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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2006

El ftbol contemplado con el ojo de la izquierda
Che Carranza

Manuel Talens
Editorial Comares


A Jos Cullar, in memoriam

La historia que vas a leer, lector amigo, tiene mucho de fantasa y quiz poco de realidad, porque se basa en el recuerdo, que no es sino pura reconstruccin a la medida del deseo. Es una historia que mezcla de manera confusa imgenes de la niez con lecturas de adolescente y praxis poltica actual. Se inicia poco antes de las nueve y media de la maana en el patio de un colegio, donde un enjambre de nios que an no han cumplido los diez aos aguardan el sonido del timbre para ponerse en fila y entrar ordenadamente en el aula. Uno de ellos, Ernesto Ortiz Arteaga qu habr sido de l? le cuenta a otro las noticias escuchadas por la radio la noche anterior. Tratan de un conflicto lejano en la isla de Cuba, donde alguien llamado Fidel Castro est librando una guerra quin sabe por qu. Otro nombre surge en los labios de Ortiz Arteaga y el amigo de ste sonre al escucharlo:

Che Guevara.

Hay palabras que despiertan sensaciones, olores o relieves de montaas.

Es valenciano?

No, argentino.

El nio que acaba de hacer la pregunta est habituado a la palabra che. Su padre viene de Valencia, donde esa extraa interjeccin se oye a diario, y suele repetirla como coletilla de lenguaje. En Granada nadie la usa. El plano mental se ensombrece entonces como en un fundido de pelcula y pasa gradualmente a una nueva escena, en la que el nio abre la puerta de su casa, situada en el nmero 22 de la calle lvaro Aparicio del barrio de Cartuja. Unos segundos antes ha sonado el timbre (los timbres son como el gatillo del revlver que dispara la memoria). El recin llegado es Pepe Cullar. Sonre, acaricia los cabellos del nio y entra.

Don Jos Cullar pero los vecinos de la calle se tutean entre s, son todos jvenes, recin casados y con hijos pequeos vive en el nmero 26, dos casas a la derecha. Es alto, gallardo, se peina el pelo hacia atrs con brillantina, a la moda de entonces, y sus ojos chispean tras los gruesos lentes de montura marrn. Dibuja con soltura a lpiz y a plumilla y es un portentoso contador de chistes, aunque se gana el pan como secretario del Granada Club de Ftbol.

Hola, Pepe le dice el valenciano que dice che.

Pepe entra, saluda al matrimonio y se acomoda en una silla a charlar un rato mientras le llenan un vaso de vino. Se dirige al nio:

Tengo una sorpresa para ti.

Le tiende una foto del equipo con las firmas de todos los jugadores y un boleto de palco para el partido del domingo.

Quiero que vengas conmigo a ver una maravilla de argentino que se llama Carranza.

Nuevo fundido encadenado en la memoria. El siguiente plano se ilumina en el estadio de Los Crmenes, donde el Granada juega con su tradicional camiseta a rayas blanquirrojas. Carranza, la maravilla de argentino, est en el centro del terreno de juego. Detiene con el pecho un baln rebotado, que cae mansamente a sus pies. Luego, dribla a tres contrarios, uno tras otro, y se dirige como una flecha hacia la portera. Ya est al borde del rea. Hay en ella una tupida red de defensas, pero nadie puede frenarlo. Es su momento de gloria. Tira un caonazo que se cuela por la escuadra. El estadio explota. Cerca de donde se encuentran Pepe Cullar y el nio, un espectador que levita en pleno delirio exclama con todas sus fuerzas:

Che Carranza, qu grande eres!

Carranza slo ha necesitado treinta segundos para convertirse en un protagonista imborrable de las evocaciones infantiles de ese nio habituado a escuchar la palabra che.

Ha pasado el tiempo, es el verano de 1968. El colegio del bachillerato dio paso a la Universidad y el nio que ya no lo es est ahora en Ginebra, trabajando durante las vacaciones estivales como garon de cuisine en un bar del aeropuerto de Cointrin. Un domingo de agosto, mientras pasea junto al lago Lemn, compra un libro en una mesa de izquierdistas que reivindican ruidosamente los recin controlados disturbios de Pars. El libro prohibido en Espaa, lo cual aumenta su valor se titula Souvenirs de la guerre rvolutionnaire, es una traduccin del espaol publicada por Maspero y lo firma un hombre que poco antes ha muerto tiroteado en la selva boliviana, Ernesto Che Guevara. El crculo de recuerdos que se inici en el patio de un colegio diez aos atrs y continu su andadura en una casa de Cartuja y en las gradas de un estadio acaba de cerrarse en la ciudad de Rousseau.



Ernesto Guevara de la Serna naci el 14 de junio de 1928 en Rosario, provincia de Santa Fe (Repblica Argentina). Ramn Sergio Carranza Semprini vio la luz tres aos despus, el 28 de julio de 1931, en la misma ciudad. Quin sabe si llegaron a conocerse o jugaron juntos o fueron vecinos, al igual que en Granada lo seran despus Pepe Cullar y el valenciano que dice che. Hay dos fotografas que los hermanan an ms, ambas borrosas y de mala calidad, como corresponde a todo recuerdo que se precie (la perfeccin realista de las cmaras digitales rompe el hechizo de la memoria, que ya no ser nunca igual en el futuro). En una de ellas se ve a Carranza suspendido en el aire, rematando de cabeza. En la otra, Guevara sostiene un baln entre sus manos. Ambos rosarinos amaron el ftbol, como cualquier pibe del Ro de la Plata. Ambos utilizaban la palabra che como coletilla de lenguaje (igual que el padre valenciano de aquel nio). Ambos fueron grandes artistas en el camino que la vida eligi para ellos. La revolucin, el ftbol. Che Guevara, Che Carranza.
 
Texto relacionado : El nio que recoga balones

Este relato de Manuel Talens pertenece al libro colectivo Pidiendo la hora, 75 aos de pasin rojiblanca, publicado
en mayo de 2006 por la Editorial Comares y el Ayuntamiento de Granada (Espaa), en homenaje al Granada Club de Ftbol en el septuagesimoquinto aniversario de su fundacin. Seleccin y presentacin de Martn Domingo. Prlogo de Jos G. Ladrn de Guevara.

Manuel Talens naci en Granada en 1948. Es novelista, traductor y articulista en la prensa y en los medios electrnicos de lengua espaola. En la actualidad prepara la edicin de su tercera novela (La cinta de Moebius). Le aburre el ftbol y su sitio web es www.manueltalens.com.


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