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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2006

Los mineros urbanos de la avenida ms atestada de la ciudad
Underground: la vida de los areneros en Valparaso

Felipe Montalva
Revista Ciudad Invisible


En estas semanas de abril y mayo, la fiebre exportadora hortofrutcola ejerce su ms contundente presin sobre el pavimento de la avenida Argentina, en el puerto de Valparaso. Cientos de pesados camiones, recorren sus 7 cuadras, en ambos sentidos, provocando atoches y crisis de nervios. A ellos, se les suman los innumerables automviles y buses, de todas las layas posibles, y las pisadas de miles de porteos que caminan por sus resquebrajadas veredas y bandejones, visitando la feria libre, las iglesias, el congreso, los cachureos, la ropavieja y el recin inaugurado supermercado Jumbo.

Pero ms abajo, en la oscuridad, en una ruta ignorada y olvidada por muchos, corren las aguas de los esteros Las Delicias y las Zorras. All, en la orilla, siempre en el subsuelo, un grupo de hombres se gana el escaso pan con una pala, un chuzo y somieres abandonados que sirven como arneros. Son los ltimos areneros de la avenida Argentina. Los habitantes del subterrneo. Los mineros urbanos de la avenida ms atestada de la ciudad.

Lunes, 13 :30 horas. En el bandejn, frente a una farmacia, un montculo de arena se yergue entre 2 rsticas seales de estacionamiento. Un poco ms all, una tapa de madera levantada es seal inequvoca de que los areneros de la avenida Argentina ya comenzaron, hace rato, su jornada.

Sergio Prez tiene 63 aos y vive en el cercano cerro Ramaditas. Es moreno y menudo, con unos brazos gruesos que dejan claro que lleva paleando desde los 18. Yo me acostumbr a trabajar as porque no me gusta apatronado, aqu no nos manda nadie. Si uno gana, come, si no, no come, dice.

No hay horario fijo, pero la jornada, por lo general, se inicia a las 8 de la maana y se extiende hasta las 4 de la tarde. O a las 5 si la pega est buena. Cosa que no ocurre desde hace tiempo, casi 15 aos. Queda poco arena, poco material. La causa? La municipalidad ha ido pavimentando todos los cerros; antes eran de pura tierra, entonces, cuando llova arrastraba todo pa bajo, y ahora ya no arrastra nada, pura agua. Lo seala quien dice haber trabajado en todos los cauces areneros de Valparaso: Avenida Francia (tambin conocido como Estero Jaime), Las Heras, Uruguay... El subterrneo de la ciudad no slo es el lugar donde se pueden hallar viejos barcos encallados. Es el yacimiento de la arena que se ha utilizado para levantar la urbe. El ingrediente clave para, inclusive, crear el pavimento. Antes llenbamos camiones completos. Hoy da, con suerte, vienen camionetas, agrega el hombre.

La extraccin de arena, en el estero Las Delicias, es tan vieja como la ciudad. Los areneros trabajaban desde antes de que se embovedaran los cursos de agua, que caan desde los cerros aledaos, a principios del siglo XX. El encierro de las aguas se hizo de mar a cerro y hacia 1932, ya se haba llegado hasta la subida Santa Elena, crendose as la flamante avenida, llamada primero De las Delicias, como curioso smil de la Alameda existente en Santiago y, luego, Argentina, en esos actos tan simblicos como pasionales, que buscan hermanar a la ciudad con las repblicas fronterizas. Como cualquier negocio

Pero hoy larena no da. No ms de 6 personas laboran en el rubro, distribuidos en algunas cuadras de la avenida. En los aos en que Sergio Prez lleg a trabajar, se contaban por decenas los que sacaban material desde el cauce. De hecho, la municipalidad de Valparaso contrataba, como obreros transitorios, a varios areneros para limpieza de cauces, tranques y alcantarillas, sobretodo durante los estragos dejados por algn temporal. Hoy, el municipio tiene sus propias cuadrillas, que son esencialmente, trabajadores pertenecientes a empresas contratistas.

Aqu hay das buenos y das malos, dice el hombre, sentado sobre un cajn que hace las veces de silla. Acaba de almorzar. Su mesa es otra caja, puesta verticalmente. Enciende un cigarrillo. Estamos bajo la avenida. El estruendo no es ms que un rumor sordo que, cuando se le recuerda, hace levantar la vista y contemplar con asombro las estructuras de concreto, llenas de telaraas, que sostienen la va. Estamos a un costado del montn de arena que han logrado juntar hoy, durante la maana y que espera comprador. Uno puede ganar, a veces, 8 a 10 luquitas; otras, cuatro. Es rotativo. Hay que tener paciencia como en todo negocio, comenta, un poco irnicamente, Sergio Prez.

