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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2006

La Colombia de Alvaro Uribe I, II y III

Jos Steinsleger
La Jornada


Irreducible lucha la de Colombia y sus pueblos que, siguiendo el ejemplo de la insurreccin de los comuneros de Paraguay (1717-35) preanunciaron la independencia poltica de Amrica (1780), as como hoy preanuncian la emancipacin econmica y social de nuestros pueblos.

En el pas que desde 1886 lleva el nombre del conquistador, la violencia republicana empez el da en que un grupo de patriotas redact en Cartagena la primera constitucin liberal del mundo hispnico (un ao antes que la de Cdiz, 1811), y cuando socialmente fue institucionalizada por los enemigos de la confederacin bolivariana (1830). Sin embargo, las luchas populares de Colombia se han ganado el derecho a ser entendidas con referentes ms crebles que los recurrentes anuncios de su inviabilidad o extincin: realismos mgicos de exportacin, quevedos de corto alcance, dilogos tramposos de paz y sesudos debates en torno a la feroz violencia de clase que las combaten.

"Por izquierda" y "por derecha" predomina an el enfoque positivista ajustado a conveniencia. Interpretacin falaz que en la historia colombiana del siglo XIX hizo de ocho guerras civiles y medio centenar de alzamientos armados, una sucesin incomprensible de luchas entre caudillos perdidos por causas sin motivos, y hechos a los que se fue despojando de vigencia y legitimidad dialctica. No obstante, quien trate de entender desprejuiciadamente las guerras sociales de Colombia, se detendra en tres presidentes lderes del Partido Conservador: Mariano Ospina Rodrguez (1805-85), Pedro Nel Ospina (1858-1927) y Mariano Ospina Prez (1891-1976).

El primer Ospina particip en el intento de asesinato de Simn Bolvar (septiembre de 1828); su sobrino Pedro intervino en la entrega de Panam a Estados Unidos y dirigi el consejo de guerra verbal contra Pedro Prestn, mulato cartagenero que en 1885 defendi la ciudad panamea de Coln contra una invasin yanqui. Y Mariano, nieto de aqul, despoj de su carta de ciudadana a los campesinos del Partido Liberal, indispensable para votar (1946).

Un historiador liberal sera ms "objetivo": destacara, por caso, que Pedro Nel Ospina era "progresista" y fue el primero gobernante del mundo en emplear el avin para misiones oficiales. O bien que ante las "estridencias" de la poltica, Ospina Prez era muy respetado porque hablaba bajito, ya que de nio se haba tragado en la hacienda de su pap una semilla de caf que le rasg las cuerdas vocales.

Empero, durante los gobiernos de Ospina Prez (1946-50), Laureano Gmez (1950-51) y Roberto Urdaneta Areblez (1951-53), apoyados por Estados Unidos, Colombia fue envuelta en llamas en el nombre del "corazn de Jess" y los "filocomunistas" del Partido Liberal. Cientos de masacres de campesinos y un crimen emblemtico: el asesinato de Jorge Elicer Gaitn, lder y candidato presidencial del Partido Liberal (1948).

El magnicidio coincidi con el nacimiento de la OEA, cuya acta fue suscrita por los embajadores en un garage de Bogot a causa del levantamiento popular que la historia popular llama bogotazo. En el monte, los gaitanislas liberales se enfrentaron a las "partidas de Chulavista" (paramilitares), terroristas del Partido Conservador que asolaron varios departamentos (provincias) del pas: Boyac, Santander, Cundinamarca, Huila, Tolima y Valle de Cauca.

Trescientos mil muertos despus, la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla (1953-57) no fue menos dura y su derrocamiento llev a la "alternancia" liberal-conservadora de los 12 aos siguientes. Pero en 1961, una misin de Estados Unidos, encabezada por el general Yarbourough, se volc a entrenar grupos de paramilitares en las reas rurales, sirviendo de pruebas "piloto" en los inicios de la guerra de Vietnam.

Proceso desatendido por los movimientos democrticos de Amrica Latina, las luchas populares de Colombia guardan experiencias sin par. En primer lugar, el ejrcito insurgente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC, 1964), que surgido del semillero liberal rebelde representa algo ms que sus 20 mil efectivos dirigidos por Manuel Marulanda Vlez (Tirofijo), quien tiene bajo fuego ms aos que Mao Tse Tung y Ho Chi Minh.

Colombia es un pas clave en la guerra de Washington contra los pueblos latinoamericanos. Bogot representa, exactamente, el espacio geopoltico idneo para reclutar a hombres como Francisco de Paula de Santander, primer presidente de Colombia y de los primeros en traicionar los ideales puestos al da por la revolucin bolivariana del venezolano Hugo Chvez.

Naturalmente, si Washington decidiese la intervencin abierta debera juntar soldados para pelear en un territorio dos y media y 52 veces mayor que Vietnam y El Salvador, y 11 y dos veces y media mayor que Yugoslavia e Irak.

La intervencin yanqui en Colombia requiere de trabajo poltico y de consenso de masas. Y el presidente Alvaro Uribe, relecto en las urnas el 28 de mayo pasado, ser su ejecutor.

