Portada :: Otro mundo es posible :: IV Encuentro en Defensa de la Humanidad (Anzotegui, junio de 2006)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2006

Juan Ramn o la Repblica viva en la poesa

Roberto Mndez Martnez
La Jiribilla


Hace unos pocos aos y de ese modo gratuito en que se viven las pesadillas, me vi entrando al monumental templo del Valle de los Cados, durante un otoo madrileo.

En realidad ramos una pequea excursin de latinoamericanos que desebamos visitar El Escorial y Toledo, pero la agencia turstica incluy de manera obligatoria aquella escala previa. Alguien me haba deslizado ya al odo: Lo hacen porque ya nadie quiere venir y tratan de promoverlo como sea. No hay que olvidar que vivamos en los das fnebres de Aznar. Ciertamente aquello era la imagen de la soledad, de una soledad ominosa y envenenada. Aquel templo excavado en la roca, al precio de demasiadas vidas, tena, si acaso, la horrible majestuosidad de las cmaras funerarias egipcias.

Cmo era posible que en cada uno de los altares se honrara a los santos patronos de las armas espaolas, en franco olvido de aquella frase del Maestro: todos los que tomaren espada, a espada perecern? Cmo podan pedir perdn al cielo en aquella capilla expiatoria, dando al olvido los miles de fusilados, exiliados, silenciados, la razn perseguida, los hogares deshechos? Para colmo, alguien haba querido aliviar el mortuorio color pardo de aquellos muros, colocando a tramos unos tapices flamencos de la poca de Felipe II que representaban nada menos que las plagas que vendran sobre el mundo en el Apocalipsis: la lluvia de sangre, la hambruna, la degollacin de los justos.

Justo eso haba sido la Guerra civil. Entonces descubr una gota de agua que caa con irritante continuidad desde el techo al centro de la nave. Haban procurado reducir su efecto con un tosco balde que ya iba siendo devorado por el xido. Los que intentaban perpetuar aquel monumento al rencor y a la muerte, nada podan hacer para contener una gota de agua, rebelde, desafiante, que todo lo horadaba. Nunca me pareci una gota de agua ms elocuente: la Espaa honda, natural y entraable, con su secreto manar desde las races de la roca, iba ganando la partida a la Espaa que pas y no ha sido2 de que nos hablara Antonio Machado.

Siempre me ha complacido pensar que, en contra de toda apariencia, cuando triunf la sublevacin franquista, la Repblica no muri, simplemente se hizo transparente y se la llevaron en brazos los intelectuales por el mundo, donde mejor luz pudiera dar. Hay derrotas que son grandes triunfos. Baste con pensar en la ltima agona de Unamuno, cercada su habitacin por los brbaros que l desmintiera en el Aula Magna salmantina cuando dieron vivas a la muerte. Aquel vasco, erudito, polmico y tozudo, que haba sido un fuerte crtico de la Repblica, saba sin embargo el peligro de aquellos esperpentos goyescos y quiso morir como haba vivido, en agona, para que jams faltaran la razn y la poesa de su patria. Mientras tanto, Antonio Machado cruzaba la frontera con Francia, helado dentro de su viejo chaquetn, marcado ya por un morirse que era nostalgia de su infantil Sevilla y su eterna Soria, mientras murmuraba los versos terribles: La guerra dio al amor el tajo fuerte./ Y es la total angustia de la muerte,/ con la sombra infecunda de la llama3.

El rgimen del Caudillo que privilegi en sus ejecuciones a los maestros, quiso para su Patria fingida una cultura de la vacuidad: se fabric una Espaa de glorias coloniales, con el fanatismo de los Reyes Catlicos y un Quijote ledo en clave reaccionaria cmo lo pudieron lograr, desheredado Cervantes? Se multiplicaron los pintores de manzanilla, panderetas y chulapas, los filmes cortados a la medida de las cupletistas quin no recuerda Nobleza baturra o Violetas imperiales? El rancio clasicismo de Jos Mara Pemn hizo academia. Mas la herencia de la Espaa viva estaba a salvo. Ser un defensor de la Repblica, a partir de 1937, era una actitud de vanguardia, que se resista a cualquier clasificacin estrecha comunista, anarquista, liberal, catlico. Era ser antifascista, humanista, universal. La defensa de la Espaa nueva prepar los Frentes unidos de la Guerra mundial que se avecinaba, sustrajo a lo mejor de la intelectualidad de ciertas capillas dogmticas y alent mucha de la mejor creacin artstica de esos aos, a la vez que hizo ms lcida la reflexin poltica.

