los tiempos pregaldosianos y otras cosas, que quiz no haya advertido nadie, secuelas de lo que Miguel Baquero ha llamado evocadoramente Pax Polanca. De todo lo cual se desprender, sin duda, que el sedicente peridico progresista es el mayor causante de una autntica involucin de nuestra cultura, producto de una desaforada utilizacin del marketing, la publicidad de saturacin y la subliminal, indirecta y engaosa, la exclusin sistemtica y el silenciamiento de los escritores, vivos o muertos, ajenos a su cuadra y, en resumidas cuentas, la manipulacin implacable de la conciencia de los lectores en pro nica y exclusivamente del beneficio econmico. No es El Pas, ciertamente, ese crisol de valores culturales y prcticas democrticas que quienes lo hacen creen, y pregonan, que es.

A algunas personas les sorprender la anterior afirmacin. Ello se deber a que una de las tcnicas que ha utilizado con mayor profusin El Pas, para conseguir lo que ha conseguido, es la de presentar todo cuanto hace, o por lo que opta, como lo progresista. Un truco que le ha dado los mejores resultados porque Espaa es un pas de progres, no de verdaderos progresistas. En este libro se va a demostrar que, sobre todo en el mundo de la cultura, el ms mimado por el grupo Prisa, que variante de la misma tcnica- se presenta como al portavoz de la intelectualidad, su trayectoria va ms bien en direccin a lo obsoleto y desfasado.

Mucha gente de buena voluntad, que tienen los autnticamente culturales entre sus valores supremos, est empezando a temer que la situacin que vive el mundo de la cultura, especialmente de la literaria, es irremediable. Por las claudicaciones, complicidades, cobardas, venalidades econmicas y morales, dejaciones de acadmicos, crticos, profesores, directores de suplementos y revistas culturales, dicen que empieza a parecer inevitable que, como dira Argensola, la fraude suba a tribunal augusto, mientras que la verdad, la calidad, la honradez, arrastren impotentes sus prisiones y giman a los pies del vencedor injusto. Pero lo peor no es la proliferacin de las miserables deserciones e inhibiciones, en algn caso tal vez corregibles mediante oportuno apostolado: lo peor es la irredimible ignorancia del pueblo espaol, su incurable analfabetismo. Ante esto, de qu sirve que en una revista prcticamente underground como La Fiera Literaria se haga la crtica ms seria y rigurosa, la nica seria y rigurosa, sin claudicaciones, que se ha hecho nunca? De qu que se pongan ante los ojos las evidencias de que pseudoescritores lanzados artificialmente a la fama, como Javier Maras, Muoz Molina, Almudena Grandes, Rosa Montero, Elvira Lindo, Maruja Torres, Juan Jos Mills, Clara Snchez, Rosa Regs, Juan Luis Cebrin, etc. son endebles mentales que cocean el diccionario, le retuercen el cuello a la sintaxis, practican una esttica obsoleta cuando practican alguna y, sobre todo, dicen chorradas que sonrojaran a un camalen daltnico? Aqu nadie distingue una estupidez de un pensamiento profundo. Con enterarse de lo que le cuentan, aunque sea una vaciedad ms repetida que un funeral en noviembre, se dan por satisfechos. Superando roldanes y gescarteras en corrupcin y falta de escrpulos, a veces meten en una misma coleccin a los nombrados y a Albert Camus, Malraux, Graham Greene, Gnter Grass, Borges, Sabato, Baroja, Valle Incln, Hermann Hesse y otros de parecido calibre, anuncian que se trata de las cumbres de la novela del siglo XX, y todo el mundo se lo cree. Porque el lector espaol medio no distingue a Camus de Muoz, a la Grandes de Virginia Woolf. Todos cuentan algo, que es lo que aqu se valora. Incluso, los de ahora, con lenguaje ms parecido al suyo y al de la tele. Quienes podran poner remedio a semejantes desmanes, o carecen de criterio o andan sobrados de intereses, como el director de la Real Academia, seor De la Concha, como los acadmicos seores Rico, Salvador o Lzaro Carreter, como los profesores Sanz Villanueva, Daro Villanueva, Sobejano, Gracia, Belmonte, Pozuelo Yvancos, Etchevarra, Goi, Ayala Dip... Si alguna vez se atreven a denunciar lo mal que se escribe o a afirmar rotundamente, como hizo Gregorio Salvador en unos cursos de verano de Santander, que el noventa y nueve por ciento de las novelas que se publican en Espaa son malas sin paliativos y que los crticos y los periodistas ignoran lo excelente y enaltecen la bazofia, lo hacen generalizando: nadie se atreve a sealar un nombre. Y prcticamente todos los crticos, siempre remando a favor de la corriente que ms empuja, se producen como publicitarios de las grandes editoriales.

