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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2006

El polica bueno

Carlo Frabetti
Rebelin


EL POLICA BUENO

No hace falta haber estado detenido para conocer el tradicional montaje del polica malo y el polica bueno, pues la literatura y el cine negros lo han escenificado en todas sus variantes. El polica malo te amenaza, te grita, te golpea (s, tambin te golpea; s, tambin en la Espaa democrtica). El polica bueno te habla con amabilidad, se muestra comprensivo, te ofrece un cigarrillo o una taza de caf, te asegura que te sentirs mucho mejor despus de confesar, te dice que tengas cuidado con su compaero, propenso a perder los nervios...

A primera vista, cabra pensar que el polica malo y el polica bueno representan tcticas contrapuestas: si el interrogatorio normal no produce los resultados apetecidos, se recurre al interrogatorio duro, al tercer grado. Pero no es as: el polica malo y el polica bueno son estrictamente complementarios, obedecen a una perversa estrategia bipolar que busca confundir al detenido y minar sus defensas. El polica malo y el polica bueno representan sendos papeles previamente aprendidos y muchas veces ensayados, y, obviamente, persiguen el mismo objetivo y sirven al mismo amo.

Y el bipartidismo tpico de las seudodemocracias occidentales es, en ltima instancia, una versin a gran escala de la misma farsa; una versin en la que el escenario ya no es una srdida comisara sino un pas entero, en la que los policas alternantes son dos grandes partidos o coaliciones y en la que el detenido, confuso y avasallado, es todo un pueblo.

El caso concreto del Estado espaol, tras la transicin a ninguna parte, es especialmente ilustrativo, sobre todo en lo que va de siglo. Aznar, el polica malo, se declara amigo incondicional de los genocidas y apoya abiertamente la invasin de Iraq; Zapatero, el polica bueno, retira las tropas de Iraq, pero las mantiene en Afganistn, ampla la base de Rota, permite los vuelos ilegales (es decir, los secuestros y las torturas) de la CIA y, en ltima instancia, apoya con muy pocas reservas la criminal poltica imperialista de Washington. Aznar manifiesta sin ningn pudor su deseo de que los presos polticos se pudran en la crcel (dicho sea de paso, un electorado con un mnimo de dignidad nunca admitira que un presidente del Gobierno se expresara en esos trminos); Zapatero propugna el dilogo con la izquierda abertzale mientras niega, contra toda evidencia, las torturas policiales. Con Aznar, las fuerzas de seguridad reciben a patadas y a tiros a los desposedos que intentan huir del hambre y la desesperacin; con Zapatero, las mismas fuerzas de seguridad envuelven a los desposedos en mantas y los devuelven al hambre y la desesperacin; y nadie investiga (a pesar de que el Gobierno se comprometi a hacerlo) las ignominiosas muertes en las vallas... Tras la estlida sonrisita de Zapatero y el bigotillo fascistoide de Aznar se esconde el mismo amo implacable, que no es otro que el capitalismo salvaje. Sus estrategias contrastantes persiguen el mismo objetivo, tanto a nivel nacional como internacional: la perpetuacin en el poder de las mismas clases dominantes, la desactivacin sistemtica (sistmica) de toda forma de disidencia, de toda propuesta realmente transformadora.

En algunos aspectos, la sociedad es un gran objeto fractal en el que los mismos esquemas, las mismas pautas, se repiten a diversas escalas y a distintos niveles. Y la alternancia-sinergia del polica malo y el polica bueno es uno de esos modelos recurrentes. No solo lo encontramos en la comisara y en el Parlamento, sino tambin en otros muchos mbitos sociopolticos. Por ejemplo, en el meditico. Los policas malos son la COPE, Libertad Digital, La Razn...; los policas buenos son la SER, El Pas, la Cuatro... El talante es muy distinto, y la verborrea de un comedido Gabilondo puede ser menos ofensiva que la de un desaforado Jimnez Losantos; pero no nos engaemos: ambos defienden el mismo sistema, y sus amos respectivos (PRISA-PSOE e Iglesia-PP), aunque enfrentados en lo coyuntural, son aliados en lo fundamental, que es, en ltima instancia, la lucha del capitalismo contra el socialismo, la eterna batalla de los ricos contra los pobres.

Es comprensible que el detenido --el pueblo-- prefiera vrselas con el polica bueno que con el malo, sobre todo si las sesiones duran cuatro aos. Pero no hay que confundir la conveniencia personal y transitoria de los privilegiados (que, comparativamente, en nuestra sociedad somos muchos), o incluso de los menos desfavorecidos (que, comparativamente, en nuestra sociedad somos la mayora), con la validez poltica o la talla moral. El polica malo es ms cnico, pero el bueno es ms hipcrita. El polica malo reprime con mano dura; el polica bueno reprime con mano izquierda. El polica malo amenaza; el polica bueno embauca... Puede que el polica malo d ms miedo, pero el bueno da ms asco.



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