Lo ms valioso de este movimiento fue su pluralidad. En Pars, Picasso encuentra su verdad entre los caballos desventrados de Guernica, como el otro Pablo, el excepcional cellista Casals, que se niega a tocar en su patria mientras viva el tirano, invita a sus amigos del mundo a la localidad francesa de Prades para hacer msica de cmara, y en aquellos festivales haba una gran verdad: tocar una sonata de Beethoven o un cuarteto de Schubert con dignidad puede hacer caer las estrellas del cielo.

Mas fue en los poetas en quienes encarn con ms fuerza el smbolo de la resistencia. Es lgico que en primer trmino pensemos en Federico Garca Lorca, ese que, vivo, fue el plenipotenciario por excelencia de la cultura de su tierra, el que dio voz a los ms grandes silenciados: al gitano, a la mujer, al nio y cuando quisieron silenciario a l mismo en una fosa comn, se convirti en el mayor smbolo de la resistencia ibrica, como lo vio mi coterrneo Nicols Guilln en ese tributo desesperado que es Espaa: un poema en cuatro angustias y una esperanza, el poeta asesinado se alza de su tumba annima para marchar con los suyos:

Alzse Federico, en luz baado.

Federico, Granada y Primavera.

Y con luna y clavel y nardo y cera,

Los sigui por el monte perfumado.4

La voz del cantor del Romancero iba a multiplicarse en muchos poetas, en muchas poticas, de talante diverso, de cuna distinta, pero siempre con esa clarsima resistencia del arte que saca a la luz de las plazas las maquinaciones de los poderes torcidos y cura con el cauterio de la luz las llagas que pone la sombra: voces de Luis Cernuda y de Manuel Altolaguirre, de Emilio Prados, de Rafael Alberti y de Len Felipe. Mas no era, siquiera, un asunto de espaoles, los grandes de la palabra eran delegados de la Repblica en el mundo. Especialmente las voces de Amrica, aquellas que sustradas de la hispanidad colonizada, descubran lo espaol eterno, cmo explicar si no que el ms grande de los libros sobre la Guerra Civil no lo firmara alguien nacido en Aragn, ni en las Vascongadas, sino en el Per de los indgenas, que fuera el cholo Csar Vallejo, quien concibiera Espaa, aparta de m este cliz y dejara a favor de los republicanos estas pginas, ms poderosas que dos escuadrones de voluntarios?

Los mendigos pelean por Espaa,

Mendigando en Pars, en Roma, en Praga

y refrendando as, con mano gtica, rogante,

los pies de los Apstoles, en Londres, en New York, en Mjico.

Los pordioseros luchan suplicando infernalmente

a Dios por Santander,

la lid en que ya nadie es derrotado.

Al sufrimiento antiguo

danse, encarnzanse en llorar plomo social

al pie del individuo,

y atacan a gemidos, los mendigos,

matando con tan solo ser mendigos.5

Cuba, como Mxico o la propia Venezuela, estuvo entre las tierras americanas que acogieron a los intelectuales del xodo. Ac, a la isla del Caribe, lleg Juan Ramn Jimnez en noviembre de 1936. Con todas sus fuerzas haba procurado cumplir en Estados Unidos la misin que le diera el presidente Azaa: en vano pidi al gobierno de Washington que mediara para impedir la agresin a la Repblica, intilmente alert a los reporteros y a los polticos de la proximidad de una guerra mundial. Simplemente los medios de comunicacin lo ignoraron. Y aquel hombre al que muchos colegas acusaban de spero y egosta, el hipersensible que necesitaba escribir en el mayor aislamiento, volc sus energas en pro de la verdad y la cultura. En La Habana replic al director del Diario de la Marina con motivo de la publicacin de un artculo de Manuel Aznar, en que se le cuenta entre los fugitivos de la Espaa roja para descalificarlo. All declara con ese modo tajante tan suyo: Me interesa aadir que mi amor por el autntico pueblo espaol, por la autntica democracia espaola, sigue en el mismo punto en que siempre estuvo. Yo he sido siempre libremente leal a la democracia y a m mismo, y respeto, hoy como siempre tambin, toda verdadera lealtad6. Entrevistado por Eduardo Chibs en mayo de 1937 para la revista Bohemia declar con equilibrio y energa parejos:

Yo lamento profundamente muchas cosas que han ocurrido en la Espaa republicana, cosas que en ninguna gran catstrofe natural o social es posible evitar, pero estoy siempre en mi mismo sitio y no porque hayan ocurrido tales cosas de una parte, voy a pasarme a la otra, donde han ocurrido las mismas o peores cosas.

Siempre estar conmigo y con la democracia, con los demcratas dignos, con el pueblo espaol y con mi trabajo material y espiritual.