Quienes nos resistimos a considerar la situacin irremediable nos preguntamos qu se podra hacer. Esta es la cuestin ms importante. El profesor Vidal Beneyto ha hablado de resistencia cultural, sealando hacia algo as como un movimiento encaminado a impedir que la mercantilizacin que se ha apoderado de todos los procesos y actividades humanas se apodere tambin de la cultura. Pero sin sealar ninguna direccin, sin dar ningn nombre peor: hurtando aquel que ms nos afecta a los espaoles-, slo poniendo como ejemplo de resistencia en este campo el altermundismo... Se tratara, entiendo yo, de, como mal menor, tolerar la sociedad de mercado, si es inevitable, en todas las parcelas menos en la cultural. La idea es ptima y se podra intentar realizar. Pero Vidal, uno de los ms conspicuos colaboradores de El Pas, no ha querido saber nada del nico elemento de resistencia cultural que hay en Espaa el que voy a nombrar en seguida-, aunque se lo han puesto ante los ojos. Al cabo de ms de ocho aos de batallas por parte de La Fiera Literaria, haciendo la crtica ms rigurosa, libre, independiente, y tambin cientfica que se hace hoy, probablemente en el mundo, estoy convencido de que ni con cien fieras se lograra hacer un descosido al sistema. El mal est muy arraigado, entre otras razones, porque la gente est dispuesta a vender el alma por muy poco. Son bastantes los escritores y profesores que estn de acuerdo con los puntos de vista de La Fiera, y hasta la ayudan con una suscripcin generosa, pero que no se despeinaran por oponerse a una injusticia ni por apoyar a nadie que no sea del sistema; mucho menos, si no es bienquisto por el sistema. Es triste que personas que es seguro que aman la literatura -si no, no estaran donde estn- no la pongan por encima de cualquier otra cosa. Contestando por derecho a la cuestin que nos hemos planteado, pensamos que lo nico que servira de algo sera una especie de Mayo/68 o de lo que sera un movimiento de antiglobalizacin, contra las mafias culturales, contra el monopolio editorial... Slo algo as, ruidoso, espectacular, despertara algunas conciencias, ahora adormecidas, de escritores, crticos y lectores y ayudara a muchos jvenes a abrir los ojos antes de que les pusieran las anteojeras. Por lo menos, habra que incomodar a los mercaderes y a sus cmplices, especialmente a sos que van de progresistas en otros campos que no afectan a su posicin de privilegio, pero que en el de la cultura se prestan a los chanchullos de los premios, de las listas de libros ms vendidos, de las ferias del libro y sus datos falsificados, del monopolio de las grandes editoriales en las libreras importantes, de los medios, etc.