Unos metros ms all, reposa de la comida, su socio Gastn, ms grande y grueso. Lleva trabajando aqu abajo desde principios de los aos 80 y, todos los das, viaja desde Villa Alemana, situada a 15 kilmetros de Valparaso, para sumergirse bajo la avenida Argentina. Las crisis econmicas, en plena dictadura, empujaron a varios como l a la extraccin de arena. El hambre, dice, sin remilgos, cuando le pregunto por la causa. Pero no quiere seguir hablando. Quizs en otra oportunidad, anuncia desde el tabln que le sirve de lecho. Al igual que Sergio, llega con el almuerzo preparado desde su casa y lo calienta a baomara, en una olla que ambos ponen sobre una fogata que hacen recolectando madera, tirada por all, en el cauce.

Lacnico. Tan pequeo como su cuerpo, lo es de palabras Sergio Prez. En su estilo, desdramatiza toda anormalidad por trabajar, literalmente, bajo la calzada, en la oscuridad y cerca de la escoria. Usted est arriba, se enferma con el ruido; aqu abajo, uno est tranquilito Ratones? No, lauchas chicas, noms. Andan varios gatos, por ah tambin. Animalitos que la gente mala tira a los cauces. Pero aqu los gatos tienen cualquier rebusque. Antes s que se vean ratones. Cmo ser que venan cabros de la Universidad Catlica, con jaulas, que nos compraban los ratones pa sus estudios. Con similar calma, indica que lo que ms se ve son zancudos. A veces, tenemos que prender fuego porque con el humo se van, comenta.

Otro morador del cauce es El Palmera, un vagabundo que duerme una decena de metros ms all. Gastn bromea con que si nos acercamos, el hombre nos va a golpear con un palo. Es mentira, no le crea, dice Prez. Le dicen Palmera porque hace unas artesanas con las ramas de las palmeras de la avenida Brasil, unos crucifijos. Duerme aqu, pero de da sale a torrantear (vagabundear).

De repente, el silencio del cauce se rompe con el ruido de un flujo de agua. Es el bao de la garita de los trolebuses cercana. Directo al curso oscuro de Las Delicias.

Temblores

Las tapas de madera del bandejn de la avenida Argentina siempre han tenido historias. De viejas, a cada tanto, una cede y alguien se precipita al subsuelo. No se olvidan los nios perdidos en das de feria, bajo la lluvia invernal, que han cado para no volver a salir.

Sergio Prez no recuerda haber visto nada muy duro. Ac no salen ni perros muertos, dice con su calma. Muy de vez en cuando, aparece alguna argolla o un anillo de oro, descubierto al momento de arnear. Lo que s es ms habitual es que, un poco ms all, a la altura de calle Chacabuco, desde una de las alcantarillas, los lanzas de la zona tiren las billeteras vacas de sus vctimas. En ese punto, la acumulacin de basura es notable, pero Sergio y su socio las recogen y se las pasan a la polica.

La luz para trabajar se logra con un espejo, dispuesto justo bajo el boquern, que refleja la solar. Una luz blanca, espectral, que cuando hay sol, permite mirar sin problemas toda la bveda subterrnea de la avenida Argentina. Adems, uno se acostumbra la oscuridad y al camino aqu debajo. De repente, hay pozas de agua y el que no conoce se pega sus costalazos, agrega el arenero.

Los hombres se organizan por las tapas de madera. Sergio Prez y Gastn trabajan cerca de Pedro Montt. Un poco ms all, a la altura de calle Juana Ross, 2 hombres que deben andar por los 40 aos, prodigan sus esfuerzos en similar trabajo. Ellos heredaron la pega de su padre. Cerca de calle Coln, en la tercera tapa, otro hombre se dedica, slo ocasionalmente al arena. Un pacto silencioso obliga a quien saca de una tapa a no invadir la zona de su vecino. Si termina el material de su sector, bueno, deber emigrar a otra tapa, quizs ms arriba.

Cuando le pregunto cmo lo hacen con los temblores, Sergio Prez responde que no se sienten cuando uno est trabajando; cuando se sienta, s. Lo que s es derechamente inquietante es la situacin previsional de los ltimos areneros. Ah estamos jodidos, trabajamos sin previsin. De hecho, la municipalidad podra habernos puesto imposiciones porque, mal que mal, nosotros le hacemos un servicio a la ciudad al despejar los cauces. Sergio es viudo y vive solo. Sus 2 hijas, ya casadas, tienen sus respectivas familias. La salud se la prodiga, como indigente, a travs del carnet FONASA. Dice slo padecer resfros por la humedad, porque cuando uno se pone a palear se quita ligero el fro.

En su memoria, a Sergio Prez, los nombres de colegas ms antiguos se le vuelven arena. Abelardo Marchant, el negro Saldas, Soto, el Sopa, los hermanos Gallardo... Gente de Rocuant, Rodelillo, hasta de Casablanca. Gente que trabaj dcadas en el lecho de este estero subterrneo y que se fue muriendo, cansando, retirando. Historias que quedan bajo esta pista de asfalto que dicen que se hunde ao a ao y se olvidan, lenta pero inexorablemente. Historias de vidas que, pareciera, desaguan hacia mar afuera.




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