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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2006

Una nueva opcin de izquierda en Nicaragua
El movimiento por el rescate del sandinismo

Mnica Baltodano
Prensa de Frente


El 5 de noviembre habr elecciones generales en Nicaragua. El Frente Sandinista presenta nuevamente a Daniel Ortega como candidato presidencial, y muchos luchadores latinoamericanos piensan de buena fe que Daniel Ortega y el FSLN siguen siendo los nicos referentes de la izquierda en Nicaragua y por tanto, le endosan todo su respaldo, ignorando las dramticas mutaciones poltico-ideolgicas experimentadas por el FSLN y por Daniel Ortega en los ltimos aos.

El FSLN, una formidable organizacin revolucionaria, es hoy vctima del secuestro y control frreo de Daniel Ortega y de un pequeo grupo de dirigentes sandinistas, convertidos en empresarios a partir de las propiedades de las que se aduearon con el reparto de bienes del Estado realizado tras la derrota electoral del FSLN en 1990. Este grupo dominante no slo se apropi de bienes y de capital, tambin se apropi de las estructuras de direccin del FSLN, centrando sus objetivos en el control de espacios de poder, en el fortalecimiento de sus intereses econmicos y en las apuestas electorales, con una visin prebendaria de la poltica.

Esta transmutacin no se produjo de la noche a la maana. Ha sido un proceso largo y continuo que aconteci no sin resistencias al interior del sandinismo, provocando en l serias fracturas. Hasta hoy, sectores de la militancia de base continan soando con que el FSLN pueda reivindicarse como una fuerza de transformacin comprometida con los excluidos.

El proceso de transmutacin del FSLN y de Daniel Ortega

La derrota electoral del FSLN en 1990 coincidi con un proceso de reflujo de las ideas y de los procesos revolucionarios en todo el mundo. En ese contexto, aquella derrota fue asumida por los dirigentes y militantes sandinistas con variados niveles de comprensin. A riesgo de simplificarlos, diramos que para unos signific el aniquilamiento de las posibilidades de construir una sociedad ms justa y el fin de la utopa. A partir de esa perspectiva, iniciaron un recorrido de "ajustes a la realidad", camino que desemboc para algunos en claudicacin. Para otros, la derrota fue un revs en el camino de la lucha que, aunque estratgico, no signific el cierre de las esperanzas, el fin de la utopa o un punto final a las luchas por la construccin del otro mundo posible, se que algunos seguimos llamando socialista.

Despus de la derrota del 90, la mayor parte del sandinismo se propuso resistir el proceso de restauracin del rgimen oligrquico. Sin embargo, esta voluntad no fue expresada ni en un programa ni en una estrategia ni siquiera en tcticas a seguir. El enfrentamiento de las complejas coyunturas de aquellos aos impuso la lgica de priorizar las tareas inmediatas, postergando la urgente tarea de crear una nueva visin estratgica. Al pasar los aos, los objetivos inicialmente proclamados fueron diluyndose en la prctica y, como ha escrito recientemente Humberto Ortega, del "radicalismo" pasamos al "realismo poltico".
Las luchas en defensa de la propiedad -las tierras y las fbricas entregadas apresuradamente a campesinos, trabajadores y cooperativistas- adquirieron relevancia. Sin embargo, y lamentablemente, esas luchas sirvieron para encubrir la apropiacin indebida de medios y bienes que hicieron algunos dirigentes sandinistas para su beneficio personal. Esta "piata" debilit la indiscutida fuerza moral y tica que hasta entonces tena el sandinismo.

Con la derrota electoral se diluy tambin la conduccin colectiva. Y Daniel Ortega -quien se mantuvo a la cabeza del partido- fue convirtindose en el principal y casi nico representante del FSLN y en el negociador de todas las luchas sociales. Por su parte, el movimiento social -que no estaba en capacidad de representarse a s mismo, acostumbrado a depender de la direccin de "la vanguardia", carente de autonoma y personalidad poltica propia-, termin siendo mediatizado por los intereses polticos del ncleo danielista, ya penetrados por los intereses econmicos del emergente "grupo econmico sandinista".