Este libro, uno de los resultados del seguimiento, durante ms de cinco aos, de la vida cultural espaola, est constituido en parte por textos aparecidos en La Fiera Literaria, boletn del Centro de Documentacin de la Novela Espaola, aunque ahora reelaborados y ordenados en secuencia lgica. Quiero justificar la presencia del humor en algunas crticas de la tercera parte, tanto en las de ndole sociolgica como en las de ndole esttica. Es la forma usual que practicamos los miembros del Crculo de Fuencarral de Crtica Literaria, para hacer ver que los escritores patrocinados por Prisa y otras fbricas de libros no slo son malos, sino tambin ridculos y, como tales, risibles. Para ellos, recordando el concepto de entes de ficcin, hemos acuado el de entes de risin. Por otro lado, es que pensamos, como el autor latino Aulio Persio Flacco (34-62 A.D.), que la stira es el gnero literario de los hombres libres.

Mi agradecimiento a Laura Gutirrez Tejn, a los escritores Fernando de Villena, Vctor Moreno y Miguel Baquero; al profesor Alberto Fernndez, de la Universidad de Buenos Aires; al escritor argentino Arturo Seeber, y al escritor y editor Arturo Castell (Numa Editorial, Valencia, Espaa) por sus valiosas ayudas.

El polanquismo ha copiado a los capitalistas norteamericanos quienes, en sus bsquedas de nuevos filones para el enriquecimiento arrasador de valores, fueron a dar con el de la edicin de libros. Manuel Blanco Chivite teoriza que otearon el panorama y descubrieron que los posibles consumidores se repartan en tres grupos: el muy pequeo de los lectores cultos, selectivos, inmunes a la influencia de la propaganda, que desdearon inmediatamente; otro, algo ms numeroso, formado por los analfabetos, a quienes sera intil dirigirse hasta que se descubriera la forma de hacer comprar libros para no leerlos (ya se ha descubierto); y el ms numeroso, compuesto por aquellas personas que no haban ledo nunca o casi nunca y satisfacan las ansias de fabulacin, que al parecer sienten todos los seres humanos, mediante el cine y, sobre todo, la televisin. Y decidieron conquistarlo.

Para ello, no haca falta sino fabricar un producto a la medida de sus mentalidades. Qu triunfaba en televisin? El cotilleo, el humor de sal gorda, el morbo, la violencia, el sexo bruto, lo domstico, lo vecino, la historia cercana, la vida como es En fin, todos esos temas que tocan continuamente los autores de Alfaguara y de las editoriales que la imitan: Espasa Calpe, Anagrama, Tusquets, Plaza Jans, etc. El resultado: que la novela, gnero ms afectado por la operacin, siempre vehculo de valores ticos y estticos, se convirtiera, como se ha dicho y repetido a lo largo de este libro, en un objeto de cambio.

La nueva situacin, posible porque a propiciarla se plegaron criminales de lesa literatura- otros editores medianos, no pocos libreros y, sobre todo y peor, muchos escritores, como aqullos cuyos nombres ms se han repetido a lo largo de estas pginas; la nueva situacin, iba a decir, propicia que, como hizo notar Juan Ignacio Ferreras en su artculo Totalitarismo cultural (La Fiera Literaria, n 117, enero de 2002), se reproduzca, en el mbito de la cultura, la misma confusin que, en la separacin de poderes establecida por Montesquieu, se ha producido muchas veces en el de la poltica, para desdicha de los ciudadanos. En efecto, aplicando esa divisin a la cultura, nos encontraramos con un poder legislativo, que correspondera al autor: legisla porque escribe, estableciendo sus propias leyes; un poder ejecutivo, que correspondera al editor, encargado de publicar, es decir, ejecutar lo escrito por el legislador, y, finalmente, el poder judicial, que correspondera a la crtica, encargada, en el recto sentido de la palabra, de juzgar.

En poltica, la confusin de los poderes acarrea la prdida de la democracia; en el mundo de la cultura, la prdida de la libertad creativa. Hoy da, en el mundo de la cultura, ni siquiera hay divisin de poderes. El legislativo lo desempea el editor, que dicta al autor lo que tiene que escribir. Evidente resulta que el que ejecuta es tambin el editor, que asmismo ejerce el poder de juzgar, pues las sentencias las dictan, en medios de su propiedad o en los que tiene influencia, crticos a su servicio.

