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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2006

Espaa, la OTAN y Afganistn

Alberto Piris
La Estrella Digital


Slo con preocupacin creciente puede considerarse el resultado de la reunin de ministros de Defensa de los pases de la OTAN que tuvo lugar en Bruselas la pasada semana, respecto a la intervencin militar de la Alianza Atlntica en Afganistn. Contribuy a esta sensacin de inquietud la intervencin del ministro afgano de Defensa, quien manifest que los talibanes haban aumentado su actividad ofensiva en los ltimos tiempos.

La prensa espaola se ha hecho eco del compromiso alcanzado por la OTAN de reforzar con ms de 6.000 soldados las fuerzas de ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistn, en siglas inglesas) all desplegadas, para afrontar lo que se estima como la peor escalada de violencia en Afganistn tras el derrocamiento del rgimen talibn en el 2001.

Los pases de la OTAN se han comprometido a efectuar el despliegue de los nuevos efectivos en los prximos dos meses, a fin de extender la influencia del Gobierno de Kabul al sur de Afganistn, donde crecen los grmenes de la insurreccin talibana. Hay ahora cerca de 10.000 combatientes de la OTAN en ese pas y se espera que, de los 16.000 que estarn desplegados este verano, unos 6.000 lo hagan en esa crtica zona meridional.

Mientras tanto, las tropas estadounidenses siguen combatiendo la prolongada insurgencia en la zona oriental del pas, en lo que llaman operacin Libertad Duradera. La coordinacin entre sta e ISAF, pese a desarrollarse en un mismo pas y por ejrcitos englobados en la OTAN, choca con las limitaciones que imponen algunos miembros de la Alianza Atlntica, que aceptan participar en la reconstruccin y la seguridad de Afganistn pero no desean verse implicados en una guerra de ocupacin militar del territorio. Mxime cuando esta guerra sigue siendo vista por Washington como parte de la interminable e indefinible guerra universal contra el terrorismo, funesto concepto inaceptable para muchos gobiernos.

Quiz el aspecto ms inquietante de esta intervencin militar extranjera en territorio afgano sea el hecho de que se la quiere presentar, ante la opinin pblica mundial, como una prueba de las nuevas capacidades de la OTAN para afrontar con xito las amenazas que surjan en territorios muy alejados de Europa. En el curso de la citada reunin, el secretario general hizo especial hincapi en que las tropas aliadas van a ser probadas y reaccionarn con energa.

Desbordados ya, sin que se muestre preocupacin por ello, los lmites geogrficos que el Tratado del Atlntico Norte impone a la accin militar de la OTAN, las nuevas operaciones militares de la Alianza Atlntica configuran algo que nada tiene que ver con el documento que la fund. En vez de reformar la OTAN cuando desaparecieron las circunstancias (bsicamente: el enemigo centrado en la Unin Sovitica) que la hicieron nacer y crecer, los miembros de la Alianza han preferido crear las condiciones de facto que configuran algo que nada tiene que ver con la OTAN inicial, sin someter a discusin la redaccin de otro tratado que tuviera en cuenta la nueva situacin.

Respecto a la intervencin afgana, ha quedado una grave cuestin pendiente de decisin futura. La de atribuir en exclusiva a la OTAN, bajo mando militar estadounidense, la responsabilidad total en ese pas. La jefatura suprema de ISAF actualmente en manos de un general britnico desaparecera y sera EEUU quien dirigira la ocupacin de Afganistn por una fuerza militar de la OTAN. No hubo acuerdo sobre el comienzo de esta nueva fase y el secretario de defensa de EEUU afirm que dependera de cmo funcionase la OTAN en la zona meridional del pas.

As queda claro que todo vuelve a ser lo que siempre fue: la OTAN, instrumento militar al servicio de la poltica exterior de EEUU. Pero ahora parece poco recomendable ampararse bajo el paraguas militar de EEUU, en unos momentos histricos en los que la credibilidad poltica de Washington est bajo mnimos y sus fuerzas armadas no slo sufren los efectos de dos guerras simultneas y mal ejecutadas (en Afganistn y en Iraq), sino que tambin ven menoscabado su prestigio al ir quedando de manifiesto, al paso del tiempo, sus errores, sus prcticas corrompidas y su creciente desmoralizacin.

Es indudable que, tanto en la Alianza Atlntica como fuera de ella, los ejrcitos de EEUU no tienen rival en el mundo y su capacidad militar es, hoy por hoy, incontestable. Pero tampoco se puede negar que han perdido ascendiente moral y que en un nmero creciente de pases se les considera enemigos o, lo que es peor, causantes de tanta inestabilidad como el propio terrorismo.

En el ltimo nmero (9-15 de junio del 2006) del semanario britnico The Guardian Weekly se puede leer: La premisa oculta de la visin de Blair es que las tropas britnicas y americanas son, por definicin, una bendicin para cualquier pas que ocupen. Se considera inconcebible que aumenten la anarqua o que su marcha pueda aliviarla. Es el ltimo residuo de la ilusin imperialista.... La ms clara expresin de esto, segn el periodista, es una irracional frase, comn en boca de Bush y de Blair: Hemos de concluir lo que empezamos. Los imperios nunca yerran.

Como miembros de la OTAN y participantes en las operaciones afganas, los espaoles no podemos permanecer ajenos a lo que all est sucediendo. Nuestros soldados estn pisando hoy ese territorio afgano que para EEUU es una pieza ms de su ajedrez mundial.


* General de Artillera en la Reserva
Analista del Centro de Investigacin para la Paz (FUHEM)


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