En Colombia, la "violencia de los unos y los otros" se desarrolla dentro de un Estado oligrquico donde "los unos" son dueos de 67 por ciento de las tierras cultivables (menos de 4 por ciento de los propietarios) y "los otros" esperan desde 1810 que la democracia "ms-antigua-de-Amrica" (sic) sea algo ms que imaginacin de polticos, escritores y periodistas cmplices o despistados.

Datos recientes de Naciones Unidas estiman que de un total de 43 millones de habitantes, 31 por ciento subsiste en la indigencia, 64.2 anda por debajo de la lnea de pobreza, 17 est desempleada (2.5 millones), 40 vive del subempleo (6.8 millones) y 4.1 millones se desenvuelven en la informalidad.

Ms de la mitad de los colombianos econmicamente activos (22 millones) vive de lo que puede, en tanto, segn el Banco Mundial, la relacin rico-pobre es 1-80, cuando en el decenio de 1990 era 1-52. Y del total de 8 millones que trabajan, slo la mitad gana el salario mnimo o tiene contrato de trabajo.

En un pas clebre por sus brujos y hechiceros, los gobernantes colombianos parecen haber encontrado la alquimia perfecta de la injusticia estructural: delegacin del mando a travs de conjuros "democrticos", criminalizacin de la protesta social, exterminio sistemtico de dirigentes y militantes de las causas democrticas y populares, masacres en campos y ciudades a plena luz del da y total y absoluta impunidad de los asesinos entre los varios recursos, quiz tan misteriosos, del exterminio social.

Sin guerras de invasin que lo justifique, las oligarquas colombianas han causado en el pasado medio siglo la muerte violenta de 200 mil personas, aproximadamente. En 1996, mil 900 precandidatos renunciaron a presentarse a comicios locales, 49 alcaldes y concejales murieron asesinados y ms de 80 fueron secuestrados.

Un informe de la polica, publicado por un diario de Bogot (El Espectador, 24/4/99), revel que en 1998 fueron asesinadas 23 mil 96 personas, otras 2 mil 609 secuestradas y en 115 masacres murieron 685 personas. Medelln apareca como la ciudad ms violenta, seguida por Bogot (2 mil 439 personas asesinadas) y Cali (mil 871).

Colombia es lder mundial en asesinatos selectivos de dirigentes populares y sindicales. Mil 500 de 1987 a 1992, 3 mil de entonces a la fecha. Si bien escasa, en trminos comparativos, la violencia de la resistencia tambin se hace sentir. Las FARC retienen cerca de 3 mil secuestrados, figurando entre stos la candidata presidencial Ingrid Betancourt, varios legisladores, oficiales del ejrcito y de polica y tres agentes yanquis espas de la CIA de un avin abatido por fuego rebelde.

Una comisin de Derechos Humanos de Naciones Unidas precis que "... en 2005 se concret la ms grave operacin de impunidad, especialmente frente a miles de violaciones cometidas por grupos paramilitares". Un informe de la Cruz Roja Internacional estima que en el mismo ao se registraron 55 mil 327 desplazados y 317 desapariciones forzosas (aumento de 13.6 por ciento en relacin a 2004).

Segn testimonio de Rafael Garca, ex director de informtica del DAS (seguridad del Estado), existen listas negras de profesores, sindicalistas y activistas de derechos humanos elaboradas por esta institucin, y luego asesinados. Alfredo Correa de Andreis, ingeniero agrnomo, socilogo y ex rector de la Universidad de Magdalena, fue desaparecido y muerto el 17 de septiembre de 2004 cuando trabajaba en una investigacin sobre despazados en Bolvar y Atlntico.

De las cinco nacionalidades que representan la mitad de los refugiados atendidos en 2005 por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ACNUR, 8.4 millones), Afganistn ocupa el primer lugar (2.9 millones), seguido de Colombia (2.5 millones), Irak (1.8 millones), Sudn (1.6 millones) y Somalia (839 mil). En "desplazados internos" (20.8 millones) Colombia ocupa el primer lugar (2 millones), seguido de Irak (1.6 millones), Paquistn (1.1 millones), Sudn (1 milln) y Afganistn (912 mil).

El uso de minas "antipersonales" representa otra variable atroz de la guerra. Colombia encabeza desde 2005 el primer lugar en registrar vctimas por la siembra de este tipo de artefactos. La guerrilla fabrica minas artesanales (quiebrapatas) y el ejrcito y los paramilitares usan las Kleymore, vendidas por Estados Unidos.

Desde 1990, cuando se produjo el primer accidente con una mina, mil 60 colombianos han quedado mutilados (ms vctimas que en Afganistn y Kampuchea). Actualmente, se calcula que entre 70 y 100 mil minas han sido sembradas en 31 de los 32 departamentos (provincias) del pas. Una mina antipersonal tiene una vida de 50 aos. Armarla cuesta un dlar. Desarmarla, 400 dlares.

En Bogot, un informe del corresponsal sueco Dick Emanuelsson observ que la televisin muestra nios mutilados o heridos por las esquirlas de las minas, pero jams se permite mostrar a los soldados desangrados en los campos de minas. Excepto cuando salen del hospital en sillas de ruedas, sin piernas.