La guerra de Espaa ha dejado de ser una guerra civil para convertirse una guerra de independencia.

Por eso los combatientes no deben ser clasificados, atendiendo a sus ideologas, como rojos o fascistas. Entiendo que, ahora, sera ms correcto clasificarlos atendiendo a su patriotismo, a su reaccin frente a la invasin extranjera, como leales o desleales a Espaa.7

Hablaba el mismo que haba organizado el Festival de la poesa cubana y la antologa La poesa cubana en 1936, aquel que en su conferencia El trabajo gustoso abogara por el comunismo potico:

El comunismo ideal, el comunismo potico, que es el que yo pienso y sueo, sera aquel en que todos, iguales en principio, trabajsemos en nuestra vida, con nuestra vida y por nuestra vida, por deber conciente, cada uno en su vocacin, en lo que le gustara, y, entindase bien, con el ritmo conveniente y necesario a este gusto. (...) Trabajar a gusto es armona fsica y moral, es poesa libre, es paz ambiente. Fusin, armona, unidad, poesa: resumen de la paz. La vida debe ser comn y lo comn altificado por el trabajo potico. El gusto por el trabajo propio trae el respeto, gustoso tambin, por el gustoso trabajo ajeno.8

Es esa grandeza espiritual de Juan Ramn la que lo hace descubrir y aquilatar a Jos Mart en una pgina memorable: Quijote cubano, compendia lo espiritual eterno, y lo ideal espaol. (...) Hroe ms que ninguno de la vida y la muerte ya que defenda esquisitamente, con su vida superior de poeta que se inmolaba, su tierra, su mujer y su pueblo. La bala que lo mat era para l, quin lo duda y por eso9. As mismo, hay una pgina en su Diario potico para homenajear a Pablo de la Torriente Brau que deja una hirviente paz y su patria viva para morir con el corazn en la mano, por el mundo que suea, en otra10. All reconoce el poeta su verdadero linaje y puede asegurar sin falsos rubores: Yo, como espaol del mundo que l soaba, me inclino ante el ejemplo jeneroso de su muerte11.

Cuentan que asista siempre a las reuniones de los emigrados en defensa de la Repblica y que, aunque nunca levantaba su voz en ellas, jams faltaba ni les restaba su adhesin. A la vez, con vocacin de misionero, entregaba lo mejor de las esencias espaolas, en sus diarios, en sus conferencias, en las revistas en que iba volcando la exuberancia de su voluntad potica. Cuba le debe el aliento que diera a Lezama y a Cintio Vitier para lo que sera la era de Orgenes. Juan Ramn no era hombre de tribunas, pero tena un altsimo sentido de la responsabilidad intelectual y en esa poesa que siempre hay la tentacin de llamar pura estn la libertad y la vida de quien no se contenta con menos que la verdad y la belleza limpias, como nos dice en su Paraso: Y en la frontera de las dos verdades,/ exaltando su ltima verdad,/ el chopo de oro contra el pino verde,/ sntesis del destino fiel, nos dice/ que ms bello que ser es haber sido12.

Deplor en algn momento el escritor el que la Guerra hubiera puesto de moda, en la publicaciones de uno y otro bando cierta poesa geogrfica, arcaizante, casticista, de tpico nacional y por lo tanto falsamente nacionalista13, frente a esa superficialidad vino a recordamos que no somos hijos de la tierra slo sino del universo, que nuestra ansia de poetas es de nuestro verdadero centro, de nuestra completa integracin, de nuestra metamorfoseada conciencia, de nuestra secreta vida inmortal14.

Por estas rutas llega el poeta a su propia mstica, a la audacia de descubrir al fondo de su escritura a un Dios diferente, justo el contrario de aquel que decan honrar en el Valle de los Cados, transparente como aquella agua revolucionaria que reclamaba el lugar de la naturaleza en aquella sierra herida:

Eres la gracia libre,

la gloria del gustar, la eterna simpata,

el gozo del temblor, la luminaria

del clariver, el fondo del amor,

el horizonte que no quita nada;

la trasparencia, dios, la trasparencia,

el uno al fin, dios ahora slito en lo uno mo,

en el mundo que yo por ti y para ti he creado.15

Imposible hacer de Juan Ramn un adalid guerrero o un santito. Sus contemporneos conocieron sus hosquedades, su lengua afilada, lista para replicar con creces a cualquier cominera, agudo y a veces un poco cruel, como un personaje del Greco, pero dueo de una hombra a prueba de todo: de prdidas, de soledades, de olvidos. Acept sin una queja la prdida de los manuscritos y las obras de arte que coleccionara en su apartamento de Madrid, tanto como el que sus ojos no volvieran a contemplar el cielo de Moguer, su tica terquedad lo libr de cualquier capitulacin: cuando le otorgaron el Nobel no vio en ello una oportunidad para congraciarse con la Espaa oficialista, ms an, dej despavoridos a los diplomticos cuando declar que antes que l deba haberlo recibido Federico y Miguel Hernndez. Muri en un hospital de Puerto Rico, contemplando una pared blanca, l que era dueo de horizontes inmensos. No haca mucho haba escrito:

La cruz del sur me est velando

en mi inocencia ltima,

en mi volver al niodios que yo fui un da

en mi Moguer de Espaa.

y abajo, muy debajo de m, en tierra subidsima,

que llega a mi exactsimo ahondar,

una madre callada de boca me sustenta,

como me sustent en su falda viva,

cuando yo remontaba mis cometas blancas;

y siente ya conmigo todas las estrellas

de la redonda, plena eternidad nocturna.16

Guerreros as no pueden ser derrotados. Ni siquiera por la mole propagandstica del Valle de los Cados, que fue fruto no slo de una religin burdamente manipulada, sino tambin de una poltica cultural forjada con la obsesin de Felipe II: poner juntos el trono, el altar, la biblioteca y el pudridero. Cuando hirieron la sierra castellana fue para alzar otro Escorial, an ms anacrnico, en cuyo frontis debieron escribir la tremenda pregunta que hace Dios a Can en el Gnesis: Dnde est tu hermano?17

Aquella maana de otoo, sal de aquel lugar lleno de angustia, el fro castellano me punzaba sin miramientos, record entonces las palabras de Jos Mart:

Las instituciones viejas acaparan las armaduras oxidadas de los museos reales, las carrozas carcomidas de Juana la Loca y Carlos II, las estatuas de piedra de los monarcas gticos, los atriles gigantescos que sustentan en bordado espaldar de bronce misales corpulentos, en cuyas pginas de rugoso pergamino dibujaron letras negras y rojas los monjes demacrados y sombros de Zurbarn y Ribera; y con todas esas histricas riquezas alzan barricada a la cohorte batalladora de la poca.18

S, dira yo, ms de un siglo despus: los mendigos seguimos peleando por Espaa, la de Juan Ramn y Vallejo, en Madrid, en Bagdad, aqu en Venezuela, con la misma furia de esa gota que horadaba la piedra y hasta las ltimas consecuencias.

* Poeta. Socilogo. Doctor en Arte. Miembro correspondiente de la Academia Cubana de la Lengua.


NOTAS

1 Mt 26,52

2 Antonio Machado: Del pasado efmero. En: Poesas completas, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1975, p.229.

3 AM: Sonetos(V). En: Poesas completas,p.382.

4 Nicols Guilln: Momento en Garca Lorca, de Espaa: un poema en cuatro angustias y una esperanza. En: Poesa mayor, La Habana, Ediciones Huracn, Instituto del Libro, ] 969, p.89.

5 Csar Vallejo: Los mendigos pelean por Espaa de Espaa, aparta de m este cliz. En: Obra potica completa. La Habana, Coleccin Literatura Latinoamericana, Casa de las Amricas, 1975, p.285.

6 Juan Ramn Jimnez: A Diario de la Marina. En: Juan Ramn Jimnez en Cuba. Compilacin de Cintio Vitier. La Habana, Editorial Arte y Literatura,] 98], p.52.

7 Una entrevista con Juan Ramn Jimnez. En: Juan Ramn Jimnez en Cuba, p. ] 4].

8 JRJ: El trabajo gustoso citado en Prlogo a Juan Ramn Jimnez en Cuba, p.] ].

9 JRJ: Jos Mart. En: Juan Ramn Jimnez en Cuba, p.33.

10 JRJ: Con Pablo de la Torriente Brau. Juan Ramn Jimnez en Cuba, p.101.

11 Ibidem.

12 JRJ: Paraso. En: Juan Ramn Jimnez en Cuba, p. 33.

13 JRJ: Poesa perenne. En: Juan Ramn Jimnez en Cuba, p.]2 I.

14 Ibidem.

15 JRJ: La trasparencia, Dios, la trasparencia de Animal deJondo. En: Pjinas escogidas

(Verso ).Madrid, Editorial Gredos, ] 958, p.2] 1.

16 JRJ: Con la Cruz del Sur de Animal deJondo. En: Pjinas escogidas (Verso), p. 213.

17 Gen 4 9

18 Jos Mart: Escenas europeas (33). En: Obras completas, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales,

1975, tomo 14, p.264.



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