Las organizaciones populares, que al inicio hicieron esfuerzos de resistencia al proceso de contrarrevolucin e implantacin del neoliberalismo en el pas, terminaron muy pronto sometidas a los imperativos polticos impuestos por la direccin del FSLN. As, las luchas de carcter popular pasaron a ser controladas por intereses polticos y no fueron el resultado de la dinmica propia de los sectores sociales. En las luchas se incluyeron demostraciones artificiales de fuerza, que pasaban rpidamente a la confrontacin con mtodos violentos, lo que anulaba las posibilidades de masificar y legitimar la resistencia popular al neoliberalismo. Cada una de estas confrontaciones violentas conclua con las negociaciones directas de Ortega con el gobierno de Violeta Chamorro, sustituyndose as la legitimidad de la lucha y el liderazgo de sus dirigentes populares por el liderazgo de Ortega y la priorizacin de sus particulares intereses. Esta dinmica dur varios aos. 1997 marca el punto de agotamiento de las luchas populares: una y otra vez instrumentalizadas desde arriba, se evidenciaron ineficaces para lograr algn resultado significativo para los intereses de la gente.

Pactos, componendas y reparto de puestos de poder

En el Congreso Sandinista de 1998, y en un contexto estremecido por las acusaciones de violacin sexual interpuestas por su hijastra Zoilamrica, Daniel Ortega sell su viraje hacia la derecha dando todo su respaldo a la corriente del FSLN denominada "Bloque de Empresarios Sandinistas" e incrementando sustantivamente las cuotas de poder que ya tenan al interior del FSLN. En su alocucin de cierre de aquel Congreso, Ortega, de manera unilateral e inconsulta, anunci su decisin de deponer la lucha popular para emprender el camino de la transaccin y los pactos, camino que ya haba iniciado en 1997 negociando con Arnoldo Alemn -recin llegado al gobierno- la Ley de la Propiedad Reformada, Urbana y Rural.

A partir de ese ao se inicia un proceso de transaccin con este corrupto gobernante y con su Partido Liberal Constitucionalista (PLC). El proceso concluy con un pacto entre las cpulas polticas del FSLN y del PLC, que desemboc en una nueva y antidemocrtica Ley Electoral y en Reformas a la Constitucin para aumentar los altos cargos del Estado, repartidos por Alemn y Ortega entre sus allegados.

A partir de entonces se hicieron evidentes las contradicciones que con la corriente pactista encabezada por Ortega tenan varios diputados sandinistas en el Parlamento. Vctor Hugo Tinoco y yo misma cuestionamos firmemente el pacto, pero mientras avanzaba en componendas prebendaras con Alemn y la derecha, Ortega aplic la represin interna, las purgas al estilo estalinista y todo tipo de maniobras para aniquilar cualquier expresin crtica en el seno del FSLN. A nuestro juicio, lo ms grave del pacto FSLN-PLC fue el compromiso asumido por Ortega de desmovilizar las fuerzas sociales y neutralizar cualquier lucha popular. Con el pacto, se terminaron todas las resistencias a las privatizaciones, a las polticas del Fondo Monetario y del Banco Mundial y a las diversas expresiones de los planes de ajuste estructural.

El pacto se expres tambin, aunque calladamente, en numerosas negociaciones subterrneas en torno a la propiedad. Con ellas se increment el capital del emergente grupo econmico sandinista, integrado tambin por ex-dirigentes obreros y campesinos, que ya para entonces usufructuaban propiedades negociadas en los Acuerdos de Concertacin con el gobierno de Violeta Chamorro y ahora repartidas en el pacto con Alemn. Estas oscuras negociaciones permitieron tambin, sin ninguna denuncia u oposicin del FSLN, que Arnoldo Alemn desplegara la corrupcin ms galopante nunca antes vista en Nicaragua. As creci el nuevo grupo econmico emergente liderado por Alemn, el nuevo socio de Daniel Ortega.

