Desde que no era todavía ni Parque Rural, ya se hablaba de las
posibilidades de que Anaga fuese declarada Parque Nacional. Está claro
que, en muchos aspectos, este macizo montañoso que remata la isla de
Tenerife por el nordeste merece no sólo ese nivel de protección, sino
que debería ser una auténtica reserva natural Integral.
Recientemente,
los socialistas de La Laguna plantearon esta opción, como si fuese algo
novedoso, y recibieron los votos y opiniones en contra de todo el
mundo: desde los socialistas de otros municipios afectados, hasta los
grupos de la oposición en dichos municipios y en La Laguna. También se
opusieron en el Cabildo, y, por supuesto, no faltó la opinión contraria
de los vecinos.
Wladimiro Rodríguez Brito, el consejero de medio ambiente del Cabildo, declaró al “Diario de Avisos” el 25 de Mayo pasado que "
eso significaría echar a los habitantes de la zona", ya que, añadió, "
los parques nacionales son, en gran medida, santuarios para visitar".
Parece curioso que diga esto la misma persona que permite a los
cazadores cazar muflones en el Parque Nacional del Teide, o que
representó al teleférico en el patronato de dicho parque.
Además,
¿quién le ha dicho a Wladimiro que declarar Anaga como Parque Nacional
signifique echar a la población? ¿Cuántas personas viven, por ejemplo,
en los Picos de Europa? Precisamente a esto se refiere el que presentó
la propuesta, Gustavo Matos, en un artículo de prensa del día 2 de
Junio.
Otra que opinó enseguida en contra es la viceconsejera
de medio ambiente y presidenta de la Comisión de Parques Nacionales,
etc, etc, Milagros Luis Brito. Dijo que “
no es el mejor momento
para pedir una nueva declaración de parque nacional en Canarias hasta
que no se regularice la situación competencial de estos espacios.”.
Una frase típica de los políticos, con palabras inusuales como
“competencial”. Al final, como siempre, lo que viene a decir es que es
una incompetente.
También habla de las “
3000 personas que viven en un entorno magnífico, de armonía con la zona”.
Desde luego, conozco muy bien Anaga, y esas 3000 personas se reparten
entre Taganana, Igueste y San Andrés, quedando para el resto del Parque
Rural apenas 300 personas a “repartir”. Y lo de la armonía es como
cuando dicen que Anaga se encuentra en buen estado de protección
gracias a su población.
Esto es algo que siempre me ha hecho
mucha gracia, y que los políticos siempre dicen para ganar votos. ¿Cómo
van a ser los vecinos de Anaga los que han “conservado” su territorio?
Si por ellos fuera, Anaga sería un solar con autovías y aeropuertos.
Han construido casas grises por todas partes, se alegran cuando el
Cabildo les hace una carretera tremenda, y talan el monte a su antojo,
con la excusa de que “una poda siempre le viene bien”.
Ya está
bien de intentar justificar lo injustificable. Los vecinos de Anaga, al
igual que los de cualquier otro lugar similar de la isla, lo único que
han hecho a lo largo de su historia es destruir el macizo. Y menos mal
que dejaron algo, gracias al butano y a la migración a las ciudades. Si
no, hoy no quedaría ni el recuerdo. Que se lo pregunten al gomero del
bar del Bailadero, por ejemplo, o al de las cabras del Barranco de las
Huertas…
Como siempre, la figura de protección del Gobierno de
Canarias (Parque Rural, en este caso), no ha servido nada más que para
mejorar las infraestructuras de estos pueblos de tres casas,
desperdigados, hasta los que hay que llevar tuberías, carreteras,
corriente, teléfono y BTS para móviles. Con ello, se destruye todo el
paisaje o lo que dejaron los antepasados de estos señores.
Es
el colmo. Si quieren vivir como en la ciudad, que se vayan a la ciudad.
¿Cuánto hubiese costado vaciar Anaga de esos 300 vecinos “pedigüeños” y
transformar el Parque Rural en un Parque Nacional como los que quiere
Wladimiro? Probablemente mucho menos que la barbaridad que se han
gastado en infraestructuras.
Y la prueba es que, junto a esta
noticia, el mismo día 2 de Junio, aparecía otro titular relacionado:
“Chinamada y Bejías pasan a ser asentamientos rurales”. Así protegen al
Parque Rural de Anaga. Chinamada, un lugar donde, antes de hacer la
pista, había cuatro cuevas, resulta que ahora es un asentamiento. Desde
que le hicieron la carretera, ha triplicado su ridícula población
(ahora son ¡25 habitantes!), y tiene plaza con iglesia para las
fiestas. ¿Conocen algún ejemplo más de fantochería a la hora de hablar
de espacios naturales?
Y de Bejía no digamos. Supongo que
querrán incluir como hito en el paisaje la “plaza” estilo “Castillo de
Modesto” que algún salvaje construyó en el barranco. De cuatro casas
junto a la carretera de El Batán, han pasado ya a tener 19, para 22
habitantes (es decir, la mitad son segundas viviendas). ¿Cuándo parará
esto?
http://aplasencia.blogspot.com/2006/06/anaga-parque-nacional.html