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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2006

Cronopiando
Diario ntimo de Jack el Destripador 3

Koldo/Jos Mercader
Rebelin


"Ay mi palomita, la que yo guis, la met en el horno y la salcoch...Me lamb una pata, me lamb las dos, con un chn de papas y un poco de arroz"

Antes le haba cantado la cancin del perro rastrero, la nana del cocodrilo tsico, la de la rata sifiltica que se convierte en murcilago y hasta le interpret el baile de la cacata, pero slo cuando le repet por vigsima oportunidad la ltima estrofa de La palomita salcochada, la pequea Bubuka se durmi.

Haban sido dos horas de indesmayable lucha tratando de reducirla al sueo. Mi hermana Mey, apodada "La Sacahgados", que se encontraba pasando una temporada en desconocido paradero por haberle precisamente sacado los hgados a un cronista de arte y que aseguraba ser su madre, me la haba enviado para que pasara sus vacaciones conmigo y ningn problema me estaba dando la criatura, dotada de una proverbial inteligencia, que con menos de dos aos ya jugaba a las cartas como una consumada tahra, beba, fumaba y pronunciaba frases tan ingeniosas como "maldito Jack" y "cllate bocafu".

El nico inconveniente era que le costaba dormir y que a m se me haban terminado las nanas y la paciencia. Por eso, cuando finalmente se rindi, suspir aliviado y la acost en la cuna dispuesto a ver alguna de esas pelculas sangrientas que tanto me estimulan.

Fue entonces cuando la ruidosa bocina de un carro se dej sentir en el parqueo del edificio. Se trataba del clsico animal que en lugar de apearse y procurar a su novia, se anunciaba de tan escandalosa manera, a su novia, a los vecinos, y a la Bubuka que se despert y comenz a llorar. Acud junto a ella tratando de dormirla de nuevo y a punto estaba de conseguirlo cuando el animal, inici una nueva tanda de bocinazos que en esta ocasin acompa con la voceadera del nombre de la amada.

La Bubuka ya no lloraba. Ahora berreaba inconsolable y yo decid no darle ms oportunidades al animal. Mientras corra escaleras abajo, el intruso haba incorporado a las voces y los bocinazos, uno de esos merengues insoportables a todo el volumen que le permitan sus enormes amplificadores.

Antes de que se diera cuenta ya estaba junto a l. Le amarr a las orejas las bocinas de msica, mientras a golpes de gua lo incrustaba en su asiento y aprovechando la proximidad de una obra, empuj su carro hasta depositarlo de un aventn bajo una tonelada de escombros.

Entonces regres satisfecho a casa, mientras la novia del animal lo buscaba intilmente por el parqueo, sorprendida de su ausencia, y la Bubuka roncaba en su cuna.







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