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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2006

El dinero recela?, es que tiene cerebro o acaso boca?

Juan Torres Lpez
Rebelin


El diario espaol El Pas titulaba recientemente un reportaje sobre las elecciones mexicanas de una forma aparentemente inocua: El dinero recela de Lpez Obrador.

Pero detrs del titular hay muchas paradojas: alguien ha visto recelar a un billete de 50 euros?, gimen o protestan acaso nuestros depsitos bancarios?, alguna moneda despistada en nuestros bolsillos ha rechistado en alguna ocasin protestando por el uso que hacemos de ella o de sus compaeras de destino?, quin puede decir que su dinero le haya levantado la voz, que le haya censurado el mal gusto de alguna compra, o ni siquiera la inversin en algn placer prohibido del que hayamos gozado a hurtadillas?

Dganme, quin ha sentido rechistar a su cartera?, quin, en algn momento, ha debido enfrentrarse a una rebelin de sus billetes o monedas?, quin hay que haya odo hablar a sus tarjetas de crdito para censurar o recelar, como dicen que el dinero recela ahora, vlgame dios!, de otro candidato progresista? Por cierto, qu sintmatica casualidad!

Lo que ha escrito El Pas suele ser una expresin bastante comn. Ahora dicen que el dinero recela, otras veces nos advierten de que los mercados no admitirn tal o cual poltica.

En una bsqueda rpida por internet he encontrado en unos pocos minutos titulares periodsticos como los siguientes: Los mercados respiran aliviados al desinflarse el precio del petrleo en Nueva York (Clarn); los mercados estn contentos con Lula (E l Pas, de Uruguay); el dinero es cobarde, y la Bolsa se desploma ante noticias que provocan inestabilidad (El Mundo); El dinero prefiere Suiza (Diario de Navarra); la sentencia dictada por el mercado condena a la pequea y mediana empresa a mejorar continuamente (web de Caja Madrid).

Increible! Si cualquier lector se toma la molestia de consultar unos cuantos manuales de introduccin a la economa ver que ni siquiera nos explican claramente lo que es un mercado, su indiscutible naturaleza: unos dicen que es un proceso, otros que una organizacin, o quiz un mecanismo, un espacio... No se ponen de acuerdo sobre lo que es, pero nos dicen que piensan, que sufren, que enjuician, condenan, deciden, se alegran o temen ... igual, igual, igual que cualquier de nosotros, los seres humanos.

Es algo muy evidente que eso no puede ser. Que sea lo que sea un mercado, o el dinero, ni uno ni otro puede hacer, pensar, preferir o decidir como si fuera una persona. No tienen ni cerebro, ni boca. Cmo, entonces, y por qu, nos dicen lo que dicen que piensan o lo que pueden hacer?

Lo que sucede es que se embruja el lenguaje para que parezca que quien habla, el que prefiere, determina y decide es un mecanismo neutro que, precisamente por serlo, nunca puede equivocarse. Para que nadie ose discutirlo.

Ponen la decisin en la boca (realmente inexistente) de aquello que pueden presentar como si fuera algo ajeno a las veleidades o a los diversos intereses humanos y as dan pie a que nadie pueda cuestionar tales decisiones y a que todos tiendan a aceptar sin rechistar lo que esos mecanismos neutros y objetivos, el mercado o el dinero, determinan como si fuera la verdad absoluta y desnuda.

Nunca dirn, por ejemplo, que los banqueros temen que tal o cual presidente adopte medidas que reduzcan sus beneficios. O que los propietarios, los financieros o los rentistas no quieren pagar los impuestos que quiera establecer. Qu va! Dirn que sus propuestas provocarn inestabilidad en las finanzas. O, a lo ms, que el mundo financiero contempla con intranquilidad la amenaza de medidas populistas.

Si se trata, qu s yo!, de un gobierno que quisiera proponerse frenar la especulacin o quiz favorecer alguna reforma fiscal algo ms equitativa, lo que dirn es que los capitales buscarn otras alternativas de inversin. Como si esos capitales deambularan con un mapamundi en la mano y las gafas de cerca cuadradas bajo sus cejas buscando parasos fiscales quiz?, gobiernos ms amigos?, como viajeros a la incansable conquista de lugares donde plantar sus brtulos.

Nunca suelen decir lo que hay detrs de esa continua estratagema de humanizar el dinero o los mercados y deshumanizar los intereses o preferencias. Nunca hablan de las personas que son las que realmente prefieren, recelan, deciden, condenan, temen o se alegran cuando resultan favorecidas, sino que quieren hacernos creer que son los instrumentos son los que sienten, los que piensan y deciden.

Hablan del dinero y de su alma, y nos convencen de que es l, el mecanismo abstracto, quien nos dirige la palabra. Le ponen corazn y gustos a los mercados; y los capitales, las obligaciones, los ttulos de propiedad y los contratos se nos presentan siempre revestidos de la humanidad suficiente como para advertirnos y darnos rdenes. Para que puedan convencernos.

Todos ellos hablan, dicen, por s solos, as que pueden contarnos sus cuitas y preferencias: los problemas del dinero con Chvez, la preocupacin que tiene siempre los mercados con Fidel Castro o, desde hace poco, lo inseguro (pobrecito) que se siente el capital con el aymara boliviano.

Pero es falso: no es el mercado quien se alegra o quien disputa, quien condena, quien se alegra, quien sufre o quien alienta. No es el dinero el que recela, quien se va solo a otro sitio, quien simpatiza ms o menos con los gobiernos o quien lo da todo o quien reprueba. No son los mecanismos neutros: son ellos (y ellas, aunque menos) los que mandan y los que ordenan, los que quitan y ponen; y somos nosotros y nosotras a quienes engaan. Salvo que no queramos dejarnos engaar.

Juan Torres Lpez es catedrtico de Economa de la Universidad de Mlaga (Espaa) y colaborador habitual de Rebelin. Su pgina web: www.juantorreslopez.com



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