Esta confusin de poderes en la cultura desemboca en una totalizacin que a su vez desemboca en totalitarismo. Estamos en tiempos de dictadura editorial, de poder absoluto de las grandes editoriales, que, para ejercerlo sin la menor traba, se hacen dueas tambin de peridicos, cadenas de televisin, emisoras de radio, centros culturales, ctedras (por medio de la compra de catedrticos), Academias (id.), cadenas de distribucin y libreras. Para el autor cuyas ideas he expuesto, en ningn lugar como en Espaa (y pases de habla espaola, habra que aadir) se ha producido un totalitarismo cultural como el que padecemos.

El gnero literario ms perjudicado por la brutal comercializacin del libro, ya lo he dicho, es la novela aunque tambin en el campo del ensayo se estn promoviendo muchas obras de temas banales y pseudoproblemas-, especialmente la novela culta, la novela de valores intelectuales y estticos que, por lgica histrica, correspondera a este tiempo y que prcticamente ha desaparecido. Veamos: la novela moderna, que, nacida con Cervantes, tuvo una especie de segundo nacimiento en la obra de Flaubert, propici la creacin en toda Europa de ese inmenso corpus que es la novela del siglo XIX (no puedo extenderme en esto: me remito a mis libros Teora de la novela (Anthropos), La novela espaola del siglo XX (Endymin), La novela espaola desde 1939: historia de una impostura (Libertarias/Prodhufi), El soborno de Caronte: sobre autenticidad e impostura en las letras y las artes contemporneas (El Toro de Barro), La gran estafa: Alfaguara, Planeta y la novela basura (Vosa), y algn otro). Como el arte siempre anda influido por la visin del mundo que propicia la ciencia aunque el arte a veces se adelanta a los enunciados de sta-, la novela decimonnica era deudora de la cosmologa newtoniana: tiempo absoluto, espacio absoluto y el hombre perdido en la inmensidad del Dios religioso o del destino. Con las teoras de la relatividad y la mecnica cuntica, todo cambia a principios del siglo XX: el espacio y el tiempo se relativizan, y todo pasa a depender del observador, del hombre, del personaje (cfr. mis estudios La novela relativista y quntica: materiales para la construccin de una teora aplicable a otras artes y La novela y la nueva fsica), ms una serie de artculos, en revistas, sobre el mismo tema). De manera consciente o inconsciente porque flota en el ambiente- los creadores se empapan de la nueva cosmovisin y surgen obras cuyo enfoque de la realidad -del espacio, el tiempo, la velocidad, el movimiento, sin olvidar las aportaciones de la psicologa, la biologa, la antropologa- antes no se podra haber imaginado: desde A la busca del tiempo perdido y Ulises, hasta El empleo del tiempo y La ruta de Flandes; desde Kafka, Faulkner y Virginia Wolf, hasta Alain Robbe-Grillet, Natalie Sarraute, Carlos Rojas, Andrs Bosch, Antonio Risco La novela adquiere, en la segunda mitad del siglo XX lo he hecho ver en mi Teora de la novela-, un rango esttico que antes Valry como paradigma- se le haba negado. Se abre as una ruta esplendorosa para un gnero que se consideraba, insisto, de menor entidad que el lrico, el pico y el dramtico. Pues bien, es esa coronacin, la continuidad de ese itinerario, nada menos, lo que el capitalismo, aplicado a la edicin de libros, ha truncado: los Berlusconi, los Mumford, los Lagardere, los Endemol, los Polanco, como ha escrito Jos Vidal Beneyto, en las propias pginas de El Pas, aunque sin comprometerse; es decir, sin citar al ltimo.

