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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2006

Cronopiando
Diario ntimo de Jack el Destripador/4

Koldo/Jos Mercader
Rebelin


Lo nico que un profesional como yo espera luego de toda una vida dedicada al feliz desempeo de su oficio, es jubilarse con honores, que la sociedad a la que se ha servido le reconozca a uno su ejemplar trayectoria y que hasta, si as se considera, el propio Estado nos otorgue una de esas placas de reconocimiento o la medalla al trabajo.

Yo hace tiempo que he perdido la cuenta de los muchos aos entregados al destripamiento y a la degollotina y no creo tener que resear ahora, dada la fama que me precede, el notable xito alcanzado seccionando yugulares y perforando mondongos.

En Londres, de hecho, todava me buscan y tejen fantsticas historias sobre mi enigmtica personalidad.

Sin embargo, cuando ya los muchos aos aconsejan el retiro y uno espera recoger los frutos de tanta derrochada laboriosidad, consternado descubro que ni siquiera aparezco en las listas de los ms distinguidos destripadores, ni en los hit parade del homicidio, ni soy nominado a ninguno de los premios que otorga la Academia del Crimen y, al igual que otros ilustres colegas como Capone, Dillinger, Luciano o el estrangulador de Boston, mis mritos son opacados por las trayectorias de burdos matones sin clase ni estilo como Bush, Rumsfeld, la Condoleezza, Cheney, Blair, Berlusconi, Aznar, y otros carniceros parecidos que, es verdad s, que matan al por mayor, pero lo hacen auxilindose de sus ejrcitos, con recursos pblicos y amparados adems en la impunidad de sus cargos.

Hasta han contado con el perdn de los pecados en Roma y con la dispensa del delito en la Audiencia Nacional.

Algunos, en el pasado, llegaron a recibir el Nobel de la Paz, como Begin y Rooswelt; y otros, ms recientemente, todava esperan, como Aznar, la medalla del Congreso de los Estados Unidos.

Es una discriminacin intolerable pretender comparar mi ejecutoria personal como intrprete de todas mis destripaciones, efectuadas sin asistencia de ninguna clase ni subvenciones de gobierno alguno, con las de estos zafios matarifes al por mayor que, sin moverse de sus despachos, dan por telfono las oportunas instrucciones y arruinan en cinco minutos ms vidas de las que yo podra destripar en mil aos de permanente y sacrificada labor.

Por qu el Estado no subsidia mis crmenes? Por qu no me facilitan aviones y buques de guerra desde los que lanzar bombas y misiles? Cmo vamos a competir en este nuevo orden criminal, los artesanos que, como yo, dependen exclusivamente de sus manos, con las multinacionales del crimen?

Y si no es posible equipararnos con los grandes emporios criminales internacionales dotndonos de las herramientas que nos permitan competir en igualdad de condiciones, sugiero que al menos se reduzcan las discriminatorias diferencias otorgndonos licencias para vender frmacos vencidos a pases del tercer mundo, comercializar insecticidas prohibidos, deforestar la Amazonia, trasladar residuos radioactivos por el planeta, construir faranicas presas en Itoiz, poner en marcha trenes de alta velocidad y otras lucrativas empresas.






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