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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2006

Cronopiando
Los nombres que nos dan

Koldo
Rebelin

(Tomado del libro Diario de Itxaso)


Por si acaso no tengo en el futuro muchas posibilidades de referirme a mis padres en los mejores trminos, acaso ni siquiera en los peores, quiero aprovechar este inciso para, pblicamente, felicitarlos por la eleccin de mi nombre, Itxaso (mar en vasco) breve, conciso y hermoso.

 

Supongo que ha de llegar el da en que las leyes castiguen la irresponsabilidad de muchos padres con la severidad que se merecen. Y es que, nominar a una criatura, en el entendido de que todava no est capacitada para elegir su propio nombre, no es una prerrogativa paterna que pueda ejercerse alegremente, o como agravio por quin sabe qu afrenta.

Por ms doloroso que haya sido el parto, nadie tiene derecho a vengarse de su descendencia con la imposicin de nombres infames, ni siquiera en el supuesto de que, tambin, fueran los suyos.

Hay padres que, buscando dotar a sus hijos de nombres llamativos, impactantes, al margen de su lengua y su cultura, son capaces de repasar la gua telefnica de Burkina Fasso, por ejemplo, hasta dar con el nombre indicado: Azbuiwowe Owango. Lstima que el apellido termine, casi siempre, poniendo en evidencia tanta originalidad y, el infeliz damnificado, desde que fracase el primer intento por llamarlo de tan sonora manera, pase a ser conocido como Lpez o como el hijo de Paco.

Otros padres no menos inescrupulosos, tal vez para dar satisfaccin a los dos abuelos, a su propio ego y, muy especialmente, como tributo al galn de la telenovela de mayor audiencia en el momento, son capaces de agotar el santoral con nombres como: Carlos Augusto Alfredo o Eugenia Mara Ernestina de los Dolores.

Lejos estn entonces de imaginar las burlas de que sern objeto sus hijos por su irresponsable eleccin; los traumas que, adems de los nombres, habrn de sobrellevar a lo largo de su vida; y los sufrimientos que no siempre van a poder paliar con apodos como Lolo, Ch, o el ms televisivo JR.

El que algunos monarcas y aristcratas acostumbren a bautizar su descendencia con generosa profusin de nombres, no es tradicin que debamos imitar los comunes mortales.

No es verdad que una reina, digamos que extranjera, cada vez que intente dar de comer a su augusto nieto, vaya a decirle: Vamos, Charles Philippe Anthony de Canterbury y Hansburgo de Sutherland (*), haz el favor de comerte toda la sopa o no te mando a clase de esgrima. Los monarcas, aunque sea en la intimidad, tambin se ven forzados a reducir la nominal inflacin de nombres que acostumbran en pblico.

Quedan, como un tercer grupo de padres sin vergenza, los que, decididos a prolongar a travs de sus hijos sus propias vidas, comienzan por dar continuidad a sus nombres, condenando a sus vstagos a tener que escuchar el resto de sus das: s pero qu Antonio? el padre o el hijo?

Mi ta Sara Prez, censuraba el otro da, juicio que aplaudo, el pernicioso uso del santoral catlico para buscar nombres. La humanidad, deca Sara, ya ha tenido suficiente con los Dafrosa, Gundelina, Escolstica, Rogaciano, Evasio, Nemesio, Vilibordo, Crisanto, Bonifacio, Ruperto, Contardo, Hermenegildo, Armengol o Abercio.

Ta Sara an iba ms lejos y criticaba tambin la irresponsabilidad de muchos padres que aplastan a sus hijos con nombres de dimensiones histricas, y que harn parecer a quienes los ostenten como inspidos mediocres, no importa a lo que se dediquen. A ello se debe que conozcamos tantas personas frustradas por llamarse Homero, Scrates, Dante, Atila, Julio Csar o Napolen.

Los nombres polticos tampoco son aconsejables. Los tiempos cambian y lo que ayer era una gracia hoy puede ser una vergenza. Muchos dominicanos que fueron registrados como Rafael Leonidas, en honor a Trujillo, actualmente responden nicamente por Rafa o por Leo, si es que responden.

Recientemente, un ciudadano ingls que se llamaba George y se apellidaba Bush, acudi a un juzgado en busca de que se le cambiase el nombre, el apellido, o ambos, para no seguir expuesto a sus propias maldiciones.

 

(*)Con objeto de evitar herir la susceptibilidad de nadie y preservar, adems, su intimidad, el nombre del infante puesto como ejemplo es absolutamente ficticio y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

 

 

 

 

Cmo elegir un nombre

 

De cara a facilitarles la eleccin de un nombre para su hijo o hija que no resulte ofensivo ni traumtico, les sugiero atender las siguientes recomendaciones:

 

1.- Nunca elija ms de un nombre. Los llamados nombres compuestos que, en cualquier caso, casi nunca se utilizan, se prestan a confusiones y slo sirven para emborronar casillas en los documentos oficiales poco previsores.

 

2.- Bajo ningn concepto elija nombres cuya terminacin sea, entre otras: ano, ulo o edo, tales como Valeriano, Angulo o Alfredo, para no facilitar los pareados burlescos y onomatopeyas en general de que sern vctimas sus hijos en la escuela o el trabajo.

 

3.- Evite los nombres de difcil pronunciacin de manera que, finalmente, ni usted mismo sepa cmo se llaman sus hijos.

 

4.- Aunque, en principio, parezca justificado ponerle a su hijo el nombre del caballo que, gracias a una atinada apuesta, lo hizo millonario en el hipdromo, as sea Centella o Relmpago el nombre del cuadrpedo, no parece, sin embargo, que sea lo ms recomendable. Pocos aos despus, cuando ya se haya arruinado, el nombre de su hijo slo le traer malos recuerdos y terminar proyectando sobre l toda su frustracin.

 

5.- De ninguna manera busque un nombre que haga juego con el apellido por ms que le parezca graciosa la combinacin.

Una cosa es que se apellide Rosales y otra que, adems, tenga que llamarse Rosa; o que bautice como Florencio a quien se apellida Flores. Piense que los nombres, en principio, son para toda la vida.

 

 



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