Con la exclusin y el aislamiento de lderes histricos del sandinismo, y con la supresin de la conduccin colectiva, las bases sandinistas, desprovistas de informacin adecuada, de educacin poltica y no entrenadas en el debate, hurfanas del instrumental ideolgico para enfrentar las nuevas condiciones nacionales, terminaron asumiendo como nico liderazgo el del Secretario General del FSLN, Daniel Ortega. Estn ah las causas ms inmediatas del caudillismo que hoy l ostenta.
La lgica de la democracia liberal provoc tambin una aguda lucha al interior del FSLN en el afn de ser designados para ocupar los cargos institucionales mejor remunerados y con ms privilegios. Nombrar a los principales dirigentes de las organizaciones populares en cargos institucionales se convirti tambin en un mecanismo para cooptarlos.

El gobierno pro-yanqui de Enrique Bolaos

Este proceso, iniciado durante el gobierno de Violeta Chamorro, agudizado por el pacto con el PLC durante el gobierno de Alemn, encontr al FSLN en 2001, cuando llega al gobierno Enrique Bolaos, en estado de descomposicin.

Aunque gan las elecciones dentro del PLC -el partido de Alemn-, Bolaos se enfrent inmediatamente a Alemn acusndolo por corrupcin. Daniel Ortega aprovech la situacin de inestabilidad que esta decisin cre, y en vez de asumir a fondo la lucha contra la corrupcin, encarnada en Alemn, escogi el camino de "jugar a tres bandas": pactar con Bolaos o con Alemn segn conviniera a sus intereses.

Todo esto explica por qu, a pesar de las grandes presiones de las bases sandinistas, y de la poblacin en general, las posiciones de la direccin del FSLN ante la corrupcin de Alemn y de su gobierno fueron prcticamente inexistentes. No fue hasta que Ortega logr pactar con Bolaos el control del Parlamento y otras prebendas, que el "danielismo" -hay que llamarlo as, y no sandinismo- dio sus votos para suspenderle la inmunidad a Alemn.
No fue hasta entonces que Ortega dio la orden a una jueza sandinista para que dictara contra Alemn una sentencia condenatoria.

La permanente intromisin del gobierno de Estados Unidos en el escenario poltico de Nicaragua, su odio visceral contra el sandinismo y la actitud sumisa ante el gobierno Bush del Presidente Bolaos fracturaron el precario equilibrio del pacto Ortega-Bolaos y favorecieron, con nuevos bros, el " repacto" Ortega- Alemn (para entonces, ya condenado a 20 aos de "prisin ", que cumple en su cmoda hacienda personal). Hasta esa prisin-hacienda llegaron innumerables veces Daniel y sus allegados a reunirse con Alemn, y en la borrachera de su maridaje ambos firmaron nuevos "acuerdos estratgicos" (con un reo condenado a 20 aos por robo descarado del erario pblico!). En enero de 2004, una de esas reuniones qued plasmada, como prueba imborrable del contubernio, en una ignominiosa fotografa que es hoy icono de la traicin a los ideales del sandinismo.

Los compromisos entre Alemn y Ortega van hoy mas all de lo que aflora a luz pblica: el reparto de todos los puestos pblicos importantes, el reparto de sentencias judiciales -una para vos, otra para m-, el reparto de fondos desde la Asamblea Nacional -uno para vos, otro para m-, el reparto de leyes, el reparto de jueces y magistraturas Adems, esta repartidera la realizan con un descarado despliegue de poder inmune e impune, como una forma de sembrar el temor generalizado. Hoy, las decisiones de todas las instituciones del Estado en Nicaragua penden de manera directa de la voluntad de Alemn o de Ortega. Ambos caudillos imponen su voluntad al margen de la justicia y de las leyes. La percepcin compartida de la mayora de los nicaragenses es que estamos en manos de dos grupos mafiosos.

A esta trgica situacin hay que sumar que muchos de los actuales dirigentes del FSLN se han "convertido" a grupos religiosos fundamentalistas y supersticiosos, haciendo de la militancia poltica y de la magia religiosa una confusa mezcla, en la que los delitos se transmutan en pecados y el "amor" se ha vuelto la bandera poltica del FSLN. Esto ha coincidido, no de manera casual, con otro pacto, el amarrado entre el Cardenal Miguel Obando -enemigo frontal de la revolucin sandinista y de la iglesia popular durante los aos 80- y la familia Ortega-Murillo (esposa de Ortega y lideresa de la nueva "espiritualidad"), tras favores de Ortega a Obando, aprovechando los espacios del FSLN en el Poder Judicial y el Poder Electoral, hoy presidido por un protegido de Obando, gracias al respaldo de Ortega.