Si hay una ley que rija el devenir de la creacin artstica es la que dice que a cada poca corresponden unas formas artsticas diferentes y que, por tanto, no es lcito hacer lo que ya se ha hecho Y aqu se han alabado, por profesores universitarios como Jordi Gracia, novelas de Almudena Grandes, porque parecen del XIX! Y es que aqu nadie sabe por qu una novela es una novela ni en dnde radican los valores estticos necesarios para que lo sea; creen y es lo que conviene a los industriales- que lo especfico novelstico es la historia y el lenguaje. (Una vez ms me remito a mi Teora de la novela, Anthropos, Barcelona, 2005). La impresin que da es la de que crticos y profesores estaban cansados de la novela que hasta irnicamente llaman seria (V. infra lo dicho a propsito de Prez Reverte). Por eso han agradecido tanto que alguien resucite los folletines de capa y espada.

Volviendo a nuestro pas con su prolongacin en la Amrica hispana-, que es el territorio en que se desenvuelve el protagonista de este libro, hay que sealar, una vez ms, para terminar, el dao que est haciendo Polanco a la novela en lengua espaola y catalana y gallega y vasca. Algo que resulta ms imperdonable en quien pretende revestir sus empresas editoriales y su peridico de una capa de intelectualismo progresista no pasa de progre-, que engaa a mucha gente; ese dao, que est haciendo con la connivencia o, cuando menos, pasividad de muchos acadmicos, profesores, crticos, y escritores de otros mbitos, puede resultar irreversible. Al menos, de muy difcil reparacin. El frente por el que atacan ahora, sobre todo Alfaguara, se ve claro que es el de la abolicin de la imaginacin, del pensamiento, de la creatividad y la literariedad en las obras novelsticas, para que las entienda todo el mundo, como siempre han dicho los responsables de Planeta. En vez de intentar que el lector se levante hacia las novelas, rebajan stas al nivel de las mentes ms romas. Las pginas de cultura de El Pas, El Pas Semanal, Domingo y, por supuesto, el suplemento cultural Babelia, adems de la SER, Canal Plus, Localia, etc., etctera, fomentan la novela de tema siendo as que el tema es un elemento secundario en la construccin de una novela- y de peripecias. Novela de entretenimiento, dicen, cuando se les olvida que son intelectuales; novela superficial, sin ideas que puedan inquietar al lector, representativa de un tratamiento de la cultura como el que ofrece diariamente Lo ms plus; la novela basada, como hemos visto, en sucesos reales actuales o histricos, y sobre todo, dado que algunos de sus pupilos ni con esa base logran ensamblar una trama, en lances autobiogrficos. El que no habla de su niez y su juventud -nunca se han visto tantas memorias de personas de menos de cincuenta aos que, para colmo, no tienen nada interesante que recordar- habla de su servicio militar, de su trabajo o su jubilacin, de su experiencia de madre, de padre, de abuela o de madre adoptiva, de la movida madrilea, en la que particip, o de la posguerra en Barcelona, de sus vacaciones, de la prdida de su virginidad Tienen que entregar un libro al ao y su inventiva no da para otra cosa.

El dao, ya digo, puede ser irreparable y nadie aqu, empezando por el Ministerio de Cultura (un grupo de intelectuales present un escrito con algunas propuestas entre ellas, la regulacin de los premios literarios, continuadas fuentes de chanchullos- en pro de la sanidad del mundo cultural a doa Pilar del Castillo, quien ni siquiera acus recibo, lo mismo que, dos aos despus, hizo la socialista Carmen Calvo) y la Real Academia, cuyo director fue, con Elvira Lindo, Muoz Molina, Blanca Berastegui, Camilo Jos Cela y Francisco Umbral, de los que ms batall por que amordazaran a los crticos libres e independientes de El Cubil de la Fiera en La Razn), siguiendo por los profesores de Literatura y los crticos y terminando por los propios escritores, la mayora, que anhelan formar parte de los elegidos, mueve un dedo. Escritores que van de serios por la vida, no se niegan a participar como jurados en el chanchullo del Premio Alfaguara si el padrino se lo pide. Debe de ser muy grande la facultad de persuasin de ste cuando hasta un hombre que, como Jos Saramago, no lo necesita ni para darse a conocer ni para vivir, se olvida de su pregonada ideologa y hace lo que le mandan.