El anlisis de la sangrienta y polidrica violencia de clase que los grupos oligrquicos impusieron en Colombia por medio de la "alternancia" liberal-conservadora (1957) demandara de un equipo interdisciplinario de investigadores crebles, talentosos, respetados y... comprometidos.

En tal sentido, lo que menos hace falta en Colombia son diagnsticos y estudios de formato "objetivo" como los de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Quito (Flacso).

Desde su nuevo edificio (construido en terrenos del ejrcito ecuatoriano con la "desinteresada" contribucin de la Democracia Cristiana alemana), la Flacso es una institucin de posgrado que opera en sintona con el pensamiento contrainsurgente del Pentgono en toda la subregin andina.

La dimensin imaginativa parece que tambin agot sus posibilidades de expresin en Colombia. Aos atrs, el presidente de la Asociacin de Ex Agentes de la Polica Secreta (Carlos Arbelez) invit a escritores del gnero "crimen y misterio" de todo el mundo a una conferencia que tendra lugar en agosto de 2000 para que se inspiraran en las historias que sacuden al pas real.

A ltima hora, los escritores invitados de Amrica Latina, Europa y Estados Unidos cancelaron el viaje. Actitud prudente, pues una cosa es imaginar y otra narrar los hechos tal cual son. Tenemos, por ejemplo, las declaraciones de Salvatore Mancuso (jefe paramilitar, asesino confeso y ex socio del presidente Alvaro Uribe), quien a Margarita Martnez, corresponsal de Associated Press, asegur que su ejrcito de sicarios no ejecutara "... a ms de tres personas al mismo tiempo" (13/02/02).

Seguramente que en cualquier estado de derecho tambin para eso existe la "libertad de expresin". En cambio, de haber reparado en los hechos ocurridos en el campo de exterminio Hacienda El Palmar (en curso de investigacin), Gabriel Garca Mrquez habra escrito un magnfico cuento de terror.

Don Rodrigo Mercado Pelufo, Cadena, decida en El Palmar qu campesinos de la comunidad de San Onofre iban a morir, o ser descuartizados a golpe de machete y del lento run-rn de las motosierras. Jefe paramilitar y ganadero, don Rodrigo tena un mtodo infalible: por cada 10 que mataba dejaba uno en libertad para contar lo que haba visto.

A pocos metros de una laguna situada a la entrada de la propiedad, los caimanes devoraban los cadveres de los ejecutados. Y en medio de las fosas que dejaba la carnicera, se organizaban reventones y certmenes de "Miss Maja Internacional" o "Miss Tanga", en los que oficiaba de jurado la simptica diputada Muriel Benito Rebollo, originaria de San Onofre y partidaria de Uribe.

En los asados y parrandas de Cadena fueron vistos Norman Len Arango, comandante de la polica, y el ex gobernador Salvador Arana (acusado de ser el autor intelectual del asesinato de un alcalde). Indignado por las denuncias internacionales, el presidente Uribe aplic ejemplares medidas de castigo: Arango fue nombrado agregado militar de Colombia en Francia, y Arana fue nombrado embajador en Chile.

Bien. No crea usted que nos vamos apoyando en los malvolos datos de la maldita subversin y el "comunismo internacional", que no acaba de entender que el Muro se cay. Ni tampoco crea que omitimos la violencia "del otro lado", que por motivos de espacio remitimos a los "noticieros" de Miami y a los comentarios del impoluto don Andrs Oppenheimer, vicario de la democracia latinoamericana.

No deseo abundar en ms. No puedo. Deseo, como todos, la paz en Colombia. Pero en 1957, el jefe guerrillero liberal Gustavo Salcedo entreg las armas, pact la paz con el gobierno y fue asesinado. Y cuando concurra a otra reunin de paz, se cay el avin del jefe guerrillero Jaime Bateman (M-19). Y en 1983, el guerrillero Oscar Calvo (EPL), representante en una comisin negociadora de paz, muri asesinado.

Los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galn (1989) y Bernardo Jaramillo (1990) fueron asesinados. Carlos Pizarro, otro jefe del M-19 propicio al dilogo, fue asesinado (1990). En plena negociacin con el gobierno, el presidente Csar Gaviria orden el bombardeo del campamento central de las FARC.

En 2001 el Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN) liber a 45 soldados como gesto de buena voluntad, y el presidente Andrs Pastrana mand a bombardear sus efectivos. Y en 2002, en el ocaso de su mandato, Pastrana dispuso el fin de las negociaciones y bombarde los campamentos de las FARC.

Pero Washington tambin se queja. Y no tanto porque en el aspecto militar le va mal, sino por lo que realmente le duele. En mayo de 2002 el Departamento de Estado suspendi parte de la ayuda financiera para Colombia. Dos millones de dlares de fondos entregados a la polica colombiana haban desaparecido, misteriosamente.

La ltima: en febrero pasado, la revista Semana denunci torturas y abusos cometidos contra 21 soldados del Batalln Patriotas de la sexta Brigada de Infantera (Tolima). Un soldado explic: "Todos nuestros generales han pasado por eso. As nos formamos".



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