El viraje del Cardenal comenz cuando se hizo claro que las races de la corrupcin del gobierno Alemn tocaban tambin a la jerarqua catlica y a instituciones ligadas a ella. Entre los privilegios gozados al amparo de la corrupcin, el ms conocido fue la introduccin al pas, libre de impuestos, de centenares de vehculos de lujo para allegados del Cardenal, a travs de COPROSA, su ONG.

El empobrecimiento de la mayora

Durante estos aos el neoliberalismo ha logrado desmontar casi todas las transformaciones sociales que hizo la revolucin en los aos 80 y ha instalado un capitalismo voraz e inhumano. Se han privatizado los servicios pblicos, se ha entregado nuestra economa a capitales transnacionales, se ha cedido el territorio nacional en concesiones mineras y forestales, se impulsa la privatizacin de la salud y de la educacin. Florecen lujosos comercios, gasolineras, casinos, y para la gran mayora del pueblo no queda otro camino que los mal pagados empleos de las maquilas, la emigracin a Costa Rica y a Estados Unidos o la sobrevivencia en la ms absoluta pobreza y falta de oportunidades.

Los lderes oficiales del FSLN no han hecho nada para enfrentar el despojo hecho al pueblo de los logros revolucionarios y la cancelacin de sus esperanzas en un futuro digno. Peor: tambin ellos han participado en ese despojo a travs de las instituciones estatales que controlan y de las empresas que manejan. Slo les queda la retrica revolucionaria, y la nica "oposicin" que practican se orienta a controlar ms puestos de poder.

La construccin de una nueva alternativa desde el sandinismo

A principios del ao 2005 un numeroso grupo de sandinistas inici un movimiento poltico para postular al entonces saliente alcalde de Managua, el sandinista Herty Lewites como candidato presidencial del FSLN.
Corresponda resolver la aspiracin de Lewites en elecciones primarias internas, segn lo establecen los Estatutos del FSLN. Sin embargo, la respuesta de la dirigencia oficial fue la eliminacin de las primarias y la proclamacin ilegal y arbitraria de Daniel Ortega como candidato presidencial del FSLN, por quinta vez y tras tres derrotas consecutivas.

La supresin de las primarias presidenciales fue acompaada de la expulsin del FSLN, sin que mediara ningn procedimiento legal, de Lewites y de Victor Hugo Tinoco. Toda suerte de descalificaciones fueron lanzadas contra Lewites y quienes le apoyaban: "agentes del imperialismo", "agentes de la derecha ", "enemigos de los intereses populares". Descalificaciones inconsistentes, pues Lewites haba sido siempre una de las personas de ms confianza del propio Daniel hasta que os desafiarle en su candidatura presidencial.

Tinoco haba sido Vicecanciller del gobierno sandinista y era miembro de la Direccin Nacional del FSLN, aunque desde el comienzo se opuso al pacto con Alemn.

Estos actos autoritarios y arbitrarios concitaron un repudio generalizado del sandinismo y contribuyeron a ir aglutinando en torno a Lewites a sandinistas que durante estos aos fueron marginados por Ortega: Comandantes de la Revolucin como Victor Tirado, Henry Ruiz y Luis Carrin, intelectuales como la escritora Gioconda Belli, el poeta Ernesto Cardenal y el cantautor Carlos Meja Godoy, Comandantes Guerrilleros como Mnica Baltodano y Rene Vivas. Y a un sinnmero de lderes y militantes de base, que finalmente organizaron el Movimiento Por el Rescate del Sandinismo (MPRS), una fuerza poltica dispuesta a rescatar los valores e ideales sandinistas y a apostar por un proyecto que transforme integralmente la situacin de nuestro pas.