Contando con estas ayudas, al polanquismo cultural no le queda por hacer grandes esfuerzos para llevar a cabo la manipulacin en que se basa fundamentalmente el xito de su matutino y sus editoriales: la manipulacin caracterstica del capitalismo que no slo aspira a hacer crecer sin tregua las ganancias, sino a hacerlo mediante el dominio de las mentes, hurtando la realidad para lograr el poder absoluto, como muy bien seal la profesora Mara ngeles Maeso, en su conferencia inaugural del curso, en la universidad Pablo Olavide de Sevilla (2004) e imponiendo en definitiva la ley del ms fuerte, con el resultado del secuestro de nuestra percepcin de las cosas y los hechos, y hasta la nocin que tenemos de nosotros mismos. Si las palabras, advierte Maeso, son medios de visin, a alguien le est interesando no dejarnos ver lo real por nosotros mismos. Como en pocas feudales, los medios de expresin son un elemento fundamental de asegurar los medios de produccin.

Como aqu denunciamos, como La Fiera Literaria ha venido denunciando desde 1995, pero, sobre todo, desde que cuatro intelectuales enviaron al propio Polanco el escrito que luego se public en el nmero 117 (enero 2002) de la mentada publicacin y se reproduce en este libro, El Pas constituye el ms importante y peligroso instrumento de manipulacin y falseamiento de la realidad literaria y cultural en general (no digamos de la poltica!), as como el mayor productor y promotor de novela/basura. Los lectores del El Pas y los por ste influenciados entre los que se cuentan muchos que deberan ser sus enemigos natos- convertidos por el sistema en buscadores de su trozo de queso, se vuelven consumidores de los productos culturales adulterados de que se ha hablado en este libro e incapaces de discernimiento; sobre todo, desde el momento en que han sido autorizados para, terminada la lectura del matutino independiente, exclamar gozosamente: Qu guapos somos!, Qu inteligentes!, Qu cultos! Qu demcratas ms grandes! Qu suerte hemos tenido de pasar, mediante una transicin modlica, de la que L fue portavoz y maestro de ceremonias, de una dictadura, al mejor de los mundos polticos posibles! Y con los mismos actores, para evitar sobresaltos! Y, por supuesto, nadie tan bien orientados como nosotros, los elegidos, para leer lo mejor.

Y as, unos porque no saben, otros porque no pueden y otros porque no quieren, nadie se da cuenta o nadie seala que esto no es una democracia, sino, como ha dicho y repetido el prologuista de este libro, Antonio Garcia Trevijano, una oligarqua de partidos, nacida ver el prlogo- de la ambicin y la traicin de muchos, de la cobarda de bastantes y de la democrtica circunstancia de que a los que hubiesen podido tener otro comportamiento los militantes de Izquierda Republicana, por ejemplo, y de otros partidos del mismos signo-, los demcratas no los legalizaron a tiempo, para que no pudieran manifestarse. Con lo que ha venido a suceder que esta cacareada democracia no es ms que una prolongacin del franquismo, enriquecida con televisin basura, cotilleo, pornografa y bingos.

En aquel Informe de que he hablado, terminbamos preguntando a il padrone que si de lo que se trataba era de ganar dinero, por qu no intentaba ganarlo con productos siquiera dignos, en vez de hacerlo con basura. Quiz la respuesta, que no intuimos entonces, est en la comprobada ductilidad de los mediocres.

No s por qu, al concluir este libro, recuerdo un sabio dicho rumano, que o en Pars a mi buen amigo Cirilo Popovici, en presencia de Eugne Ionesco: Hay veces en que las gallinas vuelan ms alto que las guilas; pero las gallinas nunca alcanzarn las nubes.

M. Garca Vi

[email protected]



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