Como objetivo de corto plazo, el MPRS decidi construir una alternativa electoral para noviembre de 2006. En agosto de 2005 nos aliamos con el Movimiento Renovador Sandinista, fundado en 1996 por el escritor Sergio Ramrez y la Comandante Dora Maria Tllez. En mayo, con el Partido Socialista Nicaragense, el Partido de Accin Ciudadana y el Partido Verde Ecologista. Otras alianzas incluyen hoy a movimientos polticos y sociales no partidarios, como CREA (Cambio, Reflexin tica y Accin) -que aglutina a miembros de la Juventud Sandinista y a combatientes de la defensa de la revolucin en la dcada de los 80-, al Movimiento Autnomo de Mujeres y a asociaciones de vctimas de plaguicidas (Nemagn). Ms recientemente, se sum el Comandante Guerrillero Hugo Torres, General retirado del Ejercito Sandinista, reconocido por su participacin en acciones heroicas en la lucha contra la dictadura somocista.

El escenario electoral de noviembre

A las elecciones de noviembre, la derecha concurre con dos fuerzas: el PLC de Arnoldo Alemn y una nueva agrupacin liberal-conservadora, la ALN-PC, que trata de distanciarse de la corrupcin y de los estilos mafiosos de Alemn y del PLC. La ALN-PC cuenta con el respaldo del gran capital nacional y especialmente, con el beneplcito del gobierno de Estados Unidos, que ha hecho y seguir haciendo lo imposible por unir a ambos grupos.

El escenario electoral nicaragense est este ao muy lejos de la polarizacin de contiendas anteriores, donde los votantes tenan que decidir siempre entre sandinismo y antisandinismo, pero donde los sandinistas tenan una nica representacin: el FSLN y Daniel Ortega como candidato. Este ao, la Alianza MRS es la nueva fuerza poltica de izquierda, que reclama un cambio profundo para Nicaragua y una refundacin del sandinismo para poder responder a las transformaciones que requiere nuestro pas.

La organizacin de esta nueva alternativa electoral sandinista fue urgida por miles de sandinistas opuestos al continuismo y a la corrupcin de Daniel Ortega. Nos negamos a concurrir a las elecciones con una camisa de fuerza basada en la lgica de que no importa qu hagan los dirigentes, qu intereses favorezcan o cun cuestionables sean sus conductas, porque al final los sandinistas tenemos que "cerrar filas" y votar por los candidatos que la cpula "danielista " nos haya impuesto, porque de lo contrario "sos un traidor pro imperialista ".

Ciertamente, el discurso de Ortega y sus acercamientos oportunistas a lderes de la izquierda latinoamericana buscan mostrarlo como un izquierdista radical. Lamentablemente, fuera de Nicaragua se desconoce la esquizofrenia del FSLN y de sus dirigentes: en la boca un discurso de izquierda y en la vida una prctica poltica corrupta y favorecedora del neoliberalismo y de los intereses de la derecha.

El programa y el discurso del candidato de la Alianza MRS, Herty Lewites, es un discurso moderado, no comprometido demaggicamente con cambios para los cuales no existe an una correlacin favorable en Nicaragua. Lewites se ha proclamado de centro izquierda y sin duda lo es, pero dentro de las fuerzas que lo acompaan hay mucha gente que ha luchado y sigue resistiendo resueltamente el modelo imperante con radicalidad. Hoy, la realidad nicaragense reclama cambios institucionales y legales inmediatos y en este objetivo podemos encontrarnos distintos sectores, an desde matices y diferencias ideolgicas, sabiendo que despus de las elecciones otras luchas estn por hacerse.

Herty Lewites es un sandinista con larga trayectoria en el sandinismo y es un hombre que cuenta con respaldo y simpata en amplios sectores del pueblo, ms all del sandinismo, por su capacidad para hacer cosas a favor de la gente. Es una opcin de centro izquierda. Su candidatura presidencial ha abierto una oportunidad para superar el pactismo, la corrupcin, el desprestigio de la clase poltica y el sometimiento de la nacin a los intereses de Daniel Ortega y de Arnoldo Alemn. Despus de 15 largos aos de neoliberalismo y de corrupcin, las fuerzas de izquierda y las fuerzas progresistas tenemos hoy la oportunidad de empezar a cambiar las cosas.

Mnica Baltodano es ex comandante guerrillera del FSLN.


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